Vinieron años tras años, y pasaron ochocientos ochenta y siete sobre
el lugar maldito, sin que hombre, fiera ó pájaro, pisase su suelo ni
cruzase por su aire.
Habian llegado los últimos dias de la luna de Safer del año novecientos
y uno de la Egira[10]: era la hora de adohar y el sol brillaba
abrasador suspendido en la mitad de su carrera; la rana cantaba ronca
y desapacible y de la laguna casi seca se levantaba un denso vapor,
cuando un peregrino cansado y sediento llegó al valle maldito del
Hedjaz.
[10] El órden de los meses que los árabes llaman lunas, es
el siguiente: Muharram, Safer, Rabie primera, Rabie segunda,
Giumada primera, Giumada segunda, Regeb, Xaban, Ramazan,
Xawal, Dilcada y Dilhagia. Es de advertir que su año empieza
donde media el nuestro.
Era Abu-Kalek, anciano guerrero de la raza de los Almoravides que se
dirigia en peregrinacion á la Meca, cumpliendo la última voluntad del
rey de Granada Mohhamed-Aben-A'bd-Allah-al-Zaquir-al-Zoghoibi[11],
(Boabdil) muerto en los campos de Bakuba, defendiendo contra los
rebeldes jerifes al emir Muley Ahmet-ben-Merini. El anciano Abu-Kalek
habia emprendido su viaje desde el Moghreb, y al fin habia puesto su
cansada planta en las vertientes de las montañas que rodean á la Santa
ciudad del Profeta[12].
[11] Mohamed hijo del servidor de Dios, el pequeño y el
desdichado.
[12] Medinah Jastreb.
Pero estaba escrito que el Almorabhid no llegaria al mirab de la gran
mezquita; sus dias estaban contados y su sepultura abierta en el valle
maldito del Hedjaz; las huríes le esperaban, y el alma del justo era
tan pura como el blanco color de su venerable barba.
¡Qué grande y poderoso es Allah! En el mismo sitio donde apagó su sed
el réprobo Aben-Zohayr, apagó la suya Abu-Kalek: un impío habia traido
la maldicion de Dios sobre el valle, y un justo habia sido concebido
para purificarlo. Cuando el Almorabhid bebió, sintió como el árabe
que su vista se dilataba y su corazon ardia; su sangre débil y helada
corrió por sus venas como fuego ardiente, y volvió á su juventud y á su
fuerza; su encorvada espalda se irguió, sus ojos centellearon y en su
boca apareció una profunda expresion de dolor.
--¡Oh Señor! exclamó el viejo prosternándose contra la tierra, ¿por
qué me vuelves mi juventud y dilatas mi vida? ¿He dejado un solo dia
de elevar á tí mi espíritu, ó mis labios han mentido ó mi espada ha
derramado sangre del débil ó del inocente? ¡Oh señor Allah! ¿qué
quieres de tu siervo Abu-Kalek?
Pero nada contestó á la plegaria del Almorabhid: la rana siguió
cantando y el sol tendiendo sus rayos inflamados sobre la tierra.
Abu-Kalek quiso continuar su camino, pero fué en vano; por donde quiera
que se dirigia encontraba una roca tajada, un abismo ó un torrente; las
huellas se borraban tras de sus piés.
--¡Oh desdichado rey, exclamó el creyente, los espíritus invisibles me
cierran el camino: yo moriré aquí como tú moriste en Bakuba! ¡Hágase la
voluntad de Allah!
Abu-Kalek sintió hambre, pidió dátiles á la palmera, fruto á las
higueras, peces á la laguna; pero la palmera y las higueras y la laguna
eran estériles; en aquel momento una golondrina se cernió sobre el
valle; Abu-Kalek, tomó una saeta de su aljaba y tendió el arco que
le servia de apoyo en su marcha; la saeta hendió silbando los aires
y cayó trayendo consigo á la avecilla, que se agitó en sus últimas
convulsiones entre las manos del morabhita.
Sobre el pecho azul de la golondrina pendia una pequeña llave formada
de una esmeralda, sujeta al cuello del pájaro por un collar de rubíes;
el creyente tomó la llave y la golondrina espiró, diciendo en un débil
gemido:
--¡Busca!
Abu-Kalek miró la llave y vió sobre ella escrito en pequeñísimos
caractéres cúficos el mote: «_¡La galib ille Allah!_» (¡Solo Dios es
vencedor!)
--¡Busca! murmuró el viento agitándose entre los árboles.
Abu-Kalek se dirigió al pié de la seca palmera.
--¡Busca! murmuró roncamente la rana en la laguna.
El morabhita llegó hasta su orilla.
--¡Busca! graznó el buho desde el fondo de la gruta.
Abu-Kalek se precipitó á través de las zarzas que cubrian la profunda
grieta y buscó; el buho entre tanto batia las pardas alas graznando
siempre:
--¡Busca! ¡busca! ¡busca!
En la parte más profunda y oscura de la gruta, en un lóbrego agujero,
anidaba el buho, que huyó lanzándose al valle al acercarse á su nido el
morabhita Abu-Kalek.