ESCENA II.

El bosque.

Entra ORLANDO, con un papel.

ORLANDO.--Quedad aquí, versos míos, en testimonio de mi amor. Y tú,

reina de la noche coronada de triple diadema, observa con tu casta

mirada desde tu pálida y alta esfera el nombre de tu cazadora, que

domina toda mi existencia.--Estos árboles ¡oh Rosalinda! serán mis

libros, y grabaré mis pensamientos en su corteza, para que tus virtudes

sean contempladas por todas partes por cuantos seres hay en este

bosque.--Corre, corre, Orlando, y graba en cada árbol el nombre de la

bella, la casta, la imponderable. (_Sale.--Entran Corino y

Piedra-de-toque._)

CORINO.--¿Y cómo os place esta vida de pastor, señor Piedra-de-toque?

PIEDRA.--Á la verdad, pastor, que considerada en sí misma es una vida

buena, pero como vida de pastor no vale nada. Me gusta bastante porque

es solitaria; pero siendo tan retraída, es una vida muy despreciable.

Agrádame también por lo que tiene de campestre, pero me fastidia el que

no sea en la corte. Y notad que cuadra bien á mi temperamento, porque es

una vida económica; pero como no ofrece mucha abundancia, mi estómago no

se aviene con ella. Pastor: ¿tienes algo de filósofo?

CORINO.--No más que lo suficiente para comprender que cuanto más enfermo

está uno, peor se siente; que faltan tres buenos amigos á quien no

tiene dinero, medios y satisfacción; que la lluvia moja y el fuego

quema; que el buen pasto engorda al rebaño; y que entra por mucho el que

no haya sol para que sea de noche; y que quien no adquirió ingenio por

la naturaleza ó por el arte, puede quejarse ó de su educación ó de su

mala estirpe.

PIEDRA.--Un hombre así es un filósofo natural. ¿Has estado alguna vez en

la corte, pastor?

CORINO.--No, por cierto.

PIEDRA.--Pues entonces estás condenado.

CORINO.--Espero que no.

PIEDRA.--Condenado, en verdad. Te tostarán por un lado como huevo mal

frito.

CORINO.--¿Por no haber estado en la corte? ¿Y por qué?

PIEDRA.--Es claro. No habiendo estado en la corte nunca has visto buenos

modales; y no habiendo visto buenos modales, los tuyos tienen que ser

muy malos; y lo malo es un pecado y el pecado se condena. En mal trance

te veo, pastor.

CORINO.--Nada de eso, Piedra-de-toque. Tan ridículos son en el campo los

buenos modales de la corte, como risibles en la corte las maneras del

campo. Me habéis dicho que en la corte no saludáis sino que besáis las

manos. Tal cortesía no fuera decente, si los cortesanos fuesen pastores.

PIEDRA.--Un ejemplo, pronto; vamos, un ejemplo.

CORINO.--Continuamente manoseamos nuestras ovejas, y sabéis que sus

vellones son grasientos.

PIEDRA.--¡Pues qué! ¿No sudan las manos de los cortesanos? ¿Y no es tan

saludable la grasa de un carnero como el sudor de un hombre? La razón

que alegas es fútil. Dame un ejemplo mejor. Vamos á ello.

CORINO.--Además, nuestras manos son ásperas.

PIEDRA.--Así las sentirán más pronto vuestros labios. Otra futileza.

¡Ea! Veamos mejor ejemplo.

CORINO.--Y á menudo tenemos las manos embreadas con los remedios que

aplicamos á nuestros rebaños. ¿Os gustaría besar brea? Las manos de los

cortesanos están perfumadas con algalia.

PIEDRA.--¡Oh hombre insustancial! Eres comida de gusanos comparada con

un buen pedazo de carne fresca.--Aprende de los sensatos y reflexiona.

La algalia es de más baja estirpe que la brea: es una asquerosa

secreción de un gato.--Vamos: mejora el ejemplo, pastor.

CORINO.--Tenéis, como cortesano, demasiado ingenio para mí.--Me callaré.

PIEDRA.--¿Quieres condenarte, pues? Dios te valga, hombre superficial!

Dios te abra la mollera, porque no sabes nada.

CORINO.--Señor, soy un honrado labrador, que gano lo que como y lo que

visto; que no aborrezco á nadie ni envidio la dicha de ningún hombre;

que me alegro del bien de los demás y me resigno á mi propio daño; y mi

mayor orgullo se reduce á ver pastar mis ovejas y amamantar mis

corderos.

PIEDRA.--He ahí otro pecado de ignorancia en que caéis: juntar moruecos

y ovejas, prometiéndoos ganar la vida por la cópula del ganado: servir

de tercero á un carnero-guía, y sacrificar una ovejita de año

entregándola á un morueco viejo, de patas torcidas, y de todos modos

cornudo, faltando en ello á toda equidad y proporción. Si no te condenas

por esto, á fe que no querrá coger nunca pastores el diablo. No veo por

cuál otro motivo escaparías.

CORINO.--Aquí viene el joven señor Ganimedes, el hermano de mi nueva

ama.

(_Entra Rosalinda, leyendo un papel._)

ROSALINDA.--No hay desde Oriente á Poniente

joya como Rosalinda.

Do quiera lleva el ambiente

la fama de Rosalinda.

El cuadro más refulgente

negro es junto á Rosalinda.

Ni recuerde faz la mente

sino la de Rosalinda.

[Illustration]

PIEDRA.--Pues yo os haré rimas por el estilo ocho años seguidos,

exceptuando solamente las horas de almorzar, comer y dormir.

ROSALINDA.--¡Calla, loco!

PIEDRA.--Va de muestra:

Si falta al ciervo una cierva

venga y busque á Rosalinda.

¿Su especie el gato conserva?

Lo mismo hará Rosalinda.

El forro el calor conserva:

otro tanto Rosalinda.

Quien siega ha de atar la yerba,

y al carro con Rosalinda.

Como en nuez dulce, se observa

corteza agria en Rosalinda.

La rosa de amor enerva

y punza, cual Rosalinda.

Este es el fastidioso martilleo de los versos. ¿Por qué os contagiáis

con él?

ROSALINDA.--¡Silencio, tonto! Los encontré en un árbol.

PIEDRA.--Á fe mía que da mal fruto.

ROSALINDA.--Pues lo ingertaré contigo, que será ingertarlo con un

níspero, y así será el fruto más temprano del país; porque os habréis

podrido antes de estar medio maduro, que es la condición propia del

níspero.

PIEDRA.--Eso decís; pero si cuerdamente ó no, que lo decida el bosque.

(_Entra Celia, leyendo un papel._)

Rosalinda.--Guardad silencio y haceos á un lado, que aquí viene mi

hermana leyendo.

Dramas de Guillermo Shakspeare [vol. 4] · 第 82 / 181 题