XI.

Se oyó un fragor espantoso.

Desapareció de improviso aquel inmenso tesoro, y el príncipe se

encontró envuelto en tinieblas, pisando el duro pavimento de mármol de

la segunda bóveda.

Y se oia entre las tinieblas el aleteo del murciélago, y el ruido de

las alhajas que el aleteo movia, y una voz desesperada y terrible que

gritaba.

--¡Hermana mia Zahra, venganza! ¡Estoy sufriendo un tormento horrible!

¡Tengo atravesadas las entrañas y no puedo moverme, sujeto por una dura

saeta! ¡Hermana mia Zahra, véngame, haz que peque el maldito príncipe

Aben-al-Malek!

Historia de los siete murciélagos, leyenda árabe · 第 88 / 111 题