(_Entran Lucilio y Ticinio._)
BRUTO.--Lucilio y Ticinio, encargad á los jefes que se preparen á alojar
sus tropas.
CASIO.--Y regresad inmediatamente trayéndonos á Messala. (_Salen Lucilio
y Ticinio._)
BRUTO.--Lucio. Una taza de vino.
CASIO.--No pensé que podíais haber estado tan encolerizado.
BRUTO.--¡Oh Casio! Me tienen enfermo muchos pesares.
CASIO.--No usáis de vuestra filosofía, si dáis importancia á males
accidentales.
BRUTO.--Ningún hombre soporta mejor la aflicción.--Porcia ha muerto.
CASIO.--¡Ah! ¡Porcia!
BRUTO.--Es muerta.
CASIO.--¡Y habéis podido no matarme cuando os contrarié tanto! ¡Oh!
pérdida conmovedora é insoportable! ¿De qué dolencia?
BRUTO.--Impaciente por mi ausencia, y pesarosa de que el joven Octavio y
Marco Antonio se hayan hecho tan fuertes (pues con su muerte llegó esa
nueva), perdió la razon, y en ausencia de sus servidores, tragó fuego.
CASIO.--¿Y murió así?
BRUTO.--Así.
CASIO.--¡Oh dioses inmortales!
(_Entra Lucio con vino y bujías._)
BRUTO.--No hableis más de ella. Dadme una taza de vino. En esto sepulto
todo resentimiento, Casio. (_Bebe._)
CASIO.--Sediento está mi corazon de esa noble promesa. Llena, Lucio,
llena hasta que se derrame la taza. Nunca beberé demasiado del afecto
de Bruto. (_Bebe._)
(_Vuelven á entrar Ticinio y Messala._)
BRUTO.--Entrad, Ticinio. Bienvenido, buen Messala. Sentémonos ahora bien
junto á esta luz y examinemos nuestras necesidades.
CASIO.--¡Porcia! ¿Y eres ida?
BRUTO.--Basta. Os lo ruego. Messala, he recibido aquí cartas anunciando
que el joven Octavio y Marco Antonio avanzan sobre nosotros con fuerzas
poderosas, y que dirigen su marcha hacia Filipi.
[Illustration]
MESSALA.--También tengo cartas del mismo tenor.
BRUTO.--¿Con qué adición?
MESSALA.--Que por proscripciones y mandando poner fuera de la ley,
Octavio, Antonio y Lépido han hecho matar cien senadores.
BRUTO.--No están acordes nuestras cartas en ese punto. Las mías hablan
de setenta senadores muertos por sus proscripciones, siendo Cicerón uno
de ellos.
CASIO.--Cicerón?
MESSALA.--Sí. Cicerón ha muerto por esa orden de proscripción. ¿Son de
vuestra esposa esas cartas, mi señor?
BRUTO.--No, Messala.
MESSALA.--¿Ni cosa alguna escrita en esas cartas acerca de ella?
BRUTO.--Nada, Messala.
MESSALA.--Paréceme extraña cosa.
BRUTO.--¿Por qué lo preguntáis? ¿Habéis sabido algo de ella en vuestras
cartas?
MESSALA.--No, mi señor.
BRUTO.--Pues sois romano, decid la verdad.
MESSALA.--Pues bien: sobrellevad como romano la verdad que digo. Muerta
es en verdad y de extraña manera.
BRUTO.--Adios, pues, Porcia. Tenemos que morir, Messala; y reflexionando
en que ella había de morir un día, encuentro paciencia para sufrir esto
ahora.
MESSALA.--Así es como los grandes hombres deben sobrellevar las grandes
pérdidas.
CASIO.--Tengo tanto de ello en teoría como vos; pero mi naturaleza no
podría sufrirlo así.
BRUTO.--Bien. Á nuestra obra viva. ¿Qué pensáis de marchar
inmediatamente á Filipi?
CASIO.--No me parece bien.
BRUTO.--¿Qué razón tenéis?
CASIO.--Esta. Es mejor que el enemigo nos busque. Así gastará sus
recursos y cansará á sus soldados, dañándose á sí propio; mientras que
nosotros permaneciendo inmóviles estamos descansados, fuertes para la
defensa y activos.
BRUTO.--Las buenas razones han de ceder, es claro, ante las mejores. El
pueblo entre Filipi y este campo permanece en una adhesión forzada, pues
nos ha dado de mala gana la contribución. El enemigo, marchando entre
ellos, llenará con ellos sus filas y vendrá refrescado, acrecido y más
animoso.--Le quitaremos esta ventaja si vamos á Filipi á hacerle frente,
dejando este pueblo á nuestra espalda.
CASIO.--Escuchadme, buen hermano.
BRUTO.--Con vuestro permiso. Debéis advertir, además, que hemos
procurado obtener de nuestros amigos lo más que era posible. Nuestras
legiones están del todo completas y nuestra causa ha llegado á su
madurez. El enemigo aumenta cada día. Nosotros, que nos hallamos en la
cima, estamos expuestos á declinar.--Hay en los negocios humanos una
marea que, tomada cuando está llena, conduce á la fortuna; y omitida,
hace que el viaje de la vida esté circundado de bajíos y
miserias.--Flotando estamos ahora en ese mar, y tenemos que aprovechar
la corriente cuando es favorable, ó perder nuestras probabilidades.
CASIO.--Así, pues, como lo deseáis, seguid adelante. Nosotros nos
pondremos en marcha y los encontraremos en Filipi.
BRUTO.--La alta noche ha avanzado mientras hablábamos. La naturaleza
tiene que obedecer á la necesidad, y la satisfaremos, aunque
mezquinamente, con un breve descanso. ¿No hay más que hablar?
CASIO.--No más. Buenas noches. Madrugaremos mañana, y en camino.
BRUTO.--Lucio, mi túnica. (_Sale Lucio._)--Adios, buen Messala. Buenas
noches, Ticinio. Buenas noches y buen reposo, noble Casio.
CASIO.--¡Oh querido hermano! Esta noche ha tenido un mal principio. Que
jamás semejante disensión surja entre nuestras almas! No dejéis que
suceda, Bruto.
BRUTO.--Ya está bien todo.
CASIO.--Buenas noches, mi señor.
BRUTO.--Buenas noches, buen hermano.
TICINIO.--Buenas noches, Bruto, mi señor.
BRUTO.--Adios á cada uno. (_Salen Casio, Ticinio y Messala.--Vuelve á
entrar Lucio con la túnica._)--Dame mi túnica. ¿Dónde está tu
instrumento?
LUCIO.--Aquí en la tienda.
BRUTO.--¡Qué! ¿Hablas medio dormido? Pobre bellaco, no te culpo: has
vigilado con exceso.--Llama á Claudio y algunos otros de mis hombres.
Los haré dormir en mi tienda sobre almohadones.