EL CRIADO.--DICHOS.
CRIADO.
La Reina y toda su guarda
la casa nos han cercado.
[Ilustración: Daos a prisión, caballeros.]
DON JUAN.
(_Ap._) ¡Qué mucho si tiene al lado
los dos ángeles de guarda
que dijo, que la dan cuenta
de aquesta nueva traición!
¿Cómo esperáis, corazón,
sin matarme, tal afrenta?
ESCENA XX
DON ALONSO, DON MELENDO, SOLDADOS.--DICHOS; _después la_ REINA.
D. ALONSO.
Daos a prisión, caballeros;
las espadas de las cintas
quitad.
(_Quítanselas y sale la_ REINA, _armada_.)
REINA.
No se hacen las quintas
si no es para entreteneros,
ni es bien que yo guarde fueros
a quien no guarda a mi honor
el respeto que el valor
de un vasallo a su Rey debe,
y a dar crédito se atreve
ligeramente a un traidor.
· · · · · · · · · · · · · · ·
Si la vida que os he dado
dos veces (que no debiera),
apetecéis la tercera,
Infante inconsiderado,
decid, pues estáis atado
al potro de la verdad,
quién fué el que con deslealtad
quiso dar veneno al Rey,
haciendo a un hebreo sin ley
ministro de tal maldad.
DON JUAN.
Señora...
REINA.
No moriréis,
como la verdad digáis.
DON JUAN.
Si piadosa me animáis,
severa temblar me hacéis.
Muerte es justo que me deis,
y cesará la ambición
de una loca inclinación
que a su lealtad rompió el freno,
y con el mortal veneno
ha mezclado esta traición.
Yo al médico persuadí
que al Rey mi señor matase,
porque en su silla gozase
el reino que apetecí.
Después que muerto le vi,
por vos forzado a beber
el veneno, hice creer
a todos, en vuestra mengua,
cosas que no osa la lengua
memoria dellas hacer.
REINA.
En la Mota de Medina
Estaréis, Infante, preso
hasta que os vuelva a dar seso
el furor que os desatina.
DON JUAN.
Quien a ser traidor se inclina,
tarde volverá en su acuerdo.
La libertad y honra pierdo
por mi ambicioso interés:
callar y sufrir, pues es
por la pena el loco, cuerdo. (_Llévanle._)
DON NUÑO.
Nadie, gran señora, ha dado
fe en vuestra ofensa al Infante.
REINA.
Noticia tengo bastante
de quién es o no culpado.
Dos ángeles traigo al lado,
y el cielo a Fernando ayuda,
que ingratos intentos muda.
· · · · · · · · · · · · · · ·
[_La_ REINA _obliga a todos los caballeros presentes a que le devuelvan
las rentas que tienen usurpadas al tesoro real_.]
JORNADA TERCERA
ESCENAS I A IV
[_Fernando IV llega a edad de reinar sin tutela. Su madre le da
prudentes consejos para el gobierno y se retira a la villa de Becerril._
DON NUÑO, DON ÁLVARO _y el infante_ DON ENRIQUE _se captan la privanza
del joven monarca, el cual trata con algún desdén a_ BENAVIDES _y a los
hermanos_ CARAVAJALES.]
ESCENA V
EL REY, DON ENRIQUE, DON NUÑO _y_ DON ÁLVARO, _en traje de caza_;
ACOMPAÑAMIENTO, _retirado_.
(_Claro en los montes de Toledo._)
REY.
¡Fértiles montes!
D. ÁLVAR.
Notables.
DON ENR.
Afirmarte dellos puedo
que, aunque ásperos y intratables,
son los montes de Toledo
más fecundos y admirables
que los de África, alabados
de Plinio por milagrosos.
· · · · · · · · · · · · · · ·
REY.
De más estima es la caza
que tienen, a que me inclino.
DON ENR.
La que esta comarca abraza
es tanta, que hasta el camino
muchas veces embaraza.
REY.
No pienso salir tan presto,
Infante, de su aspereza.
DON ENR.
Este ejercicio es honesto,
y propio de la grandeza
de un rey.
REY.
Escuchad: ¿qué es esto?
ESCENA VI
(DON JUAN, _de labrador_.--DICHOS.)
DON JUAN.
Ínclito y famoso Rey,
felice por ser Fernando,
en el valor el primero,
aunque en sucesión el cuarto;
si la justicia y prudencia
que mostró en sus tiernos años
Salomón, le ganó nombre
eternamente de sabio,
y a las puertas del gobierno
sobre el trono estáis sentado
de España, cuando Castilla
os pone el cetro en la mano,
imitad a Salomón,
y entrad deshaciendo agravios,
porque al principio os respeten
y adoren vuestros vasallos.
· · · · · · · · · · · · · · ·
La reina doña María,
mujer de don Sancho _el Bravo_,
Jezabel contra inocentes,
Athalía entre tiranos,
por vivir a rienda suelta
en tan ilícitos tratos,
que para que no os ofendan,
los publico con callarlos,
intentando libre y torpe
casarse con un vasallo,
y dándôs la muerte niño,
estos reinos usurparos;
de mi lealtad temerosa,
porque me dió mi cuidado
noticia de sus intentos
(que dan voces los pecados),
viendo oponerme leal,
con armas y con vasallos,
a sus mortales deseos,
quitado me ha mis Estados,
y en la Mota de Medina
ha, invicto señor, diez años
que preso por inocente,
lloro desdichas y agravios.
Supe, gracias a los cielos,
que vuelto el siglo dorado,
el gobierno de Castilla
resucita en vuestra mano,
y que esta Athalía cruel
se ha recogido, llevando
los esquilmos de estos reinos,
por su ambición disfrutados,
y fiando en mi inocencia,
y en la lealtad de un criado,
hechas las sábanas tiras,
del homenaje más alto
descolgándome una noche,
como me veis disfrazado,
entre estos montes desiertos
ha cuatro meses que paso.
Si el poco conocimiento
que tenéis de mis trabajos
pone mi crédito en duda,
y a persuadiros no basto
a la justa indignación
de vuestra madre, Fernando;
don Juan soy, infante y hijo
del rey don Alonso el Sabio;
mi sobrino os llama el mundo,
y yo mi señor os llamo.
Ved si es razón, Rey famoso,
que pobre y desheredado
habite silvestres montes
vuestro tío, y que triunfando
de la lealtad la traición,
coma las yerbas del campo.
· · · · · · · · · · · · · · ·
REY.
Levantad, ilustre tío,
del suelo, que estáis bañando,
las generosas rodillas,
y dadme los nobles brazos;
que habéis sacado a los ojos
lágrimas que os están dando
los pésames del rigor
con que el tiempo os ha tratado.
Con vuestras quejas he oído
la mala cuenta que ha dado
mi madre de su gobierno;
pero negocio tan arduo,
aunque don Enrique alega
lo que vos, y ha provocado
mi severo enojo, pide
que lo averigüe despacio.
Contento estoy con la caza
que en estos desiertos hallo,
pues siendo vos su despojo
a vuestro ser os restauro.
Vuestros Estados os vuelvo,
dándoos el mayordomazgo
mayor de mi casa y corte.
DON JUAN.
Reinéis, señor, siglos largos.
DON ENR.
Para gozarlos seguro,
es, gran señor, necesario
que a los principios cortéis
a los peligros los pasos.
A lo que el Infante ha dicho
contra vuestra madre, añado
que es don Juan Caravajal
el que en ilícitos tratos
con la Reina ofende torpe
la memoria de don Sancho,
vuestro padre, y ambicioso
el reino intenta usurparos.
Para esto ofrece la Reina
que al de Aragón dé la mano
la infanta doña Isabel,
vuestra hermana, y que éntre armado
en Castilla, cuyo reino
le entregará, porque amparo
dé a sus livianos deseos.
En León los dos hermanos
Caravajales intentan,
por ser tan emparentados,
juntar sus deudos y amigos,
y del reino apoderados
alzar por doña María
banderas, y despojaros
de vuestro real patrimonio:
para esto tiene usurpados
diez cuentos de vuestra renta
a costa de pechos varios,
que mientras tuvo el gobierno
la dieron vuestros vasallos.
Mirad, gran señor, si piden
la diligencia estos casos,
con que ataja inconvenientes
y imposibles vence el sabio.
REY.
¡Válgame el cielo! ¿Es posible
que mi madre haya borrado
la fama con tal traición,
que su nombre ha eternizado?
· · · · · · · · · · · · · · ·
D. ÁLVAR.
Lo menos, señor, te han dicho
de lo que pasa, que es tanto
que excede a cualquiera suma.
D. NUÑO.
Si yo por testigo valgo,
afirmarte, señor, puedo
que si no acudes temprano
al peligro de Castilla,
no has de poder remediallo.
REY.
Alto, pues, vasallos míos;
no es posible que haya engaño
en vuestros hidalgos pechos;
creeros quiero a los cuatro.
Mi madre es mujer y moza;
quedó el gobierno en su mano;
el poder y el amor ciegan;
no hay hombre cuerdo a caballo.
Si por tantos años tuvo
estos reinos a su cargo,
¿qué mucho, siendo ambiciosa,
que sienta agora el dejarlos?
El derecho natural
perdone, que de dos daños
se ha de elegir el menor.
Castilla me pide amparo;
mi madre la tiraniza;
y pues conspira, afrentando
la ley de naturaleza
contra quien el ser ha dado,
hoy mi justicia dé muestras
que contra insultos y agravios
no hay excepción de personas,
sangre, ni deudos cercanos.
Pues sois ya mi mayordomo,
y estáis, Infante, agraviado,
tomad a mi madre cuentas,
hacelda alcances y cargos
de las rentas de mis reinos;
y si no igualan los gastos
a los recibos, prendelda.
DON JUAN.
No me mandéis...
REY.
Esto os mando:
prended también los traidores
Caravajales; que entrambos
han de dar a España ejemplo,
viéndolos en un cadalso.
Juan Alfonso Benavides
debe ser también tirano:
en Santorcaz esté preso,
que así al reino satisfago.
· · · · · · · · · · · · · · ·
DON JUAN.
Servirte sólo pretendo.
REY.
Por los cielos soberanos,
que ha de quedar en el mundo
nombre de Fernando el Cuarto.
(_Vase con el acompañamiento._)
ESCENA VII
DON ENRIQUE, DON JUAN, DON NUÑO, DON ÁLVARO.
DON JUAN.
Esto es hecho, don Enrique.
DON ENR.
Dadme, sobrino, los brazos
en que estriba nuestro aumento,
y por vuestro ingenio gano.
DON JUAN.
Quitemos aqueste estorbo;
que si una vez derribamos
la Reina, no hay que temer.
DON ENR.
Para eso yo solo basto.
DON JUAN.
Mas escuchad, si os parece,
la traza que he imaginado
para que los dos reinemos,
que es sólo lo que intentamos.
A la Reina tengo amor,
sin que el tiempo haya borrado
con injurias y prisiones
de mi pecho su retrato.
Si por verse perseguida
de su hijo, que indignado
ponella manda en prisión,
su honor y fama arriesgando,
con nosotros se conjura,
y ofreciéndome la mano
de esposa (que esto y más puede
en la mujer un agravio),
de la corona y la vida
al mozo Rey despojamos,
¿qué dicha no conseguimos?
¿Qué temor basta a alterarnos?
Vos reinaréis, don Enrique,
en todo el término largo
que abarca Sierra Morena,
y yo en Castilla gozando
el apetecido cetro;
si con la Reina me caso,
daré Trujillo a don Nuño,
y a don Álvaro otro tanto.
DON ENR.
Si eso con ella acabáis,
habréis, don Juan, dado cabo
a mi esperanza y temores.
D. ÁLVAR.
La traza prudente alabo.
D. NUÑO.
Infante, si a efeto llega,
conquistad el pecho casto
de la Reina, y habréis hecho
un prodigioso milagro.
DON JUAN.
Eso a mi cargo se quede.
Venid: firmemos los cuatro,
para más seguridad,
la palabra que la damos
de ser todos en su ayuda
contra el Rey, pues de su mano
la fortuna nos corona
en Castilla.
DON ENR.
Vamos.
LOS OTROS TRES.
Vamos. (_Vanse._)
ESCENAS VIII Y IX
[_La_ REINA _se instala en su villa de Becerril, donde vive rodeada del
cariño de los villanos_.]
ESCENA X
DON JUAN, DON NUÑO, DON ÁLVARO.--LA REINA, DON ALONSO, DON PEDRO.
D. ÁLVAR.
(_Hablando ap. con el Infante al salir._)
La Reina está aquí y también
los Caravajales.
DON JUAN.
Tengo
a dicha el tiempo a que vengo.
(_Llegándose a la Reina y los Caravajales._)
Los dos a prisión se den.
D. ALONSO.
¿Nosotros? ¿Por qué ocasión?
DON JUAN.
¡Bueno es que ocasión pidáis,
desleales, cuando estáis
iniciados de traición!
D. PEDRO.
Si no estuviera delante
la Reina nuestra señora,
pudiera un mentís agora
daros la respuesta, Infante.
DON JUAN.
¡Oh villanos! Brevemente
vuestros castigos darán
muestras de quién sois.
REINA.
Don Juan,
¿sabéis que estoy yo presente?
¿Sabéis que la Reina soy?
¿Cómo llegáis indiscreto
a prender, sin más respeto,
ninguno donde yo estoy?
DON JUAN.
Cumplo, señora, mi oficio.
REINA.
Cuando yo a enojarme llegue...
DON JUAN.
Vuestra Alteza se sosiegue,
que esto es todo en su servicio.
REINA.
¡En mi servicio prender
los que me sirven a mí!
DON JUAN.
El Rey lo ha mandado ansí.
REINA.
Si él lo manda, obedeced
como vasallos leales,
que tiene el lugar de Dios;
mostrad en esto los dos
quién son los Caravajales.
Y si lo mismo procura
hacer de mí, la cabeza
le ofreceré.
DON JUAN.
Vuestra Alteza
tampoco está muy segura.
Harto hará en mirar por sí.
· · · · · · · · · · · · · · ·
(DON NUÑO _y_ DON ÁLVARO _se llevan a_ DON ALONSO _y a_ DON PEDRO.)
ESCENA XI
REINA.
Como a la real obediencia
se sujeta mi paciencia,
no os parezca novedad,
don Juan, no favorecer
a quien tan bien me sirvió,
porque nunca bien mandó
quien no supo obedecer.
Mas el que es ministro real,
cuando algún culpado prende,
con la vara sólo ofende,
que con la lengua hace mal.
El juez prudente castiga
cuando el cargo que vos cobra,
y atormentando con la obra,
con las palabras obliga.
Poco mi respeto os debe.
DON JUAN.
Cuando sepáis que estos dos,
gran señora, contra vos
han usado el trato aleve
que ignoráis, no juzgaréis
mi rigor por demasiado.
REINA.
¿Contra mí? Experimentado
tengo, como vos sabéis,
don Juan, en no pocos años,
aunque es fácil la mujer,
lo poco que hay que creer
en testimonios y engaños.
· · · · · · · · · · · · · · ·
DON JUAN.
En prueba, señora, deso,
porque sepáis cuán leales
os son los Caravajales,
y si el Rey mal los ha preso,
advertid que han dicho al Rey
que la ambición de mandar
os obliga a conspirar
contra el amor y la ley
que a vuestro Rey y señor
debéis; tanto, que usurpado
tenéis a su real Estado
treinta cuentos; que el amor
que tenéis al de Aragón
le fuerza, si os da la mano,
a entregalle en ella llano
a Castilla y a León;
y otras cosas que no cuento,
pues por indignas de oíllas,
no sólo no oso decillas,
mas de pensallas me afrento.
El Rey, fácil de creer,
contándole lo que pasa
testigos de vuestra casa,
manda que os venga a prender,
después de tomaros cuentas
del tiempo que gobernado
habéis su reino, y cobrado
de su corona las rentas.
No quise que cometiese
a otro el venir sino a mí,
que serviros prometí,
porque no se os atreviese;
y como aquí los hallé,
no me sufrió el corazón
pasar por tan gran traición,
y ansí prendellos mandé.
REINA.
Que el Rey forme de mí quejas,
y ponerme en prisión mande,
no me espanto, mientras ande
la lisonja a sus orejas.
Mas ¡que los Caravajales
tal traición contra mí digan!...
Por más, don Juan, que persigan
su valor los desleales,
no saldrán con la demanda.
Vuestro cargo ejercitad;
prendedme, cuentas tomad,
y haced lo que el Rey os manda.
DON JUAN.
Yo, gran señora, juré
de serviros y ayudaros,
y lo que os debo pagaros
con lealtad, amor y fe.
El infante don Enrique
y otros caballeros sienten
que traidores os afrenten,
y el Rey esto os notifique;
para lo cual hemos hecho
pleito homenaje de estar
de vuestra parte, y pasar
cualquier peligroso estrecho
por vos, si darme la mano
de esposa tenéis por bien,
y el reino quitar también
a un hijo tan inhumano.
· · · · · · · · · · · · · · ·
En este papel confirman
esto cuatro ricos hombres,
cuyo poder, sangre y nombres
conoceréis, pues lo firman,
que son don Enrique, yo
con don Álvaro, y también
don Nuño: si os está bien,
mi amor justa paga halló.
REINA.
(_Tomando el papel._)
Guardaréle para indicio
de vuestra lealtad y ley,
y verá por él el Rey
a quién tiene en su servicio...
(_Métele en la manga, y luego saca otro y le rompe._)
Aunque pegarme podría
la deslealtad que hay en él,
que si es malo, de un papel
se ha de huír la compañía,
rasgalle es mejor consejo;
que para vuestros castigos,
es bien aumentar testigos,
y será quebrado espejo,
que en la parte más pequeña,
como en la mayor, la cara
retrata que en él repara;
mas si en pedazos enseña
las vuestras, viéndoos en él,
como son tantas, don Juan,
retratallas no podrán
las piezas dese papel.
Tomad las cuentas, primero
que me prendáis, de la renta
real, y alcanzadme de cuenta,
si podéis; pero no espero
que en eso me deis cuidado,
pues vos mismo sois testigo
que en tres que hicisteis conmigo,
siempre quedasteis cargado.
Pero esperadme, que en breve
las que pedís os daré,
porque el Rey seguro esté,
y sepa quién a quién debe. (_Vase._)
DON JUAN.
¡Que callar me haga ansí
el valor desta mujer!
ESCENA XII
_El_ REY, DON MELENDO, DON JUAN.
REY.
Difícil es de creer
que conspire contra mí
mi misma madre, Melendo;
pero es mujer: ¿qué me espanta?
DON MEL.
La Reina, señor, es santa.
REY.
Ver por mis ojos pretendo
la verdad que temo en duda.
DON JUAN.
¡Rey y señor! ¿Vuestra Alteza
Aquí?
REY.
La poca certeza
que tengo, manda que acuda
en persona a averiguar
la verdad destos sucesos.
DON JUAN.
Ya están los hermanos presos
que el reino os quieren quitar.
Y la Reina, temerosa
de veros con ella airado,
conmigo se ha declarado,
y promete ser mi esposa
si en su favor contra vos
estos reinos alboroto,
y hago que sigan mi voto
los grandes.
REY.
¡Válgame Dios!
¿Mi madre?
DON JUAN.
No guarda ley
la ambición que desvanece.
Vuestra corona me ofrece;
mas yo no estimo ser rey
por medios tan desleales.
De rodillas me ha pedido
que, a su llanto enternecido,
suelte a los Caravajales,
y que me vaya a Aragón
con ella; que desde allá
con sus armas entrará
a coronarme en León;
y si resiste Castilla,
irá después contra ella.
Prendedla, señor, sin vella,
porque si venís a oílla,
yo sé que os ha de engañar;
que, en fin, siendo madre vuestra,
mozo vos, y ella tan diestra,
más crédito habéis de dar
que a mí a su fingido llanto.
REY.
Esa no es razón ni ley.
ESCENA XIII
LA REINA.--EL REY, DON JUAN, DON MELENDO.
DON MEL.
Aquí, señora, está el Rey.
DON JUAN.
(_Ap._) De mis traiciones me espanto.
REINA.
Huélgome que haya venido,
hijo y señor, Vuestra Alteza
a averiguar testimonios,
que hace gigantes la ausencia.
Su mucha cordura alabo,
porque, en negocios de cuentas
y de honras, suele un cero
dañar mucho si se yerra;
· · · · · · · · · · · · · · ·
Mandado habéis a don Juan
que a tomar la razón venga
de vuestro real patrimonio;
viéndolo vos, soy contenta,
que aunque deberos me imputan
privados que os lisonjean
treinta cuentos, serán cuentos
de mentiras, no de hacienda.
Pero yo admito sus cargos:
sumad, don Juan, en presencia
del Rey, gastos y recibos,
por que sus alcances vea.--
Cuando de tres años solos
quedó del Rey la inocencia
y este reino a cargo mío,
primeramente en la guerra
que vos, Infante, le hicisteis,
levantándole la tierra,
llamándôs Rey de Castilla
y enarbolando banderas,
gasté, Infante, quince cuentos,
hasta que en la fortaleza
de León, preso por mí,
peligró vuestra cabeza.
Redújeos a mi servicio,
y haciéndôs mercedes nuevas,
murmuraron los leales,
que veros pagar quisieran
vuestra traición con la vida;
y para enfrenar sus lenguas
con el oro, que enmudece,
les di tres, que no debiera.
Item: en edificar
en Valladolid las Huelgas,
donde en continua oración
a Dios sus monjas pidieran
que de vos al Rey librase
y las trazas deshiciera
de vuestro pecho ambicioso
en mi agravio y en su ofensa,
veinte cuentos. Item más:
cuando por estar su Alteza
enfermo quisisteis darle
veneno (ya se os acuerda)
por medio del vil hebreo
que entonces médico era
del Rey, en una bebida,
testigo de la fe vuestra;
en hacimiento de gracias,
misas, procesiones, fiestas,
seis cuentos, que repartí
en hospitales e iglesias.
Aunque pudiera contar
otras partidas inmensas,
en que por servir al Rey
vendí mis joyas y tierras,
como todo el reino sabe,
sólo os sumo, don Juan, éstas,
que no las negaréis, pues
tenéis tanta parte en ellas.
Sólo no he de dejar una,
porque el Rey que os honra, sepa
cuán codiciosa usurpé
en Castilla sus riquezas.
A un mercader de Segovia,
para pagar las fronteras
de Aragón y Portugal,
empeñé mis tocas mesmas,
en prueba de vuestra fe,
que no tuvisteis vergüenza
de ver contra el real respeto
sin tocas a vuestra Reina.
Premié al mercader leal;
quitéle mis nobles prendas,
que los traidores agravian,
y los leales respetan.
· · · · · · · · · · · · · · ·
Ya me parece que basta
esto en materia de cuentas;
en materia de mi honor,
para no seros molesta,
aquí he escrito mis descargos.
Vuestra Majestad los lea,
(_Dale un papel._)
y conozca por sus firmas
en quién su privanza emplea.
REY.
¡Válgame el cielo! Aquí dice
que como mi madre ofrezca
la mano a don Juan de esposa
juntando Estados y fuerzas
con don Enrique, don Nuño
y otros, haciéndome guerra,
me quitarán a Castilla
para coronarla en ella.
REINA.
Para asegurar traidores,
fingí romper esa letra
y la guardé para vos,
otra rasgando por ella.
REY.
Don Juan, ¿es vuestra esta firma?
DON JUAN.
Sí, gran señor.
[Ilustración: Don Juan, ¿es vuestra esta firma?]
REY.
Pues en éstas
a los demás desleales
conozco. Si la prudencia
que tanto celebra España,
gran señora, en Vuestra Alteza,
mi confusión no animara,
por no estar en su presencia,
de mí sin causa ofendida,
sospecho que me muriera.
[_Los caballeros desleales han huído a Aragón. Al infante_ DON JUAN _se
le destierra de Castilla y León, y los Estados que le pertenecían son
repartidos entre_ BENAVIDES _y los dos_ CARAVAJALES.]
[Ilustración]
[Ilustración]
EL VERGONZOSO EN PALACIO
JORNADA PRIMERA
ESCENAS I A IV
[RUY LORENZO, _secretario del_ DUQUE DE AVERO, _intenta asesinar
al_ CONDE DE ESTREMOZ _para vengar ciertos agravios que de él había
recibido; pero sus intenciones son descubiertas a tiempo. Huye
precipitadamente_ RUY LORENZO _y el_ DUQUE _ordena que le busquen y le
prendan_.]
ESCENA V
(_Campo del ducado de Avero._ MIRENO _y_ TARSO, _pastores_.)
MIRENO.
· · · · · · · · · · · · · · ·
Mucho ha que me tiene triste
mi altiva imaginación,
cuya soberbia ambición
no sé en qué estriba o consiste.
Considero algunos ratos,
que los cielos, que pudieron
hacerme noble, y me hicieron
un pastor, fueron ingratos;
y que, pues con tal bajeza
me acobardo y avergüenzo,
puedo poco, pues no venzo
mi misma naturaleza.
Tanto el pensamiento cava
en esto, que ha habido vez
que, afrentando la vejez
de Lauro, mi padre, estaba
por dudar si soy su hijo,
o si me hurtó a algún señor,
aunque de su mucho amor
mi necio engaño colijo.
Mil veces, estando a solas,
le he preguntado, si acaso
el mundo, que a cada paso
honras anega en sus olas,
le sublimó a su alto asiento
y derribó del lugar
que intenta otra vez cobrar
mi atrevido pensamiento;
· · · · · · · · · · · · · · ·
Siempre, Tarso, ha malogrado
estas imaginaciones,
y con largas digresiones
mil sucesos me ha contado,
que todos paran en ser,
contra mis intentos vanos,
progenitores villanos
los que me dieron el ser.
Esto, que había de humillarme,
con tal violencia me altera,
que desta vida grosera
me ha forzado a desterrarme,
y que a buscar me desmande
lo que mi estrella destina,
que a cosas grandes me inclina
y algún bien me guarda grande;
· · · · · · · · · · · · · · ·
si quieres participar
de mis males o mis bienes,
buena ocasión, Tarso, tienes;
déjame de aconsejar,
y determínate luego.
TARSO.
Para mí, bástame el verte,
Mireno, de aquesa suerte:
ni te aconsejo ni ruego;
discreto eres; estodiado
has con el cura; yo quiero
seguirte, aunque considero
de Lauro el grave cuidado.
MIRENO.
Tarso, si dichoso soy,
yo espero en Dios el trocar
en contento su pesar.
TARSO.
¿Cuándo has de irte?
MIRENO.
Luego.
TARSO.
¿Hoy?
MIRENO.
Al punto.
TARSO.
¿Y con qué dinero?
MIRENO.
De dos bueyes que vendí,
lo que basta llevo aquí.
Vamos derechos a Avero.
· · · · · · · · · · · · · · ·
ESCENAS VI A XII
[MIRENO _y_ TARSO _han dejado de ser pastores y parten, muy gozosos,
por el camino de Avero. En el bosque, al lado del camino, encuentran al
fugitivo_ RUY LORENZO _y a su criado_ VASCO.]
RUY.
· · · · · · · · · · · · · · · · · ·
¿Adónde bueno, amigos?
MIRENO.
¡Oh, señores!
a la villa a comprar algunas cosas
que el hombre ha menester. ¿Está allá el Duque?
RUY.
Allá quedaba.
[Ilustración:
es que los dos troquéis esos vestidos
por aquestos groseros;]
MIRENO.
Déle vida el cielo.
Y vosotros, ¿dó bueno? Que esta senda
se aparta del camino real y guía
a unas caserías que se muestran
al pie de aquella sierra.
RUY.
Tus palabras
declaran tu bondad, pastor amigo.
Por vengar la deshonra de una hermana
intenté dar la muerte a un poderoso,
y sabiendo mi honrado atrevimiento,
el Duque manda que me siga y prenda
su gente por aquestos despoblados;
y ya desesperado de librarme,
salgo al camino. Quíteme la vida,
de tantos, por honrada, perseguida.
MIRENO.
Lástima me habéis hecho; y ¡vive el cielo!
que si como la suerte avara me hizo
un pastor pobre, más valor me diera,
por mi cuenta tomara vuestro agravio.
Lo que se puede hacer, de mi consejo,
es que los dos troquéis esos vestidos
por aquestos groseros; y encubiertos
os libraréis mejor, hasta que el cielo
a daros su favor, señor, comience;
porque la industria los trabajos vence.
RUY.
¡Oh noble pecho, que entre paños bastos
descubres el valor mayor que he visto!
Páguete el cielo, pues que yo no puedo,
ese favor.
MIRENO.
La diligencia importa:
entremos en lo espeso, y trocaremos
el traje.
RUY.
Vamos. ¡Venturoso he sido!
(_Vanse los dos._)
TARSO.
¿Y habéis también de darme por mi sayo
esas abigarradas, con más cosas
que un menudo de vaca?
VASCO.
Aunque me pese.
TARSO.
Pues dos liciones me daréis primero,
porque con ellas pueda hallar el tino,
entradas y salidas desa Troya;
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RUY LORENZO, _de pastor_; MIRENO, _de galán_.
RUY.
De tal manera te asienta
el cortesano vestido,
que me hubiera persuadido
a que eres hombre de cuenta,
a no haber visto primero
que ocultaba la belleza
de los miembros la bajeza
de aqueste traje grosero.
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