Eran las huríes Fayzuly y Rhadhyah; el que todo lo puede las habia
dotado de una hermosura maravillosa; Fayzuly era blanca como la espuma
de las cataratas del Nilo, y sus ojos y sus cabellos, negros como el
fondo de las grutas del Hedjaz; su hermana Rhadhyah era morena como el
sol y sus ojos brillaban con un fuego deslumbrador: llevaban ceñidas
las frentes con guirnaldas de rosas blancas cogidas en el jardin de
Hiram, y unas flotantes y blanquísimas túnicas de lino, trasparentaban
las formas más hermosas que Allah en sus bondades concedió á una mujer.
Aben-Zohayr olvidó como por encanto su derrota y miró embelesado á las
dos huríes. Oh, Santo Allah, dijo, si me concedieras el amor de la
hurí blanca de los ojos negros, yo te sacrificaria cien corderos en
la fiesta de _Ayd-al-korban_![2]. ¡Oh señor Allah, qué poderoso y qué
grande eres!
[2] Fiesta de los corderos en el Ramadhan ó Cuaresma.
El enamorado Zohayr calló para escuchar lo que hablaban las huríes:
Fayzuly decia á su hermana con una voz más dulce que los trinos del
ruiseñor:
--He visto mi porvenir, hermana mia; me amará el hijo de una hurí y
de un rey, pero antes tendré que combatir con el mal espíritu que me
entregará á un encantador; pero mi amado me salvará y vendrá conmigo á
nuestros alcázares del aire y á nuestros jardines de los lagos.
--Y yo, dijo Rhadhyah, amaré á un creyente que será rey y perderá su
reino é irá á morir al _Mogrhebeb_[3]; yo le seguiré al Edem; pero
faltan aún ochocientos ochenta años.
[3] Denominacion que dan los árabes al poniente de África ó
Mauritania.
--Novecientos esperaré yo á mi amado, contestó Fayzuly.
--¡Oh poderoso Profeta! exclamó Aben-Zohayr; ¿quiénes son estas
doncellas que así esperan con los siglos su amor, que hablan de sus
alcázares del aire y de sus jardines de los lagos? ¡Oh magnífico Allah!
¡concédeme el amor de la doncella blanca de los ojos negros!