FERMÍN LEGUÍA

Pedro Mari tenía un primo militar, Fermín Leguía, nacido en un caserío

próximo a Alzate, llamado Urrola, allá por el año 1787.

Fermín Leguía era listo, pero no tenía un gran mérito en serlo, Fermín

era de un barrio excepcional, favorecido por las _lamías_ que bajaban

hasta allá desde las cuevas de Zugarramurdi. La existencia de las

_lamías_ por aquellos contornos estaba comprobada por muchas personas;

quién las había oído cantar; quién las encontraba todas las noches

disfrazadas de viejas horribles y sin dientes; quién las había visto

peinarse sus hermosos cabellos rubios a orillas del arroyo.

Este arroyo se llamaba y se llama Lamiocingoerreca, que quiere decir el

arroyo de la sima de las lamias.

Fermín Leguía, nacido al borde de este riachuelo favorecido por aquellas

poderosas damas, no tenía gran mérito en ser listo.

Fermín fué guerrillero en la guerra de la Independencia, a las órdenes

de Jáuregui el Pastor, y después granadero del cuarto batallón de

Navarra.

A pesar de su valor y a pesar de haber nacido al borde de

Lamiocingoerreca, no tuvo ocasiones de distinguirse, y al final de la

campaña contra el francés, era sólo sargento.

Ya mandando alguna fuerza y viendo que la guerra se acababa, quiso hacer

una hombrada. Y para que viera el general Mina, su general, de lo que

era él capaz, con sólo quince de los suyos tomó a los franceses el

castillo de Fuenterrabía.

Pensar que con quince hombres se podía tomar una fortaleza guardada por

soldados franceses era una barbaridad para todo el mundo menos para

Leguía. Fermín, que estaba en Vera, reunió a su gente en una taberna y

la arengó. Era una de las cosas que más le entusiasmaba echar un pequeño

discurso.

Después del discurso encargó a un cabo tuerto, que era de Aya, que

trajera cuerdas y clavos, y por la tarde Leguía se puso en marcha con

sus quince soldados por el camino del Bidasoa. Llegaron a Fuenterrabía,

y clavando un clavo aquí y otro allá, y atando cuerdas, escalaron el

castillo, le pegaron fuego e hicieron prisioneros.

Mina, al saberlo, quedó asombrado.

Esta hazaña le valió a Fermín el ser ascendido a subteniente. Se

concluyó la guerra, entró Fernando VII en España, se derrocó la

Constitución, y Fermín Leguía, que se había distinguido entre sus

compañeros por sus ideas liberales, comprendió que no podía ascender.

Vino la segunda época constitucional, y Leguía fué ascendido a teniente

del regimiento de Infantería de África, de guarnición en Algeciras, y

volvió la esperanza para Fermín de hacer carrera; pero con la reacción

del año 23 tuvo que huir de España y perdió todas sus esperanzas.

Fermín era el tipo del aventurero vasco: valiente, audaz, algo

jactancioso, muy comilón, muy bebedor, dispuesto siempre para las

empresas más difíciles. Tenía una cara sonriente y llena de viveza, la

nariz larga y torcida, los ojos brillantes, la cara de pillo, maliciosa

y socarrona.

Fermín sabía muy poco, apenas podía escribir una carta; pero había visto

mundo, y lo que no sabía se lo figuraba. Un hombre como aquél tenía que

influir mucho entre sus amigos aldeanos, y cuando llegaba a Vera, todos

los que sentían una vaga aspiración liberal iban al caserío Urrola a ver

a Fermín y a oirle como a un oráculo. Entre sus oyentes, y de los más

entusiastas, estaba Pedro Mari, el padre de Pello. No eran menos adictos

los mozos de los caseríos de Eraustea, de Irachecobere, de Chimista, de

Landachipia, de Cataliñecoborda.

El aprendiz de conspirador · 第 25 / 204 题