BRUTO.--¡Qué impetuoso carácter ha llegado á ser! Ya era harto impulsivo
cuando entró á la escuela.
CASIO.--Y lo mismo es ahora para ejecutar cualquiera audaz ó noble
empresa, aun cuando reviste esa forma embarazosa. Su rudeza sirve para
sazonar su buen sentido, y hace que las gentes saboreen más sus palabras
y las digieran mejor.
BRUTO.--Así es en verdad. Por ahora os dejo. Si os place hablar conmigo
mañana, iré á vuestra casa. Si preferís venir á la mía, os aguardaré.
CASIO.--Haré esto último. Y hasta entonces, reflexionad sobre el mundo.
(_Sale Bruto._)
Bien, Bruto, eres noble, y, sin embargo, veo que, dispuesto como está tu
noble metal, se le puede elaborar. Y por esto conviene que las almas
nobles estén siempre asociadas á sus semejantes; porque ¿quién hay tan
firme que no pueda ser seducido? César apenas me tolera, pero ama á
Bruto. Si yo fuese ahora Bruto y Bruto fuese Casio, César no me
soportaría. Por diferentes manos haré arrojar esta noche por sus
ventanas, escritos, como provenientes de varios ciudadanos, mostrando la
alta opinión que Roma tiene de su nombre; y en ellos se insinuará con
disimulo la ambición de César. Después de esto, ya puede César ver de
asentarse firmemente, porque le derribaremos, ó habremos de sufrir días
peores. (_Sale._)