VIII.

Vinieron años tras años, y pasaron ochocientos ochenta y siete sobre

el lugar maldito, sin que hombre, fiera ó pájaro, pisase su suelo ni

cruzase por su aire.

Habian llegado los últimos dias de la luna de Safer del año novecientos

y uno de la Egira[10]: era la hora de adohar y el sol brillaba

abrasador suspendido en la mitad de su carrera; la rana cantaba ronca

y desapacible y de la laguna casi seca se levantaba un denso vapor,

cuando un peregrino cansado y sediento llegó al valle maldito del

Hedjaz.

[10] El órden de los meses que los árabes llaman lunas, es

el siguiente: Muharram, Safer, Rabie primera, Rabie segunda,

Giumada primera, Giumada segunda, Regeb, Xaban, Ramazan,

Xawal, Dilcada y Dilhagia. Es de advertir que su año empieza

donde media el nuestro.

Era Abu-Kalek, anciano guerrero de la raza de los Almoravides que se

dirigia en peregrinacion á la Meca, cumpliendo la última voluntad del

rey de Granada Mohhamed-Aben-A'bd-Allah-al-Zaquir-al-Zoghoibi[11],

(Boabdil) muerto en los campos de Bakuba, defendiendo contra los

rebeldes jerifes al emir Muley Ahmet-ben-Merini. El anciano Abu-Kalek

habia emprendido su viaje desde el Moghreb, y al fin habia puesto su

cansada planta en las vertientes de las montañas que rodean á la Santa

ciudad del Profeta[12].

[11] Mohamed hijo del servidor de Dios, el pequeño y el

desdichado.

[12] Medinah Jastreb.

Pero estaba escrito que el Almorabhid no llegaria al mirab de la gran

mezquita; sus dias estaban contados y su sepultura abierta en el valle

maldito del Hedjaz; las huríes le esperaban, y el alma del justo era

tan pura como el blanco color de su venerable barba.

¡Qué grande y poderoso es Allah! En el mismo sitio donde apagó su sed

el réprobo Aben-Zohayr, apagó la suya Abu-Kalek: un impío habia traido

la maldicion de Dios sobre el valle, y un justo habia sido concebido

para purificarlo. Cuando el Almorabhid bebió, sintió como el árabe

que su vista se dilataba y su corazon ardia; su sangre débil y helada

corrió por sus venas como fuego ardiente, y volvió á su juventud y á su

fuerza; su encorvada espalda se irguió, sus ojos centellearon y en su

boca apareció una profunda expresion de dolor.

--¡Oh Señor! exclamó el viejo prosternándose contra la tierra, ¿por

qué me vuelves mi juventud y dilatas mi vida? ¿He dejado un solo dia

de elevar á tí mi espíritu, ó mis labios han mentido ó mi espada ha

derramado sangre del débil ó del inocente? ¡Oh señor Allah! ¿qué

quieres de tu siervo Abu-Kalek?

Pero nada contestó á la plegaria del Almorabhid: la rana siguió

cantando y el sol tendiendo sus rayos inflamados sobre la tierra.

Abu-Kalek quiso continuar su camino, pero fué en vano; por donde quiera

que se dirigia encontraba una roca tajada, un abismo ó un torrente; las

huellas se borraban tras de sus piés.

--¡Oh desdichado rey, exclamó el creyente, los espíritus invisibles me

cierran el camino: yo moriré aquí como tú moriste en Bakuba! ¡Hágase la

voluntad de Allah!

Abu-Kalek sintió hambre, pidió dátiles á la palmera, fruto á las

higueras, peces á la laguna; pero la palmera y las higueras y la laguna

eran estériles; en aquel momento una golondrina se cernió sobre el

valle; Abu-Kalek, tomó una saeta de su aljaba y tendió el arco que

le servia de apoyo en su marcha; la saeta hendió silbando los aires

y cayó trayendo consigo á la avecilla, que se agitó en sus últimas

convulsiones entre las manos del morabhita.

Sobre el pecho azul de la golondrina pendia una pequeña llave formada

de una esmeralda, sujeta al cuello del pájaro por un collar de rubíes;

el creyente tomó la llave y la golondrina espiró, diciendo en un débil

gemido:

--¡Busca!

Abu-Kalek miró la llave y vió sobre ella escrito en pequeñísimos

caractéres cúficos el mote: «_¡La galib ille Allah!_» (¡Solo Dios es

vencedor!)

--¡Busca! murmuró el viento agitándose entre los árboles.

Abu-Kalek se dirigió al pié de la seca palmera.

--¡Busca! murmuró roncamente la rana en la laguna.

El morabhita llegó hasta su orilla.

--¡Busca! graznó el buho desde el fondo de la gruta.

Abu-Kalek se precipitó á través de las zarzas que cubrian la profunda

grieta y buscó; el buho entre tanto batia las pardas alas graznando

siempre:

--¡Busca! ¡busca! ¡busca!

En la parte más profunda y oscura de la gruta, en un lóbrego agujero,

anidaba el buho, que huyó lanzándose al valle al acercarse á su nido el

morabhita Abu-Kalek.

Historia de los siete murciélagos, leyenda árabe · 第 17 / 111 题