AMIENS. Quien bajo el árbol frondoso
desee yacer conmigo,
y ajustar su alegre canto
del ave á los dulces trinos,
que venga hacia aquí, que venga,
donde no hay más enemigo
que el invierno y la tormenta,
las tempestades y el frío.
JAQUES.--Continuad, continuad, os lo suplico.
AMIENS.--Os entristecería, monsieur Jaques.
JAQUES.--Y gracias. Más, os ruego, más. Puedo sorber melancolía de una
canción, como huevos la comadreja. Más, te ruego, más.
AMIENS.--Estoy enronquecido. Conozco que no podría agradaros.
JAQUES.--No deseo que me agradéis; deseo, sí, que cantéis. Vamos: más:
otra estrofa. ¿No las llamáis estrofas?
AMIENS.--Lo que queráis, monsieur Jaques.
JAQUES.--No me importan sus nombres. Nada me deben. ¿Queréis cantar?
AMIENS.--Más por satisfaceros que por placer mío.
JAQUES.--Pues bien: si alguna vez doy las gracias á un hombre, será á
vos; aunque lo que llaman cumplidos se parece al encuentro de dos monos;
y cuando un hombre me da gracias sinceramente, se me figura haberle
dado un centavo, y que me devuelve gracias á lo mendigo. Vamos, cantad y
que los demás cierren la boca.
AMIENS.--Bien. Concluiré la canción. Mientras tanto, señores, cubrid la
mesa; el duque quiere beber bajo este árbol. Ha esperado todo este día
para veros.
JAQUES.--Y yo todo este día he estado evitándolo. Discute demasiado para
mí. Yo pienso en tantos asuntos como él; pero, gracias al cielo, no hago
alarde de ello. Vamos, vamos, trinad.