DUQUE.

Y bien, compañeros y hermanos de destierro, ¿no hace la costumbre que

sea más dulce esta vida que la de las vanas pompas? ¿No están más

exentas de peligro estas selvas que la envidiosa corte? Aquí no tenemos

otro padecimiento que el de Adán; la diversidad de la estación; el rudo

zumbido y el diente helado del viento del invierno. Y cuando sopla sobre

mi cuerpo y lo muerde y lo hace encogerse de frío, me digo sonriendo:

«Esto no es adulación; estos son consejeros que con toda sinceridad me

convencen de lo que soy.» Dulces son los frutos de la adversidad que,

semejante al feo y venenoso sapo, lleva en la cabeza una preciosa

joya.--Y esta nuestra vida retirada del bullicio público, descubre

idiomas en los árboles, libros en los arroyos, sermones en las piedras,

y el bien en todas las cosas.

AMIENS.--No querría cambiarla. ¡Dichoso sois, Alteza, que podéis tornar

la obstinación de la fortuna en un modo de ser tan dulce y apacible!

DUQUE.--Venid. ¿Iremos á matar venados? Y sin embargo me contrista el

que estos pobrecillos abigarrados, naturales moradores de esta soledad,

sientan que en sus propios confines un venablo de doble filo les

atraviese los costados.

LORD 1.º--Por cierto, mi señor, que el melancólico Santiago se aflige de

ello; y en ese sentido jura que sois más usurpador que el hermano que os

ha desterrado. Milord Amiens y yo nos deslizamos hoy ocultamente hasta

donde yacía aquel, declinado bajo un roble cuyas viejas raices asoman

sobre el arroyo que susurra á lo largo de este bosque.--Vino á

desfallecer allí un pobre ciervo fugitivo herido por el arma de algún

cazador; y en verdad, señor, que el desventurado animal exhalaba tan

hondos quejidos, que su piel se dilataba por el esfuerzo como si hubiera

ido á rasgarse, y gruesas lágrimas corrían de sus ojos una tras otra en

lastimera sucesión. Así, la pobre alimaña, permaneció en el borde mismo

del rápido arroyo que recibía sus lágrimas, mientras la observaba

atentamente el melancólico Santiago.

DUQUE.--Pero ¿qué dijo éste? ¿No moralizó sobre ese espectáculo?

LORD 1.º--¡Oh, sí, por mil símiles! En primer lugar porque vertía sus

lágrimas en el arroyo que no necesitaba de ellas, exclamó: «¡Pobre

venado! Haces testamento como las gentes mundanas, dando lo más que

tienes á quien ya tiene demasiado.» En seguida por hallarse solo y

abandonado por sus amigos de piel aterciopelada, dijo: «Es justo: esta

desgracia ahuyenta la afluencia de compañeros.» Al mismo tiempo un hato

harto de pacer pasa saltando á su lado sin cuidarse de él. «Sí, seguid

adelante, gordos y lustrosos ciudadanos. Es la moda. ¿Á qué mirar á ese

quebrado, pobre y arruinado?»--Así con gran vehemencia destrozó la

estructura del país, corte y ciudad, y aun nuestro presente género de

vida; jurando que no somos más que usurpadores, tiranos y todo lo que

hay de peor, en espantar á estos animales y matarlos en su propio y

nativo albergue.

DUQUE.--¿Y estaba en tal meditación cuando le dejasteis?

LORD 2.º--Sí, mi señor; llorando y comentando sobre el quejumbroso

ciervo.

DUQUE.--Mostradme el sitio. Pláceme escucharle en estos arranques

repentinos, porque entonces está lleno de lucidez.

LORD 2.º--Os conduciré directamente hacia él.

(_Salen._)

Dramas de Guillermo Shakspeare [vol. 4] · 第 69 / 181 题