A dar

lición vendrá de callar,

pues aun palabras no tiene.

De suerte me trata amor,

que mi pena no consiente

más silencio; abiertamente

le declararé mi amor,

contra el común orden y uso,

mas tiene de ser de modo

que, diciéndoselo todo,

le he de dejar más confuso.

(_Siéntase en una silla y finge que duerme._)

ESCENA VIII

MIRENO, DOÑA MAGDALENA.

MIRENO.

¿Qué me manda vuexcelencia?

¿Es hora de dar lición?

(_Ap._) (Ya comienza el corazón

a temblar en su presencia.

Pues que calla, no me ha visto;

sentada sobre la silla,

con la mano en la mejilla

está.)

DOÑA MAG.

(_Ap._) En vano me resisto.

Yo quiero dar a entenderme,

como que dormida estoy.

[Ilustración:

Yo quiero dar a entenderme

como que dormida estoy.]

MIRENO.

Don Dionís, señora, soy.--

No me responde. ¿Si duerme?

Durmiendo está. Atrevimiento,

agora es tiempo; llegad

a contemplar la beldad

que ofusca mi entendimiento.

Cerrados tiene los ojos,

llegar puedo sin temor;

que si son flechas de amor,

no me podrán dar enojos.

¿Hizo el autor soberano

de nuestra naturaleza

más acabada belleza?

Besarla quiero una mano.

¿Llegaré? Sí; pero no,

que es la reliquia divina,

y mi humilde boca indina

de tocarla. Pero yo

soy hombre ¡y tiemblo! ¿Qué es esto?

Ánimo. ¿No duerme? Sí.

(_Llega, y se retira._)

Voy. ¿Si despierta? ¡Ay de mí!

Que el peligro es manifiesto,

· · · · · · · · · · · · · · ·

El temor al amor venza:

afuera quiero esperar.

DOÑA MAG.

(_Ap._) ¡Que no se atrevió a llegar!

¡Mal haya tanta vergüenza!

MIRENO.

No parezco bien aquí

solo, pues durmiendo está.

Yo me voy. (_Ap._)

DOÑA MAG.

(¿Que al fin se va?)

(_Fingiendo que habla dormida._)

Don Dionís...

MIRENO.

¿Llamóme? Sí.

¡Qué presto que despertó!

Miren ¡qué bueno quedara

si mi intento ejecutara!

¿Está despierta? Mas no,

que en sueños pienso que acierta

mi esperanza entretenida,

y quien me llama dormida

no me quiere mal despierta.

¿Si acaso soñando está

en mí? ¡Ay, cielos! ¿Quién supiera

lo que dice?

DOÑA MAG.

No os vais fuera;

llegaos, don Dionís, acá.

MIRENO.

Llegar me manda en su sueño.

¡Qué venturosa ocasión!

Obedecella es razón,

pues, aunque duerme, es mi dueño.

Amor, acabad de hablar;

no seáis corto.

DOÑA MAG.

Don Dionís,

ya que a enseñarme venís

a un tiempo a escribir y amar

al Conde de Vasconcelos...

MIRENO.

¡Ay, celos! ¿Qué es lo que veis?

DOÑA MAG.

Quisiera ver si sabéis

qué es amor y qué son celos:

porque será cosa grave

que ignorante por vos quede,

pues que ninguno otro puede

enseñar lo que no sabe.

Decidme, ¿tenéis amor?

¿De qué os ponéis colorado?

¿Qué vergüenza os ha turbado?

Responded, dejá el temor;

que el amor es un tributo

y una deuda natural

en cuantos viven, igual

desde el ángel hasta el bruto.

Si esto es verdad, ¿para qué

os avergonzáis así?

¿Queréis bien? --Señora, sí.--

¡Gracias a Dios que os saqué

una palabra siquiera!

· · · · · · · · · · · · · · ·

¿Y habéis dicho a vuestra dama

vuestro amor? --No me he atrevido.

--¿Luego nunca lo ha sabido?

--Como el amor todo es llama

bien lo habrá echado de ver

por los ojos lisonjeros,

que son mudos pregoneros.

--La lengua tiene de hacer

ese oficio; que no entiende

distintamente quien ama

esa lengua que se llama

algarabía de allende.

¿No os ha dado ella ocasión

para declararos? --Tanta,

que mi cortedad me espanta.

--Hablad, que esa suspensión

hace a vuestro amor agravio.

--Temo perder por hablar

lo que gozo por callar.

--Eso es necedad; que un sabio

al que calla y tiene amor

compara a un lienzo pintado

de Flandes, que está arrollado.

Poco medrará el pintor

si los lienzos no descoge

que al vulgo quiere vender

para que los pueda ver.

El palacio nunca acoge

la vergüenza: esa pintura

desdoblad, pues que se vende,

que el mal que nunca se entiende

difícilmente se cura.

--Sí; mas la desigualdad

que hay, señora, entre los dos,

me acobarda. --Amor, ¿no es dios?

--Sí, señora. --Pues hablad;

que sus absolutas leyes

saben abatir monarcas,

e igualar con las abarcas

las coronas de los reyes.

Yo os quiero ser medianera:

decidme a mí a quién amáis.

--No me atrevo. --¿Qué dudáis?

¿Soy mala para tercera?

--No; pero temo, ¡ay de mí!

--¿Y si yo su nombre os doy?

¿Diréis si es ella, si soy

yo acaso? --Señora, sí.

--¡Acabara yo de hablar!

¿Mas que sé que os causa celos

el Conde de Vasconcelos?

--Háceme desesperar;

que es, señora, vuestro igual

y heredero de Berganza.

--La igualdad y semejanza

no está en que sea principal,

o humilde y pobre el amante,

sino en la conformidad

del alma y la voluntad.

Declaraos de aquí adelante,

don Dionís; a esto os exhorto;

que en juegos de amor no es cargo

tan grande un cinco de largo

como es un cinco de corto.

Días ha que os preferí

al Conde de Vasconcelos.

MIRENO.

¡Qué escucho, piadosos cielos!

(_Da un grito_ MIRENO, _y hace que despierta_ DOÑA MAGDALENA.)

DOÑA MAG.

¡Ay, Jesús! ¿Quién está aquí?

¿Quién os trajo a mi presencia,

don Dionís?

MIRENO.

Señora mía...

DOÑA MAG.

¿Qué hacéis aquí?

MIRENO.

Yo venía

a dar a vuestra excelencia

lición; halléla durmiendo,

y mientras que despertaba,

aquí, señora, aguardaba.

DOÑA MAG.

Dormíme, en fin, y no entiendo

de qué pudo sucederme;

que es gran novedad en mí

quedarme dormida ansí. (_Levántase._)

MIRENO.

Si sueña, siempre que duerme

vuestra excelencia, del modo

que agora, ¡dichoso yo!

DOÑA MAG.

(_Ap._) ¡Gracias al cielo que habló

este mudo!

MIRENO.

(_Ap._) Tiemblo todo.

DOÑA MAG.

¿Sabéis vos lo que he soñado?

MIRENO.

Poco es menester saber

para eso.

DOÑA MAG.

Debéis de ser

otro José.

MIRENO.

Su traslado

en la cortedad he sido,

pero no en adivinar.

DOÑA MAG.

Acabad de declarar

cómo el sueño habéis sabido.

MIRENO.

Durmiendo vuestra excelencia,

por palabras le ha explicado.

DOÑA MAG.

¡Válame Dios!

MIRENO.

Y he sacado

en mi favor la sentencia,

que falta ser confirmada,

para hacer mi dicha cierta,

por vuexcelencia despierta.

DOÑA MAG.

Yo no me acuerdo de nada.

Decídmelo; podrá ser

que me acuerde de algo agora.

MIRENO.

No me atrevo, gran señora.

DOÑA MAG.

Muy malo debe de ser,

pues no me lo osáis decir.

MIRENO.

No tiene cosa peor

que haber sido en mi favor.

DOÑA MAG.

Mucho lo deseo oír:

acabad ya, por mi vida.

MIRENO.

Es tan grande el juramento,

que anima mi atrevimiento.

Vuestra excelencia dormida...

--Tengo vergüenza.--

DOÑA MAG.

Acabad;

que estáis, don Dionís, pesado.

MIRENO.

Abiertamente ha mostrado

que me tiene voluntad.

DOÑA MAG.

¿Yo? ¿Cómo?

MIRENO.

Alumbró mis celos,

y en sueños me ha prometido...

DOÑA MAG.

¿Sí?

MIRENO.

Que he de ser preferido

al Conde de Vasconcelos.

Mire si en esta ocasión

son los favores pequeños.

DOÑA MAG.

Don Dionís, no creáis en sueños,

que los sueños, sueños son. (_Vase._)

ESCENA IX

MIRENO.

¿Ahora sales con eso?

Cuando sube mi esperanza,

¡carga el desdén la balanza

y se deja en fiel el peso!

· · · · · · · · · · · · · · ·

Calle el alma su pasión

y sirva a mejores dueños,

sin dar crédito a más sueños,

que los sueños, sueños son.

ESCENAS X A XVI

[DON ANTONIO _declara su amor a_ DOÑA SERAFINA. _Esta le rechaza y

le afea su conducta por haberse fingido secretario del_ DUQUE. DON

ANTONIO, _al verse así despreciado, arroja a los pies de_ DOÑA SERAFINA

_el retrato que hizo pintar en el jardín, y se marcha indignado_.

DOÑA SERAFINA _examina el retrato y nota que aquel hombre tiene con

ella un extraordinario parecido. Deseando saber quién es el retratado,

llama nuevamente al_ CONDE DON ANTONIO _para que se lo confiese; y el_

CONDE _inventa un nuevo ardid para conseguir el amor de_ SERAFINA.

_Dice que él no está directamente interesado en aquel amor y que se

introdujo fraudulentamente en Palacio para servir de mediador entre_

DOÑA SERAFINA _y_ DON DIONÍS DE COÍMBRA, _el cual se enamoró de ella un

día que estuvo en Avero disfrazado de pastor.--Aquel retrato es de_ DON

DIONÍS. DOÑA SERAFINA _cree el embuste y accede a tener aquella noche

una entrevista con el_ DON DIONÍS _del retrato_.]

ESCENA XVII

_Habitación de doña Magdalena._

EL DUQUE, DOÑA MAGDALENA; _después_ MIRENO.

DUQUE.

Quiero veros dar lición;

que la carta que ayer vi

para el Conde, en que leí

del sobrescrito el renglón,

me contentó. Ya escribís

muy claro.

DOÑA MAG.

Y aún no lo entiende

con ser tan claro, y se ofende

mi maestro don Dionís. (_Sale_ MIRENO.)

MIRENO.

¿Llámame vuestra excelencia?

DOÑA MAG.

Sí; que el Duque, mi señor,

quiere ver si algo mejor

escribo. Vos experiencia

tenéis de cuán escribana

soy; ¿no es verdad?

MIRENO.

Sí, señora.

DOÑA MAG.

Escribí, no ha un cuarto de hora,

medio dormida, una plana

tan clara, que la entendiera

aun quien no sabe leer.

¿No me doy bien a entender,

don Dionís?

MIRENO.

Muy bien.

DOÑA MAG.

Pudiera

serviros, según fué buena,

de materia para hablar

en su loor.

MIRENO.

Con callar

la alabo: sólo condena

mi gusto el postrer renglón,

por más que la pluma excuso,

porque estaba muy confuso.

DOÑA MAG.

Diréislo por el borrón

que eché a la postre.

MIRENO.

¿Pues no?

DOÑA MAG.

Pues adrede le eché allí.

MIRENO.

Sólo el borrón corregí,

porque lo demás borró.

DOÑA MAG.

Bien lo pudisteis quitar,

que un borrón no es mucha mengua.

MIRENO.

¿Cómo?

DOÑA MAG.

(_Aparte a_ MIRENO.)

El borrón con la lengua

se quita, y no con callar.--

Ahora bien, cortá una pluma.

MIRENO.

Ya, gran señora, la corto.

DOÑA MAG.

(_Enojada._) Acabad, que sois muy corto.

Vuestra excelencia presuma

que de vergüenza no sabe

hacer cosa de provecho.

DUQUE.

Con todo, estoy satisfecho

de su letra.

DOÑA MAG.

Es cosa grave

el dalle avisos por puntos,

sin que aproveche. Acabad.

DUQUE.

Magdalena, reportad.

MIRENO.

¿Han de ser cortos los puntos?

DOÑA MAG.

¡Qué amigo sois de lo corto!

Largos los pido; cortaldos

de aqueste modo, o dejaldos.

MIRENO.

Ya, gran señora, los corto.

DUQUE.

¡Qué mal acondicionada

sois!

DOÑA MAG.

Un hombre vergonzoso

y corto, es siempre enfadoso.

MIRENO.

Ya está la pluma cortada.

DOÑA MAG.

Mostrad. ¡Y qué mala! ¡Ay Dios!

(_Pruébala y arrójala._)

DUQUE.

¿Por qué la echáis en el suelo?

DOÑA MAG.

¡Siempre me la dais con pelo!

Líbreme el cielo de vos.

Quitalde con el cuchillo.

No sé de vos qué presuma;

siempre con pelo la pluma

(_Ap._) y la lengua con frenillo.

MIRENO.

(_Ap._) Propicios me son los cielos;

todo esto es en mi favor.

ESCENA XVIII

EL CONDE.--DICHOS.

CONDE.

Dadme albricias, gran señor;

el Conde de Vasconcelos

está sólo una jornada

de vuestra villa.

DOÑA MAG.

(_Ap._) ¡Ay de mí!

CONDE.

Mañana llegará aquí,

porque trae tan limitada,

dicen, del Rey la licencia,

que no hará más de casarse

mañana, y luego tornarse.

Apreste vuestra excelencia

lo necesario, que yo

voy a recebirle luego.

DUQUE.

¿No me escribe?

CONDE.

Aqueste pliego.

DUQUE.

Hija, la ocasión llegó

que deseo.

DOÑA MAG.

(_Ap._) Saldrá vana.

MIRENO.

(_Ap._) ¡Ay, cielo!

DOÑA MAG.

(_Ap._) Mi bien suspira.

DUQUE.

Vamos, deja aqueso y mira

que te has de casar mañana.

(_Vanse el_ DUQUE _y el_ CONDE.)

DOÑA MAG.

(_Escribe._) Don Dionís, en acabando

de escribir aquí, leed

este billete, y haced

luego lo que en él os mando.

MIRENO.

Si ya la ocasión perdí,

¿qué he de hacer? ¡Ay, suerte dura!

DOÑA MAG.

Amor todo es coyuntura. (_Vase._)

ESCENA XIX

MIRENO.

Fuése. El papel dice ansí:

(_Lee._) _No da el tiempo más espacio:_

_esta noche en el jardín_

_tendrán los temores fin_

_del Vergonzoso en Palacio._

¡Cielos! ¿Qué escucho? ¿Qué veo?

¿Esta noche? ¡Hay más ventura!

¿Si lo sueño? ¿Si es locura?

No es posible, no lo creo.

_Esta noche en el jardín..._

¡Vive Dios, que está aquí escrito

mi bien! A buscar a Brito

voy. ¿Hay más dichoso fin?

Presto en tu florido espacio

dará envidia entre mis celos

al Conde de Vasconcelos

_el Vergonzoso en Palacio_. (_Vase._)

ESCENA XX

[LAURO _sabe que su hijo está en Avero y decide ir a verle_.]

ESCENA XXII

_Palacio del_ DUQUE, _con jardín. Es de noche._

DOÑA JUANA _y_ DOÑA SERAFINA, _a una ventana_.

DOÑA SER.

¡Ay, querida doña Juana!

Nota de mi fama doy;

mas si no me declaro hoy,

me casa el Duque mañana.

DOÑA JUANA.

Don Dionís, señora, es tal,

que no llega don Duarte

con la más mínima parte

a su valor. Portugal

por su padre llora hoy día;

para en uno sois los dos;

gozaos mil años.

DOÑA SER.

¡Ay, Dios!

DOÑA JUANA.

No temas, señora mía,

que mi primo fué por él;

presto le traerá consigo.

DOÑA SER.

Él tiene un notable amigo.

DOÑA JUANA.

Pocos se hallarán como él.

ESCENA XXIII

DON ANTONIO _y después_ TARSO, _como de noche_.--DICHAS.

DON ANT.

Hoy, amor, vuestras quimeras

de noche me han convertido

en un don Dionís fingido

y un don Antonio de veras.

Por uno y otro he de hablar.

Gente siento a la ventana.

DOÑA JUANA.

Ruido suena; no fué vana

mi esperanza.

TARSO.

Este lugar

mi dichoso don Dionís

me manda que mire y ronde

por si hay gente.

DOÑA JUANA.

Ce: ¿es el Conde?

DON ANT.

Sí, mi señora.

DOÑA JUANA.

¿Venís

con don Dionís?

TARSO.

(_Ap._) ¿Cómo es esto?

¿Don Dionís? La burla es buena.

¿Mas si es doña Magdalena?

Reconocer este puesto

me manda, porque le avise

si anda gente, y me parece

que otro en su lugar se ofrece;

y que le ronde, ande y pise,

vaya; mas que es don Dionís,

eso no.

DON ANT.

Conmigo viene

un don Dionís, que os previene

el alma, que ya adquirís,

para ofrecerse a esas plantas.

Hablad, don Dionís; ¿qué hacéis?

(_Finge la voz._)

¿Que estoy suspenso no veis,

contemplando glorias tantas?

Pagar lo mucho que os debo

con palabras será mengua,

y ansí refreno la lengua,

porque en ella no me atrevo.

Mas, señora, amor es dios,

y por mí podrá pagar.

DOÑA JUANA.

(_Ap._) ¡Bien sabe disimular

el habla!

DOÑA SER.

¿No tenéis vos

crédito para pagarme

esta deuda?

DON ANT.

No lo sé;

mas buen fiador os daré:

el Conde puede fiarme.--

Yo os fío.

TARSO.

(_Ap._) ¡Válgate el diablo!

sólo un hombre es, vive Dios,

y parece que son dos.

DON ANT.

Con mucho peligro os hablo

aquí; haced mi dicha cierta,

y tengan mis penas fin.

DOÑA SER.

Pues ¿qué queréis?

DON ANT.

Del jardín

tengo ya franca la puerta.

DOÑA JUANA.

Mira que suele rondarte

don Duarte, señora mía,

y que si aguardas al día,

has de ser de don Duarte;

cualquier dilación es mala.

DOÑA SER.

¡Ay, Dios!

DOÑA JUANA.

¡Qué tímida eres!

¿Entrará?

DOÑA SER.

Haz lo que quisieres.

DON ANT.

Don Dionís, amor te iguala

a la ventura mayor

que pudo dar: corresponde

a tu dicha. --Amigo Conde,

por vuestra industria y favor

he adquirido tanto bien:

dadme esos brazos; yo soy

tu amigo, Conde, desde hoy.--

Yo vuestro esclavo. --Está bien:

dará el tiempo testimonio

desta deuda. --Aquí te aguardo,

que así mis amigos guardo:

entrad. --Adiós, don Antonio.

(_Éntrase._)

DOÑA SER.

¿Entró?

DOÑA JUANA.

Sí.

DOÑA SER.

¡Que deste modo

fuerce amor a una mujer!

Mas por sólo no lo ser

del de Estremoz, poco es todo.

(_Vanse de la ventana._)

· · · · · · · · · · · · · · ·

ESCENA XXIV

MIRENO, _de noche_.--TARSO.

MIRENO.

Él se debió de quedar,

como acostumbra, dormido.

TARSO.

Ya queda sustituído

por otro aquí tu lugar.

MIRENO.

¿Qué dices, necio? Responde:

vienes aquí a ver si hay gente,

¡y estáste aquí, impertinente!

TARSO.

Gente ha habido.

MIRENO.

¿Quién?

TARSO.

Un Conde,

y un don Dionís de tu nombre,

que es uno y parecen dos.

MIRENO.

¿Estás sin seso?

TARSO.

Por Dios,

que acaba de entrar un hombre

con tu doña Magdalena,

que, o es colegial trilingüe,

o a sí propio se distingue,

o es tu alma que anda en pena.

Más sabe que veinte Ulises.

Algún traidor te ha burlado,

o yo este enredo he soñado,

o aquí hay dos don Dionises.

MIRENO.

Soñástelo.

TARSO.

¡Norabuena!

ESCENA XXV

DOÑA MAGDALENA, _a la ventana_.--MIRENO, TARSO.

DOÑA MAG.

¿Si habrá don Dionís venido?

TARSO.

A la ventana ha salido

un bulto.

DOÑA MAG.

¡Ay Dios! Gente suena.

Ce: ¿es don Dionís?

MIRENO.

Mi señora,

yo soy ese venturoso.

DOÑA MAG.

Entrad, pues, mi vergonzoso.

(_Vase de la ventana._)

MIRENO.

¿Crês, que lo soñaste agora?

TARSO.

No sé.

MIRENO.

Si mi cortedad

fué vergüenza, adiós vergüenza;

que seréis, como no os venza,

desde agora necedad. (_Vase._)

· · · · · · · · · · · · · · ·

ESCENAS XXVI Y XXVII

[LAURO, RUY LORENZO _y algunos pastores llegan a Avero en el momento en

que un heraldo publica el siguiente bando_:]

“El rey nuestro señor, Alfonso el V, manda: Que en todos sus Estados

reales, con solemnes y públicos pregones, se publique el castigo que

en Lisboa se hizo del traidor Vasco Fernández, por las traiciones que

a su tío el duque don Pedro de Coímbra ha levantado, a quien por leal

vasallo y noble, y en todos sus Estados restituye; mandando que en

cualquier parte que asista, si es vivo, le respeten como a él mismo;

y si es muerto, su imagen hecha al vivo pongan sobre un caballo, y

una palma en la mano, le lleven a su corte, saliendo a recebirle

los lugares: y declara a los hijos que tuviere por herederos de su

patrimonio, dando a Vasco Fernández y a sus hijos por traidores,

sembrándoles sus casas de sal, como es costumbre en estos reinos, desde

el antiguo tiempo de los godos. Mándase pregonar para que venga a

noticia de todos.”

· · · · · · · · · · · · · · ·

[Ilustración:

“El rey, vuestro Señor,

Alfonso el V, manda...”]

LAURO.

Gracias a vuestra piedad,

recto Juez, clemente y sabio,

que volvéis por mi justicia.

RUY.

El parabién quiero daros

con las lágrimas que vierto:

gocéisle, Duque, mil años.

DUQUE.

¿Qué labradores son éstos,

que hacen extremos tantos?

CONDE.

¡Ah, buena gente! Mirad

que os llama el Duque.

LAURO.

Trabajos,

si me habéis tenido mudo,

ya es tiempo de hablar. ¿Qué aguardo?

Dadme aquesos brazos nobles,

Duque ilustre, primo caro.

Don Pedro soy.

DUQUE.

¡Santos cielos,

dos mil gracias quiero daros!

CONDE.

¡Gran Duque! ¡En aqueste traje!

LAURO.

En éste me he conservado

con vida y honra hasta agora.

· · · · · · · · · · · · · · ·

DUQUE.

Es el Conde de Estremoz,

a quien la palabra he dado

de casalle con mi hija

la menor, y agora aguardo

al Conde de Vasconcelos,

sobrino vuestro.

LAURO.

Mi hermano

estará ya arrepentido,

si traidores le engañaron.

DUQUE.

Doile a doña Magdalena,

mi hija mayor.

LAURO.

Sois sabio

en escoger tales yernos.

DUQUE.

Y venturoso otro tanto,

en que seréis su padrino.

RUY.

(_Ap._) Aunque el Conde me ha mirado,

no me ha conocido. ¡Ay cielos!

¿Quién vengará mis agravios?

DUQUE.

Hola, llamad a mis hijas,

que de suceso tan raro,

por la parte que les toca,

es bien darles cuenta...

ESCENA XXVIII

DOÑA MAGDALENA, DOÑA SERAFINA. DOÑA JUANA.--DICHOS.

DOÑA MAG.

¿Qué manda vuestra excelencia?

DUQUE.

Que beséis, hijas, las manos

al gran Duque de Coímbra,

vuestro tío.

DOÑA MAG.

¡Caso raro!

LAURO.

Lloro de contento y gozo.

DOÑA SER.

(_Ap._) Mi suerte y ventura alabo:

ya segura gozaré

mi don Dionís, pues ha dado

fin el cielo a sus desdichas.

LAURO.

Gocéis, sobrinas, mil años,

los esposos que os esperan.

DOÑA SER.

El cielo guarde otros tantos

la vida de vuexcelencia.

DOÑA MAG.

Si la mía estima en algo,

le suplico, así propicios

de aquí adelante los hados

le dejen ver reyes nietos

y venguen de sus contrarios,

que este casamiento impida.

DUQUE.

¿Cómo es eso?

DOÑA MAG.

Aunque el recato

de la mujeril vergüenza

cerrarme intente los labios,

digo, señor, que ya estoy

casada.

DUQUE.

¡Cómo! ¿Qué aguardo?

¿Estás sin seso, atrevida?

DOÑA MAG.

El cielo y amor me han dado

esposo, aunque humilde y pobre,

discreto, mozo y gallardo.

DUQUE.

¿Qué dices, loca? ¿Pretendes

que te mate?

DOÑA MAG.

El secretario

que me diste por maestro

es mi esposo.

DUQUE.

Cierra el labio.

¡Ay, desdichada vejez!

Vil, ¿por un hombre tan bajo

al Conde de Vasconcelos

desprecias?

DOÑA MAG.

Ya le ha igualado

a mi calidad amor,

que sabe humillar los altos

y ensalzar a los humildes.

DUQUE.

Daréte la muerte.

LAURO.

Paso,

que es mi hijo vuestro yerno.

DUQUE.

¿Cómo es eso?

LAURO.

El secretario

de mi sobrina, vuestra hija,

es Mireno, a quien ya llamo

don Dionís, y mi heredero.

DUQUE.

Ya vuelvo en mí: por bien dado

doy mi agravio de ese modo.

DOÑA MAG.

¿Hijo es vuestro? ¡Ay, Dios! ¿Qué aguardo,

que no beso vuestros pies?

DOÑA SER.

Eso no, porque es engaño:

don Dionís, hijo del Duque

de Coímbra, es quien me ha dado

mano y palabra de esposo.

DUQUE.

¡Hay hombre más desdichado!

DOÑA SER.

Doña Juana es buen testigo.

DOÑA MAG.

Don Dionís está en mi cuarto,

y mi cámara.

DOÑA SER.

¡Qué bueno!

En la mía está encerrado.

LAURO.

Yo no tengo más que un hijo.

DUQUE.

Tráiganlos luego. ¡En qué caos

de confusión estoy puesto!

· · · · · · · · · · · · · · ·

ESCENA XXIX

MIRENO.--DICHOS.

MIRENO.

Confuso vengo a tus pies.

LAURO.

Hijo mío, aquesos brazos

den nueva vida a estas canas.

Este es don Dionís.

DOÑA SER.

¿Qué engaños

son éstos, cielos crueles?

DUQUE.

Abrazadme, que ya ha hallado

el más gallardo heredero

de Portugal, este Estado.

LAURO.

¿Qué miras, hijo, perplejo?

El nombre tosco ha cesado

que de Mireno tuviste;

ni lo eres, ni soy Lauro,

sino el Duque de Coímbra:

el Rey está ya informado

de mi inocencia.

MIRENO.

¿Qué escucho?

¡Cielos! ¡Amor! ¡Bienes tantos!

ESCENA XXX

DON ANTONIO.--DICHOS.

DON ANT.

Dame, señor, esos pies.

DUQUE.

¿A qué venís, secretario?

DOÑA SER.

Conde, ¿qué es de don Dionís,

mi esposo?

· · · · · · · · · · · · · · ·

[_Se descubre que_ DON ANTONIO _es el Conde de Penela; el_ DUQUE _le

perdona y accede a que_ DOÑA SERAFINA _sea su esposa_. EL CONDE DE

ESTREMOZ _se casa con_ LEONELA, _hermana de_ RUY LORENZO, _y éste,

después de perdonado, vuelve a ocupar el cargo de secretario_.]

[Ilustración]

[Ilustración]

LA LEALTAD CONTRA LA ENVIDIA

JORNADA 2.ª, ESCENA II.

FERNANDO PIZARRO

Gonzalo, ¿cómo es posible

que el ánimo os satisfaga

si por el premio o la paga

hacéis el valor vendible?

Hasta ese punto invencible,

ya os habéis afeminado,

que quien hace interesado

cuando de su esfuerzo fía

las hazañas granjería,

mercader es, no soldado.

Hágase al plebeyo igual,

pierda de noble la ley

quien a su patria o su rey

le sirve por el jornal;

que el generoso, el leal,

el premio que ha de adquirir

es la fama hasta morir,

y ésta estriba en pretender

merecer por merecer,

servir sólo por servir.

Fuí a España, y a Carlos Quinto

le presenté este occidente,

y ya veis si del presente

lo que se vende es distinto.

Cuanto esta zona, este cinto

ciñe y abraza este mar

le di; no había de tomar

corta paga, a no ser necio,

que lo que no tiene precio

mejor se está sin premiar.

En Almagro el César doble

gobiernos que ha menester;

cobre él como mercader,

sírvale yo como noble.

De estéril laurel y roble

coronó la antigüedad

al valor y a la lealtad

y de infructífera grama,

en prueba de que la fama

sólo busca eternidad.

[Ilustración]

ÍNDICE

EL CONDENADO POR DESCONFIADO. 5

LA PRUDENCIA EN LA MUJER. 69

EL VERGONZOSO EN PALACIO. 139

LA LEALTAD CONTRA LA ENVIDIA. 213

ERRATAS

_Página._ _Línea._ _Dice._ _Debe decir._

8 6 vil y de barro vil, de barro

13 17 ¿Qué de hacer? ¿Qué he de hacer?

48 25 ALCALDE ALCAIDE

119 18 agravïado, agraviado,

121 21 daré a Trujillo daré Trujillo

Tirso de Molina · 第 5 / 5 段