ESCENA III.

Delante de la casa de Oliverio.

Entran ORLANDO y ADAM, que se encuentran.

ORLANDO.--¿Quién está ahí?

ADAM.--¡Cómo! ¿mi joven señor? ¡Oh mi buen y amado señor! ¡Oh vos,

memoria viva de sir Rowland! ¡Cómo! ¿Qué hacéis aquí? ¿Por qué sois

virtuoso? ¿Por qué os aman las gentes? ¿Y por qué sois gentil, fuerte y

valeroso? ¿Por qué tomaríais tan á deseo el vencer al membrudo luchador

del caprichoso duque? Demasiado aprisa ha llegado aquí antes que vos

vuestra alabanza. ¿No sabéis, señor, que para cierta clase de hombres

sus buenas prendas les sirven sólo de enemigos? Así os sirven las

vuestras. Vuestras virtudes, mi gentil señor, son para vos santificados

traidores. ¡Oh! ¡qué mundo éste en el cual la nobleza de alma atrae el

veneno al que la posee!

ORLANDO.--¿Pero qué acontece?

ADAM.--¡Oh desdichado joven! No paséis por estas puertas. Bajo este

techo vive el enemigo de todas vuestras virtudes. Vuestro hermano (no,

no hermano, y sin embargo es hijo--pero no, no es hijo--no quiero

llamarlo hijo--de aquel á quien iba á llamar su padre) ha oído vuestras

alabanzas, y se propone incendiar esta noche el alojamiento en que

acostumbráis dormir, cuando estéis en él. Si no lo consigue así, echará

mano de otros medios para deshacerse de vos. Pude oir lo que él y los

suyos decían. Este no es un hogar: esta casa no es más que un matadero.

¡Abominadla, temedla, no entréis en ella!

[Illustration]

ORLANDO.--¿Pues á dónde querrías entonces que fuese, Adam?

ADAM.--No importa á dónde, con tal de que no vengáis aquí.

ORLANDO.--¡Pues qué! ¿Querrías verme ir á mendigar mi alimento? ¿Ó con

una espada vil y turbulenta arrancar por fuerza en el camino público

una subsistencia furtiva? Tendría que hacer esto, ó no sabría qué

hacer. Y esto no lo haré jamás, suceda lo que quiera. Antes me someteré

á la malignidad de una sangre degenerada, y de un sanguinario hermano.

ADAM.--Pero no hagáis tal. Tengo quinientas coronas, el salario

economizado bajo vuestro padre, que atesoré para que me alimentara

cuando mis miembros envejecidos no pudieran ya hacer el servicio y

estuviera mi vejez abandonada en un rincón. Tomadlas; y aquel que

alimenta al cuervo y provee de sustento al gorrioncillo, será el báculo

de mi vejez. He aquí el oro: os le doy por entero. Permitidme ser

vuestro criado. Aun cuando parezco anciano, soy vigoroso y activo;

porque jamás en mi juventud vicié mi sangre con licores ardientes y

perturbadores; ni con desvergonzada frente atraje sobre mí la

extenuación y el agotamiento. Así mi edad es como un invierno helado

pero saludable. Dejad que os acompañe y os prestaré en todas vuestras

ocupaciones y necesidades los servicios de un hombre más joven.

ORLANDO.--¡Oh buen anciano! ¡Qué bien se muestra en ti el fiel servicio

del mundo antiguo en el cual el servidor derramaba su sudor por el

deber, no por la recompensa! No eres tú semejante á los de este tiempo,

en que ninguno trabaja sino por medrar, y una vez conseguido esto,

entorpece el servicio aun con la ganancia. No es así contigo, pobre

anciano, que cultivas un árbol carcomido que no puede producir ni

siquiera una flor en cambio de todas tus fatigas y cuidados. Pero haz

como quieres: iremos juntos, y antes de consumir los salarios de tu

mocedad, encontraremos algún modesto modo de vivir.

ADAM.--Poneos en camino, señor; que yo os seguiré hasta el último

aliento, con sincera lealtad. Desde que tuve diez y siete años hasta

ahora que cuento cerca de ochenta, he vivido aquí; pero ya aquí no vivo

más. Muchos prueban fortuna á los diez y siete años; pero á los ochenta

es demasiado tarde. Sin embargo, la fortuna no puede darme mejor premio

que el morir bien, habiendo cumplido mi deber con el amo.

(_Salen._)

Dramas de Guillermo Shakspeare [vol. 4] · 第 71 / 181 题