VARRO.--¿Llamáis, señor?
BRUTO.--Os ruego, señores, acostaros en mi tienda y dormir. Acaso os
despierte más tarde para asuntos con mi hermano Casio.
VARRO.--Con vuestro permiso quedaremos en pié esperando vuestras
órdenes.
BRUTO.--No lo consentiré. Acostaos, buenos señores. Quizás podré variar
de pensamiento. Mira, Lucio, aquí está el libro que busqué tanto. Le
puse en el bolsillo de la túnica.
(_Se acuestan los sirvientes._)
_Lucio_.--Estaba seguro de que su señoría no me lo había dado.
BRUTO.--Ten paciencia conmigo, buen muchacho; soy muy olvidadizo.
¿Quieres abrir por un rato tus ojos soñolientos y tocar uno ó dos trozos
en tu instrumento?
LUCIO.--Sí, mi señor, si os place.
BRUTO.--Me place, muchacho. Te fatigo demasiado, pero tienes buena
voluntad.
LUCIO.--Es mi deber, señor.
BRUTO.--Yo no exigiría tu deber más allá de tus fuerzas. Sé que las
sangres jóvenes anhelan la hora del descanso.
LUCIO.--He dormido ya, mi señor.
BRUTO.--Has hecho bien; y volverás á dormir. No te retendré mucho rato.
Si vivo, seré bueno para ti. (_Música y un canto._)--Es un tono
soñoliento. ¡Maldito
[Illustration: _El espectro de César._]
sueño! ¿Has dejado caer tu maza de plomo sobre mí, muchacho, que así
hace música para ti? Buenas noches, gentil siervo. No te haré el daño de
despertarte. Si cabeceas romperás tu instrumento. Te lo tomaré, y, buen
muchacho, buenas noches. Vamos. ¿No está doblada la hoja donde dejé la
lectura?--Paréceme que es esta. (_Se sienta.--Entra el espectro de
César._) ¡Qué mal arde esta bujía! ¡Ah! ¿Quién viene aquí? Pienso que la
debilidad de mis ojos da forma á esta monstruosa aparición. Viene hacia
mí. ¿Eres algo? ¿Eres algún dios, ángel ó demonio, que haces helarse mi
sangre y erizarse mis cabellos? Dime lo que eres.
ESPECTRO.--Tu mal genio, Bruto.
BRUTO.--¿Por qué vienes?
ESPECTRO.--Á decirte que me verás en Filipi.
BRUTO.--Bien. ¿Entonces he de verte otra vez?