[264.] La evidencia inmediata tiene por objeto las verdades que el

entendimiento alcanza con toda claridad, y á que asiente con absoluta

certeza sin que intervenga ningun _medio_, como lo dice el mismo

nombre. Estas verdades se enuncian en las proposiciones llamadas _per

se notæ_, primeros principios ó axiomas; en las cuales basta entender

el sentido de los términos, para ver que el predicado está contenido

en la idea del sujeto. Las proposiciones de esta clase son pocas en

todas las ciencias: la mayor parte de nuestros conocimientos es fruto

de raciocinio, el cual procede por evidencia mediata. En la geometría

son en muy reducido número las proposiciones que no han menester ser

demostradas sino explicadas; el cuerpo de la ciencia geométrica con

las dimensiones colosales que tiene en la actualidad, ha dimanado del

raciocinio: aun en las obras mas extensas los axiomas ocupan pocas

páginas; lo demás está formado de teoremas, esto es, de proposiciones

que no siendo evidentes por sí mismas, necesitan demostracion. Lo

mismo se verifica en todas las ciencias.

[265.] Como en los axiomas percibe el entendimiento la identidad del

sujeto con el predicado, viendo por intuicion que la idea de este se

halla contenida en la de aquel, surge aquí una cuestion filosófica

sumamente grave, que puede ser muy difícil y dar pie á extrañas

controversias, si no se tiene cuidado de colocarla en su verdadero

terreno. ¿Todo conocimiento humano se reduce á la simple percepcion de

la identidad? y su fórmula general, ¿podria ser la siguiente: A es A,

ó bien una cosa es ella misma? Filósofos de nota opinan por la

afirmativa, otros sienten lo contrario. Yo creo que hay en esto cierta

confusion de ideas, relativa mas bien al estado de la cuestion que no

al fondo de ella misma. Conduce mucho á resolverla con acierto el

formarse ideas bien claras y exactas de lo que es el juicio, y la

relacion que por él se afirma ó se niega.

[266.] En todo juicio hay percepcion de identidad ó de no identidad

segun es afirmativo ó negativo. El verbo _es_ no expresa union de

predicado con el sujeto, sino identidad; cuando va acompañado de la

negacion diciéndose _no es_, se expresa simplemente la no identidad,

prescindiendo de la union ó separacion. Esto es tan verdadero y

exacto, que en cosas realmente unidas no cabe juicio afirmativo por

solo faltarles la identidad; en tales casos, para poder afirmar, es

preciso expresar el predicado en concreto, esto es, envolviendo en él

de algun modo la idea del sujeto mismo; por manera que la misma

propiedad que en concreto debiera ser afirmada, no puede serle en

abstracto, antes bien debe ser negada. Así se puede decir: el hombre

es racional; pero nó, el hombre es la racionalidad; el cuerpo es

extenso; pero nó, el cuerpo es la extension; el papel es blanco; pero

nó el papel es la blancura. Y esto ¿por qué? ¿es que la racionalidad

no está en el hombre, que la extension no se halle unida al cuerpo y

la blancura al papel? nó ciertamente; pero, aunque la racionalidad

esté en el hombre y la extension en el cuerpo y la blancura en el

papel, basta que no percibamos identidad entre los predicados y los

sujetos para que la afirmacion no pueda tener cabida: por el

contrario, lo que la tiene es la negacion, á pesar de la union: así se

podrá decir: el hombre no es la racionalidad; el cuerpo no es la

extension; el papel no es la blancura.

He dicho que para salvar la expresion de identidad empleábamos el

nombre concreto en lugar del abstracto, envolviendo en aquel la idea

del sujeto. No se puede decir el papel es la blancura, pero sí el

papel es blanco: porque esta última proposicion significa el papel es

una cosa blanca; es decir, que en el predicado, blanco, en concreto,

hacemos entrar la idea general de _una cosa_, esto es, de un sujeto

modificable, y este sujeto es idéntico al papel modificado por la

blancura.

[267.] Así se echa de ver que la expresion: _union del predicado con

el sujeto_, es cuando menos inexacta. En toda proposicion afirmativa

se expresa la identidad del predicado con el sujeto; el uso autoriza

estos modos de hablar, que sin embargo no dejan de producir alguna

confusion cuando se trata de entender perfectamente estas materias. Y

es de notar que el lenguaje comun por sí solo, es en este punto como

en muchos otros, admirablemente propio y exacto; nadie dice, el papel

es la blancura, sino el papel es blanco; solo cuando se quiere

encarecer mucho la perfeccion con que un sujeto posee una calidad, se

la expresa en abstracto, uniéndole el pronombre _mismo_: así se dice

hiperbólicamente: es la misma belleza, es la misma blancura, es la

misma bondad.

[268.] Hasta lo que se llama igualdad en las matemáticas, viene á

significar tambien identidad, de suerte que en esta clase de juicios,

á mas de lo que hemos observado de general en todos, á saber, la

identidad salvada por la expresion del predicado en concreto, hay que

la misma relacion de igualdad significa identidad: esto necesita

explicacion.

Si digo 6 + 3 = 9, expreso lo mismo que 6 + 3 es idéntico á 9. Claro

es que en la afirmacion de igualdad no se atiende á la forma con que

las cantidades están expresadas, sino á las cantidades mismas; pues de

lo contrario, no solo no se podria afirmar la identidad, pero ni aun

la igualdad: porque es evidente que 6 + 3 en cuanto á su forma, ni

escrita, ni hablada, ni pensada, no es idéntico ni igual con 9. La

igualdad se refiere á los valores expresados, y estos no solo son

iguales, sino idénticos: 6 + 3 es lo mismo que 9. El todo no se

distingue de sus partes reunidas: el 9 es el todo; 6 + 3 con sus

partes reunidas.

El modo diferente con que se conciben 9 y 6 + 3, no excluye la

identidad: esta diferencia es relativa á la forma intelectual; y tiene

lugar no solo en este caso, sino en las percepciones de las cosas mas

simples; no hay nada que nosotros no concibamos bajo aspectos

diferentes, y cuyo concepto no podamos descomponer de diversos modos;

y sin embargo nó por esto se dice que la cosa deje de ser simple é

idéntica consigo misma.

Lo que se aplica á una ecuacion aritmética, puede extenderse á las

algebráicas y geométricas. Si se tiene una ecuacion en que el primer

miembro sea muy sencillo, por ejemplo Z, y el segundo muy complicado,

por ejemplo el desarrollo de una serie, no se quiere decir que la

expresion primera sea igual á la segunda; la igualdad se refiere, nó á

la misma expresion sino á lo expresado, al valor que con las letras se

designa: esto último es verdadero; lo primero seria evidentemente

falso.

Dos circunferencias que tengan un mismo radio son iguales. Aquí parece

que se trata solamente de igualdad, pues que hay en efecto dos objetos

distintos que son las dos circunferencias, las cuales pueden trazarse

en el papel ó representarse en la imaginacion: no obstante, ni aun en

este caso la distincion es verdadera y sí solo aparente, verificándose

lo que en las ecuaciones aritméticas y algebráicas, de que hay

distincion y hasta diversidad en las formas, é identidad en el fondo.

Desde luego se puede combatir el argumento principal en que se funda

la distincion, si se observa que las circunferencias que se pueden

trazar ó representar, no son mas que formas de la idea, y de ningun

modo la idea misma. Ya se tracen ya se representen, tendrán una

magnitud determinada y una cierta posicion en los planos que se tengan

á la vista ó que se imaginen: en la idea y en la proposicion que á

ella se refiere, no hay nada de esto; se prescinde de todas las

magnitudes, de todas las posiciones, se habla en un sentido general y

absoluto. Es verdad que las representaciones pueden ser infinitas, ya

en la imaginacion ya en lo exterior: pero esto, lejos de probar su

identidad con la idea, indica su diversidad; pues que la idea es

única, ellas son infinitas; la idea es constante, ellas son variables;

la idea es independiente de las mismas, y ellas son dependientes de la

idea, teniendo el carácter y la denominacion de circunferencias en

cuanto se le aproximan representando lo que ella contiene.

¿Qué se expresa pues en la proposicion: dos circunferencias que tengan

un mismo radio, son iguales? la idea fundamental es que el valor de la

circunferencia depende del radio; y la proposicion aquí enunciada no

es mas que una aplicacion de aquella propiedad al caso de igualdad de

los radios. Luego las circunferencias que concebimos como distintas,

no son mas que ejemplos que nos ponemos en lo interior para hacernos

visible la verdad de la aplicacion; pero en el fondo puramente

intelectual, no se encuentra mas que la descomposicion de la idea

misma de la circunferencia, ó su relacion con el radio aplicada al

caso de igualdad. No hay pues dos circunferencias en el órden

puramente ideal; hay una sola cuyas propiedades conocemos bajo

diferentes conceptos y que expresamos de diversas maneras.

Si en todos los juicios hay afirmacion de identidad ó no identidad, y

todos nuestros conocimientos ó nacen de un juicio ó van á parar á él,

parece que todos se han de reducir á una simple percepcion de

identidad: entonces, la fórmula general de nuestros conocimientos

será: A es A, ó una cosa es ella misma. Este resultado parece una

paradoja extravagante, y lo es segun el modo con que se le entiende;

pero si se explica como se debe, puede ser admitido como una verdad, y

verdad muy sencilla. Por lo dicho en los párrafos anteriores, se puede

columbrar cuál es el sentido de esta opinion; pero la importancia de

la materia exige otras aclaraciones.

CAPÍTULO XXVII.

CONTINUACION.

[269.] Es hasta ridículo el decir que los conocimientos de los mas

sublimes matemáticos, se hayan reducido á esta ecuacion: A es A. Esto,

dicho absolutamente, es no solo falso sino contrario al sentido comun;

pero ni es contrario al sentido comun, ni es falso, el decir que los

conocimientos de todos los matemáticos, son percepciones de identidad,

la cual presentada bajo diferentes conceptos sufre infinitas

variaciones de forma, que fecundan al entendimiento y constituyen la

ciencia. Para mayor claridad tomemos un ejemplo y sigamos una idea al

través de sus transformaciones.

[270.] La ecuacion círculo = círculo(1) es muy verdadera, pero nó muy

luminosa, pues no sirve para nada, á causa de que hay identidad no

solo de ideas sino tambien de conceptos y expresion. Para que haya un

verdadero progreso en la ciencia, no basta que la expresion se mude,

es necesario que se varié en algun modo el concepto bajo el cual se

presenta la cosa idéntica. Asi es que si la ecuacion anterior la

abreviamos en esta forma C = círculo(2) nada hemos adelantado, sino en

cuanto á la expresion puramente material. La única ventaja que puede

resultarnos, es el que aliviamos un tanto la memoria porque en vez de

expresar el círculo por una palabra la expresamos por una letra, la

inicial C. ¿Por qué? porque la variedad está en la expresion, no en el

concepto.

Si en vez de considerar la identidad en toda su simplicidad en ambos

miembros de la ecuacion, referimos el valor del círculo al de la

circunferencia, tendremos C = circunferencia x ½ R (3) es decir que el

valor del círculo es igual á la circunferencia multiplicada por la

mitad del radio. En la ecuacion (3) hay identidad como en las (1) y

(2) porque en ella se significa que el valor expresado por C es el

mismo expresado por circunferencia x ½ R; de la propia suerte que en

las anteriores se expresa que el valor del círculo es el valor del

círculo. ¿Pero hay alguna diferencia de esta ecuacion á las

anteriores? sí, y muy grande. ¿Cuál es? en las primeras se expresaba

simplemente la identidad concebida bajo un mismo punto de vista; el

círculo expresado en el segundo miembro no excitaba ninguna idea que

no excitase el primero; pero en la última el segundo miembro expresa

el mismo círculo sí, pero en sus relaciones con la circunferencia y el

radio, y por consiguiente á mas de contener una especie de análisis de

la idea del círculo, recuerda el análisis que anteriormente se ha

hecho de la idea de la circunferencia con relacion á la del radio. La

diferencia pues no está en la sola expresion material, sino en la

variedad de conceptos bajo los cuales se presenta una cosa misma.

Llamando N el valor de la relacion de la circunferencia con el

diámetro, y C al círculo, la ecuacion se nos convierte en esta otra C

= N R¹(4). Aquí hay tambien identidad en los valores, pero encontramos

un progreso notable en la expresion del segundo miembro, en el cual se

nos ofrece el valor del círculo desembarazado de sus relaciones con el

de la circunferencia y dependiente tan solo de un valor numérico N y

de una recta que es el radio. Sin perder pues la identidad y solo por

sucesion de percepciones de identidad, hemos llegado á adelantar en la

ciencia, y habiendo partido de una proposicion tan estéril como

círculo = círculo, nos encontramos en otra por la cual podemos desde

luego calcular el valor de un círculo cualquiera con tal que se nos dé

su radio.

Saliendo de la geometría elemental y considerando el círculo como una

curva referida á dos ejes y cuyos puntos se determinan con respecto á

estos, tendremos Z = 2Bx-x¹ (5); expresando Z el valor de la ordenada;

B el de una parte constante del eje de las abscisas; y x la abscisa

correspondiente á Z. Aquí encontramos ya otro progreso de ideas

todavía mas notable; en ambos miembros, no expresamos ya el valor del

círculo sino el de unas líneas, con las cuales se determinan todos los

puntos de la curva; y concebimos fácilmente que esta curva que nos

cerraba la figura cuyas propiedades determinábamos en la geometría

elemental, puede ser concebida bajo tal forma que pertenezca á un

género de curvas de las cuales ella constituya una especie por la

particular relacion de las cantidades 2 x y B; de manera que

modificando la expresion con la añadidura de una nueva cantidad

combinada de este ó de aquel modo, puede resultarnos una curva de otra

especie. Entonces, si queremos determinar el valor de la superficie

encerrada en esto círculo, podremos considerarla, no simplemente con

respecto al radio, sino á las áreas encerradas entre las varias

perpendiculares cuyos extremos determinan los puntos de la curva y que

se llaman ordenadas: con lo cual resultará que el mismo valor del

círculo se determinará bajo conceptos diferentes, no obstante de que

ese valor es siempre idéntico: la transicion de unos conceptos á otros

será la sucesion de las percepciones de identidad presentada bajo

formas diferentes.

Consideremos ahora que el valor del círculo depende del radio, lo cual

nos da C = funcion x (6). Ecuacion que nos lleva á concebir el círculo

bajo la idea general de una funcion de su radio ó de x, y por

consiguiente nos autoriza á someterle á todas las leyes á que una

funcion está sujeta y nos conduce á las propiedades de las

diferencias, de los límites, y de las relaciones de estos; con lo cual

entramos en el cálculo infinitesimal cuyas expresiones nos presentan

la identidad bajo una forma que nos recuerda una serie de conceptos de

análisis detenida y profunda. Así, expresando la diferencial del

círculo por dc; y su integral por S. dc; tendremos c = S. dc (7)

ecuacion en que se expresan los mismos valores que en aquella otra,

círculo = círculo, pero con la diferencia de que la (7) recuerda

inmensos trabajos analíticos, es el resultado de la dilatada sucesion

de conceptos del cálculo integral, del diferencial, de los límites de

las diferencias de las funciones, de la aplicacion del álgebra á la

geometría y de una muchedumbre de nociones geométricas elementales,

reglas y combinaciones algebráicas y de todo cuanto ha sido menester

para llegar al resultado. Entonces, cuando se integre la diferencial,

y por integracion se llegue á sacar el valor del círculo, es claro que

seria lo mas extravagante el afirmar que la ecuacion integral no es

mas que la de círculo = círculo; pero no lo es el decir que en el

fondo hay identidad, y que la diversidad de expresion á que hemos

llegado es el fruto de una sucesion de percepciones de la misma

identidad presentada bajo aspectos diferentes. Suponiendo que los

conceptos por los cuales haya sido necesario pasar sean A B C D E M;

la ley de su enlace científico podrá expresarse de esta manera: A = B,

B = C, C = D, D = E, E = M; luego A = M.

[271.] Lo que acabo de explicar no puede comprenderse bien si no se

recuerdan algunos caractéres de nuestra inteligencia, en los cuales se

encuentra la razon de tamañas anomalías. Nuestro entendimiento tiene

la debilidad de no poder percibir muchas cosas sino sucesivamente, y

de que aun en las ideas mas claras, no ve lo que en ellas se contiene,

sino con mucho trabajo. De esto resulta una necesidad á la cual

corresponde con admirable armonía una facultad que la satisface: una

necesidad de concebir bajo varias formas no solo distintas sino

diferentes, aun las cosas mas simples; una facultad de descomponer un

concepto en muchas partes, multiplicando en el órden de las ideas lo

que en realidad es uno. Esta facultad de descomposicion seria inútil

si al pasar el entendimiento por la sucesion de conceptos, no tuviese

medio de enlazarlos y retenerlos, en cuyo caso iría perdiendo el fruto

de sus tareas escapándosele de la mano tan pronto como lo acababa de

coger. Afortunadamente, este medio le tiene en los signos escritos,

hablados ó pensados; expresiones misteriosas que á veces designan no

solo una idea, sino que son como el compendio de los trabajos de una

larga vida y quizás de una dilatada serie de siglos. Al presentársenos

el signo, no vemos ciertamente con entera claridad todo lo que por él

se expresa, ni las razones de la legitimidad de la expresion; pero

sabemos en confuso el significado que allí se encierra, sabemos que en

caso necesario nos basta tomar el hilo de las percepciones por las

cuales hemos pasado, volviendo así con paso retrógrado hasta los

elementos mas simples de la ciencia. Al hacer los cálculos, el

matemático mas eminente no ve con toda claridad lo que significan las

expresiones que va empleando, sino en cuanto se refieren al objeto que

le ocupa; pero está cierto que aquellas expresiones no le engañan, que

las reglas por las cuales se guia son enteramente seguras; porque sabe

que en otro tiempo las afianzó en inconcusas demostraciones. El

desarrollo de una ciencia puede compararse á una serie de colunas en

las cuales se han marcado las distancias de un camino; el ingeniero

que ha hecho las operaciones se sirve de los guarismos de las colunas,

sin necesidad de recordar las operaciones que le condujeron á marcar

la cantidad que tiene á la vista; bástale saber que las operaciones

fueron bien hechas y que el resultado de ellas se escribió bien.

[272.] La prueba de esta necesidad de descomposicion, á mas de tenerla

ampliamente consignada en los ejemplos anteriores, se la encuentra en

los elementos de toda enseñanza, donde se hace preciso explicar bajo

una forma de demostracion proposiciones que nada mas dicen que las

definiciones ó axiomas que se han asentado. Por ejemplo, en las obras

elementales de geometría se encuentra este teorema: todos los

diámetros de un círculo son iguales; y si se quiere que los

principiantes le comprendan, es necesario dar la forma de demostracion

á lo que no es ni puede ser mas que una explicacion, y casi un

recuerdo de la idea del círculo. Cuando se traza la circunferencia se

fija un punto en torno del cual se hace girar una línea que se llama

radio; pues bien, no siendo el diámetro otra cosa que el conjunto de

los dos radios continuados en una misma línea, parece que debiera

bastar la enunciacion del teorema para que se le viese evidentemente

contenido en la idea del círculo y como una especie de repeticion del

postulado en que se funda la construccion de la curva; sin embargo no

sucede así, y es necesario explicar, haciendo como que se prueba, y

mostrar el diámetro igual á dos radios, y recordar que estos son

iguales, y á veces repetir que así se supone en la misma construccion;

en una palabra, emplear una porcion de conceptos para convencer de una

verdad que debiera ser conocida con la simple intuicion de uno solo,

como sucede cuando las fuerzas geométricas del entendimiento han

adquirido cierta robustez.

[273.] Ahora podrémos apreciar en su justo valor la opinion de

Dugald-Steward en sus _Elementos de la filosofía del espíritu humano_,

cuando dice: «es lícito dudar que aun esta ecuacion aritmética 2 x 2 =

4 pueda ser representada con exactitud por la fórmula A = A. Esta

ecuacion es una proposicion que enuncia _la equivalencia de dos

expresiones diferentes_, equivalencia cuyo descubrimiento puede ser de

la mayor importancia en una infinidad de casos. La fórmula es una

proposicion del todo insignificante y frivola que no puede en ningun

caso recibir la menor aplicacion práctica; ¿qué pensaremos pues de

esta proposicion A = A, si se la compara con la fórmula del binomio de

Newton á la cual en tal caso representaria? sin duda cuando se la

aplica á la ecuacion 2 x 2 = 4 (que por su extrema simplicidad y

vulgaridad puede pasar por un axioma) la paradoja no presenta tan de

bulto su monstruosidad; pero en este segundo caso parece del todo

imposible que tenga ni aun significacion» (2. p. cap. 2. seccion 3. §

2.). Este filósofo no advierte que la pretendida monstruosidad nace de

la errada interpretacion que él mismo da á la opinion de sus

adversarios. Nadie ha pensado en negar la importancia de los

descubrimientos en que se prueba la equivalencia de expresiones

diferentes; nadie dudará de que la fórmula del binomio de Newton sea

un gran progreso sobre la fórmula A = A; pero la cuestion no está

aquí, está en ver si la fórmula del binomio de Newton es mas que la

expresion de cosas idénticas, y si aun el mérito mismo de la

expresion, es ó no el fruto de una serie de percepciones de identidad.

Si la cuestion se presentase bajo el punto de vista de Dugald-Steward,

seria hasta indigna de ser ventilada: en buena filosofía no puede

disputarse sobre cosas no solo absurdas sino ridiculas.

CAPÍTULO XXVIII.

CONTINUACION.

[274.] Expliquemos ahora cómo la doctrina de la identidad se aplica en

general á todos los raciocinios, versen ó no sobre objetos

matemáticos; para esto examinaremos algunas de las formas dialécticas

en las cuales está consignado el arte de raciocinar.

Todo A es B; M es A, luego M es B. En este silogismo encontramos en la

mayor, la identidad de todo A con B, y en la menor la de M con A, de

lo cual sacamos la de M con B. En las tres proposiciones hay

afirmacion de identidad, y por consiguiente percepcion de ella: veamos

lo que sucede en el enlace que constituye la fuerza del raciocinio.

¿Por qué digo que M es B? porque M es A, y todo A es B. M es uno de

los A, que estaba expresado ya en las palabras: todo A; luego cuando

digo M es A, no digo nada nuevo sobre lo que habia dicho por todo A;

¿qué diferencia hay pues? hay la diferencia de que en la expresion

todo A, no hacia atencion á uno de sus contenidos M, del cual sin

embargo afirmaba que era B, por lo mismo que decia todo A es B. Si en

la expresion todo A hubiese visto distintamente á M, no hubiera sido

necesario el silogismo, pues por lo mismo que decia todo A es B,

hubiera entendido M es B.

Esta observacion es tan verdadera y exacta, que en tratándose de

relaciones demasiado claras se suprime el silogismo y se le reemplaza

por el entimema. El entimema es ciertamente la abreviacion del

silogismo; pero en esta abreviacion debemos ver algo mas que un ahorro

de palabras; hay un _ahorro de conceptos_, porque el entendimiento ve

intuitivamente lo uno en lo otro sin necesidad de descomposicion. Es

hombre, luego es racional; callamos la mayor y ni aun la pensamos,

porque en la idea de hombre y en su aplicacion á un individuo, vemos

intuitivamente la de racional, sin gradacion de ideas ni sucesion de

conceptos.

Filosofía Fundamental, Tomo I · 第 13 / 21 段