Alguna nobleza infiero

que hay en ti, pues te prometo

que te he cobrado el respeto

que al mismo Duque de Avero.

¡Hágate el cielo como él!

MIRENO.

Y a ti con sosiego y paz

te vuelva, sin el disfraz,

a tu Estado; y fuera dél,

con paciencia vencerás

de la fortuna el ultraje.

Si te ve en aquese traje

mi padre, en él hallarás

nuevo amparo; en él te fía,

y dile que me destierra

mi inclinación a la guerra;

que espero en Dios que algún día

buena vejez le he de dar.

RUY.

Adiós, gallardo mancebo;

la espada sola me llevo

para poder evitar,

si me conocen, mi ofensa.

· · · · · · · · · · · · · · ·

(_Vanse_ RUY LORENZO _y_ VASCO.)

TARSO.

· · · · · · · · · · · · · · ·

Mas pues eres ya otro hombre,

por si acaso adonde fueres

caballero hacerte quieres,

¿no es bien que mudes el nombre?

Que el de Mireno no es bueno

para nombre de señor.

MIRENO.

Dices bien: no soy pastor,

ni he de llamarme Mireno.

Don Dionís en Portugal

es nombre ilustre y de fama;

don Dionís desde hoy me llama.

TARSO.

No le has escogido mal.

· · · · · · · · · · · · · · ·

Extremado es el ensayo;

pero ya que así te ensalzas,

dame un nombre que a estas calzas

les venga bien, de lacayo,

que ya el de Tarso me quito.

MIRENO.

Escógele tú.

TARSO.

Yo escojo,

si no lo tienes a enojo...

¿No es bueno?...

MIRENO.

¿Cuál?

TARSO.

Gómez Brito.

¿Qué te parece?

MIRENO.

Extremado.

TARSO.

¡Gentiles cascos, por Dios!

Sin ser obispos, los dos

nos habemos confirmado.

ESCENA XIII

[_Varios pastores van por orden del_ DUQUE _en busca de_ RUY LORENZO.

_Topan con_ MIRENO _y_ TARSO _y, tomándolos por el Secretario y su

criado los atan y conducen al Palacio de Avero_.]

ESCENA XIV

_Salón del Palacio del Duque en Avero._

DOÑA JUANA, DON ANTONIO, _de camino_.

DOÑA JUANA.

¡Primo don Antonio!

DON ANT.

Paso:

no me nombréis; que no quiero

hagáis de mí tanto caso,

que me conozca en Avero

el Duque. A Galicia paso,

donde el rey don Juan me llama

de Castilla, que me ama

y hace merced, y deseo,

a costa de algún rodeo,

saber si miente la fama

que ofrece el lugar primero

de la hermosura de España

a las hijas del de Avero,

o si la fama se engaña

y miente el vulgo ligero.

DOÑA JUANA.

Bien hay que estimar y ver;

pero no habéis de querer

que así tan de paso os goce.

DON ANT.

Si el de Avero me conoce

y me obliga a detener,

caer en falta recelo

con el Rey.

DOÑA JUANA.

Pues si eso pasa,

de mi gusto al vuestro apelo;

mas si sabe que en su casa

don Antonio de Barcelo,

conde de Penela, ha estado,

y que encubierto ha pasado,

cuando le pudo servir

en ella, lo ha de sentir

con exceso; que en su Estado

jamás llegó caballero

que por inviolables leyes

no le hospede.

DON ANT.

Así lo infiero;

que es nieto, en fin, de los reyes

de Portugal, el de Avero.

· · · · · · · · · · · · · · ·

ESCENA XV

_El_ DUQUE DE AVERO, _el_ CONDE DE ESTREMOZ, DOÑA SERAFINA, DOÑA

MAGDALENA.--DICHOS.

DUQUE.

Digo, conde don Duarte,

que todo se cumpla así.

CONDE.

Pues el Rey nuestro señor

favorece la privanza

del hijo del de Berganza,

y a vuestra hija mayor

os pide para su esposa,

escriba vuestra excelencia

que con su gusto y licencia

doña Serafina hermosa

lo será mía.

DUQUE.

Está bien.

CONDE.

Pienso que Su Majestad

me mira con voluntad,

y que lo tendrá por bien:

yo y todo le escribiré.

DUQUE.

No lo sepa Serafina

hasta ver si determina

el Rey que la mano os dé;

· · · · · · · · · · · · · · ·

DOÑA JUANA.

(_Hablando aparte con_ DON ANTONIO.)

Presto os habéis divertido.

Decid, ¿qué os han parecido

las hermanas, don Antonio?

DON ANT.

No sé el alma a cuál se inclina

ni sé lo que hacer ordena:

bella es doña Magdalena,

pero doña Serafina

es el sol de Portugal.

Por la vista el alma bebe

llamas de amor entre nieve

por el vaso de cristal

de su divina blancura:

la fama ha quedado corta

en su alabanza.

DUQUE.

Eso importa.

DON ANT.

Fénix es de la hermosura.

DUQUE.

Llegaos, Magdalena, aquí.

CONDE.

(_A_ DOÑA SERAFINA.)

Pues me da el Duque lugar,

mi serafín, quiero hablar,

si hay atrevimiento en mí

para que vuele tan alto

que a serafines me iguale.

DON ANT.

Prima, a ver el alma sale

por los ojos el asalto

que amor le da poco a poco:

ganaréme si me pierdo.

DOÑA JUANA.

Vos entrasteis, primo, cuerdo,

y pienso que saldréis loco.

DUQUE.

(_A_ DOÑA MAGDALENA.)

Hija, el Rey te honra y estima;

cuán bien te está considera.

DOÑA MAG.

Mi voluntad es de cera;

vuexcelencia en ella imprima

el sello que más le cuadre,

porque en mí sólo ha de haber

callar con obedecer.

DUQUE.

¡Mil veces dichoso padre

que oye tal!

CONDE.

(_A_ DOÑA SERAFINA.)

Las dichas mías,

como han subido al extremo

de su bien, que caigan temo.

DOÑA SER.

Conde, esas filosofías

ni las entiendo, ni son

de mi gusto.

CONDE.

Un serafín

bien puede alcanzar el fin

y el alma de una razón.

· · · · · · · · · · · · · · ·

DON ANT.

¡Qué agudamente responde!

Ya han esmaltado los cielos

el oro de amor con celos:

mucho me enfada este Conde.

DOÑA JUANA.

¡Pobre de vuestra esperanza,

si tal contrario la asalta!

DUQUE.

Un secretario me falta

de quien hacer confianza;

y aunque esta plaza pretenden

muchos, por diversos modos

de favores, entre todos,

pocos este oficio entienden.

Trabajo me ha de costar

en tal tiempo estar sin él.

DOÑA MAG.

A ser el pasado fiel,

era ingenio singular.

ESCENA XVI

[_Los pastores traen presos a_ MIRENO _y a_ TARSO. _Quieren hablar

todos a la vez y en su rusticidad no aciertan a explicar por qué han

prendido a aquellos dos hombres._]

DUQUE.

¡Hay mayor simplicidad!

Ni he entendido a lo que vienen,

ni por qué delito tienen

así estos hombres. Soltad

los presos, y decid vos

qué insulto habéis cometido,

para que os hayan traído

de aquesa suerte a los dos.

MIRENO.

(_De rodillas._) Si lo es el favorecer,

gran señor, a un desdichado,

perseguido y acosado

de tus gentes y poder,

y juzgas por temerario

haber trocado el vestido

por darle vida, yo he sido.

DUQUE.

¿Tú libraste al secretario?

Pero sí, que aquese traje

era suyo. Di, traidor,

¿por qué le diste favor?

MIRENO.

Vuexcelencia no me ultraje,

ni ese título me dé,

que no estoy acostumbrado

a verme así despreciado.

DUQUE.

¿Quién eres?

MIRENO.

No soy, seré;

que sólo por pretender

ser más de lo que hay en mí,

menosprecié lo que fuí

por lo que tengo de ser.

DUQUE.

No te entiendo.

DOÑA MAG.

(_Ap._) ¡Extraña audacia

de hombre! El poco temor

que muestra, dice el valor

que encubre. De su desgracia

me pesa.

DUQUE.

Di, ¿conocías

al traidor que ayuda diste?

Mas pues por él te pusiste

en tal riesgo, bien sabías

quién era.

MIRENO.

Supe que quiso

dar muerte a quien deshonró

su hermana, y después te dió

de su honrado intento aviso;

y enviándole a prender,

le libré de ti, espantado

por ver que el que está agraviado

persigas, debiendo ser

favorecido de ti,

por ayudar al que ha puesto

en riesgo su honor.

CONDE.

(_Ap._) ¿Qué es esto?

¿Ya anda derramada así

la injuria que hice a Leonela?

DUQUE.

¿Sabéis vos quién la afrentó?

MIRENO.

Supiéralo, señor, yo;

que a sabello...

DUQUE.

Fué cautela

del traidor para engañarte:

tú sabes adónde está,

y así, forzoso será,

si es que pretendes librarte,

decillo.

MIRENO.

¡Bueno sería,

cuando adónde está supiera,

que un hombre como yo hiciera

por temor tal villanía!

DUQUE.

¿Villanía es descubrir

un traidor? Llevalde preso;

que si no ha perdido el seso

y menosprecia el vivir,

él dirá dónde se esconde.

DOÑA MAG.

(_Ap._) Ya deseo de libralle,

que no merece su talle

tal agravio.

DUQUE.

Intento, Conde,

vengaros.

CONDE.

Él lo dirá.

TARSO.

(_Ap._) ¡Muy gentil ganancia espero!

DUQUE.

Vamos, que responder quiero

al Rey.

TARSO.

(_Ap. con_ MIR.) ¡Medrando se va

con la mudanza de estado,

y nombre de don Dionís!

DUQUE.

Viviréis, si lo decís.

MIRENO.

(_Ap._) La fortuna ha comenzado

a ayudarme: ánimo ten,

porque en ella es natural,

cuando comienza por mal,

venir a acabar en bien.

· · · · · · · · · · · · · · ·

(_Vanse los pastores, el_ DUQUE _y el_ CONDE.)

DOÑA MAG.

Mucho, doña Serafina,

me pesa ver llevar preso

aquel hombre.

DOÑA SER.

Yo confieso,

que a rogar por él me inclina

su buen talle.

DOÑA MAG.

¿Eso desea

tu afición? ¿Ya es bueno el talle?

Pues no tienes de libralle,

aunque lo intentes.

DOÑA SER.

No sea. (_Vanse._)

DOÑA JUANA.

¿Habéisos de ir esta tarde?

DON ANT.

¡Ay, prima! ¿Cómo podré,

si me perdí, si cegué?

¿Si amor, valiente, cobarde,

todo el tesoro me gana

del alma y la voluntad?

Sólo por ver su beldad

no he de irme hasta mañana.

DOÑA JUANA.

¡Bueno estáis! ¿Que amáis, en fin?

DON ANT.

Sospecho, prima querida,

que de mi contento y vida

Serafina será fin.

JORNADA SEGUNDA

ESCENA I

DOÑA MAG.

¿Qué novedades son éstas,

altanero pensamiento?

¿Qué torres sin fundamento

tenéis en el aire puestas?

· · · · · · · · · · · · · · ·

Ayer guardaban los cielos

el mar de vuestra esperanza,

con la tranquila bonanza

que agora inquietan desvelos.

Al Conde de Vasconcelos

o a mi padre di en su nombre

el sí; mas porque me asombre,

sin que mi honor lo resista,

se entró al alma, a escala vista,

por la misma vista un hombre.

Vióle en ella, y fuera exceso,

digno de culpar mi error,

a no saber que el amor

es niño, ciego y sin seso.

¿A un hombre extranjero y preso

a mi pesar, corazón,

habéis de dar posesión?

¿Amar al Conde no es justo?

Mas ¡ay! que atropella el gusto

las leyes de la razón.

· · · · · · · · · · · · · · ·

ESCENA II

DOÑA JUANA.--DOÑA MAGDALENA.

DOÑA JUANA.

Aquel mancebo dispuesto,

que ha estado preso hasta agora,

y tu intercesión, señora,

ya en libertad le ha puesto,

pretende hablarte.

DOÑA MAG.

(_Ap._) (¡Qué presto

valerse el amor procura

de la ocasión y ventura

que ha de ponerse en efeto!

Mas hace como discreto,

que amor todo es coyuntura.)

¿Sabes qué quiere?

DOÑA JUANA.

Pretende

del favor que ha recibido

por ti, ser agradecido.

DOÑA MAG.

(_Ap._) Áspides en rosas vende.

DOÑA JUANA.

¿Entrará?

DOÑA MAG.

(_Ap._) (Si preso prende,

si maltratado maltrata,

si atado las manos ata

las de mi gusto resuelto,

¿qué ha de hacer presente y suelto

quien ausente y preso mata?)

Dile que vuelva a la tarde,

que agora ocupada estoy.

Mas oye; no vuelva.

DOÑA JUANA.

Voy.

DOÑA MAG.

Escucha: di que se aguarde.

Mas váyase; que ya es tarde.

DOÑA JUANA.

¿Hase de volver?

DOÑA MAG.

¿No digo

que sí? Ve.

DOÑA JUANA.

Tu gusto sigo.

DOÑA MAG.

Pero torna; no se queje.

DOÑA JUANA.

Pues ¿qué diré?

DOÑA MAG.

Que me deje,

(_Ap._) (y que me lleve consigo.)

Anda, di que entre...

DOÑA JUANA.

Voy, pues.

(_Vase._)

ESCENA IV

MIRENO, DOÑA MAGDALENA.

MIRENO.

Aunque ha sido atrevimiento

el venir a la presencia,

señora, de vuexcelencia

mi poco merecimiento,

ser agradecido trato

al recebido favor;

porque el pecado mayor

es el que hace a un hombre ingrato.

Por haber favorecido

de un desdichado la vida

(que al noble es deuda debida)

me vi preso y perseguido;

pero en la misma moneda

me pagó el cielo sin duda,

pues libre con vuestra ayuda

mi vida, señora, queda.

¿Libre dije? Mal he hablado;

que el noble, cuando recibe,

cautivo y esclavo vive,

que es lo mismo que obligado.

· · · · · · · · · · · · · · ·

(_Arrodíllase._)

DOÑA MAG.

Levantaos del suelo.

MIRENO.

Así

estoy, gran señora, bien.

DOÑA MAG.

Haced lo que os digo. (_Ap._) (¿Quién

me ciega el alma? ¡Ay de mí!)

¿Sois portugués?

MIRENO.

Imagino

que sí.

DOÑA MAG.

¿Que lo imagináis?

Desa suerte, incierto estáis

de quién sois.

MIRENO.

Mi padre vino

al lugar en donde habita,

y es de alguna hacienda dueño,

trayéndome muy pequeño;

mas su trato lo acredita.

Yo creo que en Portugal

nacimos.

DOÑA MAG.

¿Sois noble?

MIRENO.

Creo

que sí, según lo que veo

en mi honrado natural,

que muestra más que hay en mí.

DOÑA MAG.

¿Y darán las obras vuestras,

si fuere menester, muestras

que sois noble?

MIRENO.

Creo que sí:

nunca de hacellas dejé.

DOÑA MAG.

Creo decís a cualquier punto;

¿crêis acaso que os pregunto

artículos de la fe?

MIRENO.

Por la que debe guardar

a la merced recebida

de vuexcelencia mi vida,

bien los puede preguntar,

que mi fe su gusto es.

DOÑA MAG.

¡Qué agradecido venís!--

¿Cómo os llamáis?

MIRENO.

Don Dionís.

DOÑA MAG.

Ya os tengo por portugués

y por hombre principal;

que en este reino no hay hombre

humilde de vuestro nombre,

porque es apellido real,

y sólo el imaginaros

por noble y honrado, ha sido

causa que haya intercedido

con mi padre a libertaros.

MIRENO.

Deudor os soy de la vida.

DOÑA MAG.

Pues bien; ya que libre estáis,

¿qué es lo que determináis

hacer de vuestra partida?

¿Dónde pensáis ir?

MIRENO.

Intento

ir, señora, donde pueda

alcanzar fama que exceda

a mi altivo pensamiento:

sólo aquesto me destierra

de mi patria.

DOÑA MAG.

¿En qué lugar

pensáis que podéis hallar

esa ventura?

MIRENO.

En la guerra;

que el esfuerzo hace capaz

para el valor que procuro.

DOÑA MAG.

¿Y no será más seguro,

que le adquiráis en la paz?

MIRENO.

¿De qué modo?

DOÑA MAG.

Bien podéis

granjealle, si dais traza

que mi padre os dé la plaza

de secretario, que veis

que está vaca agora, a falta

de quien la pueda suplir.

MIRENO.

No nació para servir

mi inclinación, que es más alta.

DOÑA MAG.

Pues cuando volar presuma,

las plumas le han de ayudar.

MIRENO.

¿Cómo he de poder volar

con solamente una pluma?

DOÑA MAG.

Con las alas del favor;

que el vuelo de una privanza,

mil imposibles alcanza.

MIRENO.

Del privar nace el temor,

como muestra la experiencia,

y tener temor no es justo.

DOÑA MAG.

Don Dionís, este es mi gusto.

MIRENO.

¿Gusto es de vuestra excelencia

que sirva al Duque? Pues alto.

Cúmplase, señora, ansí;

que ya de un vuelo subí

al primer móvil más alto.

Pues si en esto gusto os doy,

ya no hay subir más arriba:

como el Duque me reciba,

secretario suyo soy.

Vos, señora, lo ordenad.

DOÑA MAG.

Deseo vuestro provecho,

y ansí lo que veis he hecho;

que ya que os di libertad,

pesárame que en la guerra

la malograrais; yo haré

como esta plaza se os dé,

porque estéis en nuestra tierra.

MIRENO.

Mil años el cielo guarde

tal grandeza.

DOÑA MAG.

(_Ap._) Honor, huír;

que revienta por salir

por la boca amor cobarde. (_Vase._)

ESCENA V

MIRENO.

Pensamiento, ¿en qué entendéis?

Vos que a las nubes subís,

decidme: ¿qué colegís

de lo que aquí visto habéis?

declaraos, que bien podéis:

decidme, tanto favor

¿nace de sólo el valor

que a quien os honra ennoblece?

¿O erraré si me parece

que ha entrado a la parte amor?

¡Jesús! ¡Qué gran disparate!

Temerario atrevimiento

es el vuestro, pensamiento;

ni se imagine ni trate:

mi humildad el vuelo abate

con que sube el deseo vario;

mas, ¿por qué soy temerario

si imaginar me prometo

que me ama en lo secreto

quien me hace su secretario?

¿No estoy puesto en libertad

por ella? Y ya sin enojos,

por el balcón de sus ojos

¿no he visto su voluntad?

Amor me tiene.--Callad,

lengua loca; que es error

imaginar que el favor

que de su nobleza nace,

y generosa me hace,

está fundado en amor.

· · · · · · · · · · · · · · ·

ESCENAS VI A IX

[DON ANTONIO, _enamorado de_ DOÑA SERAFINA, _quiere quedarse en el

palacio del_ DUQUE, _aunque guardando el incógnito. Para ello solicita

y obtiene la plaza de secretario, vacante por la huída de_ RUY

LORENZO.]

ESCENA X

_Jardín del palacio._

EL DUQUE, DOÑA MAGDALENA.

DUQUE.

Si darme contento es justo,

no estés, hija, desa suerte;

que no consiste mi muerte

mas de en verte a ti sin gusto.

Esposo te dan los cielos

para poderte alegrar,

sin merecer tu pesar

el Conde de Vasconcelos.

A su padre el de Berganza,

pues que te escribió, responde;

escribe también al Conde,

y no vea yo mudanza

en tu rostro ni pesar,

si de mi vejez los días

con esas melancolías

no pretendes acortar.

DOÑA MAG.

Yo, señor, procuraré

no tenerlas, por no darte

pena, si es que un triste es parte

en sí de que otro lo esté.

DUQUE.

Si te diviertes, bien puedes.

DOÑA MAG.

Yo procuraré servirte;

y agora quiero pedirte,

entre las muchas mercedes

que me has hecho, una pequeña.

DUQUE.

Con condición que se olvide

aquesa tristeza, pide.

DOÑA MAG.

(_Ap._) (Honra, el amor os despeña.)

El preso que te pedí

librases, y ya lo ha sido,

de todo punto ha querido

favorecerse de mí:

con sólo esto, gran señor,

parece que me ha obligado:

y así, a mi cargo he tomado,

su remedio y tu favor.

Es hombre de buena traza

y tiene extremada pluma.

DUQUE.

Dime lo que quiere, en suma.

DOÑA MAG.

Quisiera entrar en la plaza

de secretario.

DUQUE.

Bien poco

ha que dársela pudiera;

aún no ha un cuarto de hora entera

que está ocupada.

DOÑA MAG.

(_Ap._) (Amor loco.

¡Muy bien despachado estáis!

Vos perderéis por cobarde,

pues acudistes tan tarde,

que con alas no voláis.)

DUQUE.

Por orden del camarero

a un mancebo he recibido,

que de Lisboa ha venido

con aquese intento a Avero;

y según lo que en él vi,

muestra ingenio y suficiencia.

DOÑA MAG.

Si gusta vuestra excelencia,

ya que mi palabra di,

y él está con esperanza

que le he de favorecer,

pues me manda responder

al Conde y al de Berganza,

sabiendo escribir tan mal,

quisiera que se quedara

en palacio, y me enseñara;

porque en mujer principal

falta es grande no saber

escribir cuando recibe

alguna carta, o si escribe,

que no se pueda leer.

Dándome algunas liciones,

más clara la letra haré.

DUQUE.

Alto, pues; lición te dé,

con que enmiendes tus borrones;

que en fin, con ese ejercicio

la pena divertirás,

pues la tienes porque estás

ociosa; que el ocio es vicio.

Entre por tu secretario.

DOÑA MAG.

Las manos quiero besarte.

ESCENA XI

CONDE.--DICHOS.

CONDE.

Señor...

DUQUE.

Conde don Duarte...

CONDE.

Con contento extraordinario

vengo.

DUQUE.

¿Cómo?

CONDE.

El Rey recibe

con gusto mi pretensión,

y sobre aquesta razón,

a vuestra excelencia escribe.

Dice que se servirá

Su Majestad de que elija,

para honrar mi casa, hija

de vuexcelencia, y tendrá

cuidado de aquí adelante

de hacerme merced.

DUQUE.

Yo estoy

contento deso, y os doy

nombre de hijo, aunque importante

será que disimuléis,

mientras doña Serafina

al nuevo estado se inclina;

porque ya, Conde, sabéis

cuán pesadamente lleva

esto de casarse agora.

CONDE.

Hará el alma, que la adora,

de su sufrimiento prueba.

DUQUE.

Yo haré las partes por vos

con ella; perded recelos:

el Conde de Vasconcelos

vendrá presto, y de las dos

las bodas celebraré

luego.

CONDE.

El esperar da pena.

DUQUE.

No estéis triste, Magdalena.

DOÑA MAG.

Yo, señor, me alegraré

por dar gusto a vuexcelencia.

DUQUE.

Vamos a ver lo que escribe

el Rey.

CONDE.

Quien espera y vive,

bien ha menester paciencia.

(_Vanse el_ DUQUE _y el_ CONDE.)

ESCENAS XII A XV

[DOÑA SERAFINA _ensaya en el jardín su papel para una representación

dramática que ha de celebrarse en el palacio de Avero._ DON ANTONIO,

_por mediación de_ DOÑA JUANA, _está oculto en el jardín con un pintor

encargado de hacer en secreto un retrato de_ DOÑA SERAFINA, _la cual,

vestida de hombre e ignorante de que la están retratando, declama con

gran entusiasmo los versos de la comedia que ha de representar_.]

ESCENA XVI

_Habitación de doña Magdalena._

DOÑA MAGDALENA, MIRENO.

DOÑA MAG.

Mi maestro habéis de ser

desde hoy.

MIRENO.

¿Qué ha visto en mí,

vuestra excelencia, que así

me procura engrandecer?

Dará lición al maestro

el discípulo desde hoy.

DOÑA MAG.

(_Ap._) ¡Qué claras señales doy

del ciego amor que le muestro!

MIRENO.

(_Ap._) ¿Qué hay que dudar, esperanza?

Esto, ¿no es tenerme amor?

Dígalo tanto favor,

muéstrelo tanta privanza.

Vergüenza, ¿por qué impedís

la ocasión que el cielo os da?

Daos por entendido ya.

DOÑA MAG.

Como tengo, don Dionís,

tanto amor...

MIRENO.

(_Ap._) Ya se declara,

¡ya dice que me ama, cielos!

DOÑA MAG.

Al Conde de Vasconcelos,

antes que venga, gustara,

no sólo hacer buena letra,

pero saberle escribir,

y por palabras decir

lo que el corazón penetra;

que el poco uso que en amar

tengo, pide que me adiestre

esta experiencia, y me muestre

cómo podré declarar

lo que tanto al alma importa

y el amor mismo me encarga,

que soy en quererle larga

y en significarlo corta.

En todo os tengo por diestro;

y así me habéis de enseñar

a escribir, y a declarar

al Conde mi amor, maestro.

MIRENO.

(_Ap._) ¿Luego no fué en mi favor,

pensamiento lisonjero,

sino porque sea tercero

del Conde? ¿Veis, loco amor,

cuán sin fundamento y fruto

torres habéis levantado

de quimeras, que ya han dado

en el suelo? Como el bruto

en esta ocasión he sido,

en que la estatua iba puesta,

haciéndole el pueblo fiesta,

que loco y desvanecido

creyó que la reverencia,

no a la imagen que traía,

sino a él sólo se hacía;

y con brutal impaciencia

arrojalla de sí quiso,

hasta que se apaciguó

con el castigo, y cayó

confuso en su necio aviso.

¿Así el favor corresponde,

con que me he desvanecido?

Basta; que yo el bruto he sido

y la estatua es sólo el Conde.

Bien puedo desentonarme,

que no es la fiesta por mí.

DOÑA MAG.

(_Ap._) (Quise deslumbrarle así,

que fué mucho declararme.)

Mañana comenzaréis,

maestro, a darme lición.

MIRENO.

Servirte es mi inclinación.

DOÑA MAG.

Triste estáis.

MIRENO.

¿Yo?

DOÑA MAG.

¿Qué tenéis?

MIRENO.

Ninguna cosa.

DOÑA MAG.

(_Ap._) (Un favor

me manda amor que le dé.)

¡Válgame Dios! Tropecé...

(_Ap._) (Que siempre tropieza amor.)

(_Tropieza y da la mano a_ MIRENO.)

El chapín se me torció.

MIRENO.

(_Ap._) (¡Cielos! ¿Hay ventura igual?)

¿Hízose acaso algún mal

vuexcelencia?

DOÑA MAG.

Creo que no.

MIRENO.

(_Ap._) (¡Que la mano la tomé!)

DOÑA MAG.

Sabed que al que es cortesano

le dan, al darle la mano,

para muchas cosas pie. (_Vase._)

MIRENO.

“¡Le dan, al darle la mano,

para muchas cosas pie!”

De aquí, ¿qué colegiré?

Decid, pensamiento vano:

en aquesto, ¿pierdo o gano?

¿Qué confusión, qué recelos

son aquéstos? Decid, cielos,

¿esto no es amor? Mas no,

que llevo la estatua yo

del Conde de Vasconcelos.

Pues ¿qué enigma es darme pie

la que su mano me ha dado?

Si sólo el Conde es amado,

¿qué es lo que espero? ¿Qué sé?

Pie o mano, decid: ¿por qué

dais materia a mis desvelos?

Confusión, amor, recelos,

¿soy amado? Pero no,

que llevo la estatua yo

del Conde de Vasconcelos.

El pie que me dió, será

pie para darla lición,

en que escriba la pasión

que el Conde y su amor la da.

Vergüenza, sufrí y callá;

bajad ya, atrevidos vuelos,

vuestra ambición, si a los cielos

mi desatino os subió,

que llevo la estatua yo

del Conde de Vasconcelos.

JORNADA TERCERA

ESCENAS I A VI

[RUY LORENZO _se refugia en la casa de_ LAURO, _padre de_ MIRENO, _y

le refiere que si intentó la muerte del_ CONDE DE ESTREMOZ _fué para

vengar a una hermana suya a la cual había dado el_ CONDE _palabra de

casamiento._ LAURO _se lamenta de la fuga de su hijo_ MIRENO, _y en su

dolor dice que él no es pastor ni se llama_ LAURO, _sino que es el_

DUQUE DE COÍMBRA.]

LAURO.

· · · · · · · · · · · · · · ·

Murió el Rey de Portugal,

mi hermano, en la primavera

de su juventud lozana;

mas la muerte, ¿qué no seca?

De seis años dejó un hijo,

que agora, ya hombre, intenta

acabar mi vida y honra;

y dejando la tutela

y el gobierno destos reinos

solos a mí y a la Reina.

Murió el Rey, sobre el gobierno

hubo algunas diferencias

entre mí y la Reina viuda;

porque jamás la soberbia

supo admitir compañía

en el reinar, y las lenguas

de envidiosos lisonjeros

siempre disensiones siembran.

· · · · · · · · · · · · · · ·

Pero cesó el alboroto

porque, aunque era moza y bella

la Reina, un mal repentino

dió con su ambición en tierra.

Murió, en fin; gocé el gobierno

portugués sin competencia,

hasta que fué Alfonso quinto

de bastante edad y fuerzas.

Caséle con una hija

que me dió el cielo, Isabela

por nombre, aunque desdichada,

pues ni la estima ni precia.

Juntáronsele al Rey mozo

mil lisonjeros, que cierran

a la verdad en Palacio,

como es costumbre, las puertas.

Entre ellos un mi enemigo,

de humilde naturaleza,

Vasco Fernández por nombre,

gozó la privanza excelsa:

y queriendo derribarme

para asegurarse en ella,

a mi propio hermano induce,

y para engañarle, ordena

hacerle entender que quiero

levantarme con sus tierras,

y combatirle a Berganza,

siendo Duque por mí della.

· · · · · · · · · · · · · · ·

Creyólo, desposeyóme

de mi Estado y las riquezas

que en el gobierno adquirí:

llevóme a una fortaleza,

donde sin bastar los ruegos,

ni lágrimas de Isabela,

mi hija y su esposa, manda

que me corten la cabeza.

Supe una noche propicia

el rigor de la sentencia;

· · · · · · · · · · · · · · ·

me descolgué de los muros,

y en aquella noche mesma

di aviso que me siguiese

a mi esposa, la Duquesa.

Supo el Rey mi fuga, y manda

que al són de roncas trompetas

me publiquen por traidor,

dando licencia a cualquiera

para quitarme la vida,

poniendo mortales penas

a quien, sabiendo de mí,

no me lleve a su presencia.

· · · · · · · · · · · · · · ·

Murió mi esposa querida,

y un hijo hermoso me deja,

que en este traje criado,

comprando ganado y tierras,

y hecho de duque pastor,

ha ya veinte primaveras

que han dado flores a mayo,

hierba al prado y a mí penas.

· · · · · · · · · · · · · · ·

ESCENA VII

(_Habitación de doña Magdalena._)

DOÑA JUANA, DOÑA MAGDALENA.

DOÑA JUANA.

Don Dionís, señora, viene

a darte lición. (_Vase._)

DOÑA MAG.

Tirso de Molina · 第 4 / 5 段