XIII.

El príncipe habia caido de nuevo en su postracion.

Le abrasaba la fiebre de la lepra; sentia una sed horrible, y no podia

moverse.

--¿No te causa envidia, exclamó Zahra, al contemplar mi salud, mi

fuerza y mi hermosura?

--La envidia es un pecado de muerte, dijo el príncipe; la envidia

hace sentir el aborrecimiento contra los que gozan más que él, al

desventurado á quien ha herido la mano del Señor y no tiene fe en el

corazon; la envidia engendra la calumnia, la traicion y el crímen; pero

Dios proteje al infeliz miserable y enfermo que, abandonado y débil,

guarda su fe, y le da el tesoro y el consuelo de la resignacion: la

caridad es el preservativo de la envidia: quien tiene caridad, aunque

esté postrado como Job en el muladar, vive en el Señor que le presta su

fortaleza.

--Mira, le dijo Zahra.

Historia de los siete murciélagos, leyenda árabe · 第 90 / 111 题