solo pensamiento propiamente dicho; abraza los actos de la voluntad,
los sentimientos, las sensaciones, los actos é impresiones de todas
clases que se realizan en nuestro interior, comprende todos los
fenómenos que presentes á nuestro espíritu con presencia inmediata,
nos son atestiguados por el sentido íntimo ó por la conciencia.
Nada que distinga entre las varias clases de actos ó impresiones puede
servirnos de principio fundamental; la distincion supone el análisis,
y el análisis no existe sin reflexion. No se reflexiona sin reglas y
sin objeto conocidos ya: por consiguiente admitir clasificaciones en
el primer principio, es despojarle de su carácter, es contradecirse.
[180.] Conviene no confundir lo expresado por la proposicion «yo
pienso» con la proposicion misma; el fondo y la forma son aquí cosas
muy diferentes; pudiendo la naturaleza de esta hacer concebir ideas
equivocadas sobre aquel. El fondo es un hecho simplicísimo; la forma
es una combinacion lógica que encierra elementos muy heterogéneos.
Esto necesita explicacion.
El hecho de conciencia considerado en sí mismo, prescinde de
relaciones, no es nada mas que el mismo, no conduce á nada mas que á
sí mismo, es la presencia del acto ó de la impresion, ó mas bien es el
acto mismo, la impresion misma, que están presentes al espíritu. Nada
de combinacion de ideas, nada de análisis de conceptos; cuando se
llega á esto último, se sale del terreno de la conciencia pura y se
entra en las regiones objetivas de la actividad intelectual. Pero como
el lenguaje es para expresar los productos de esa actividad; como no
está vaciado, por decirlo así, en el molde de la conciencia pura sino
en el del entendimiento, nos es imposible hablar sin alguna
combinacion lógica ó ideal. Si quisiéramos encontrar una expresion de
la conciencia pura sin mezcla de elementos intelectuales, deberíamos
buscarla, nó en el lenguaje, sino en el signo natural del dolor ó de
la alegria ó de una pasion cualquiera; solo en este caso se expresa
con espontaneidad y sin combinaciones de elementos ajenos, que pasa
algo en nuestro espíritu, que tenemos conciencia de alguna cosa; pero
desde el momento en que hablamos, expresamos algo mas que la
conciencia pura; el verbo externo indica el interno, producto de la
actividad intelectual, concepto de ella, que envuelve ya un sujeto y
un objeto, y que por tanto se halla ya en una region muy superior á la
de la conciencia pura.
[181.] Para demostrar la verdad de lo que acabo de decir, examinemos
la expresion «yo pienso.» Esta es una verdadera proposicion que sin
alterarse en lo mas mínimo, puede presentarse bajo una forma
rigurosamente lógica: «yo soy pensante.» Aquí encontramos sujeto,
predicado y cópula. El sujeto es el _yo_, es decir que nos hallamos ya
con la idea de un ser, sujeto de actos é impresiones, posesor de una
actividad significada en el predicado; ese _yo_, pues, se nos ofrece
como algo muy superior al órden de la conciencia pura, es nada menos
que la idea de substancia. Analicemos mas detenidamente lo que en él
se encierra.
Tenemos en primer lugar la unidad de conciencia; el _yo_ carece de
sentido, si no significa algo que es uno é idéntico, á pesar de la
pluralidad y diversidad que en él se realizan. La unidad experimental
de conciencia trae consigo por consecuencia precisa la unidad del ser
que la experimenta. Este ser es el sujeto en que se realizan las
variaciones, sin lo cual no su podria decir: _yo_. Tenemos pues, que
en una expresion tan simple están envueltas las ideas de unidad y de
su relacion á la pluralidad, de substancia, y de su relacion á los
accidentes; es decir que la idea del _yo_, bien que expresiva de una
unidad simplicísima, es compuesta bajo el aspecto lógico, encerrando
varias cosas del órden ideal, y que no se hallan en la conciencia
pura. La idea del _yo_ propiamente dicha, aunque comun en cierto modo
á todos los hombres, es en sí misma altamente filosófica, por encerrar
una combinacion de elementos que pertenecen al órden intelectual puro.
[182.] El predicado _pensante_ es la expresion de una idea general,
comprensiva, no solo de todo pensamiento, sino tambien de todo
fenómeno que afecta inmediatamente al espíritu. Estos fenómenos
considerados en lo que tienen de comun, bajo la idea general de
presentes al espíritu, vienen significados en la palabra _pensante_.
La relacion del predicado con el sujeto, ó la conveniencia de
_pensante_ al _yo_, expresa tambien un análisis digno de atencion. Por
el pronto se echa de ver una descomposicion del concepto del _yo_ en
dos ideas: la de sujeto de varias modificaciones, y la de pensante;
sin esto la proposicion carece de sentido, ó mejor, su expresion se
hace imposible. La idea de sujeto, envuelve las de unidad y de
substancia; y la de pensante encierra la de actividad ó bien la de
pasividad (permítaseme la expresion) acompañada de conciencia.
[183.] Para que la proposicion sea posible, es preciso suponer que la
descomposicion de las ideas ha comenzado en algun punto: es decir, que
ó en la del _yo_ hemos encontrado la de _pensante_, ó en esta última
la del _yo_. Colocándonos en el _yo_, prescindiendo de _pensante_, nos
encontramos con la idea de sujeto ó de substancia en general, donde
por mas que cavilemos no alcanzaremos á descubrir la de _pensante_.
El _yo_ en sí, no se nos manifiesta, le conocemos por el pensamiento,
y por tanto en este debemos fijar el punto de partida, y nó en aquel;
de lo que se infiere que en dicha proposicion, lo primitivamente
conocido, es mas bien el predicado que el sujeto; y que de los dos
conceptos, el del sujeto tiene mas bien el carácter de contenido que
el de continente.
En efecto: el _yo_ nace, digámoslo así, para sí mismo, con la
presencia del pensamiento; si la actividad intelectual se concentra
para buscar su primer apoyo, se encuentra nó con el _yo_ puro, sino
con sus actos; es decir, con su pensamiento. Este último es por
consiguiente el objeto primitivo de la actividad intelectual
reflexiva; este es su primer elemento de combinacion, su primer dato
para la resolucion del problema. Fijando la vista en este elemento,
descubre una unidad en medio de la pluralidad, descubre un ser que
continúa el mismo en medio del flujo y reflujo de los fenómenos de la
conciencia: esta identidad se la atestigua de una manera irresistible
la conciencia misma. La idea del _yo_ pues está sacada del
pensamiento, y por consiguiente mas bien nace el sujeto del predicado
que nó el predicado del sujeto.
[184.] El pensamiento de donde se saca la idea del _yo_, no es el
pensamiento en general, sino realizado, existente en nosotros mismos.
Pero esta realidad es infecunda, si no se ofrece al espíritu bajo una
idea general; porque es evidente que el _yo_ no sale de un acto solo,
pues que es la unidad sujeto de la pluralidad. Para llegar á la idea
del _yo_ necesitamos la unidad de conciencia, y esta no la conocemos
sino en cuanto la tenemos experimentada, es decir, en cuanto
percibimos la relacion de lo uno á lo múltiplo, de un sujeto á sus
modificaciones.
Tanta elaboracion es necesaria para producir una expresion tan
sencilla como «yo pienso;» por donde se echa de ver con cuánta razon
he distinguido entre el fondo y la forma, y cuán inconsideradamente
proceden los que confunden cosas tan diversas. Así, y por falta del
debido análisis, se dan en la filosofía saltos inmensos pasando de un
órden á otro, confundiendo las ideas y embrollando las cuestiones.
[185.] Para dilucidar completamente la materia examinaré las
relaciones de la existencia con el pensamiento; exámen que será muy
fácil teniendo presentes las observaciones anteriores.
Es cierto que concebimos la existencia anterior al pensamiento: nada
puede pensar sin existir, la existencia es para el pensamiento una
condicion indispensable; pensar y no existir, es una contradiccion
manifiesta. Pero lo que se ofrece primitivamente á nuestro espíritu,
no es la existencia sino el pensamiento; y este nó en abstracto, sino
determinado, experimental, empírico como se dice ahora. La idea de
existencia es general, comprende á todo ser, y la conciencia no puede
comenzar por ella; ora lleguemos á esta idea por abstraccion, ora sea
una forma preexistente en nuestro espíritu, no es lo primero que se
nos ocurre; ó para hablar con mas exactitud, no es el último punto que
encontramos al seguir con movimiento retrógrado el hilo de nuestros
conocimientos para descubrir su punto de partida. Este es la
conciencia, que despues de objetivada, y habiendo sufrido el análisis
del concepto que ofrece, nos presenta la idea de existencia como
contenido en ella.
Se infiere de esto, que el _luego existo_, no es rigurosamente
hablando una consecuencia del «yo pienso,» sino la intuicion de la
idea de existencia en la de pensamiento. Hay aquí dos proposiciones
_per se notæ_ como dicen los escolásticos; una general: «lo pensante
es existente;» otra particular; «yo pensante, soy existente.» La
primera pertenece al órden puramente ideal, es de evidencia
intrínseca, independientemente de toda conciencia particular; la
segunda participa de los dos órdenes; real é ideal; real, en cuanto
encierra el hecho particular de la conciencia; ideal, en cuanto
incluye una combinacion de la idea general de la existencia con el
hecho particular: pues solo así es concebible la union del predicado
con el sujeto.
[186.] Ahora será sumamente fácil resolver todas las cuestiones que se
agitan en las escuelas.
Primera cuestion. ¿El principio «yo pienso» depende de otro? Debe
responderse con distincion: si se entiende por este principio el
simple hecho de la conciencia, es evidente que nó. Para nuestro
entendimiento, no hay nada anterior á nosotros; todo lo que conocemos,
en cuanto conocido por nosotros, supone nuestra conciencia; si la
suprimimos, lo destruimos todo; y si ensayamos el destruirlo todo,
ella permanece indestructible: no depende pues de nada, no presupone
nada.
Si por el principio «yo pienso» se entiende una proposicion, en tal
caso no puede haber dimanado sino de un raciocinio, ó mas bien de un
análisis: y así no puede ser el principio fundamental de nuestros
conocimientos.
[187.] Segunda cuestion. Faltando los demás principios, ¿falta tambien
el presente? Aplíquese la misma distincion: como simple hecho, nó;
como proposicion, sí. Niéguese todo, incluso el principio de
contradiccion, la conciencia subsiste. Pero negado el principio de
contradiccion, queda destruida toda proposicion; toda combinacion es
absurda; el análisis, la relacion del predicado con el sujeto, son
palabras vacías de sentido.
[188.] Tercera cuestion. Admitido el principio «yo pienso», ¿puede ser
conducido á la verdad al menos indirectamente, quien niegue los demás?
Es menester distinguir: ó se trata de reducirle por raciocinio ó por
observacion; es decir, ó se le quiere combatir con argumentos ó se
trata de llamarle la atencion sobre sí propio, como se hace con un
hombre distraido ó con uno que padece enagenacion mental. Lo segundo
se puede hacer; lo primero nó. Quien niega todos los principios
incluso el de contradiccion, hace imposible todo raciocinio; en vano
pues se discurre contra él. Ensayémoslo.
Tú piensas, se le dirá; al menos así lo afirmas cuando admites el
principio «yo pienso.»
Es verdad.
Luego debes admitir tambien el principio de contradiccion.
¿Por qué?
Porque de otro modo podrias pensar y no pensar á un mismo tiempo.
No hay inconveniente.
Pero entonces destruyes tu pensamiento....
¿Por qué?
¿Piensas? ¿no es verdad?
Cierto.
Segun tú mismo, es posible que no pienses al mismo tiempo.
Estamos conformes.
Luego destruyes tu pensamiento: porque cuando no piensas se destruye
el «yo pienso;» y como todo esto es simultáneo, resulta que destruyes
tu propio pensamiento.
Nada de eso: lo que hay en el argumento que se me objeta es que se
supone verdadero lo que yo niego; incurriéndose en el sofisma que los
dialécticos llaman peticion de principio. En efecto, por lo mismo que
niego el principio de contradiccion, no admito que el no ser destruya
al ser, ni el ser al no ser; y por consiguiente, que el no pienso
pueda destruir el yo pienso. Cuando se me arguye en este sentido, se
supone lo mismo que se busca; se me ataca por principios que yo no
reconozco. En vuestro sistema, en que el ser destruye al no ser y
vice-versa, es cierto que el pensar y el no pensar son incompatibles;
pero en mis principios el caso es muy sencillo, como segun ellos no es
imposible que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo, cuando no
pienso no dejo de pensar.
Este lenguaje es absurdo, pero consecuente: negado el principio, la
deduccion es necesaria; y si se le replica que en tal caso no puede ni
hacer el raciocinio que se acaba de oir, podrá él contestar, que
tampoco pueden raciocinar los adversarios; ó que si se quiere, no
halla inconveniente en que se raciocine y no se raciocine.
No hay otro medio de reducir á un hombre extraviado de esta manera que
el de la observacion; se ha salido de la razon y por tanto es
imposible volverle á ella por medio de ella misma. Las observaciones
que se le dirigen han de ser mas bien un llamamiento, una especie de
grito para despertar la razon, que nó una combinacion para
reconstruirla; es un hombre dormido ó desvanecido á quien se llama y
se toca para volverle en sí, nó un adversario con quien se disputa
(XIX).
CAPÍTULO XX.
VERDADERO SENTIDO DEL PRINCIPIO DE CONTRADICCION.
OPINION DE KANT.
[189.] Antes de examinar el valor del principio de contradiccion como
punto de apoyo de todo conocimiento, será bien fijar con exactitud su
verdadero sentido. Esto me obliga á entrar en algunas consideraciones
sobre una opinion de Kant manifestada en su _Crítica de la razon
pura_, á propósito de la forma con que el principio de contradiccion
ha sido enunciado hasta el presente en todas las escuelas filosóficas.
Conviene el metafísico aleman en que sea cual fuere la materia de
nuestro conocimiento y de cualquier modo que se le refiera el objeto,
es condicion general aunque puramente negativa, de todos nuestros
juicios, el que no se contradigan mutuamente; de otro modo, aun sin
órden al objeto, no son nada en sí mismos. Asentada esta doctrina
advierte que se llama principio de contradiccion el siguiente: «un
predicado que repugna á una cosa no le conviene;» observando en
seguida que este es un criterio universal de toda verdad, aunque
puramente negativo; mas que por lo mismo pertenece exclusivamente á la
lógica, pues que vale para los conocimientos puramente como
conocimientos en general, sin relacion á su objeto, y declara que la
contradiccion los hace desaparecer completamente. «Hay sin embargo,
continúa, una fórmula de este célebre principio puramente formal y
desprovisto de contenido, fórmula que encierra una síntesis confundida
mal á propósito con el principio mismo, y sin la menor necesidad. Héla
aquí; es imposible que una cosa sea y no sea á _un mismo tiempo_. A
mas de que la certeza apodíctica ha sido añadida inútilmente aquí (por
la palabra _imposible_), certeza que debe de sí misma estar
comprendida en la proposicion, este juicio se halla además afectado
por la condicion del tiempo y significa en algun modo lo siguiente:
_una cosa_ = A, que es alguna cosa = B, no puede al mismo tiempo ser
no B; pero puede muy bien ser sucesivamente lo uno y lo otro (B y no
B). Por ejemplo, un hombre que es jóven no puede ser viejo á un mismo
tiempo; pero este mismo hombre puede muy bien ser jóven en un tiempo y
ser viejo ó no ser jóven en otro; es así que el principio de
contradiccion, como principio puramente lógico, no debe restringir su
significado á relaciones de tiempo; luego esta fórmula es del todo
contraria al objeto del principio mismo. La equivocacion nace de que
se comienza por separar el predicado de una cosa del concepto de ella;
y en seguida se une á este mismo predicado su contrario, lo que no da
jamás una contradiccion con el sujeto sino únicamente con su predicado
que le está unido sintéticamente; contradiccion que ni aun tiene
lugar sino en cuanto el primer predicado y el segundo son puestos al
mismo tiempo. Si digo, un hombre que es ignorante no es instruido, la
condicion _al mismo tiempo_ debe estar expresada, porque el que es
ignorante en un tiempo puede muy bien ser instruido en otro. Pero si
digo, ningun hombre ignorante es instruido, la proposicion será
analítica, porque el carácter de la ignorancia constituye ahora el
concepto del sujeto, en cuyo caso la proposicion negativa dimana
inmediatamente de la proposicion contradictoria, sin que la condicion
_al mismo tiempo_ deba intervenir. Por esta razon he cambiado mas
arriba la fórmula del principio de contradiccion, de manera que por
ella fuese explicada claramente la naturaleza de una proposicion
analítica.» (Lógica trascendental, libro 2.º cap. 2.º seccion 1.ª).
[190.] El lector no comprenderá bien el sentido de este pasaje, ya de
suyo no muy claro, si no sabe lo que Kant entiende por proposiciones
analíticas y sintéticas; lo explicaré. En todos los juicios
afirmativos la relacion de un predicado con un sujeto es posible de
dos maneras: ó el predicado pertenece al sujeto como contenido en él,
ó le es completamente extraño, aunque en realidad esté ligado con él
mismo. En el primer caso, el juicio es analítico, en el segundo
sintético. Los juicios analíticos afirmativos son aquellos en que la
union del predicado con el sujeto es concebida por identidad; al
contrario se llaman sintéticos aquellos en que dicha union está
concebida sin identidad. Kant aclara su idea con los ejemplos
siguientes. «Cuando digo todos los cuerpos son extensos, este es un
juicio analítico, pues no necesito salir del concepto de cuerpo para
encontrarle unida la extension; me basta descomponerle, es decir, que
es suficiente el tener conciencia de la diversidad que pensamos
siempre en este concepto, para encontrar en él el predicado de que se
trata. Este es pues un juicio analítico. Al contrario, cuando digo,
todos los cuerpos son pesados, aquí el predicado es una cosa del todo
diferente de lo que pienso en general por el simple concepto de
cuerpo: la union pues de semejante predicado da un juicio sintético.»
(Crítica de la razon pura. Introduccion § 1).
Échase de ver fácilmente la razon de la nueva nomenclatura empleada
por el filósofo aleman. Llama analíticos á los juicios en que basta
descomponer el sujeto para encontrar en él el predicado, sin necesidad
de añadirle nada que no estuviese ya pensado en el concepto mismo del
sujeto, á lo menos oscuramente; y apellida sintéticos ó de
composicion, aquellos en que es preciso añadir algo al concepto del
sujeto, pues que el predicado no se encuentra en este concepto por mas
que se le descomponga.
[191.] Esta division de juicios en analíticos y sintéticos es muy
nombrada en la filosofía moderna, sobre todo entre los alemanes; y de
seguro no falta quien se imagina que este es un descubrimiento del
autor de la _Crítica de la razon pura_; la misma novedad del nombre
puede dar orígen á la equivocacion. Sin embargo, en todos los autores
escolásticos que olvidados y cubiertos de polvo yacen ahora en el
fondo de las bibliotecas, se habla de juicios analíticos y sintéticos;
bien que nó con estos nombres. Se decia que los juicios eran de dos
especies: unos en que el predicado estaba contenido en la idea del
sujeto y otros en que nó; á las proposiciones que expresaban los
juicios de la primera clase se las llamaba _per se notæ_ ó conocidas
por sí mismas, á causa de que entendida la significacion de los
términos se veia que el predicado estaba contenido en la idea ó en el
concepto del sujeto. Se les daba tambien el nombre de primeros
principios, y á la percepcion de ellos se la llamaba _inteligencia,
intellectus_, distinguiéndola de la _razon_ en cuanto esta versaba
sobre los conocimientos de evidencia mediata ó de raciocinio.
Véase si dejan algo que desear ni en claridad ni en precision, los
siguientes textos de Santo Tomás. «Una proposicion es conocida por sí,
_per se nota_, cuando el predicado está incluido en la razon del
sujeto, como el hombre es animal; pues que animal es de la esencia del
hombre. Si pues todos conocen lo que es el sujeto y el predicado, la
proposicion será conocida por sí, para todos; como se ve en los
primeros principios de las demostraciones cuyos términos son cosas
comunes que nadie ignora, como ser y no ser; todo y parte y otras
semejantes.» (1.ª Parte. Cuest. 2. art. 1.º)
«Cualquiera proposicion cuyo predicado es de la esencia del sujeto, es
conocida por sí, bien que puede suceder que no lo sea para quien
ignore lo que significa la definicion del sujeto: así esta
proposicion, «el hombre es racional,» es de su naturaleza conocida por
sí; pues _quien dice hombre dice racional_.» (1.ª 2.ª Cuest. 94. Art.
2).
[192.] Por estos ejemplos, y otros muchos que seria fácil aducir, se
ve que la distincion entre los juicios analíticos y sintéticos era
vulgar en las escuelas muchos siglos antes de Kant. Los analíticos
eran todos los que se formaban por evidencia inmediata; y sintéticos,
los que resultaban de evidencia mediata, ya fuese esta del órden
puramente ideal, ya dependiese en algun modo de la experiencia. Se
sabia muy bien que hay conceptos de sujeto en los cuales está pensado
el predicado, á lo menos en confuso: y por esto se explicaba esta
union ó identidad, diciendo que las proposiciones en que se enunciaba,
eran _per se notæ ex terminis_. El predicado en los juicios analíticos
está ya en el sujeto; nada se le añade segun Kant; solo se le explica;
«Quien dice _hombre_ dice _racional_;» así habla Santo Tomás: la idea
es la misma que la del filósofo aleman.
[193.] Pero volvamos al exámen de si debe ó nó mudarse la fórmula en
que hasta ahora se ha expresado el principio de contradiccion.
La primera observacion de Kant se refiere á la palabra _imposible_
por juzgarla añadida inútilmente, ya que la certeza apodíctica que se
quiere expresar, debe estar comprendida en la misma proposicion. Kant
formula el principio de esta manera: «un predicado que _repugna_ á una
cosa no le conviene.» ¿Qué se entiende por la palabra imposible?
«posible é imposible absolutamente, se dice por la relacion de los
términos: posible porque el predicado no repugna al sujeto; imposible,
cuando el predicado repugna al sujeto;» así se expresa Santo Tomás (1
P. Cuest. 25. Art. 3.) y con él todas las escuelas; luego la
imposibilidad es la repugnancia del predicado al sujeto, luego ser una
cosa imposible es ser repugnante, luego emplea Kant el mismo lenguaje
que reprende en los otros. La fórmula comun podria expresarse de esta
manera: «que una cosa sea y no sea al mismo tiempo, repugna; ó bien
hay repugnancia entre el ser y el no ser; ó bien el ser excluye al no
ser;» todo viene á parar á lo mismo, y nada mas expresa Kant cuando
dice: un predicado que repugna á una cosa, no le conviene.
[194.] Tratándose de un criterio universal, hay mas exactitud en la
fórmula comun que en la de Kant. Esta ciñe el principio á la relacion
de predicado y sujeto, y por consiguiente le encierra en el órden
puramente ideal, no valiendo para el real sino por una especie de
ampliacion. Esta ampliacion aunque muy legítima y muy fácil, no la
necesita la fórmula comun: con decir, el ser excluye al no ser, abraza
lo ideal y lo real, y presenta al entendimiento la imposibilidad, no
solo de los juicios contradictorios, sino tambien de las cosas
contradictorias.