[214.] El principio de contradiccion es una ley de toda inteligencia;

es de una necesidad absoluta tanto para lo finito como para lo

infinito: ni la inteligencia infinita se halla fuera de esta

necesidad, porque la infinita perfeccion no puede ser un absurdo. El

hecho de conciencia como puramente individual, se refiere tan solo al

ser que lo experimenta; de que yo exista ó no exista ni el órden de

las inteligencias ni el de las verdades sufre alteracion alguna.

[215.] El principio de contradiccion, á mas del carácter de

universalidad y necesidad con que se distinguen las verdades de

evidencia, posee tambien el del ser visto con esa claridad

intelectual inmediata, de que mas arriba se ha tratado. En la idea del

ser vemos clarísimamente la exclusion del no ser.

De esto se infiere la prueba de la segunda parte de la proposicion:

porque hay evidencia inmediata de la relacion de un predicado con un

sujeto, cuando para verla nos basta la sola idea del sujeto sin

necesidad de ninguna combinacion con otras ideas; así se verifica en

el caso presente, pues no solo no es necesaria ninguna combinacion,

sino que todas son imposibles si no se presupone la verdad del

principio (XXI).

CAPÍTULO XXII.

EL PRINCIPIO DE LA EVIDENCIA.

[216.] Entre los principios que han figurado en las escuelas en

primera línea, con pretension al título de fundamentales, se encuentra

el que ha solido llamarse de los cartesianos. «Lo que está comprendido

en la idea clara y distinta de una cosa, se puede afirmar de ella con

toda certeza.» Ya hemos visto que Kant resucita, aunque en otras

palabras, este principio, tomándole equívocamente por sinónimo del de

contradiccion. Bien examinada la cosa se echa de ver que tanto la

fórmula de los cartesianos como la de Kant no son mas que la

expresion de la legitimidad del criterio de la evidencia. Ambas

podrian reducirse á otras mas sencillas: la evidencia es criterio de

verdad; ó bien, lo evidente es verdadero. Como esta transformacion me

ha de servir en adelante para distinguir ideas, en mi opinion muy

confusas, daré la razon de ella manifestando la igualdad de las dos

expresiones.

[217.] Decir que una cosa está comprendida en la idea clara y distinta

de otra, es lo mismo que decir que hay evidencia de que un predicado

conviene á un sujeto; las palabras no tienen ni pueden tener otro

sentido; «estar comprendido en una idea clara y distinta,» equivale á

decir que vemos una cosa en otra con aquella luz intelectual que

llamamos evidencia: luego esta expresion, «lo que está comprendido en

la idea clara y distinta de una cosa» es exactamente igual á esta: «lo

que es evidente.»

Decir que una cosa se puede afirmar de otra con toda certeza, es lo

mismo que decir: «la cosa es verdadera, y de esto podemos estar

completamente seguros.» Lo que se puede afirmar, es la verdad y solo

la verdad: luego esta expresion, «se puede afirmar de ella con toda

certeza,» es exactamente igual á esta otra: «es verdadero.»

Así, la expresion de los cartesianos puede transformarse en esta: «lo

evidente es verdadero,» ó en su equivalente: «la evidencia es seguro

criterio de verdad.»

[218.] «El predicado que repugna á un sujeto, no le conviene,» esta es

la fórmula de Kant. La repugnancia de que aquí se trata es la que se

encuentra en las ideas, esto es, cuando de la idea del sujeto está

necesariamente excluido el predicado por _repugnancia_ intrínseca. La

expresion pues «el predicado que repugna á un sujeto,» equivale á esta

otra: «cuando de la idea del sujeto se ve con claridad excluido el

predicado;» la que á su vez es igual á esta «la exclusion ó la

repugnancia entre el sujeto y el predicado es evidente.»

«No le conviene» significa lo mismo que es verdadero que no le

conviene; y como estas fórmulas tienen dos valores, uno para los casos

afirmativos, otro para los negativos, pues si se dice: el predicado

que repugna á un sujeto no le conviene, se puede decir con la misma

razon, el predicado contenido en la idea del sujeto le conviene,

resulta que la fórmula de Kant coincide exactamente con esta: «lo que

es evidente es verdadero.»

[219.] Con esta transformacion se logra mayor sencillez y mas

generalidad: sencillez, por la expresion misma; generalidad, porque

están contenidos tanto los casos afirmativos como los negativos. Las

palabras «lo que es evidente» abrazan tanto las afirmaciones como las

negaciones; porque tan evidente puede ser la inclusion de un predicado

en un sujeto como su mutua repugnancia. Se puede ver que está

contenida una cosa en la idea de otra, como que está excluida de

ella. Bajo todos los conceptos es preferible la fórmula: lo que es

evidente es verdadero; y si se quiere expresar nó como principio sino

como regla aplicable, se puede convertir en esta otra: «la evidencia

es seguro criterio de verdad.»

[220.] No se crea que el análisis precedente tenga por único objeto la

transformacion indicada; bien que en estas materias la claridad y la

precision deben ser llevadas al mas alto punto posible, no obstante me

hubiera abstenido de entrar en semejantes consideraciones si solo me

hubiese propuesto lograr una innovacion que en la práctica puede

producir muy escaso resultado; lo mismo se expresa de un modo que de

otro, quien no entienda las primeras fórmulas no entenderá la última.

Pero no era esta innovacion mi objeto principal; sino el manifestar la

confusion de ideas que hay en este punto cuando se examina si el

principio que contiene la legitimidad del criterio de la evidencia

debe ser considerado ó nó como fundamental y preferido al de

contradiccion y al de Descartes.

[221.] Comienzo por asentar una proposicion que parecerá la mas

extraña paradoja, pero que está muy lejos de serlo. _El principio de

la evidencia no es evidente._

Demostracion. Este principio puesto en forma mas sencilla es el que

sigue. Lo evidente es verdadero. Yo digo que esta proposicion no es

evidente. ¿Cuándo es evidente una proposicion? cuando en la idea del

sujeto vemos el predicado; esto no sucede aquí. Evidente es lo mismo

que visto con claridad, que ofrecido al entendimiento de una manera

muy luminosa. Verdadero es lo mismo que conformidad de la idea con el

objeto. Pregunto ahora ¿por mas que se analice esta idea: «visto con

claridad» se puede descubrir esta otra, «conforme al objeto?» nó. Se

da aquí un salto inmenso, se pasa de la subjetividad á la objetividad,

se afirma que las condiciones subjetivas son el reflejo de las

objetivas, se hace el tránsito de la idea á su objeto, tránsito que

constituye el problema mas trascendental, mas difícil, mas oscuro de

la filosofía. Vea pues el lector si he dicho con fundamento que no era

una paradoja esta asercion: El principio de la evidencia no es

evidente.

[222.] ¿Qué diremos pues de esta proposicion: lo evidente es

verdadero? hélo aquí. No es un axioma porque el predicado no está

contenido en la idea del sujeto; no es una proposicion demostrable

porque toda demostracion estriba en principios evidentes y consiste en

deducir de los mismos una consecuencia evidentemente enlazada con

ellos; lo que no puede tener lugar si no se presupone la legitimidad

de la evidencia, es decir, lo mismo que es objeto de la demostracion.

Al comenzar el raciocinio se podria preguntar desde luego, ¿cómo es

conocido el principio en que se le quiere fundar? ¿cómo se sabe que

sea verdadero? ¿por la evidencia? recuérdese que se trata de probar

que lo evidente es verdadero, y por tanto hay una peticion de

principio. La verdad de las leyes lógicas á que debe conformarse todo

raciocinio, es conocida solo por evidencia: luego si no se supone que

lo evidente es verdadero, no se puede ni raciocinar siquiera.

[223.] Tenemos pues que el principio de la evidencia no puede apoyarse

en otro, y por consiguiente reune el primer carácter de principio

fundamental. Cayendo él caen tambien todos los demás, incluso el de

contradiccion, que como todos, no es conocido sino por evidencia; este

es otro de los caractéres del principio fundamental. Veamos sí reune

el tercero, á saber, que con su auxilio se pueda reducir á quien

niegue los demás.

Difícil es encontrar quien niegue el principio de contradiccion y

admita el de evidencia; sin embargo haciendo esta suposicion

extravagante, si algun principio pudiera servir para el caso seria

este sin duda, porque la cuestion estaria reducida á si confesaria que

los principios son para él evidentes; si no lo son, su entendimiento

es diferente del de los demás hombres; si lo son, el argumento que se

le hace es concluyente. Segun V. confiesa lo evidente es verdadero;

tal ó cual principio es evidente para V., luego es verdadero. Las

premisas son admitidas por él mismo; la legitimidad de la consecuencia

es evidente, y por tanto debe reconocerla tambien, ya que por regla

general admite el criterio de la evidencia.

[224.] ¿De qué nacen las extrañezas que hemos notado en este

principio? No es evidente, ni es demostrable; es necesario para todos

los demás, y con su auxilio se puede reducir á quien los niegue; ¿de

dónde semejante extrañeza? de un orígen muy sencillo. Es que el

principio de la evidencia no expresa ninguna verdad objetiva, y por

consiguiente no es demostrable; no es un simple hecho de conciencia

porque expresa la relacion del sujeto al objeto y por consiguiente no

puede limitarse á lo puramente subjetivo; es una proposicion que

conocemos por acto reflejo y que expresa la ley primitiva de todos

nuestros conocimientos objetivos. Estos se fundan en la evidencia; así

lo experimentamos; pero cuando el espíritu se pregunta ¿por qué debes

fiarte de la evidencia? no puede responder otra cosa sino que lo

evidente es verdadero. ¿En qué funda esta proposicion? ordinariamente

en nada: se conforma á la misma sin haber pensado nunca en ella; pero

si se empeña en reflexionar encuentra tres motivos para asentir á la

misma. Primero: un irresistible instinto de la naturaleza. Segundo: el

ver que no admitiendo la legitimidad del criterio de la evidencia, se

hunden todos sus, conocimientos y le es imposible pensar. Tercero: el

notar que admitiendo este criterio todo se pone en órden en la

inteligencia, que en vez de un caos halla un universo ideal con

trabazon admirable, y se siente con los medios necesarios para

raciocinar y construir un edificio científico con respecto al

universo real del que tiene conocimiento por la experiencia (XXII).

CAPÍTULO XXIII.

CRITERIO DE LA CONCIENCIA.

[225.] Apreciado el mérito de los tres principios, de conciencia, de

contradiccion y de evidencia, con respecto á la dignidad de principio

fundamental, vamos ahora á examinar el valor intrínseco de los

diferentes criterios. Para esto nos suministra mucha luz la doctrina

de los capítulos anteriores, de la cual son los siguientes un

desarrollo y complemento. Comencemos por la conciencia ó sentido

íntimo.

El testimonio de la conciencia ó del sentido íntimo, comprende todos

los fenómenos que activa ó pasivamente se realizan en nuestra alma.

Por su naturaleza, es puramente subjetivo; de modo que considerado en

sí mismo, separadamente del instinto intelectual y de la luz de la

evidencia, nada atestigua con respecto á los objetos. Por él sabemos

lo que experimentamos, nó lo que es; percibimos el fenómeno, nó la

realidad; él nos autoriza á decir: me _parece_ tal cosa; pero nó, _es_

tal cosa.

La transicion del sujeto al objeto, de la idea representante á la cosa

representada, de la impresion á la causa imprimente, pertenece á otros

criterios: la conciencia se limita á lo interior, ó por mejor decir á

ella misma, que no es mas que un hecho de nuestra alma.

[226.] Conviene distinguir entre la conciencia directa y la refleja;

aquella acompaña á todo fenómeno interno, esta nó; aquella es natural,

esta es filosófica; aquella prescinde de los actos de la razon, esta

es uno de estos actos.

La conciencia directa es la presencia misma del fenómeno al espíritu,

ya sea una sensacion, ya una idea, ya un acto ó impresion cualquiera,

en el órden intelectual ó moral.

Por esta definicion se echa de ver que la conciencia directa acompaña

á todo ejercicio de las facultades de nuestra alma, activo ó pasivo.

Decir que estos fenómenos existen en el alma y no están presentes á

ella, es una contradiccion.

Estos fenómenos no son modificaciones como las que se verifican en las

cosas insensibles; se trata de modificaciones vivas por decirlo así,

en un ser vivo tambien: en la idea de las mismas está contenida su

presencia al espíritu.

Es imposible sentir sin que la sensacion se experimente: porque quien

dice sentir, dice experimentar la sensacion; esta experiencia es la

presencia misma: una sensacion experimentada es una sensacion

presente.

El pensamiento es por su esencia una representacion, la que no puede

existir ni aun concebirse sin la presencia; el nombre mismo lo está

indicando; y la idea que le unimos confirma el significado de la

palabra. Cuando de representacion hablamos, entendemos que hay algun

objeto real ó imaginario, que mediata ó inmediatamente se ofrece á un

sujeto: hay pues presencia en toda representacion, y por consiguiente

en todo pensamiento.

Si de lo pasivo como son las sensaciones y representaciones, pasamos á

lo activo, es decir, á los fenómenos en que el alma desenvuelve

libremente su fuerza en el órden intelectual ó moral, _combinando_ ó

_queriendo_, la presencia es, si cabe, mas evidente. El ser que obra

de este modo no obedece á un impulso natural, sino á motivos que él se

propone, y á que puede atender ó dejar de atender: combinar

intelectualmente, ejercer actos de voluntad, sin que ni lo primero ni

lo segundo estén presentes al alma, son afirmaciones contradictorias.

[227.] La conciencia refleja, que los franceses suelen llamar

apercepcion, del verbo _s'apercevoir_, apercibirse, que entre ellos

puede significar percepcion de la percepcion, es el acto con que el

espíritu conoce explícitamente algun fenómeno que en él se realiza. En

la actualidad oigo ruido; la simple sensacion presente á mi espíritu

afectándole, constituye lo que he llamado conciencia directa; pero si

á mas de oir me apercibo (permítaseme el galicismo) de que oigo,

entonces no solo oigo sino que pienso que oigo: esto es lo que llamo

conciencia refleja.

[228.] Claro es por el ejemplo que se acaba de aducir, que la

conciencia directa y la refleja son no solo distintas, sino

separables; puedo oir sin pensar que oigo, y esto se verifica

infinitas veces.

[229.] El comun de los hombres tiene poca conciencia refleja y la

mayor fuerza intelectual es en sentido directo. Este hecho ideológico

se enlaza con verdades morales de la mayor importancia. El espíritu

humano no ha nacido para contemplarse á sí propio, para pensar que

piensa; los afectos no le han sido concedidos para objetos de

reflexion, sino como impulsos que le llevan á donde es llamado; el

objeto principal de su inteligencia y de su amor es el ser infinito

así en esta vida como en la otra. El culto de sí propio es una

aberracion del orgullo cuya pena son las tinieblas.

[230.] Los grandes adelantos científicos son todos con relacion á los

objetos, nó al sujeto. Las ciencias exactas, las naturales y tambien

las morales, no han nacido de la reflexion sobre el _yo_, sino del

conocimiento de los objetos y de sus relaciones. Aun las ciencias

metafísicas, en lo que tienen de mas sólido, que es lo ontológico,

cosmológico y teológico, son puramente objetivas; la ideología y

psicología que versan sobre el sujeto, se resienten ya de la oscuridad

inherente á todo lo subjetivo; la ideología apenas sale de los límites

de la pura observacion de los fenómenos internos, observacion que

para decirlo de paso suele ser escasa y muy mal hecha, se pierde en

vanas cavilaciones; y la misma psicología, ¿qué es lo que tiene

verdaderamente demostrado sino la simplicidad del espíritu,

consecuencia precisa de la unidad de conciencia? En todo lo demás hace

lo mismo que la ideología, y hasta cierto punto se confunde con ella;

observa fenómenos que luego deslinda y clasifica bien ó mal, sin que

acierte á explicar su misteriosa naturaleza.

[231.] El sentido íntimo ó la conciencia, es el fundamento de los

demás criterios, nó como una proposicion que les sirva de apoyo, sino

como un hecho que es para todos ellos una condicion indispensable.

[232.] La conciencia nos dice que vemos la idea de una cosa contenida

en la de otra; hasta aquí no hay mas que apariencia: la fórmula en que

podria expresarse el testimonio seria: _me parece_, designándose un

fenómeno puramente subjetivo. Pero este fenómeno anda acompañado de un

instinto intelectual, de un irresistible impulso de la naturaleza, el

cual nos hace asentir á la verdad de la relacion, no solo en cuanto

está en nosotros, sino tambien en cuanto se halla fuera de nosotros,

en el órden puramente objetivo, ya sea en la esfera de la realidad, ó

de la posibilidad. Así se explica cómo la evidencia se funda en la

conciencia, nó identificándose con ella, sino estribando sobre la

misma como en un hecho imprescindible, pero encerrando algo mas: á

saber, el instinto intelectual que nos hace creer verdadero lo

evidente.

[233.] La sensacion considerada en sí misma, es un hecho de pura

conciencia, pues que es inmanente; lejos de que sea un acto por el

cual el espíritu salga de sí trasladándose al objeto, debe mas bien

ser mirada como una pasion que como una accion; lo que está acorde con

el lenguaje comun, que le da el significado del ejercicio de una

facultad pasiva mas bien que activa. Sin embargo, sobre este puro

hecho de conciencia se funda en algun modo lo que se llama el

testimonio de los sentidos, y por consiguiente todo el conocimiento

del mundo externo y de sus propiedades y relaciones.

En la sensacion de ver el sol, hay dos cosas: primera: la sensacion

misma; es decir, esta representacion que experimento en mi, y que

llamo _ver_; segunda: la correspondencia de esta sensacion con un

objeto externo que llamo sol. Es evidente que estas son cosas muy

distintas, y sin embargo las hacemos andar siempre juntas. La

conciencia es ciertamente la primera base para formar el juicio, pero

no es suficiente para él; ella en sí, atestigua lo que se siente, nó

lo que esto es. ¿Cómo se completa el juicio? por medio de un instinto

natural que nos hace objetivar las sensaciones, es decir, nos hace

creer en un objeto externo correspondiente al fenómeno interno. Hé

aquí cómo el testimonio de los sentidos se funda en algun modo sobre

la conciencia; pero no nace de ella sola, sino que ha menester el

instinto natural que hace formar con toda seguridad el juicio.

[234.] Aquí es de notar que el testimonio de los sentidos, aun en la

parte que encierra de intelectual, en cuanto se juzga que á la

sensacion le corresponde un objeto externo, nada tiene que ver con la

evidencia. En la idea de la sensacion como puramente subjetiva, no se

encierra la idea de la existencia ó posibilidad de un objeto externo:

condicion indispensable para que el criterio de la evidencia pueda

tener lugar. Esto, á mas de ser claro de suyo, se confirma con la

experiencia de todos los dias. La representacion de lo externo

considerada subjetivamente, como puro fenómeno de nuestra alma, la

tenemos continuamente sin que le correspondan objetos reales: mas ó

menos clara, en la sola imaginacion durante la vigilia; viva,

vivísima, hasta producir una ilusion completa, en el estado de sueño.

[235.] Con la exposicion que precede podemos determinar fijamente el

valor y la extension del criterio de la conciencia, lo que haré en las

siguientes proposiciones, advirtiendo que en todas ellas me refiero á

la conciencia directa.

PROPOSICION PRIMERA.

El testimonio de la conciencia se extiende á todos los fenómenos que

se realizan en nuestra alma, considerada como un ser intelectual y

sensitivo.

PROPOSICION SEGUNDA.

[236.] Si en nuestra alma existen fenómenos de algun otro órden, es

decir, que ella pueda ser modificada en algun modo en facultades no

representativas, á estos fenómenos no se extiende el testimonio de la

conciencia.

Esta proposicion no la establezco sin fundado motivo. Es posible y

además muy probable, que nuestra alma tiene facultades activas de cuyo

ejercicio no tiene conciencia: sin esta suposicion parece difícil

explicar los misterios de la vida orgánica. El alma está unida al

cuerpo, y es para él un principio vital cuya separacion produce la

muerte, manifestada en una desorganizacion y descomposicion completas.

Esta actividad se ejerce sin conciencia, así en cuanto al modo, como

en cuanto á la existencia misma del ejercicio.

Tal vez se pueda objetar que hay en esto una serie de aquellas

percepciones confusas de que nos habla Leibnitz en su monadología; tal

vez estas percepciones sean tan tenues, tan pálidas por decirlo así,

que no dejen rastro en la memoria ni puedan ser objeto de reflexion;

pero todo esto son conjeturas, nada mas. Es difícil persuadirse que el

feto al encontrarse todavía en el seno de la madre, tenga conciencia

de la actividad ejercida para el desarrollo de la organizacion; es

difícil persuadirse que aun en los adultos haya conciencia de esa

misma actividad productora de la circulacion de la sangre, de la

nutricion y demás fenómenos que constituyen la vida. Si estos

fenómenos son producidos por el alma, como es cierto, hay en ella un

ejercicio de actividad de que, ó no tiene conciencia, ó la tiene tan

confusa y tan débil que es como si no la tuviese.

PROPOSICION TERCERA.

[237.] El testimonio de la conciencia considerado en _sí mismo_, se

limita de tal modo á lo puramente interno, que _por sí solo_ nada vale

para lo externo: ya sea para el criterio de la evidencia, ya para el

de los sentidos.

PROPOSICION CUARTA.

El testimonio de la conciencia es fundamento de los demás criterios en

cuanto es un hecho que todos ellos han menester, y sin el cual son

imposibles.

PROPOSICION QUINTA.

[238.] De la combinacion de la conciencia con el instinto intelectual,

nacen todos los demás criterios (XXIII).

CAPÍTULO XXIV.

CRITERIO DE LA EVIDENCIA.

[239.] Hay dos especies de evidencia: inmediata y mediata. Se llama

evidencia inmediata, la que solo ha menester la inteligencia de los

términos; y mediata, la que necesita raciocinio. Que el todo es mayor

que su parte, es evidente con evidencia inmediata; que el cuadrado de

la hipotenusa sea igual á la suma de los cuadrados de los catetos, lo

sabemos por evidencia mediata, esto es, por raciocinio demostrativo.

[240.] Se dijo mas arriba que uno de los caractéres distintivos de la

evidencia era la necesidad y universalidad de su objeto. Este carácter

conviene tanto á la evidencia mediata como á la inmediata.

A mas de este carácter existe otro que con mayor razon puede llamarse

constitutivo, bien que hay alguna dificultad sobre si comprende ó nó á

la evidencia mediata, y es, el que la idea del predicado se halle

contenida en la del sujeto. Esta es la nocion esencial mas cumplida

del criterio de la evidencia inmediata; por la cual se distingue del

de la conciencia y del sentido comun.

He dicho que hay alguna dificultad sobre si este carácter conviene ó

nó á la evidencia mediata: con lo cual doy á entender que tambien en

la evidencia mediata la idea del predicado podria estar contenida en

la del sujeto. Al indicar esto, no es mi ánimo desconocer la

diferencia que hay entre los teoremas y los axiomas, sino llamar la

atencion sobre una doctrina que me propongo desenvolver al tratar de

la evidencia mediata. En el presente capítulo, no me ocuparé de esta

cuestion; ó me ceñiré á la evidencia en general, ó trataré tan solo de

la mediata.

[241.] La evidencia exige relacion, porque implica comparacion. Cuando

el entendimiento no compara, no tiene evidencia, tiene simplemente una

percepcion que es un puro hecho de conciencia; por manera que la

evidencia no se refiere á la sola percepcion, sino que siempre supone

ó produce un juicio.

Filosofía Fundamental, Tomo I · 第 11 / 21 段