[104.] Como veremos en su lugar, admitia Malebranche que el hombre lo

ve todo en Dios mismo, aun en esta vida; pero su sistema lejos de

identificar el _yo_ humano con el ser infinito, los distinguia

cuidadosamente, no encontrando otro medio para sostener é iluminar al

primero que acercarle y unirle al segundo. Basta leer la obra inmortal

del insigne metafísico para convencerse de que su sistema no era el de

esa intuicion primitiva, purísima, que es un acto despegado de todo

empirismo, y que parece salir de las regiones de la individualidad, de

esa intuicion del hecho simple, orígen de todas las ideas y de todos

los hechos, y en que, uno de los dogmas de nuestra religion; la vision

beatífica, parece realizado sobre la tierra, en la region de la

filosofía. Estas son pretensiones insensatas, que estaban muy lejos

del ánimo y del sistema de Malebranche (IX).

CAPÍTULO X.

EL PROBLEMA DE LA REPRESENTACION. MÓNADAS DE LEIBNITZ.

[105.] La pretension de encontrar una verdad real en que se funden

todas las demás, es sumamente peligrosa, por mas que á primera vista

parezca indiferente. El panteismo ó la divinizacion del _yo_, dos

sistemas que en el fondo coinciden, son una consecuencia que

difícilmente se evita, si se quiere que toda la ciencia humana nazca

de un hecho.

[106.] La verdad real, ó el hecho que serviria de base á toda ciencia,

debiera ser percibido inmediatamente. Sin esta inmediacion le faltaria

el carácter de orígen y cimiento de las demás verdades; pues que el

medio con que le percibiriamos, tendria mas derecho que él al título

de verdad primera. Si este hecho mediador fuese causa del otro, es

evidente que este último no seria el primero; y si la anterioridad no

se refiriese al órden de ser sino de conocer, entonces resultarian las

mismas dificultades que tenemos ahora para explicar la transicion del

sujeto al objeto, ó sea la legitimidad del medio que nos haría

percibir el hecho primitivo.

Siendo necesaria la inmediacion, la union íntima de la inteligencia

con el hecho conocido, claro es que como esta inmediacion no la tiene

el _yo_ sino para sí mismo y para sus propios actos, el hecho buscado

ha de ser el mismo _yo_. Lo que tenemos inmediatamente presente son

los hechos de nuestra conciencia; por ellos nos ponemos en

comunicacion con lo que es distinto de nosotros mismos. En el caso

pues de deberse encontrar un hecho primitivo orígen de todos los

demás, este hecho seria el mismo _yo_. En no admitiendo esta

consecuencia, es necesario declarar inadmisible la posibilidad de

encontrar el hecho fuente de la ciencia trascendental. Hé aquí como

las pretensiones filosóficas en apariencia mas inocentes, conducen á

resultados funestos.

[107.] Hay aquí un efugio, bien débil por cierto, pero que es bastante

especioso para que merezca ser examinado.

El hecho, orígen científico de todos los demás, no es necesario que

sea orígen verdadero. Distinguiendo entre el principio de ser y el

principio de conocer, parecen quedar salvadas todas las dificultades.

Es absurdo, y además contrario al sentido comun, que el _yo_ sea

orígen de todo lo que existe; pero no lo es que sea principio

representativo de todo lo que se conoce y se puede conocer. La

representacion no es sinónima de causalidad. Las ideas representan y

no causan los objetos representados. ¿Por qué pues no se podria

admitir que existe un hecho representativo de todo lo que el humano

entendimiento puede conocer? Es cierto que la percepcion de este hecho

ha de ser inmediata, que se le ha de suponer íntimamente presente á la

inteligencia que le percibe, por cuyo motivo no puede ser otra cosa

que el mismo _yo_; pero esto no diviniza al _yo_, solo le concede una

fuerza representativa que puede haberle sido comunicada por un ser

superior. Hace del _yo_, nó una causa universal, sino un espejo en que

reflejan el mundo interno y el externo.

Esta explicacion recuerda el famoso sistema de las mónadas de

Leibnitz, sistema ingenioso, arranque sublime de uno de los genios mas

poderosos que honraron jamás al humano linaje. El mundo entero formado

de seres indivisibles, todos representativos del mismo universo del

cual forman parte, pero con representacion adecuada á su categoría

respectiva y con arreglo al punto de vista que les corresponde segun

el lugar que ocupan; desenvolviéndose en una serie inmensa que

principiando por el órden mas inferior va subiendo en gradacion

continua hasta los umbrales de lo infinito; y en la cúspide de todas

las existencias la mónada que contiene en sí la razon de todas, que

las ha sacado de la nada, les ha dado la fuerza representativa, las ha

distribuido en sus convenientes categorías estableciendo entre todas

ellas una especie de paralelismo de percepcion, de voluntad, de

accion, de movimiento, de tal suerte que sin comunicarse nada las unas

á las otras, marchen todas en la mas perfecta conformidad, en inefable

armonía; esto es grande, esto es bello, esto es asombroso, esta es una

hipótesis colosal que solo concebir pudiera el genio de Leibnitz.

[108.] Pagado este tributo de admiracion al eminente autor de la

_Monadología_, advertiré que su concepcion gigantesca es solo una

hipótesis que todos los recursos del talento de su inventor no

bastaron á fundar en ningun hecho que le diera visos de probabilidad.

Prescindiré tambien de las dificultades gravísimas que, contra la

voluntad del autor sin duda, ofrece esta hipótesis á la explicacion

del libre alvedrío: me ceñiré al exámen de las relaciones de dicho

sistema con la cuestion que me ocupa.

En primer lugar, siendo la representacion de las mónadas una mera

hipótesis, no sirve para explicar nada, á no ser que la filosofía se

convierta en un juego de combinaciones ingeniosas. El _yo_ es una

mónada, esto es, una unidad indivisible; en esto no cabe duda; el

_yo_ es una mónada representativa del universo; esta es una afirmacion

absolutamente gratuita. Hasta que se la pruebe de un modo ú otro,

tenemos derecho á no querer ocuparnos de ella.

[109.] Pero supongamos que la fuerza representativa tal como la

entiende Leibnitz, exista en el _yo_; esta hipótesis no destruye lo

que se ha dicho contra el orígen primitivo de la ciencia

trascendental. Si bien se observa, la hipótesis de Leibnitz explica el

orígen de las ideas, mas nó su enlace. Hace del alma un espejo en que

por efecto de la voluntad creatriz, se representa todo; pero no

explica el órden de estas representaciones, no da razon de cómo unas

nacen de otras, ni les señala otro vínculo que la unidad de la

conciencia. Este sistema pues, se halla fuera de la cuestion; no

disputamos sobre el modo con que las representaciones existen en el

alma, ni sobre la procedencia de ellas, sino que examinamos la opinion

que pretende fundar toda la ciencia en un solo hecho, desenvolviendo

todas las ideas, como simples modificaciones del mismo. Esto jamás lo

ha dicho Leibnitz; ni en sus obras se encuentra nada que indique

semejante pensamiento. Además, las diferencias entre el sistema del

autor de la Monadología y el de los filósofos alemanes que estamos

impugnando, son demasiado palpables para que puedan ocultarse á nadie.

1.º Tan lejos está Leibnitz de la identidad universal, que establece

una pluralidad y multiplicidad infinitas: sus mónadas son seres

realmente distintos y diferentes entre sí.

2.º Todo el universo compuesto de mónadas ha procedido segun Leibnitz,

de una mónada infinita; y esta procedencia no es por emanacion sino

por creacion.

3.º En la mónada infinita ó en Dios, pone Leibnitz la razon suficiente

de todo.

4.º El conocimiento les ha sido dado á las mónadas _libremente_ por el

mismo Dios.

5.º Dicho conocimiento y la conciencia de él, les pertenece á las

mónadas individualmente, sin que Leibnitz pensase ni remotamente en

ese _absoluto_, fondo de todas las cosas, que con sus trasformaciones

se eleva de naturaleza á conciencia, ó desciende de la region de la

conciencia y se convierte en naturaleza.

[110.] Estas diferencias tan marcadas, no han menester comentarios;

ellas manifiestan hasta la última evidencia que los filósofos alemanes

modernos no pueden escudarse con el nombre de Leibnitz; bien que á

decir verdad no es este el flaco de esos filósofos; lejos de buscar

guias, todos aspiran á la originalidad, siendo esta una de las

principales causas de sus estravagancias. Hegel, Schelling y Fichte

todos pretenden ser fundadores de una filosofía; y Kant abrigaba la

misma ambicion, hasta el punto de hacer alteraciones gravísimas en su

segunda edicion de la _Crítica de la razon pura_, por temor de que se

le tuviese por plagiario del idealismo de Berkeley (X).

CAPÍTULO XI.

EXÁMEN DEL PROBLEMA DE LA REPRESENTACION.

[111.] Todo lo conocemos por la representacion; sin ella el

conocimiento es inconcebible; no obstante ¿qué es la representacion

considerada en sí? Lo ignoramos; nos ilumina para lo demás, pero nó

para conocerla á ella misma.

Bien se echa de ver que no disimulo las gravísimas dificultades que

ofrece la solucion del presente problema; por el contrario las señalo

con toda claridad para evitar desde el principio la vana presuncion,

que pierde en las ciencias como en todo. Mas no se crea que intente

desterrar esta cuestion del dominio de la filosofía; opino que las

dificultades aunque son muchas y espinosas, permiten sin embargo

conjeturas bastante probables.

[112.] La fuerza representativa puede dimanar de tres fuentes:

identidad, causalidad, idealidad. Me explicaré. Una cosa puede

representarse á si misma; esta representacion es la que llamo de

identidad. Una causa puede representar á sus efectos; esto entiendo

por representacion de causalidad. Un ser, sustancia ó accidente, puede

ser representativo de otro, distinto de él y que no es su efecto; á

este llamo representacion de idealidad.

No veo que puedan señalarse otras fuentes de la representacion; y así

teniendo la division por completa, voy á examinar sus tres partes,

llamando muy especialmente sobre este punto la atencion del lector,

por ser uno de los mas importantes de la filosofía.

[113.] Lo que representa ha de tener alguna relacion con la cosa

representada. Esencial ó accidental, propia ó comunicada, la relacion

ha de existir. Dos seres que no tienen absolutamente ninguna relacion,

y sin embargo, el uno representante del otro, son una monstruosidad.

Nada hay sin razon suficiente; y no existiendo ninguna relacion entre

el representante y el representado, no habria razon suficiente de la

representacion.

Téngase en cuenta que por ahora prescindo de la naturaleza de esta

relacion, no afirmo que sea real ni ideal, solo digo que entre lo

representante y lo representado ha de haber algun vínculo sea el que

fuere. Sus misterios, su incomprensibilidad, no destruirian su

existencia. La filosofía será impotente quizás para explicar el

enigma, pero es bastante á demostrar que el vínculo existe. Así es que

prescindiendo de toda experiencia, se puede demostrar _à priori_ que

hay una relacion entre el _yo_ y los demás seres, por el mero hecho de

existir la representacion de estos en aquel.

La incesante comunicacion en que están las inteligencias entre sí y

con el universo, prueba que hay un punto de reunion para todo. La sola

representacion es de ello una prueba incontestable; tantos seres en

apariencia dispersos é indiferentes unos á otros, están íntimamente

unidos en algun centro; por manera que el simple fenómeno de la

inteligencia nos conduce á la afirmacion del vínculo comun, de la

unidad en que se enlaza la pluralidad. Esta unidad es para los

panteistas la identidad universal, para nosotros es Dios.

[114.] Adviértase que esta relacion entre lo representante y lo

representado, no es necesario que sea directa ó inmediata; basta que

sea con un tercero; así han de admitirla tanto los que explican la

representacion por la identidad, como los que dan razon de ella por

las ideas intermedias, sin que para el caso presente, haya ninguna

diferencia entre los que las consideran producidas por la accion de

los objetos sobre nuestro espíritu, y los que las hacen dimanar

inmediatamente de Dios.

[115.] Todo la que representa contiene en cierto modo la cosa

representada; esta no puede tener carácter de tal si de alguna manera

no se halla en la representacion. Puede ser ella misma ó una imágen

suya, pero esta imágen no representará al objeto si no se sabe que es

imágen. Toda idea pues, encierra la relacion de objetividad, de otro

modo no representaria al objeto, sino á sí misma. El acto de entender

es inmanente, pero de tal modo que el entendimiento sin salir de sí,

se apodera del objeto mismo. Cuando pienso en un astro colocado á

millones de leguas de distancia, mi espíritu no va ciertamente al

punto donde el astro se halla; pero por medio de la idea salva en un

instante la inmensa distancia y se une con el astro mismo. Lo que

percibe, no es la idea sino el objeto de ella; si esta idea no

envolviese una relacion al objeto, dejaria de ser idea para el

espíritu, no le representaria nada, á no ser que se representase á sí

misma.

[116.] Hay pues en toda percepcion una union del ser que percibe con

la cosa percibida; cuando esta percepcion no es inmediata, el medio ha

de ser tal que contenga una relacion necesaria al objeto; se ha de

ocultar á sí propio para no ofrecer á los ojos del espíritu sino la

cosa representada. Desde el momento que él se presenta, que es visto ó

solamente advertido, deja de ser idea y pasa á ser objeto. Es la idea

un espejo que será tanto mas perfecto cuanto mas completa produzca la

ilusion. Es necesario que presente los objetos solos, proyectándolos á

la conveniente distancia, sin que el ojo vea nada del cristalino plano

que los refleja.

[117.] Esta union de lo representante con lo representado, de lo

inteligente con lo entendido, puede explicarse en algunos casos por la

identidad. En general no se descubre ninguna contradiccion en que una

cosa se represente á si misma á los ojos de una inteligencia, si se

supone que de un modo ú otro estén unidas. En el caso pues de que la

cosa conocida sea ella misma inteligente, no se ve ninguna dificultad

en que ella sea para sí misma su propia representacion y que de

consiguiente se confundan en un mismo ser la idealidad y la realidad.

Si una idea puede representar á un objeto, ¿por qué este no se podrá

representar á sí mismo? si un ser inteligente puede conocer un objeto,

mediante una idea, ¿por qué no le podrá conocer inmediatamente? La

union de la cosa entendida con la inteligente será para nosotros un

misterio, es verdad; ¿pero lo es menos la union, que se hace por medio

de la idea? A esta se puede objetar todo lo que se diga contra la cosa

misma; y aun si bien se considera, mas inexplicable es el que una cosa

represente á otra, que no que se represente á sí misma. Lo

representante y lo representado tienen entre sí una especie de

relacion de continente y contenido; fácilmente se concibe que lo

idéntico se contenga á sí mismo, pues que la identidad expresa mucho

mas que el contener; pero no se concibe tan bien cómo el accidente

_puede contener_ á la substancia, lo transitorio á lo permanente, lo

ideal á lo real. Es pues la identidad un verdadero principio de

representacion.

[118.] Aquí advertiré lo siguiente, que es muy necesario para evitar

equivocaciones.

1º. No afirmo la relacion necesaria entre la identidad y la

representacion; de lo contrario se afirmaria que todo ser ha de ser

representativo, ya que todo ser es idéntico consigo mismo. Establezco

esta proposicion: «la identidad puede ser orígen de representacion;»

pero niego las siguientes: «la identidad es orígen _necesario_ de

representacion;» «la representacion es signo de identidad.»

2º. Nada determino con respecto á la aplicacion de las relaciones

entre la representacion y la identidad en lo que concierne á los seres

finitos.

3º. Prescindo de la dualidad que existe por solo suponer sujeto y

objeto, y no entro en ninguna cuestion sobre la naturaleza de esta

dualidad.

[119.] Fijadas las ideas, advertiré que tenemos una prueba irrecusable

de que no hay repugnancia intrínseca entre la identidad y la

representacion, en dos dogmas de la religion católica; el de la vision

beatífica y el de la inteligencia divina. El dogma de la vision

beatífica nos enseña que el alma humana en la mansion de los

bienaventurados, está unida íntimamente con Dios, viéndole cara á

cara, en su misma esencia. Nadie ha dicho que esta vision se hiciese

por medio de una idea, antes bien los teólogos enseñan lo contrario,

entre ellos Santo Tomás. Tenemos pues la identidad unida con la

representacion, es decir la esencia divina representándose ó mas bien

presentándose á sí propia á los ojos del espíritu humano. El dogma de

la inteligencia divina nos enseña que Dios es infinitamente

inteligente. Dios, para entender, no sale de sí mismo, no se vale de

ideas distintas, se ve á sí mismo en su esencia. Dios no se distingue

de su esencia; tenemos pues la identidad unida con la representacion,

y el ser inteligente identificado con la cosa entendida (XI).

CAPÍTULO XII.

INTELIGIBILIDAD INMEDIATA.

[120.] No todas las cosas tienen representacion activa ni aun pasiva;

quiero decir que no todas están dotadas de actividad intelectual, ni

son aptas para terminar el acto del entendimiento ni aun pasivamente.

Por lo tocante á la fuerza de representacion activa, que en el fondo

no es mas que la capacidad de entender, es evidente que son muchos los

seres destituidos de ella. Alguna mayor dificultad puede haber con

respecto á la representacion pasiva ó á la disposicion para ser objeto

_inmediato_ de la inteligencia.

[121.] Un objeto no puede ser conocido inmediatamente, es decir, sin

la mediacion de una idea, si el propio no hace las veces de esta

idea, uniéndose al entendimiento que lo ha de conocer. Esta sola

razon quita á todas las cosas materiales el carácter de

_inmediatamente_ inteligibles, por manera que fingiendo un espíritu á

quien no se hubiese dado una idea del universo corpóreo, nada

conoceria de este aunque estuviese en medio del mismo por toda la

eternidad.

Resulta de esto que la materia no es ni puede ser ni inteligente ni

inteligible; las ideas que tenemos de ella han dimanado de otra parte;

sin cuyo auxilio podriamos estar ligados á la misma, sin conocerla

nunca, ni sospechar que existiese.

[122.] Aquí se me ofrece la oportunidad de exponer una doctrina de

Santo Tomás sumamente curiosa. Este metafísico eminente es de parecer

que requiere mas perfeccion el ser inmediatamente inteligible que el

ser inteligente, de manera que el alma humana dotada de la

inteligencia no posee la inteligibilidad.

En la primera parte de la Suma teológica, cuestion 87, artículo 1º,

pregunta el Santo Doctor si el alma se conoce á sí misma por su

esencia, y responde que nó, apoyando su opinion de la manera

siguiente. Las cosas son inteligibles en cuanto están en acto y no en

cuanto están en potencia; lo que cae bajo el conocimiento es el ser,

lo verdadero, en cuanto está en acto, así como la vista percibe, no lo

que puede ser colorado, sino lo que lo es. De esto se sigue que las

substancias inmateriales en tanto son inteligibles por su esencia, en

cuanto están en acto, y así la esencia de Dios; que es un acto puro y

perfecto, es absoluta y perfectamente inteligible por sí misma, y de

aquí es que por ella Dios se conoce á sí mismo y á todas las cosas. La

esencia del ángel pertenece al género de las cosas inteligibles en

cuanto es acto; pero como no es acto puro ni completo, su entender no

se completa por su esencia. Pues aunque el ángel se conozca á sí mismo

por su esencia, no conoce las demás cosas sino por ideas que las

representan. El entendimiento humano, en el género de las cosas

inteligibles, se halla como un ser en potencia tan solamente, por lo

cual considerado en su esencia tiene facultad para entender mas nó

para ser entendido, sino en cuanto se pone en acto. Por esta causa los

platónicos señalaron á los seres inteligibles un rango superior á los

entendimientos, porque el entendimiento no entiende sino por la

participacion inteligible; y segun ellos, el que participa es menos

perfecto que la cosa participada. Si pues el entendimiento humano se

pusiese en acto por la participacion de las formas inteligibles

separadas como opinaron los platónicos, el entendimiento humano se

conoceria á sí mismo por la participacion de ellas; pero como es

natural á nuestro entendimiento en la presente vida el entender con

relacion á las cosas sensibles, no se pone en acto sino por las ideas

sacadas de la experiencia sensible por la luz del entendimiento agente

que es el acto de las cosas inteligibles; y así el entendimiento no

se conoce por su esencia sino por su propio acto. Esta es en

substancia, la doctrina de Santo Tomás; que mas bien he traducido que

no extractado.

El cardenal Cayetano, uno de los entendimientos mas penetrantes y

sutiles que han existido jamás, pone sobre este lugar un comentario

digno del texto. Hé aquí sus palabras: «de lo dicho en el texto

resultan dos cosas. 1.ª Que nuestro entendimiento tiene por sí mismo

la facultad de entender. 2.ª Que no tiene la de ser entendido; de

donde se sigue que el órden de los entendimientos es inferior al de

las cosas inteligibles; pues que si la perfeccion que de sí tiene

nuestro entendimiento le basta para entender, mas nó para ser

entendido, se infiere que se necesita mas perfeccion para ser

entendido que para entender. Y como Santo Tomás veia que así resultaba

de lo dicho, y esto á primera vista no parece ser verdad, antes se le

podia objetar lo mismo como un inconveniente, por esto excluye

semejante aprehension manifestando que así lo debian admitir no solo

los peripatéticos, en cuya doctrina se fundaba, sino tambien los

platónicos.»

Mas abajo, respondiendo á una dificultad de Escoto, llamado el doctor

sutil, añade, «Para entender se necesita entendimiento é inteligible.

La relacion de aquel á este es la de lo perfectible á la propia

perfeccion; pues que el estar el entendimiento en acto consiste en que

él sea la misma cosa inteligible segun se ha dicho antes; de donde se

sigue que los seres inmateriales se distribuyen en dos órdenes,

inteligibles é inteligentes. Y como el ser inteligible consiste un ser

inmaterialmente perfectivo; resulta que una cosa en tanto es

inteligible, en cuanto es inmaterialmente perfectiva. Que la

inteligibilidad exija la inmaterialidad lo demuestra el que las cosas

materiales no son inteligibles sino en cuanto están abstraidas de la

materia.............................................................

.......Se ha manifestado mas arriba que una cosa es inteligente en

cuanto es no solo ella misma sino las otras en el órden ideal; este

modo de ser es en acto ó en potencia, y así no es mas que ser

perfeccionado ó perfectible por la cosa entendida.»

[123.] Esta teoría será mas ó menos sólida, pero de todos modos es

algo mas que ingeniosa; suscita un nuevo problema filosófico de la mas

alta importancia: señalar las condiciones de la inteligibilidad.

Además tiene la ventaja de estar acorde con un hecho atestiguado por

la experiencia, cual es, la dificultad que siente el espíritu en

conocerse á sí propio. Si fuese inteligible inmediatamente, ¿por qué

no se conoce á sí mismo? ¿qué condicion le falta? ¿Acaso la presencia

íntima? tiene no solo la presencia sino la identidad. ¿Por ventura el

esfuerzo para conocerse? la mayor parte de la filosofía no tiene otro

fin que este conocimiento. Negando al alma la inteligibilidad

inmediata se explica por qué es tanta la dificultad que envuelven las

investigaciones ideológicas y psicológicas, señalándose la razon de

la obscuridad que sentimos al pasar de los actos directos á los

reflejos.

[124.] La opinion de Santo Tomás sobre no ser una simple conjetura,

por fundarse en algun modo sobre un hecho, puede apoyarse en una razon

que en mi concepto la robustece mucho, y que tal vez puede ser mirada

como una ampliacion de la señalada mas arriba.

Filosofía Fundamental, Tomo I · 第 5 / 21 段