Pero la alegría de Betsabé fué de corta duracion; palideció su frente,
estremecióse como por efecto de un terror invencible, y sus ojos se
inyectaron de sangre; habia resonado en su oído una voz poderosa que
la evocaba, una voz que la obligaba á obedecer como la del señor al
esclavo.
Betsabé obedeció, pues, y apareció ante Wahdah.
Estaba esta envuelta en la alfombra del trono de Salomon; los destellos
que lanzaba el talisman la rodeaban de una clarísima aureola; su
hermosura tenia doble encanto; era entonces más hermosa que Betsabé,
sólo podia comparársela á una hurí.
Su ademan era imperioso; su sonrisa terrible; la mirada de sus negros
ojos, radiante é intensa, se fijaba en la de Betsabé, que comprendió su
destino y cayó á los piés de la sultana.
--¡Perdon! gritó la hada; no me arrojes á las tinieblas y á la
desesperacion, y seré tu esclava; quítame mi poder, pero que no se
levante la torre sobre el abismo.
--Lo que está escrito se cumplirá, contestó Wahdah: ¿acaso pretendias,
miserable espíritu condenado, hacerte superior á tu destino?
* * * * *
Betsabé entregó á Wahdah el anillo cabalístico, y salió de su retrete
para encerrarse en el suyo.
Aún dormia el príncipe Juzef; Betsabé se arrodilló junto á él é inundó
de lágrimas su frente; era la primera vez que la conmocion hacia brotar
el llanto á los ojos de aquel espíritu soberbio y rebelde; era la
primera vez que un amor de mortal habia llenado su corazon. Tal vez
surgió en su mente el pensamiento de suplicar á Allah, pero su soberbia
le rechazó, y desesperada, con la insensatez pintada en sus ojos, se
replegó en un ángulo del divan.
El príncipe Juzef dormia. Betsabé sentia pasar el tiempo con una
rapidez cruel; Wahdah en tanto contaba un siglo por cada vez que la voz
del muecin llamaba á los fieles á la oracion; al fin llegó la hora de
alajá: la noche encapotaba el espacio, la luna habia aparecido en el
Oriente. Wahdah, reclinada en el ajimez, miraba á la _Colina Roja_ y
esperaba que la luna llegase á la mitad de su curso. Al fin llegó el
momento tan temido por Betsabé y tan anhelado por Wahdah; la luna tocó
en lo más alto de su órbita, y la sultana volvió el sello de la sortija
cabalística al Oriente.
--¡Genios, esclavos del anillo; y del sello! exclamó. ¡En nombre del
alto y poderoso Salomon, á quien Allah perpetúe la gloria, edificad el
castillo de la Alhambra!
Apenas pronunciadas estas palabras, nublóse la luna, giraron en el
espacio millones de sonoros rumores, y en la cumbre de la _Colina
Roja_, aparecieron antorchas sin número, á cuya luz se veian cruzar,
perderse y volver á aparecer multitud de hombres.
Una niebla densa fué velando la colina y todo lo envolvió; la sultana
permaneció en el ajimez; veíase aún el resplandor informe y dudoso de
las antorchas, oscilando, alejándose y tornando á aparecer; al fin la
luz del crepúsculo dominó aquel resplandor mate, la alborada disipó la
niebla, y Wahdah vió ante sí con asombro sobre la cumbre de la Colina
Roja, un fuerte castillo.
Cuatro murciélagos pasaron entonces lanzando agudos gritos por delante
del ajimez de Wahdah: eran Betsabé, Djeidah, Zahra y Obeidah.
La Torre de Siete Suelos se habia levantado sobre el abismo y las
cuatro hadas iban á esperar en su oscuro seno á sus amantes.
Wahdah, entregada á una alegría delirante, corrió al aposento de
su esposo. Este hacia su ablucion en la misma fuente en que el dia
anterior habia vertido el tósigo el príncipe Juzef A'bd-allah.
El rey la miró con semblante severo; Wahdah se prosternó ante él.
--Levántate, Wahdah, exclamó el rey: ¿por qué abandonas tu retrete,
cuando no te han llamado mis esclavos?
Wahdah se levantó y extendió su diestra en direccion á un ajimez á
través del cual se veia la _Colina Roja_.
El rey exhaló una exclamacion de sorpresa.
--¿Qué torres son aquellas, dijo, que se levantan sobre la montaña?
¿Qué alminar es aquel que se eleva hasta las nubes? ¿Y de quién aquel
alcázar cuyas cúpulas de oro lanzan rayos de fuego heridas por el sol
de la mañana?
Wahdah refirió al rey el orígen de Betsabé, su ambicion y su odio hácia
él, y le entregó el anillo y la alfombra de Salomon.