XVI.

Oyóse sordamente sobre la arena del Desierto, la carrera de un caballo,

que se acercó y llegó.

Se encabritó asombrado por la vista improvisa de Aben-al-Malek, y

estuvo á punto de arrojar á su jinete, que era un guerrero árabe,

agigantado, formidable.

Llevaba un arnés de Damasco, una adarga de cuero, un arco á la espalda,

una aljaba llena de saetas pendiente de su cintura, un hacha al arzon,

un yatagan al costado, y blandia en su membruda diestra una fuerte

lanza de dos hierros.

--¡Ah, miserable! dijo: ¿quién te ha puesto ahí para que asombres á mi

caballo y me haya visto yo á punto de ser lanzado de la silla?

--Perdon, hermano, dijo humildemente el príncipe Aben-al-Malek; no ha

sido mi voluntad; la mano de Dios me ha herido.

--¡Y mi lanza! exclamó el irritado árabe haciendo saltar su caballo

sobre Aben-al-Malek, é hiriéndole al saltar con su lanza.

Y aquel malvado se alejó á la carrera.

Aben-al-Malek lloró por él, y elevó por él su oracion al Altísimo.

Historia de los siete murciélagos, leyenda árabe · 第 93 / 111 题