[179.] La proposicion «yo pienso» no expresa, como se ha notado ya, el

solo pensamiento propiamente dicho; abraza los actos de la voluntad,

los sentimientos, las sensaciones, los actos é impresiones de todas

clases que se realizan en nuestro interior, comprende todos los

fenómenos que presentes á nuestro espíritu con presencia inmediata,

nos son atestiguados por el sentido íntimo ó por la conciencia.

Nada que distinga entre las varias clases de actos ó impresiones puede

servirnos de principio fundamental; la distincion supone el análisis,

y el análisis no existe sin reflexion. No se reflexiona sin reglas y

sin objeto conocidos ya: por consiguiente admitir clasificaciones en

el primer principio, es despojarle de su carácter, es contradecirse.

[180.] Conviene no confundir lo expresado por la proposicion «yo

pienso» con la proposicion misma; el fondo y la forma son aquí cosas

muy diferentes; pudiendo la naturaleza de esta hacer concebir ideas

equivocadas sobre aquel. El fondo es un hecho simplicísimo; la forma

es una combinacion lógica que encierra elementos muy heterogéneos.

Esto necesita explicacion.

El hecho de conciencia considerado en sí mismo, prescinde de

relaciones, no es nada mas que el mismo, no conduce á nada mas que á

sí mismo, es la presencia del acto ó de la impresion, ó mas bien es el

acto mismo, la impresion misma, que están presentes al espíritu. Nada

de combinacion de ideas, nada de análisis de conceptos; cuando se

llega á esto último, se sale del terreno de la conciencia pura y se

entra en las regiones objetivas de la actividad intelectual. Pero como

el lenguaje es para expresar los productos de esa actividad; como no

está vaciado, por decirlo así, en el molde de la conciencia pura sino

en el del entendimiento, nos es imposible hablar sin alguna

combinacion lógica ó ideal. Si quisiéramos encontrar una expresion de

la conciencia pura sin mezcla de elementos intelectuales, deberíamos

buscarla, nó en el lenguaje, sino en el signo natural del dolor ó de

la alegria ó de una pasion cualquiera; solo en este caso se expresa

con espontaneidad y sin combinaciones de elementos ajenos, que pasa

algo en nuestro espíritu, que tenemos conciencia de alguna cosa; pero

desde el momento en que hablamos, expresamos algo mas que la

conciencia pura; el verbo externo indica el interno, producto de la

actividad intelectual, concepto de ella, que envuelve ya un sujeto y

un objeto, y que por tanto se halla ya en una region muy superior á la

de la conciencia pura.

[181.] Para demostrar la verdad de lo que acabo de decir, examinemos

la expresion «yo pienso.» Esta es una verdadera proposicion que sin

alterarse en lo mas mínimo, puede presentarse bajo una forma

rigurosamente lógica: «yo soy pensante.» Aquí encontramos sujeto,

predicado y cópula. El sujeto es el _yo_, es decir que nos hallamos ya

con la idea de un ser, sujeto de actos é impresiones, posesor de una

actividad significada en el predicado; ese _yo_, pues, se nos ofrece

como algo muy superior al órden de la conciencia pura, es nada menos

que la idea de substancia. Analicemos mas detenidamente lo que en él

se encierra.

Tenemos en primer lugar la unidad de conciencia; el _yo_ carece de

sentido, si no significa algo que es uno é idéntico, á pesar de la

pluralidad y diversidad que en él se realizan. La unidad experimental

de conciencia trae consigo por consecuencia precisa la unidad del ser

que la experimenta. Este ser es el sujeto en que se realizan las

variaciones, sin lo cual no su podria decir: _yo_. Tenemos pues, que

en una expresion tan simple están envueltas las ideas de unidad y de

su relacion á la pluralidad, de substancia, y de su relacion á los

accidentes; es decir que la idea del _yo_, bien que expresiva de una

unidad simplicísima, es compuesta bajo el aspecto lógico, encerrando

varias cosas del órden ideal, y que no se hallan en la conciencia

pura. La idea del _yo_ propiamente dicha, aunque comun en cierto modo

á todos los hombres, es en sí misma altamente filosófica, por encerrar

una combinacion de elementos que pertenecen al órden intelectual puro.

[182.] El predicado _pensante_ es la expresion de una idea general,

comprensiva, no solo de todo pensamiento, sino tambien de todo

fenómeno que afecta inmediatamente al espíritu. Estos fenómenos

considerados en lo que tienen de comun, bajo la idea general de

presentes al espíritu, vienen significados en la palabra _pensante_.

La relacion del predicado con el sujeto, ó la conveniencia de

_pensante_ al _yo_, expresa tambien un análisis digno de atencion. Por

el pronto se echa de ver una descomposicion del concepto del _yo_ en

dos ideas: la de sujeto de varias modificaciones, y la de pensante;

sin esto la proposicion carece de sentido, ó mejor, su expresion se

hace imposible. La idea de sujeto, envuelve las de unidad y de

substancia; y la de pensante encierra la de actividad ó bien la de

pasividad (permítaseme la expresion) acompañada de conciencia.

[183.] Para que la proposicion sea posible, es preciso suponer que la

descomposicion de las ideas ha comenzado en algun punto: es decir, que

ó en la del _yo_ hemos encontrado la de _pensante_, ó en esta última

la del _yo_. Colocándonos en el _yo_, prescindiendo de _pensante_, nos

encontramos con la idea de sujeto ó de substancia en general, donde

por mas que cavilemos no alcanzaremos á descubrir la de _pensante_.

El _yo_ en sí, no se nos manifiesta, le conocemos por el pensamiento,

y por tanto en este debemos fijar el punto de partida, y nó en aquel;

de lo que se infiere que en dicha proposicion, lo primitivamente

conocido, es mas bien el predicado que el sujeto; y que de los dos

conceptos, el del sujeto tiene mas bien el carácter de contenido que

el de continente.

En efecto: el _yo_ nace, digámoslo así, para sí mismo, con la

presencia del pensamiento; si la actividad intelectual se concentra

para buscar su primer apoyo, se encuentra nó con el _yo_ puro, sino

con sus actos; es decir, con su pensamiento. Este último es por

consiguiente el objeto primitivo de la actividad intelectual

reflexiva; este es su primer elemento de combinacion, su primer dato

para la resolucion del problema. Fijando la vista en este elemento,

descubre una unidad en medio de la pluralidad, descubre un ser que

continúa el mismo en medio del flujo y reflujo de los fenómenos de la

conciencia: esta identidad se la atestigua de una manera irresistible

la conciencia misma. La idea del _yo_ pues está sacada del

pensamiento, y por consiguiente mas bien nace el sujeto del predicado

que nó el predicado del sujeto.

[184.] El pensamiento de donde se saca la idea del _yo_, no es el

pensamiento en general, sino realizado, existente en nosotros mismos.

Pero esta realidad es infecunda, si no se ofrece al espíritu bajo una

idea general; porque es evidente que el _yo_ no sale de un acto solo,

pues que es la unidad sujeto de la pluralidad. Para llegar á la idea

del _yo_ necesitamos la unidad de conciencia, y esta no la conocemos

sino en cuanto la tenemos experimentada, es decir, en cuanto

percibimos la relacion de lo uno á lo múltiplo, de un sujeto á sus

modificaciones.

Tanta elaboracion es necesaria para producir una expresion tan

sencilla como «yo pienso;» por donde se echa de ver con cuánta razon

he distinguido entre el fondo y la forma, y cuán inconsideradamente

proceden los que confunden cosas tan diversas. Así, y por falta del

debido análisis, se dan en la filosofía saltos inmensos pasando de un

órden á otro, confundiendo las ideas y embrollando las cuestiones.

[185.] Para dilucidar completamente la materia examinaré las

relaciones de la existencia con el pensamiento; exámen que será muy

fácil teniendo presentes las observaciones anteriores.

Es cierto que concebimos la existencia anterior al pensamiento: nada

puede pensar sin existir, la existencia es para el pensamiento una

condicion indispensable; pensar y no existir, es una contradiccion

manifiesta. Pero lo que se ofrece primitivamente á nuestro espíritu,

no es la existencia sino el pensamiento; y este nó en abstracto, sino

determinado, experimental, empírico como se dice ahora. La idea de

existencia es general, comprende á todo ser, y la conciencia no puede

comenzar por ella; ora lleguemos á esta idea por abstraccion, ora sea

una forma preexistente en nuestro espíritu, no es lo primero que se

nos ocurre; ó para hablar con mas exactitud, no es el último punto que

encontramos al seguir con movimiento retrógrado el hilo de nuestros

conocimientos para descubrir su punto de partida. Este es la

conciencia, que despues de objetivada, y habiendo sufrido el análisis

del concepto que ofrece, nos presenta la idea de existencia como

contenido en ella.

Se infiere de esto, que el _luego existo_, no es rigurosamente

hablando una consecuencia del «yo pienso,» sino la intuicion de la

idea de existencia en la de pensamiento. Hay aquí dos proposiciones

_per se notæ_ como dicen los escolásticos; una general: «lo pensante

es existente;» otra particular; «yo pensante, soy existente.» La

primera pertenece al órden puramente ideal, es de evidencia

intrínseca, independientemente de toda conciencia particular; la

segunda participa de los dos órdenes; real é ideal; real, en cuanto

encierra el hecho particular de la conciencia; ideal, en cuanto

incluye una combinacion de la idea general de la existencia con el

hecho particular: pues solo así es concebible la union del predicado

con el sujeto.

[186.] Ahora será sumamente fácil resolver todas las cuestiones que se

agitan en las escuelas.

Primera cuestion. ¿El principio «yo pienso» depende de otro? Debe

responderse con distincion: si se entiende por este principio el

simple hecho de la conciencia, es evidente que nó. Para nuestro

entendimiento, no hay nada anterior á nosotros; todo lo que conocemos,

en cuanto conocido por nosotros, supone nuestra conciencia; si la

suprimimos, lo destruimos todo; y si ensayamos el destruirlo todo,

ella permanece indestructible: no depende pues de nada, no presupone

nada.

Si por el principio «yo pienso» se entiende una proposicion, en tal

caso no puede haber dimanado sino de un raciocinio, ó mas bien de un

análisis: y así no puede ser el principio fundamental de nuestros

conocimientos.

[187.] Segunda cuestion. Faltando los demás principios, ¿falta tambien

el presente? Aplíquese la misma distincion: como simple hecho, nó;

como proposicion, sí. Niéguese todo, incluso el principio de

contradiccion, la conciencia subsiste. Pero negado el principio de

contradiccion, queda destruida toda proposicion; toda combinacion es

absurda; el análisis, la relacion del predicado con el sujeto, son

palabras vacías de sentido.

[188.] Tercera cuestion. Admitido el principio «yo pienso», ¿puede ser

conducido á la verdad al menos indirectamente, quien niegue los demás?

Es menester distinguir: ó se trata de reducirle por raciocinio ó por

observacion; es decir, ó se le quiere combatir con argumentos ó se

trata de llamarle la atencion sobre sí propio, como se hace con un

hombre distraido ó con uno que padece enagenacion mental. Lo segundo

se puede hacer; lo primero nó. Quien niega todos los principios

incluso el de contradiccion, hace imposible todo raciocinio; en vano

pues se discurre contra él. Ensayémoslo.

Tú piensas, se le dirá; al menos así lo afirmas cuando admites el

principio «yo pienso.»

Es verdad.

Luego debes admitir tambien el principio de contradiccion.

¿Por qué?

Porque de otro modo podrias pensar y no pensar á un mismo tiempo.

No hay inconveniente.

Pero entonces destruyes tu pensamiento....

¿Por qué?

¿Piensas? ¿no es verdad?

Cierto.

Segun tú mismo, es posible que no pienses al mismo tiempo.

Estamos conformes.

Luego destruyes tu pensamiento: porque cuando no piensas se destruye

el «yo pienso;» y como todo esto es simultáneo, resulta que destruyes

tu propio pensamiento.

Nada de eso: lo que hay en el argumento que se me objeta es que se

supone verdadero lo que yo niego; incurriéndose en el sofisma que los

dialécticos llaman peticion de principio. En efecto, por lo mismo que

niego el principio de contradiccion, no admito que el no ser destruya

al ser, ni el ser al no ser; y por consiguiente, que el no pienso

pueda destruir el yo pienso. Cuando se me arguye en este sentido, se

supone lo mismo que se busca; se me ataca por principios que yo no

reconozco. En vuestro sistema, en que el ser destruye al no ser y

vice-versa, es cierto que el pensar y el no pensar son incompatibles;

pero en mis principios el caso es muy sencillo, como segun ellos no es

imposible que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo, cuando no

pienso no dejo de pensar.

Este lenguaje es absurdo, pero consecuente: negado el principio, la

deduccion es necesaria; y si se le replica que en tal caso no puede ni

hacer el raciocinio que se acaba de oir, podrá él contestar, que

tampoco pueden raciocinar los adversarios; ó que si se quiere, no

halla inconveniente en que se raciocine y no se raciocine.

No hay otro medio de reducir á un hombre extraviado de esta manera que

el de la observacion; se ha salido de la razon y por tanto es

imposible volverle á ella por medio de ella misma. Las observaciones

que se le dirigen han de ser mas bien un llamamiento, una especie de

grito para despertar la razon, que nó una combinacion para

reconstruirla; es un hombre dormido ó desvanecido á quien se llama y

se toca para volverle en sí, nó un adversario con quien se disputa

(XIX).

CAPÍTULO XX.

VERDADERO SENTIDO DEL PRINCIPIO DE CONTRADICCION.

OPINION DE KANT.

[189.] Antes de examinar el valor del principio de contradiccion como

punto de apoyo de todo conocimiento, será bien fijar con exactitud su

verdadero sentido. Esto me obliga á entrar en algunas consideraciones

sobre una opinion de Kant manifestada en su _Crítica de la razon

pura_, á propósito de la forma con que el principio de contradiccion

ha sido enunciado hasta el presente en todas las escuelas filosóficas.

Conviene el metafísico aleman en que sea cual fuere la materia de

nuestro conocimiento y de cualquier modo que se le refiera el objeto,

es condicion general aunque puramente negativa, de todos nuestros

juicios, el que no se contradigan mutuamente; de otro modo, aun sin

órden al objeto, no son nada en sí mismos. Asentada esta doctrina

advierte que se llama principio de contradiccion el siguiente: «un

predicado que repugna á una cosa no le conviene;» observando en

seguida que este es un criterio universal de toda verdad, aunque

puramente negativo; mas que por lo mismo pertenece exclusivamente á la

lógica, pues que vale para los conocimientos puramente como

conocimientos en general, sin relacion á su objeto, y declara que la

contradiccion los hace desaparecer completamente. «Hay sin embargo,

continúa, una fórmula de este célebre principio puramente formal y

desprovisto de contenido, fórmula que encierra una síntesis confundida

mal á propósito con el principio mismo, y sin la menor necesidad. Héla

aquí; es imposible que una cosa sea y no sea á _un mismo tiempo_. A

mas de que la certeza apodíctica ha sido añadida inútilmente aquí (por

la palabra _imposible_), certeza que debe de sí misma estar

comprendida en la proposicion, este juicio se halla además afectado

por la condicion del tiempo y significa en algun modo lo siguiente:

_una cosa_ = A, que es alguna cosa = B, no puede al mismo tiempo ser

no B; pero puede muy bien ser sucesivamente lo uno y lo otro (B y no

B). Por ejemplo, un hombre que es jóven no puede ser viejo á un mismo

tiempo; pero este mismo hombre puede muy bien ser jóven en un tiempo y

ser viejo ó no ser jóven en otro; es así que el principio de

contradiccion, como principio puramente lógico, no debe restringir su

significado á relaciones de tiempo; luego esta fórmula es del todo

contraria al objeto del principio mismo. La equivocacion nace de que

se comienza por separar el predicado de una cosa del concepto de ella;

y en seguida se une á este mismo predicado su contrario, lo que no da

jamás una contradiccion con el sujeto sino únicamente con su predicado

que le está unido sintéticamente; contradiccion que ni aun tiene

lugar sino en cuanto el primer predicado y el segundo son puestos al

mismo tiempo. Si digo, un hombre que es ignorante no es instruido, la

condicion _al mismo tiempo_ debe estar expresada, porque el que es

ignorante en un tiempo puede muy bien ser instruido en otro. Pero si

digo, ningun hombre ignorante es instruido, la proposicion será

analítica, porque el carácter de la ignorancia constituye ahora el

concepto del sujeto, en cuyo caso la proposicion negativa dimana

inmediatamente de la proposicion contradictoria, sin que la condicion

_al mismo tiempo_ deba intervenir. Por esta razon he cambiado mas

arriba la fórmula del principio de contradiccion, de manera que por

ella fuese explicada claramente la naturaleza de una proposicion

analítica.» (Lógica trascendental, libro 2.º cap. 2.º seccion 1.ª).

[190.] El lector no comprenderá bien el sentido de este pasaje, ya de

suyo no muy claro, si no sabe lo que Kant entiende por proposiciones

analíticas y sintéticas; lo explicaré. En todos los juicios

afirmativos la relacion de un predicado con un sujeto es posible de

dos maneras: ó el predicado pertenece al sujeto como contenido en él,

ó le es completamente extraño, aunque en realidad esté ligado con él

mismo. En el primer caso, el juicio es analítico, en el segundo

sintético. Los juicios analíticos afirmativos son aquellos en que la

union del predicado con el sujeto es concebida por identidad; al

contrario se llaman sintéticos aquellos en que dicha union está

concebida sin identidad. Kant aclara su idea con los ejemplos

siguientes. «Cuando digo todos los cuerpos son extensos, este es un

juicio analítico, pues no necesito salir del concepto de cuerpo para

encontrarle unida la extension; me basta descomponerle, es decir, que

es suficiente el tener conciencia de la diversidad que pensamos

siempre en este concepto, para encontrar en él el predicado de que se

trata. Este es pues un juicio analítico. Al contrario, cuando digo,

todos los cuerpos son pesados, aquí el predicado es una cosa del todo

diferente de lo que pienso en general por el simple concepto de

cuerpo: la union pues de semejante predicado da un juicio sintético.»

(Crítica de la razon pura. Introduccion § 1).

Échase de ver fácilmente la razon de la nueva nomenclatura empleada

por el filósofo aleman. Llama analíticos á los juicios en que basta

descomponer el sujeto para encontrar en él el predicado, sin necesidad

de añadirle nada que no estuviese ya pensado en el concepto mismo del

sujeto, á lo menos oscuramente; y apellida sintéticos ó de

composicion, aquellos en que es preciso añadir algo al concepto del

sujeto, pues que el predicado no se encuentra en este concepto por mas

que se le descomponga.

[191.] Esta division de juicios en analíticos y sintéticos es muy

nombrada en la filosofía moderna, sobre todo entre los alemanes; y de

seguro no falta quien se imagina que este es un descubrimiento del

autor de la _Crítica de la razon pura_; la misma novedad del nombre

puede dar orígen á la equivocacion. Sin embargo, en todos los autores

escolásticos que olvidados y cubiertos de polvo yacen ahora en el

fondo de las bibliotecas, se habla de juicios analíticos y sintéticos;

bien que nó con estos nombres. Se decia que los juicios eran de dos

especies: unos en que el predicado estaba contenido en la idea del

sujeto y otros en que nó; á las proposiciones que expresaban los

juicios de la primera clase se las llamaba _per se notæ_ ó conocidas

por sí mismas, á causa de que entendida la significacion de los

términos se veia que el predicado estaba contenido en la idea ó en el

concepto del sujeto. Se les daba tambien el nombre de primeros

principios, y á la percepcion de ellos se la llamaba _inteligencia,

intellectus_, distinguiéndola de la _razon_ en cuanto esta versaba

sobre los conocimientos de evidencia mediata ó de raciocinio.

Véase si dejan algo que desear ni en claridad ni en precision, los

siguientes textos de Santo Tomás. «Una proposicion es conocida por sí,

_per se nota_, cuando el predicado está incluido en la razon del

sujeto, como el hombre es animal; pues que animal es de la esencia del

hombre. Si pues todos conocen lo que es el sujeto y el predicado, la

proposicion será conocida por sí, para todos; como se ve en los

primeros principios de las demostraciones cuyos términos son cosas

comunes que nadie ignora, como ser y no ser; todo y parte y otras

semejantes.» (1.ª Parte. Cuest. 2. art. 1.º)

«Cualquiera proposicion cuyo predicado es de la esencia del sujeto, es

conocida por sí, bien que puede suceder que no lo sea para quien

ignore lo que significa la definicion del sujeto: así esta

proposicion, «el hombre es racional,» es de su naturaleza conocida por

sí; pues _quien dice hombre dice racional_.» (1.ª 2.ª Cuest. 94. Art.

2).

[192.] Por estos ejemplos, y otros muchos que seria fácil aducir, se

ve que la distincion entre los juicios analíticos y sintéticos era

vulgar en las escuelas muchos siglos antes de Kant. Los analíticos

eran todos los que se formaban por evidencia inmediata; y sintéticos,

los que resultaban de evidencia mediata, ya fuese esta del órden

puramente ideal, ya dependiese en algun modo de la experiencia. Se

sabia muy bien que hay conceptos de sujeto en los cuales está pensado

el predicado, á lo menos en confuso: y por esto se explicaba esta

union ó identidad, diciendo que las proposiciones en que se enunciaba,

eran _per se notæ ex terminis_. El predicado en los juicios analíticos

está ya en el sujeto; nada se le añade segun Kant; solo se le explica;

«Quien dice _hombre_ dice _racional_;» así habla Santo Tomás: la idea

es la misma que la del filósofo aleman.

[193.] Pero volvamos al exámen de si debe ó nó mudarse la fórmula en

que hasta ahora se ha expresado el principio de contradiccion.

La primera observacion de Kant se refiere á la palabra _imposible_

por juzgarla añadida inútilmente, ya que la certeza apodíctica que se

quiere expresar, debe estar comprendida en la misma proposicion. Kant

formula el principio de esta manera: «un predicado que _repugna_ á una

cosa no le conviene.» ¿Qué se entiende por la palabra imposible?

«posible é imposible absolutamente, se dice por la relacion de los

términos: posible porque el predicado no repugna al sujeto; imposible,

cuando el predicado repugna al sujeto;» así se expresa Santo Tomás (1

P. Cuest. 25. Art. 3.) y con él todas las escuelas; luego la

imposibilidad es la repugnancia del predicado al sujeto, luego ser una

cosa imposible es ser repugnante, luego emplea Kant el mismo lenguaje

que reprende en los otros. La fórmula comun podria expresarse de esta

manera: «que una cosa sea y no sea al mismo tiempo, repugna; ó bien

hay repugnancia entre el ser y el no ser; ó bien el ser excluye al no

ser;» todo viene á parar á lo mismo, y nada mas expresa Kant cuando

dice: un predicado que repugna á una cosa, no le conviene.

[194.] Tratándose de un criterio universal, hay mas exactitud en la

fórmula comun que en la de Kant. Esta ciñe el principio á la relacion

de predicado y sujeto, y por consiguiente le encierra en el órden

puramente ideal, no valiendo para el real sino por una especie de

ampliacion. Esta ampliacion aunque muy legítima y muy fácil, no la

necesita la fórmula comun: con decir, el ser excluye al no ser, abraza

lo ideal y lo real, y presenta al entendimiento la imposibilidad, no

solo de los juicios contradictorios, sino tambien de las cosas

contradictorias.

Filosofía Fundamental, Tomo I · 第 9 / 21 段