es de una necesidad absoluta tanto para lo finito como para lo
infinito: ni la inteligencia infinita se halla fuera de esta
necesidad, porque la infinita perfeccion no puede ser un absurdo. El
hecho de conciencia como puramente individual, se refiere tan solo al
ser que lo experimenta; de que yo exista ó no exista ni el órden de
las inteligencias ni el de las verdades sufre alteracion alguna.
[215.] El principio de contradiccion, á mas del carácter de
universalidad y necesidad con que se distinguen las verdades de
evidencia, posee tambien el del ser visto con esa claridad
intelectual inmediata, de que mas arriba se ha tratado. En la idea del
ser vemos clarísimamente la exclusion del no ser.
De esto se infiere la prueba de la segunda parte de la proposicion:
porque hay evidencia inmediata de la relacion de un predicado con un
sujeto, cuando para verla nos basta la sola idea del sujeto sin
necesidad de ninguna combinacion con otras ideas; así se verifica en
el caso presente, pues no solo no es necesaria ninguna combinacion,
sino que todas son imposibles si no se presupone la verdad del
principio (XXI).
CAPÍTULO XXII.
EL PRINCIPIO DE LA EVIDENCIA.
[216.] Entre los principios que han figurado en las escuelas en
primera línea, con pretension al título de fundamentales, se encuentra
el que ha solido llamarse de los cartesianos. «Lo que está comprendido
en la idea clara y distinta de una cosa, se puede afirmar de ella con
toda certeza.» Ya hemos visto que Kant resucita, aunque en otras
palabras, este principio, tomándole equívocamente por sinónimo del de
contradiccion. Bien examinada la cosa se echa de ver que tanto la
fórmula de los cartesianos como la de Kant no son mas que la
expresion de la legitimidad del criterio de la evidencia. Ambas
podrian reducirse á otras mas sencillas: la evidencia es criterio de
verdad; ó bien, lo evidente es verdadero. Como esta transformacion me
ha de servir en adelante para distinguir ideas, en mi opinion muy
confusas, daré la razon de ella manifestando la igualdad de las dos
expresiones.
[217.] Decir que una cosa está comprendida en la idea clara y distinta
de otra, es lo mismo que decir que hay evidencia de que un predicado
conviene á un sujeto; las palabras no tienen ni pueden tener otro
sentido; «estar comprendido en una idea clara y distinta,» equivale á
decir que vemos una cosa en otra con aquella luz intelectual que
llamamos evidencia: luego esta expresion, «lo que está comprendido en
la idea clara y distinta de una cosa» es exactamente igual á esta: «lo
que es evidente.»
Decir que una cosa se puede afirmar de otra con toda certeza, es lo
mismo que decir: «la cosa es verdadera, y de esto podemos estar
completamente seguros.» Lo que se puede afirmar, es la verdad y solo
la verdad: luego esta expresion, «se puede afirmar de ella con toda
certeza,» es exactamente igual á esta otra: «es verdadero.»
Así, la expresion de los cartesianos puede transformarse en esta: «lo
evidente es verdadero,» ó en su equivalente: «la evidencia es seguro
criterio de verdad.»
[218.] «El predicado que repugna á un sujeto, no le conviene,» esta es
la fórmula de Kant. La repugnancia de que aquí se trata es la que se
encuentra en las ideas, esto es, cuando de la idea del sujeto está
necesariamente excluido el predicado por _repugnancia_ intrínseca. La
expresion pues «el predicado que repugna á un sujeto,» equivale á esta
otra: «cuando de la idea del sujeto se ve con claridad excluido el
predicado;» la que á su vez es igual á esta «la exclusion ó la
repugnancia entre el sujeto y el predicado es evidente.»
«No le conviene» significa lo mismo que es verdadero que no le
conviene; y como estas fórmulas tienen dos valores, uno para los casos
afirmativos, otro para los negativos, pues si se dice: el predicado
que repugna á un sujeto no le conviene, se puede decir con la misma
razon, el predicado contenido en la idea del sujeto le conviene,
resulta que la fórmula de Kant coincide exactamente con esta: «lo que
es evidente es verdadero.»
[219.] Con esta transformacion se logra mayor sencillez y mas
generalidad: sencillez, por la expresion misma; generalidad, porque
están contenidos tanto los casos afirmativos como los negativos. Las
palabras «lo que es evidente» abrazan tanto las afirmaciones como las
negaciones; porque tan evidente puede ser la inclusion de un predicado
en un sujeto como su mutua repugnancia. Se puede ver que está
contenida una cosa en la idea de otra, como que está excluida de
ella. Bajo todos los conceptos es preferible la fórmula: lo que es
evidente es verdadero; y si se quiere expresar nó como principio sino
como regla aplicable, se puede convertir en esta otra: «la evidencia
es seguro criterio de verdad.»
[220.] No se crea que el análisis precedente tenga por único objeto la
transformacion indicada; bien que en estas materias la claridad y la
precision deben ser llevadas al mas alto punto posible, no obstante me
hubiera abstenido de entrar en semejantes consideraciones si solo me
hubiese propuesto lograr una innovacion que en la práctica puede
producir muy escaso resultado; lo mismo se expresa de un modo que de
otro, quien no entienda las primeras fórmulas no entenderá la última.
Pero no era esta innovacion mi objeto principal; sino el manifestar la
confusion de ideas que hay en este punto cuando se examina si el
principio que contiene la legitimidad del criterio de la evidencia
debe ser considerado ó nó como fundamental y preferido al de
contradiccion y al de Descartes.
[221.] Comienzo por asentar una proposicion que parecerá la mas
extraña paradoja, pero que está muy lejos de serlo. _El principio de
la evidencia no es evidente._
Demostracion. Este principio puesto en forma mas sencilla es el que
sigue. Lo evidente es verdadero. Yo digo que esta proposicion no es
evidente. ¿Cuándo es evidente una proposicion? cuando en la idea del
sujeto vemos el predicado; esto no sucede aquí. Evidente es lo mismo
que visto con claridad, que ofrecido al entendimiento de una manera
muy luminosa. Verdadero es lo mismo que conformidad de la idea con el
objeto. Pregunto ahora ¿por mas que se analice esta idea: «visto con
claridad» se puede descubrir esta otra, «conforme al objeto?» nó. Se
da aquí un salto inmenso, se pasa de la subjetividad á la objetividad,
se afirma que las condiciones subjetivas son el reflejo de las
objetivas, se hace el tránsito de la idea á su objeto, tránsito que
constituye el problema mas trascendental, mas difícil, mas oscuro de
la filosofía. Vea pues el lector si he dicho con fundamento que no era
una paradoja esta asercion: El principio de la evidencia no es
evidente.
[222.] ¿Qué diremos pues de esta proposicion: lo evidente es
verdadero? hélo aquí. No es un axioma porque el predicado no está
contenido en la idea del sujeto; no es una proposicion demostrable
porque toda demostracion estriba en principios evidentes y consiste en
deducir de los mismos una consecuencia evidentemente enlazada con
ellos; lo que no puede tener lugar si no se presupone la legitimidad
de la evidencia, es decir, lo mismo que es objeto de la demostracion.
Al comenzar el raciocinio se podria preguntar desde luego, ¿cómo es
conocido el principio en que se le quiere fundar? ¿cómo se sabe que
sea verdadero? ¿por la evidencia? recuérdese que se trata de probar
que lo evidente es verdadero, y por tanto hay una peticion de
principio. La verdad de las leyes lógicas á que debe conformarse todo
raciocinio, es conocida solo por evidencia: luego si no se supone que
lo evidente es verdadero, no se puede ni raciocinar siquiera.
[223.] Tenemos pues que el principio de la evidencia no puede apoyarse
en otro, y por consiguiente reune el primer carácter de principio
fundamental. Cayendo él caen tambien todos los demás, incluso el de
contradiccion, que como todos, no es conocido sino por evidencia; este
es otro de los caractéres del principio fundamental. Veamos sí reune
el tercero, á saber, que con su auxilio se pueda reducir á quien
niegue los demás.
Difícil es encontrar quien niegue el principio de contradiccion y
admita el de evidencia; sin embargo haciendo esta suposicion
extravagante, si algun principio pudiera servir para el caso seria
este sin duda, porque la cuestion estaria reducida á si confesaria que
los principios son para él evidentes; si no lo son, su entendimiento
es diferente del de los demás hombres; si lo son, el argumento que se
le hace es concluyente. Segun V. confiesa lo evidente es verdadero;
tal ó cual principio es evidente para V., luego es verdadero. Las
premisas son admitidas por él mismo; la legitimidad de la consecuencia
es evidente, y por tanto debe reconocerla tambien, ya que por regla
general admite el criterio de la evidencia.
[224.] ¿De qué nacen las extrañezas que hemos notado en este
principio? No es evidente, ni es demostrable; es necesario para todos
los demás, y con su auxilio se puede reducir á quien los niegue; ¿de
dónde semejante extrañeza? de un orígen muy sencillo. Es que el
principio de la evidencia no expresa ninguna verdad objetiva, y por
consiguiente no es demostrable; no es un simple hecho de conciencia
porque expresa la relacion del sujeto al objeto y por consiguiente no
puede limitarse á lo puramente subjetivo; es una proposicion que
conocemos por acto reflejo y que expresa la ley primitiva de todos
nuestros conocimientos objetivos. Estos se fundan en la evidencia; así
lo experimentamos; pero cuando el espíritu se pregunta ¿por qué debes
fiarte de la evidencia? no puede responder otra cosa sino que lo
evidente es verdadero. ¿En qué funda esta proposicion? ordinariamente
en nada: se conforma á la misma sin haber pensado nunca en ella; pero
si se empeña en reflexionar encuentra tres motivos para asentir á la
misma. Primero: un irresistible instinto de la naturaleza. Segundo: el
ver que no admitiendo la legitimidad del criterio de la evidencia, se
hunden todos sus, conocimientos y le es imposible pensar. Tercero: el
notar que admitiendo este criterio todo se pone en órden en la
inteligencia, que en vez de un caos halla un universo ideal con
trabazon admirable, y se siente con los medios necesarios para
raciocinar y construir un edificio científico con respecto al
universo real del que tiene conocimiento por la experiencia (XXII).
CAPÍTULO XXIII.
CRITERIO DE LA CONCIENCIA.
[225.] Apreciado el mérito de los tres principios, de conciencia, de
contradiccion y de evidencia, con respecto á la dignidad de principio
fundamental, vamos ahora á examinar el valor intrínseco de los
diferentes criterios. Para esto nos suministra mucha luz la doctrina
de los capítulos anteriores, de la cual son los siguientes un
desarrollo y complemento. Comencemos por la conciencia ó sentido
íntimo.
El testimonio de la conciencia ó del sentido íntimo, comprende todos
los fenómenos que activa ó pasivamente se realizan en nuestra alma.
Por su naturaleza, es puramente subjetivo; de modo que considerado en
sí mismo, separadamente del instinto intelectual y de la luz de la
evidencia, nada atestigua con respecto á los objetos. Por él sabemos
lo que experimentamos, nó lo que es; percibimos el fenómeno, nó la
realidad; él nos autoriza á decir: me _parece_ tal cosa; pero nó, _es_
tal cosa.
La transicion del sujeto al objeto, de la idea representante á la cosa
representada, de la impresion á la causa imprimente, pertenece á otros
criterios: la conciencia se limita á lo interior, ó por mejor decir á
ella misma, que no es mas que un hecho de nuestra alma.
[226.] Conviene distinguir entre la conciencia directa y la refleja;
aquella acompaña á todo fenómeno interno, esta nó; aquella es natural,
esta es filosófica; aquella prescinde de los actos de la razon, esta
es uno de estos actos.
La conciencia directa es la presencia misma del fenómeno al espíritu,
ya sea una sensacion, ya una idea, ya un acto ó impresion cualquiera,
en el órden intelectual ó moral.
Por esta definicion se echa de ver que la conciencia directa acompaña
á todo ejercicio de las facultades de nuestra alma, activo ó pasivo.
Decir que estos fenómenos existen en el alma y no están presentes á
ella, es una contradiccion.
Estos fenómenos no son modificaciones como las que se verifican en las
cosas insensibles; se trata de modificaciones vivas por decirlo así,
en un ser vivo tambien: en la idea de las mismas está contenida su
presencia al espíritu.
Es imposible sentir sin que la sensacion se experimente: porque quien
dice sentir, dice experimentar la sensacion; esta experiencia es la
presencia misma: una sensacion experimentada es una sensacion
presente.
El pensamiento es por su esencia una representacion, la que no puede
existir ni aun concebirse sin la presencia; el nombre mismo lo está
indicando; y la idea que le unimos confirma el significado de la
palabra. Cuando de representacion hablamos, entendemos que hay algun
objeto real ó imaginario, que mediata ó inmediatamente se ofrece á un
sujeto: hay pues presencia en toda representacion, y por consiguiente
en todo pensamiento.
Si de lo pasivo como son las sensaciones y representaciones, pasamos á
lo activo, es decir, á los fenómenos en que el alma desenvuelve
libremente su fuerza en el órden intelectual ó moral, _combinando_ ó
_queriendo_, la presencia es, si cabe, mas evidente. El ser que obra
de este modo no obedece á un impulso natural, sino á motivos que él se
propone, y á que puede atender ó dejar de atender: combinar
intelectualmente, ejercer actos de voluntad, sin que ni lo primero ni
lo segundo estén presentes al alma, son afirmaciones contradictorias.
[227.] La conciencia refleja, que los franceses suelen llamar
apercepcion, del verbo _s'apercevoir_, apercibirse, que entre ellos
puede significar percepcion de la percepcion, es el acto con que el
espíritu conoce explícitamente algun fenómeno que en él se realiza. En
la actualidad oigo ruido; la simple sensacion presente á mi espíritu
afectándole, constituye lo que he llamado conciencia directa; pero si
á mas de oir me apercibo (permítaseme el galicismo) de que oigo,
entonces no solo oigo sino que pienso que oigo: esto es lo que llamo
conciencia refleja.
[228.] Claro es por el ejemplo que se acaba de aducir, que la
conciencia directa y la refleja son no solo distintas, sino
separables; puedo oir sin pensar que oigo, y esto se verifica
infinitas veces.
[229.] El comun de los hombres tiene poca conciencia refleja y la
mayor fuerza intelectual es en sentido directo. Este hecho ideológico
se enlaza con verdades morales de la mayor importancia. El espíritu
humano no ha nacido para contemplarse á sí propio, para pensar que
piensa; los afectos no le han sido concedidos para objetos de
reflexion, sino como impulsos que le llevan á donde es llamado; el
objeto principal de su inteligencia y de su amor es el ser infinito
así en esta vida como en la otra. El culto de sí propio es una
aberracion del orgullo cuya pena son las tinieblas.
[230.] Los grandes adelantos científicos son todos con relacion á los
objetos, nó al sujeto. Las ciencias exactas, las naturales y tambien
las morales, no han nacido de la reflexion sobre el _yo_, sino del
conocimiento de los objetos y de sus relaciones. Aun las ciencias
metafísicas, en lo que tienen de mas sólido, que es lo ontológico,
cosmológico y teológico, son puramente objetivas; la ideología y
psicología que versan sobre el sujeto, se resienten ya de la oscuridad
inherente á todo lo subjetivo; la ideología apenas sale de los límites
de la pura observacion de los fenómenos internos, observacion que
para decirlo de paso suele ser escasa y muy mal hecha, se pierde en
vanas cavilaciones; y la misma psicología, ¿qué es lo que tiene
verdaderamente demostrado sino la simplicidad del espíritu,
consecuencia precisa de la unidad de conciencia? En todo lo demás hace
lo mismo que la ideología, y hasta cierto punto se confunde con ella;
observa fenómenos que luego deslinda y clasifica bien ó mal, sin que
acierte á explicar su misteriosa naturaleza.
[231.] El sentido íntimo ó la conciencia, es el fundamento de los
demás criterios, nó como una proposicion que les sirva de apoyo, sino
como un hecho que es para todos ellos una condicion indispensable.
[232.] La conciencia nos dice que vemos la idea de una cosa contenida
en la de otra; hasta aquí no hay mas que apariencia: la fórmula en que
podria expresarse el testimonio seria: _me parece_, designándose un
fenómeno puramente subjetivo. Pero este fenómeno anda acompañado de un
instinto intelectual, de un irresistible impulso de la naturaleza, el
cual nos hace asentir á la verdad de la relacion, no solo en cuanto
está en nosotros, sino tambien en cuanto se halla fuera de nosotros,
en el órden puramente objetivo, ya sea en la esfera de la realidad, ó
de la posibilidad. Así se explica cómo la evidencia se funda en la
conciencia, nó identificándose con ella, sino estribando sobre la
misma como en un hecho imprescindible, pero encerrando algo mas: á
saber, el instinto intelectual que nos hace creer verdadero lo
evidente.
[233.] La sensacion considerada en sí misma, es un hecho de pura
conciencia, pues que es inmanente; lejos de que sea un acto por el
cual el espíritu salga de sí trasladándose al objeto, debe mas bien
ser mirada como una pasion que como una accion; lo que está acorde con
el lenguaje comun, que le da el significado del ejercicio de una
facultad pasiva mas bien que activa. Sin embargo, sobre este puro
hecho de conciencia se funda en algun modo lo que se llama el
testimonio de los sentidos, y por consiguiente todo el conocimiento
del mundo externo y de sus propiedades y relaciones.
En la sensacion de ver el sol, hay dos cosas: primera: la sensacion
misma; es decir, esta representacion que experimento en mi, y que
llamo _ver_; segunda: la correspondencia de esta sensacion con un
objeto externo que llamo sol. Es evidente que estas son cosas muy
distintas, y sin embargo las hacemos andar siempre juntas. La
conciencia es ciertamente la primera base para formar el juicio, pero
no es suficiente para él; ella en sí, atestigua lo que se siente, nó
lo que esto es. ¿Cómo se completa el juicio? por medio de un instinto
natural que nos hace objetivar las sensaciones, es decir, nos hace
creer en un objeto externo correspondiente al fenómeno interno. Hé
aquí cómo el testimonio de los sentidos se funda en algun modo sobre
la conciencia; pero no nace de ella sola, sino que ha menester el
instinto natural que hace formar con toda seguridad el juicio.
[234.] Aquí es de notar que el testimonio de los sentidos, aun en la
parte que encierra de intelectual, en cuanto se juzga que á la
sensacion le corresponde un objeto externo, nada tiene que ver con la
evidencia. En la idea de la sensacion como puramente subjetiva, no se
encierra la idea de la existencia ó posibilidad de un objeto externo:
condicion indispensable para que el criterio de la evidencia pueda
tener lugar. Esto, á mas de ser claro de suyo, se confirma con la
experiencia de todos los dias. La representacion de lo externo
considerada subjetivamente, como puro fenómeno de nuestra alma, la
tenemos continuamente sin que le correspondan objetos reales: mas ó
menos clara, en la sola imaginacion durante la vigilia; viva,
vivísima, hasta producir una ilusion completa, en el estado de sueño.
[235.] Con la exposicion que precede podemos determinar fijamente el
valor y la extension del criterio de la conciencia, lo que haré en las
siguientes proposiciones, advirtiendo que en todas ellas me refiero á
la conciencia directa.
PROPOSICION PRIMERA.
El testimonio de la conciencia se extiende á todos los fenómenos que
se realizan en nuestra alma, considerada como un ser intelectual y
sensitivo.
PROPOSICION SEGUNDA.
[236.] Si en nuestra alma existen fenómenos de algun otro órden, es
decir, que ella pueda ser modificada en algun modo en facultades no
representativas, á estos fenómenos no se extiende el testimonio de la
conciencia.
Esta proposicion no la establezco sin fundado motivo. Es posible y
además muy probable, que nuestra alma tiene facultades activas de cuyo
ejercicio no tiene conciencia: sin esta suposicion parece difícil
explicar los misterios de la vida orgánica. El alma está unida al
cuerpo, y es para él un principio vital cuya separacion produce la
muerte, manifestada en una desorganizacion y descomposicion completas.
Esta actividad se ejerce sin conciencia, así en cuanto al modo, como
en cuanto á la existencia misma del ejercicio.
Tal vez se pueda objetar que hay en esto una serie de aquellas
percepciones confusas de que nos habla Leibnitz en su monadología; tal
vez estas percepciones sean tan tenues, tan pálidas por decirlo así,
que no dejen rastro en la memoria ni puedan ser objeto de reflexion;
pero todo esto son conjeturas, nada mas. Es difícil persuadirse que el
feto al encontrarse todavía en el seno de la madre, tenga conciencia
de la actividad ejercida para el desarrollo de la organizacion; es
difícil persuadirse que aun en los adultos haya conciencia de esa
misma actividad productora de la circulacion de la sangre, de la
nutricion y demás fenómenos que constituyen la vida. Si estos
fenómenos son producidos por el alma, como es cierto, hay en ella un
ejercicio de actividad de que, ó no tiene conciencia, ó la tiene tan
confusa y tan débil que es como si no la tuviese.
PROPOSICION TERCERA.
[237.] El testimonio de la conciencia considerado en _sí mismo_, se
limita de tal modo á lo puramente interno, que _por sí solo_ nada vale
para lo externo: ya sea para el criterio de la evidencia, ya para el
de los sentidos.
PROPOSICION CUARTA.
El testimonio de la conciencia es fundamento de los demás criterios en
cuanto es un hecho que todos ellos han menester, y sin el cual son
imposibles.
PROPOSICION QUINTA.
[238.] De la combinacion de la conciencia con el instinto intelectual,
nacen todos los demás criterios (XXIII).
CAPÍTULO XXIV.
CRITERIO DE LA EVIDENCIA.
[239.] Hay dos especies de evidencia: inmediata y mediata. Se llama
evidencia inmediata, la que solo ha menester la inteligencia de los
términos; y mediata, la que necesita raciocinio. Que el todo es mayor
que su parte, es evidente con evidencia inmediata; que el cuadrado de
la hipotenusa sea igual á la suma de los cuadrados de los catetos, lo
sabemos por evidencia mediata, esto es, por raciocinio demostrativo.
[240.] Se dijo mas arriba que uno de los caractéres distintivos de la
evidencia era la necesidad y universalidad de su objeto. Este carácter
conviene tanto á la evidencia mediata como á la inmediata.
A mas de este carácter existe otro que con mayor razon puede llamarse
constitutivo, bien que hay alguna dificultad sobre si comprende ó nó á
la evidencia mediata, y es, el que la idea del predicado se halle
contenida en la del sujeto. Esta es la nocion esencial mas cumplida
del criterio de la evidencia inmediata; por la cual se distingue del
de la conciencia y del sentido comun.
He dicho que hay alguna dificultad sobre si este carácter conviene ó
nó á la evidencia mediata: con lo cual doy á entender que tambien en
la evidencia mediata la idea del predicado podria estar contenida en
la del sujeto. Al indicar esto, no es mi ánimo desconocer la
diferencia que hay entre los teoremas y los axiomas, sino llamar la
atencion sobre una doctrina que me propongo desenvolver al tratar de
la evidencia mediata. En el presente capítulo, no me ocuparé de esta
cuestion; ó me ceñiré á la evidencia en general, ó trataré tan solo de
la mediata.
[241.] La evidencia exige relacion, porque implica comparacion. Cuando
el entendimiento no compara, no tiene evidencia, tiene simplemente una
percepcion que es un puro hecho de conciencia; por manera que la
evidencia no se refiere á la sola percepcion, sino que siempre supone
ó produce un juicio.