Se oyó un fragor espantoso.
Desapareció de improviso aquel inmenso tesoro, y el príncipe se
encontró envuelto en tinieblas, pisando el duro pavimento de mármol de
la segunda bóveda.
Y se oia entre las tinieblas el aleteo del murciélago, y el ruido de
las alhajas que el aleteo movia, y una voz desesperada y terrible que
gritaba.
--¡Hermana mia Zahra, venganza! ¡Estoy sufriendo un tormento horrible!
¡Tengo atravesadas las entrañas y no puedo moverme, sujeto por una dura
saeta! ¡Hermana mia Zahra, véngame, haz que peque el maldito príncipe
Aben-al-Malek!