EL TÍO JOSÉ JUAN

Cuando se cansó de pasear pensó que era tiempo de tomar una

determinación y se fué a comer. Concluyó de comer y preguntó a la

patrona:

--¿Usted sabe dónde vive don José Juan Gaztelumendi?

--¿El cosechero de vinos?

--Sí.

--Ahí; cerca de la plaza tiene el almacén.

Pello entró en el pueblo por la puerta de San Juan y se dirigió a la

plaza. Pronto dió con el almacén de su tío.

Abrió una puerta de cristales y pasó a un sitio largo y estrecho, con un

mostrador, un armario lleno de botellas y una ventana en el fondo. Una

muchacha, vestida de luto, se levantó al ver a Leguía.

--¿El señor Gaztelumendi?--preguntó Pello.

--Aquí es--contestó la muchacha--. ¿Quiere usted verle?

--Sí; si no está muy ocupado.

La muchacha recorrió el pasillo y llamó en una puerta:

--¿Qué hay?--dijeron de adentro.

--Un caballero que pregunta por ti.

--Que pase.

Pello entró en un despacho, con una ventana grande, donde escribía un

hombre todavía joven.

--He tenido que pasar por Laguardia--dijo Pello--, y vengo a visitarle

a usted de parte de su prima María, de Vera.

--¡Hombre! ¿Es usted de allá?

--Sí; yo soy el hijo mayor de María.

--¿Mi sobrino, entonces?

--Sí.

--¿Pello?

--Eso es; Pello.

--Me alegro de verte, chico. ¡Anita! ¡Anita!--exclamó el señor.

La muchacha de luto, que era una morena de ojos negros muy hermosos,

entró en el despacho.

--Aquí tienes a tu primo Pedro de Vera. ¡Mírale, qué grande y qué guapo!

La Anita se acercó, sonriendo, algo ruborizada.

--¿Y cómo están tu madre y tus hermanos?--preguntó el tío de Pello.

--Bien. Muy bien. Ya hace tiempo que no les veo. He estado fuera de

casa, en San Sebastián, en un comercio.

--¿Y qué piensas hacer?

--Tengo pensado ir a América.

--¿Estás muy decidido?

--No necesito estar muy decidido para ir.

--¿Sabes teneduría de libros?

--Sí.

--¿Y tienes práctica?

--También.

--¿Llevas dinero a América?

-No.

--¿Y no te convendría más hacer aquí unos cuartos antes de marcharte?

--Sí; pero esto me parece muy difícil.

--¿Tienes precisión de embarcar en seguida?

--¿Precisión? Ninguna.

--¿Te daría lo mismo marcharte dentro de unos meses o de un año?

--Igual.

--Pues mira, sobrino, si quieres quedarte aquí una temporada, te daré un

buen sueldo y un tanto por ciento. Tengo la contrata de vinos para el

ejército y necesito una persona de confianza que me ayude.

--¿Hay que estar en Laguardia?

--Sí, y andar al mismo tiempo por los pueblos de al lado entre las

tropas. ¿Es que te da miedo la guerra?

--¿Miedo? Ninguno.

--Pues mira, piensa y decide; porque yo estoy haciendo gestiones para

buscar un dependiente.

--Decido.

--¿Qué decides?

--Que me quedo por una temporada.

--¿Desde cuándo?

--Desde ahora mismo, si usted quiere.

--Bueno; pues quédate también a comer con nosotros, y a la tarde

empezaremos a trabajar.

Pello encontró que la suerte le favorecía demasiado, dándole una

ocupación tan pronto; pero si esto casi le parecía fastidioso, en

cambio, la idea de que podía vivir largo tiempo en el mismo pueblo que

Corito le encantaba.

El aprendiz de conspirador · 第 34 / 204 题