¿En qué puede fundarse tamaña extrañeza? oigamos al filósofo, que dice

cosas muy buenas, pero que no se alcanza cómo pueden conducir á la

destruccion del escepticismo. «Los escépticos van repitiendo siempre

que las cosas les _parecen_, pero que ignoran lo que ellas son en

realidad; confiesan los efectos y conceden por consiguiente que estos

efectos tienen sus causas; pero afirman que no conocen á estas porque

ignoran el género ó la forma segun la cual las cosas se hacen. Admitid

estas proposiciones, y retorcedlas contra ellos de la manera

siguiente: esta comprension de causas que contiene todos los géneros ó

todas las formas bajo las cuales son dados todos los efectos, cuyas

apariencias confiesa ver el escéptico, pero cuya esencia real asegura

ignorar; esta comprension de causas se halla en la primera verdad que

las comprende todas, y donde todas están contenidas hasta las últimas.

Y pues que esta verdad las comprende todas, es infinita, y no excluye

ninguna, y tiene la prioridad sobre el cuerpo que no es mas que un

efecto. Por consiguiente esta verdad es alguna cosa espiritual, en

otros términos es Dios, el Dios que confesamos nosotros los

cristianos; sobre esta verdad debemos medir la verdad humana, pues que

la verdad humana es aquella cuyos elementos hemos ordenado nosotros

mismos, aquello que contenemos en nosotros y que por medio de ciertos

postulados podemos prolongar y seguir hasta lo infinito. Ordenando

estas verdades las conocemos, y las hacemos á un mismo tiempo; y hé

aquí por qué en este caso poseemos el género ó la forma segun la cual

hacemos» (Ibid. 3.).

En esta refutacion de los escépticos nada encuentro que pueda destruir

el escepticismo. Aun suponiendo que todos admiten el principio de

causalidad, lo que no es exacto, ¿qué se puede sacar de este principio

cuando se señala por único criterio la obra del mismo entendimiento

que ha de emplear el principio? Si no hay mas criterio que el de

causalidad, el entendimiento se encuentra aislado, sin poder ir mas

allá en el órden de los efectos, que hasta donde llegan los producidos

por él mismo; y en el de las causas, no puede subir mas arriba que de

sí propio; porque si sube, ya conoce cosas que él no ha hecho, á

saber, la causa que le ha producido á él. En este supuesto los

escépticos quedan triunfantes; el conocimiento se reduce al mundo

interior, á las simples apariencias; cuando de estas se quiera salir

se tropieza con el obstáculo del criterio único, el cual se opone al

conocimiento de todo lo _no hecho_ por el entendimiento mismo.

Entonces la realidad nos está vedada y nos hallamos separados de ella

por un vallado insalvable. El mundo en sí, será lo que se quiera

suponer; mas para nosotros no será nada. Esta ley se aplicará á todas

las inteligencias, de manera que la realidad solo podrá ser conocida

por la causa primera.

Estas consecuencias son inadmisibles en no arrojándose sin reserva al

campo del escepticismo, y no obstante son inevitables en el sistema de

Vico. Original ocurrencia la de querer combatir el escepticismo con un

sistema que le abre la mas anchurosa puerta.

CAPÍTULO XXXI.

CONTINUACION.

[304.] Si en algun terreno pudiera ser admitido el criterio del

filósofo napolitano, seria en el de las verdades ideales. Como estas

prescinden absolutamente de la existencia, puede suponérselas

conocidas hasta por un entendimiento que no las produzca en la

realidad. En cuanto conocidas por el entendimiento nada envuelven de

real, y por consiguiente no entrañan ninguna condicion que exija

fuerza productiva, á no ser que esta se refiera á un órden de pura

idealidad. En este órden parece que la razon humana produce

efectivamente: porque tomando por ejemplo la geometría, es fácil de

notar que aun en su parte mas elevada y de mayor complicacion, no es

mas que una especie de construccion intelectual donde solo se halla lo

que la razon ha puesto. Esta razon es la que á fuerza de trabajo ha

ido reuniendo los elementos y combinándolos de distintas maneras hasta

llegar al asombroso resultado del cual pueda decir con verdad: esto es

mi obra.

Sígase con atenta observacion el desarrollo de la ciencia geométrica y

se echará de ver que la dilatada serie de axiomas, teoremas,

problemas, demostraciones, resoluciones, arranca de unos cuantos

postulados, y que continúa siempre con la ayuda ó de estos mismos ó de

otros que la razon excogita, conforme lo exige la necesidad ó la

utilidad.

¿Qué es la línea? una serie de puntos. La línea pues es una

construccion intelectual, no envuelve otra cosa que las fluxiones

sucesivas de un punto. ¿Qué es el triángulo? una construccion

intelectual en que se reunen los extremos de tres líneas. ¿Qué es el

círculo? es otra construccion intelectual, el espacio encerrado por la

circunferencia, formada á su vez por el extremo de una línea que gira

al rededor de un punto. ¿Qué son todas las demás curvas? líneas

marcadas por el movimiento de un punto con arreglo á una cierta ley de

inflexion. ¿Qué es la superficie? ¿no se engendra su idea con el

movimiento de una línea, así como el sólido con el movimiento de una

superficie? ¿Qué son todos los objetos de la geometría sino líneas,

superficies y sólidos de varias especies y con diversas

combinaciones?

La aritmética universal es una creacion del entendimiento, ora la

consideremos en la aritmética propiamente dicha, ora en el álgebra. El

número es un conjunto de unidades; el entendimiento es quien las

reune: el dos no es mas que uno mas uno, el tres es dos mas uno, y de

esta suerte se forman todos los valores numéricos, por consiguiente

las ideas expresivas de estos valores contienen una creacion de

nuestro espíritu, son su obra, nada encierran sino lo que él mismo ha

puesto en ellas.

Ya se ha notado que el álgebra es una especie de lenguaje. Sus reglas

tienen una parte de convencionales, y las fórmulas mas complicadas se

resuelven en un principio convencional. Tomemos una muy sencilla:

$a^0=1$; ¿por qué? porque $a^0=a^{n-n}$; ¿por qué? La razon es porque

se ha convenido en señalar la division por la resta de los esponentes;

y de consiguiente $\frac{a^n}{a^n}$ que evidentemente es igual á uno;

se puede expresar por $\frac{a^n}{a^n}=a^{n-n}=a^0$.

[305.] Estas observaciones parecen probar que en realidad es verdadero

el sistema de Vico en lo que concierne á las matemáticas puras, es

decir á una ciencia del órden puramente ideal. Aunque tal vez podria

ensayarse lo mismo con relacion á otras ciencias, por ejemplo á la

metafísica, no lo haré, porque en saliendo de las matemáticas, ya es

difícil encontrar un terreno donde no haya opiniones opuestas. Además,

que en habiendo manifestado hasta qué punto es admisible el sistema de

Vico en las ciencias matemáticas, quedarán tambien resueltas las

dificultades que puede haber en lo que concierne á otros ramos.

[306.] El entendimiento construye en un órden puramente ideal, es

innegable; y en esto convienen todas las escuelas. Nadie duda de que

la razon supone, combina, compara, deduce: operaciones que no pueden

concebirse sin una especie de construccion intelectual. En este caso

el entendimiento sabe lo que hace, porque su obra le está presente;

cuando combina sabe lo que combina, cuando compara y deduce, sabe lo

que deduce y compara, cuando estriba en ciertas suposiciones que él

mismo ha establecido, sabe en qué consisten, pues se apoya en ellas.

[307.] El entendimiento conoce lo que hace, pero conoce mas de lo que

hace; hay verdades que no son ni pueden ser su obra, pues que son el

cimiento de todas sus obras: por ejemplo el principio de

contradiccion. ¿Puede decirse que la imposibilidad de ser y no ser una

cosa á un mismo tiempo, sea obra de nuestra razon? nó ciertamente. La

razon misma es imposible si el principio no está supuesto ya; el

entendimiento le encuentra en si propio como una ley absolutamente

necesaria, como una condicion _sine qua non_ de todos sus actos. Hé

aquí fallido el criterio de Vico: «el entendimiento solo conoce la

verdad que hace;» sin embargo la verdad del principio de

contradiccion, el entendimiento la conoce y no la hace.

[308.] Los hechos de conciencia son conocidos por la razon, no

obstante de que no son su obra. Estos hechos á mas de estar presentes

á la conciencia, son objeto de las combinaciones de la razon; hé aquí

otro caso en que falla el criterio de Vico.

[309.] Aun en las cosas que son obra puramente intelectual, el

entendimiento conoce lo que hace, pero no hace lo que quiere; de lo

contrario seria menester decir que las ciencias son absolutamente

arbitrarias; en vez de los resultados geométricos que tenemos ahora,

podriamos tener tantos otros cuantos son los hombres que piensan en

líneas, superficies y sólidos. ¿Esto qué indica? que la razon está

sometida á ciertas leyes, que sus construcciones están ligadas á

condiciones de que no se puede prescindir: una de ellas es el

principio de contradiccion, al cual no se puede faltar nunca so pena

de anonadar todo conocimiento. Es verdad que se llega á sacar el

volúmen de una esfera por medio de una serie de construcciones

intelectuales; pero yo pregunto: ¿pueden dos entendimientos llegar á

dos valores diferentes? nó, esto es absurdo; seguirán quizás diversos

caminos, expresarán sus demostraciones y sus resultados de distintas

maneras, pero el valor es el mismo; si hay diferencia, hay error por

una ú otra parte.

[310.] Profundizando la materia se echa de ver que la construccion

intelectual de que nos habla Vico, es una cosa generalmente admitida.

Lo que hay de nuevo en el sistema de este filósofo son dos cosas, una

buena y otra mala: la buena, es el haber indicado una de las razones

de la certeza de las matemáticas y demás ciencias de un órden

puramente ideal; la mala es el haber exagerado el valor de su

criterio.

He dicho que el sistema del filósofo napolitano expresaba un hecho

generalmente reconocido, mas que por su parte lo habia exagerado. No

cabe duda en que el entendimiento crea en algun modo las ciencias

ideales ¿pero de qué manera? nó de otra sino tomando postulados, y

combinando los datos de varias maneras. Aquí se acaba su fuerza

creatriz; porque en esos postulados y en esas combinaciones encuentra

verdades necesarias que él no ha puesto.

¿Qué es el triángulo en el órden puramente ideal? una creacion del

entendimiento: él es quien dispone las líneas en forma triangular, él

es quien, salva esa misma forma, la modifica de infinitas maneras.

Hasta aquí no hay mas que un postulado y diferentes combinaciones del

mismo. Pero las propiedades del triángulo dimanan por absoluta

necesidad de las condiciones del mismo postulado; estas propiedades el

entendimiento no las hace, las encuentra. El ejemplo del triángulo es

aplicable á toda la geometría; el entendimiento toma un postulado,

esta es su obra libre, con tal que no se ponga en lucha con el

principio de contradiccion; de este postulado dimanan consecuencias

absolutamente necesarias, independientes de la accion intelectual, que

encierran una verdad absoluta conocida por el entendimiento mismo. Por

consiguiente con respecto á ellas, es falso el decir que las hace. Un

hombre pone un cuerpo en tal disposicion que abandonado á su gravedad

cae al suelo; ¿es el hombre quien le da la fuerza de caer? nó por

cierto, sino la naturaleza. Lo que el hombre hace es poner la

condicion bajo la cual la fuerza de gravedad pueda producir sus

efectos: desde que la condicion existe, la caida es inevitable. Hé

aquí una semejanza que manifiesta con claridad y exactitud lo que

sucede en el órden puramente ideal: el entendimiento pone las

condiciones, pero de estas dimanan otras verdades, _no hechas_ por el

entendimiento, sino conocidas; esta verdad es absoluta, es como si

dijéramos la fuerza de gravedad en el órden de las ideas. Hé aquí

deslindado lo que hay de admisible é inadmisible en el sistema de

Vico. Admisible, la fuerza de combinacion, hecho generalmente

reconocido; inadmisible, la exageracion de este hecho extendido á

todas las verdades, cuando solo comprende los postulados en sus varias

combinaciones.

En las reglas algebráicas hay una parte de convencional, en cuanto se

refieren á la _expresion_; porque es evidente que esta podria haber

sido diferente. Pero supuesta la expresion, el desarrollo de las

reglas, no es convencional, sino necesario. En la misma expresion

a^n/a^n, claro es que el número de veces que la cantidad a entra por

factor, podia haberse expresado de infinitas maneras; pero supuesto

que se ha adoptado la presente, no es convencional la regla sino

absolutamente necesaria; pues que sea cual fuere la expresion, siempre

es cierto que la division de una cantidad por sí misma con distintos

exponentes, da por resultado la disminucion del número de veces que

entra por factor; lo que se significa por la resta de los exponentes;

y por tanto, si el número de veces es igual en el dividendo y en el

divisor, el resultado ha de ser = 0. Por donde se echa de ver, que aun

en el álgebra, lo que hace el entendimiento es poner las condiciones,

y expresarlas como mejor le parece: mas aquí concluye su obra libre,

pues de estas condiciones resultan verdades necesarias; él no las

hace, solo las conoce.

El mérito de Vico en este punto consiste en haber emitido una idea muy

luminosa sobre la causa de la mayor certeza en las ciencias puramente

ideales. En estas el entendimiento pone él propio las condiciones bajo

las cuales ha de levantar el edificio; él escoge por decirlo así el

terreno, forma el plan, y levanta las construcciones con arreglo á

este; en el órden real este terreno lo es previamente señalado, así

como el plan del edificio y los materiales con que lo ha de levantar.

En ambos casos está sometido á las leyes generales de la razon; pero

con la diferencia de que en el órden puramente ideal, ha de atender á

esas leyes y á nada mas; pero en el real, no puede prescindir de los

objetos considerados en sí, y está condenado á sufrir todos los

inconvenientes que por su naturaleza le ofrecen. Aclaremos estas ideas

con un ejemplo. Si quiero determinar la relacion de los lados de un

triángulo bajo ciertas condiciones, me basta suponerlas y atenerme á

ellas; el triángulo ideal es en mi entendimiento una cosa enteramente

exacta y además fija: si le supongo isósceles con la relacion de los

lados á la base como de cinco á tres, esta razon es absoluta,

inmutable, mientras yo no altere el supuesto; en todas las operaciones

que haga sobre estos datos puedo engañarme en el cálculo, pero el

error no provendrá de la inexactitud de los datos. El entendimiento

conoce bien, porque lo conocido es su misma obra. Si el triángulo no

es puramente ideal sino realizado sobre el papel ó en el terreno, el

entendimiento vacila; porque las condiciones que él fija con toda

exactitud en el órden ideal, no pueden ser trasladadas de la misma

manera al órden real: y aun cuando lo fuesen, el entendimiento carece

de medios para apreciarlo. Hé aquí por qué dice Vico con mucha verdad,

que nuestros conocimientos pierden en certeza á proporcion que se

alejan del órden ideal y se engolfan en la realidad de las cosas.

[311.] Dugald Steward se aprovecharia probablemente de esta doctrina

de Vico al explicar la causa de la mayor certeza de las ciencias

matemáticas. Dice que esta no se funda en los axiomas sino en las

definiciones; es decir que con corta diferencia, viene á parar al

sistema del filósofo napolitano de que las matemáticas son las

ciencias mas ciertas, porque son una construccion intelectual fundada

en ciertas condiciones que el mismo entendimiento pone, y que están

expresadas por la definicion.

[312.] Esta diferencia entre el órden puramente ideal y el real no se

habia escapado á los filósofos escolásticos. Era comun entre ellos el

dicho de que de los contingentes y particulares no hay ciencia, que

las ciencias solo son de las cosas necesarias y universales: sustituid

á la palabra contingente la de real, pues toda realidad finita es

contingente; en vez de universal poned ideal, pues lo puramente ideal

es todo universal; y encontraréis expresado lo mismo con distintas

palabras. Difícil es deslindar hasta qué punto se hayan aprovechado

los filósofos modernos de las doctrinas de los escolásticos en lo

tocante á la distincion entre los conocimientos puros y los empíricos;

pero lo cierto es que en las obras de los escolásticos se hallan sobre

estas cuestiones, pasajes sumamente luminosos. No fuera extraño que

hubiesen sido leidos por algunos modernos, particularmente por los

alemanes, cuya laboriosidad es proverbial, especialmente en lo que

toca á las materias de erudicion (XXVII).

CAPÍTULO XXXII.

CRITERIO DEL SENTIDO COMUN.

[313.] _Sentido comun_, hé aquí una expresion sumamente vaga. Como

todas las expresiones que encierran muchas y diferentes ideas, la de

sentido comun debe ser considerada bajo dos aspectos, el de su valor

etimológico, y el de su valor real. Estos dos valores no siempre son

idénticos: á veces discrepan muchísimo; pero aun en su discrepancia,

suelen conservar íntimas relaciones. Para apreciar debidamente el

significado de expresiones semejantes, es preciso no limitarse al

sentido filosófico y no desdeñarse del vulgar. En este último hay con

frecuencia una filosofía profunda, porque en tales casos el sentido

vulgar es una especie de sedimento precioso que ha dejado sobre la

palabra el tránsito de la razon por espacio de muchos siglos. Sucede á

menudo que entendido y analizado el sentido vulgar, está fijado el

sentido filosófico, y se resuelven con facilidad suma las cuestiones

mas intrincadas.

[314.] Es notable que aparte los sentidos corporales, haya otro

criterio llamado sentido comun. _Sentido_; esta palabra excluye la

reflexion, excluye todo raciocinio, toda combinacion nada de esto

tiene cabida en el significado de la palabra _sentir_. Cuando

sentimos, el espíritu mas bien se halla pasivo que activo; nada pone

de sí propio; no da, recibe; no ejerce una accion, la sufre. Este

análisis nos conduce á un resultado importante, el separar del sentido

comun todo aquello en que el espíritu ejerce su actividad, y el fijar

uno de los caractéres de este criterio, cual es, el que con respecto á

él, no hace mas el entendimiento que someterse á una ley que siente, á

una necesidad instintiva que no puede declinar.

[315.] _Comun_: esta palabra excluye todo lo individual, é indica que

el objeto del sentido comun es general á todos los hombres.

Los simples hechos de conciencia son de sentido, mas nó de sentido

comun; el espíritu los siente prescindiendo de la objetividad y de la

generalidad; lo que experimenta en sí propio es experiencia

exclusivamente suya, nada tiene que ver con la de los demás.

En la palabra comun, se significa que los objetos de este criterio lo

son para todos los hombres, y de consiguiente se refieren al órden

objetivo; pues que lo puramente subjetivo, como tal, se ciñe á la

individualidad, en nada afecta á la generalidad. Esta observacion es

tan exacta que en el lenguaje ordinario jamás se llama opuesto al

sentido comun un fenómeno interior por extravagante que sea, con tal

que se exprese simplemente el fenómeno y se prescinda de su relacion

al objeto. A un hombre que dice, yo experimento tal ó cual sensacion,

me parece que veo tal ó cual cosa, no se le opone el sentido comun;

pero si dice: tal cosa es de tal manera, si la asercion es

extravagante, se le objeta: esto es contrario al sentido comun.

[316.] Yo creo que la expresion, sentido comun, significa una ley de

nuestro espíritu, diferente en apariencia segun son diferentes los

casos á que se aplica, pero que en realidad y á pesar de sus

modificaciones, es una sola, siempre la misma, y consiste en una

inclinacio natural de nuestro espíritu á dar su asenso á ciertas

verdades, no atestiguadas por la conciencia, ni demostradas por la

razon; y que todos los hombres han menester para satisfacer las

necesidades de la vida sensitiva, intelectual ó moral.

Poco importa el nombre si se conviene en el hecho; sentido comun, sea

ó nó la expresion mas adecuada para significarle, es cuestion de

lenguaje, nó de filosofía. Lo que debemos hacer es examinar si en

efecto existe esta inclinacion de que hablamos, bajo qué formas se

presenta, á qué casos se aplica y hasta qué punto y en qué grado puede

ser considerada como criterio de verdad.

En la complicacion de los actos y facultades de nuestro espíritu, y en

la muchedumbre y diversidad de objetos que se le ofrecen, claro es que

dicha inclinacion no puede presentarse siempre con el mismo carácter y

que ha de sufrir varias modificaciones, capaces de hacerla considerar

como un hecho distinto, aunque en realidad no sea mas que el mismo,

transformado de la manera conveniente. El mejor medio de evitar la

confusion de ideas, es deslindar los varios casos en que tiene cabida

el ejercicio de esta inclinacion.

[317.] Desde luego la encontramos con respecto á las verdades de

evidencia inmediata. El entendimiento no las prueba ni las puede

probar, y sin embargo necesita asentir á ellas so pena de extinguirse,

como una luz que carece de pábulo. Para la vida intelectual es

condicion indispensable la posesion de una ó mas verdades primitivas;

sin ellas la inteligencia es un absurdo. Nos encontramos pues con un

caso comprendido en la definicion del sentido comun: imposibilidad de

prueba; necesidad intelectual que se ha de satisfacer con el asenso;

irresistible y universal inclinacion á dicho asenso.

¿Hay algun inconveniente en dar á esta inclinacion el nombre de

sentido comun? por mi parte no disputaré de palabras, consigno el

hecho, y no necesito nada mas en el terreno de la filosofía. Convengo

en que al tratarse de la evidencia inmediata, la inclinacion al asenso

no suele llamarse sentido comun: esto no carece de razon. Para que se

aplique con propiedad el nombre de _sentido_, es necesario que el

entendimiento mas bien sienta que conozca, y en la evidencia inmediata

mas bien conoce que siente. Como quiera, repito que el nombre nada

importa, aunque no seria difícil encontrar algun autor grave que ha

dado al criterio de evidencia el título de sentido comun; lo que deseo

es consignar esa ley de nuestra naturaleza que nos inclina á dar

asenso á ciertas verdades, independientes de la conciencia y del

raciocinio.

No es solo la evidencia inmediata, la que tiene en su favor la

irresistible inclinacion de la naturaleza; lo propio se verifica en la

mediata. Nuestro entendimiento asiente por necesidad, no solo á los

primeros principios, sí que tambien á todas las proposiciones

enlazadas claramente con ellos.

[318.] Esta natural inclinacion al asenso, no se limita al valor

subjetivo de las ideas, se extiende tambien al objetivo. Ya se ha

visto que esa objetividad tampoco es demostrable directamente y _á

priori_, no obstante que la necesitamos. Si nuestra inteligencia no se

ha de limitar á un mundo puramente ideal y subjetivo, es preciso que

no solo sepamos que las cosas nos _parecen_ tales con evidencia

inmediata ó mediata, sino que _son_ en realidad como nos parecen. Hay

pues necesidad de asentir á la objetividad de las ideas, y nos

hallamos con la irresistible y universal inclinacion á este asenso.

[319.] Lo dicho de la evidencia mediata é inmediata con respecto al

valor objetivo de las ideas, tiene lugar no solo en el órden puramente

intelectual sino tambien en el moral. El espíritu, dotado como está de

libertad, ha menester reglas para dirigirse; si los primeros

principios intelectuales son necesarios para conocer, no lo son menos

los morales para querer y obrar; lo que son para el entendimiento la

verdad y el error, son para la voluntad el bien y el mal. A mas de la

vida del entendimiento, hay la vida de la voluntad; aquel se anonada

si carece de principios en que pueda estribar; esta perece tambien

como ser moral, ó es una monstruosidad inconcebible, si no tiene

ninguna regla cuya observancia ó quebrantamiento constituya su

perfeccion ó imperfeccion. Hé aquí otra necesidad del asenso á ciertas

verdades morales, y hé aquí por qué encontramos tambien esa

irresistible y universal inclinacion al asenso.

Y es de notar, que como en el órden moral no basta conocer, sino que

es necesario obrar, y uno de los principios de accion es el

sentimiento, las verdades morales no solo son conocidas sino tambien

sentidas: cuando se ofrecen al espíritu, el entendimiento asiente á

ellas como á inconcusas, y el corazon las abraza con entusiasmo y con

amor.

Filosofía Fundamental, Tomo I · 第 16 / 21 段