Una calle de Éfeso.
ANTÍFOLO de Siracusa solo.
No encuentro un solo hombre que no me salude, como si fuese un amigo
familiar, y todos me llaman por mi nombre. Unos me ofrecen dinero,
otros me invitan á comer; estos me dan las gracias por servicios que les
he hecho; aquellos me ofrecen mercaderías en venta. Hace un momento un
sastre me ha llamado á su tienda y me ha mostrado sederías que había
comprado para mí; y á renglón seguido ha tomado la medida de mi cuerpo.
Seguramente que todo esto no es sino encanto, ilusiones, y los
hechiceros de Laponia habitan aquí.
(_Entra una cortesana._)
DROMIO.--Amo, he aquí el oro que me enviásteis á buscar..... ¡Qué!
¿Habéis hecho vestir de nuevo el retrato del viejo Adam?
ANTÍFOLO.--¿Qué oro es ese? ¿De qué Adam quieres hablar?
DROMIO.--No del Adam que habitaba el paraíso, sino del Adam que mora en
la cárcel; de aquel que anda uniformado con piel del ternero muerto para
el hijo pródigo; aquel que vino tras de vos, señor, como un ángel malo,
y que os ha ordenado renunciar á vuestra libertad.
ANTÍFOLO.--No te entiendo.
DROMIO.--¿No? Y, no obstante, es una cosa bien sencilla: este hombre que
andaba como un violón en un estuche de cuero; el hombre, señor, que,
cuando los caballeros están cansados, les da un chasco y los arresta;
aquel que tiene piedad de los hombres arruinados, y les da un vestido de
cárcel; aquel que tiene la pretensión de hacer más hazañas con su maza
que una lanza morisca.
ANTÍFOLO.--¡Qué! ¿Quieres decir un sargento?
DROMIO.--Sí, señor, el sargento de las obligaciones: aquel que obliga á
cada individuo que falta á sus compromisos, á responder de ellos; hombre
que cree que uno está siempre á punto de acostarse y dice: «¡Dios os dé
buen descanso!»
ANTÍFOLO.--Vamos, amigo, dejémonos de locuras. ¿Hay algún barco que
salga esta noche? ¿Podemos partir?
DROMIO.--Sí, señor; he venido á daros la respuesta hace una hora; la
barca _Expedición_ partirá esta noche; pero estabais impedido por el
sargento y obligado á retardaros más allá del tiempo fijado. He aquí los
dineros que me habéis mandado á buscar para libertaros.
ANTÍFOLO.--Este mozo está loco y yo también; no hacemos sino errar de
ilusiones en ilusiones. ¡Que alguna santa protección nos saque de aquí!
LA CORTESANA.--¡Ah! ¡Cuánto me alegro de encontraros, señor Antífolo!
Veo que habéis, en fin, hallado al platero: ¿es esa la cadena que me
prometísteis hoy?
ANTÍFOLO.--¡Atrás, Satanás! Te prohibo tentarme.
DROMIO.--Señor, ¿es esta la señora de Satanás?
ANTÍFOLO.--Es el demonio.
DROMIO.--Es aún peor, es la señora del demonio; y viene aquí bajo la
forma de una moza ligera de cascos; y por esto las muchachas dicen:
¡Dios me condene! lo cual significa: ¡Dios me haga una moza de la vida
airada! Está escrito que se aparecen á los hombres como ángeles de luz.
La luz es un efecto del fuego y el fuego quema. _Ergo_, las mozas de
placer quemarán; no os aproximéis á ella.
LA CORTESANA.--¡Vuestro criado y vos, señor, estáis de un humor
maravilloso. ¿Queréis venir conmigo? Recobraremos aquí la comida que no
hemos podido tomar en casa.
DROMIO.--Amo, si debéis probar la sopa, pedid de antemano una cuchara
larga.
ANTÍFOLO.--¿Pues para qué, Dromio?
DROMIO.--Verdaderamente, es menester una cuchara larga al hombre que
debe comer con el diablo.
ANTÍFOLO.--(_A la cortesana._) ¡Atrás, pues, demonio! ¿Á qué vienes á
hablarme de cena? Eres como todas las demás, una bruja. Conjúrote á que
me dejes y te vayas.
LA CORTESANA.--Dadme el anillo que me habéis tomado en la comida; ó en
cambio de mi diamante, la cadena que me habéis prometido; y entonces me
iré, señor, y no os importunaré más.
DROMIO.--Hay diablos que no piden sino el recorte de una uña, un junco,
un cabello, una gota de sangre, un alfiler, una nuez, una semilla de
cereza; pero esta, más codiciosa, quisiera tener una cadena. Amo, tened
cuidado: si le dáis la cadena, la diabla la sacudirá y nos espantará con
ella.
LA CORTESANA.--Os ruego, señor, que me déis mi sortija ó mi cadena.
Espero que no tenéis intención de defraudarme de este modo.
ANTÍFOLO.--¡Fuera de aquí, gitana! Vamos, Dromio, partamos.
DROMIO.--_Huye del orgullo_, dice el pavo; ¿sabéis eso, señora?
(_Salen Antífolo y Dromio._)
LA CORTESANA.--Ahora está fuera de duda que Antífolo está loco; de otro
modo jamás se habría conducido tan mal. Me tiene una sortija que vale
cuarenta ducados y me había prometido en cambio una cadena de oro: y
ahora me niega la una y la otra, lo que me obliga á concluir que se ha
vuelto loco. Además de esta actual prueba de su demencia, me acuerdo de
los cuentos extravagantes que me ha endilgado hoy en la comida, como el
de no haber podido entrar en su casa, porque le habían cerrado la
puerta. Probablemente su esposa, que conoce sus accesos de locura, le ha
cerrado, en efecto, la puerta intencionalmente. Lo que tengo que hacer
ahora, es llegar pronto á su casa, y decir á su esposa, que en un acceso
de locura ha entrado bruscamente en mi casa, y me ha quitado de viva
fuerza una sortija que se ha llevado. He aquí el partido que me parece
mejor escoger, pues cuarenta ducados son demasiado para perderlos.