defensa y valor de España,
espejos de lealtad,
gloria y luz de las hazañas?
Cuando muerto el rey don Sancho,
mi esposo y señor, las galas
truecan León y Castilla
por jergas negras y bastas;
cuando el moro granadino
moriscos pendones saca
contra el reino sin cabeza,
y las fronteras asalta
por la lealtad defendidas,
y abriéndose su _Granada_,
por las católicas vegas
blasfemos granos derrama;
¡en civiles competencias,
pretensiones mal fundadas,
bandos que la paz destruyen,
ambiciosas arrogancias,
cubrís de temor los reinos,
tiranizáis vuestra patria,
dando en vuestra ofensa lenguas
a las naciones contrarias!
¡Ser mis esposos queréis,
y como mujer ganada
en buena guerra, al derecho
me reducís de las armas!
¡Casarme intentáis por fuerza,
e ilustrándoos sangre hidalga,
la libertad de mi gusto
hacéis pechera y villana!
· · · · · · · · · · · · · · ·
Os engañáis, caballeros,
que no está desamparada
de estos reinos la corona,
ni del Rey la tierna infancia.
Don Sancho _el Bravo_ aún no es muerto;
que como me entregó el alma,
en mi pecho se conservan
fieles y amorosas llamas.
Si, porque es el Rey un niño
y una mujer quien le ampara,
os atrevéis ambiciosos
contra la fe castellana,
tres almas viven en mí:
la de Sancho, que Dios haya;
la de mi hijo, que habita
en mis maternas entrañas,
y la mía, en quien se suman
esotras dos: ved si basta
a la defensa de un reino
una mujer con tres almas.
Intentad guerras civiles,
sacad gentes a campaña,
vuestra deslealtad pregonen
contra vuestro Rey las cajas;
que aunque mujer, yo sabré
en vez de las tocas largas
y el negro monjil, vestirme
el arnés y la celada.
Infanta soy de León;
salgan traidores a caza
del hijo de una leona,
que el reino ha puesto en su guarda,
veréis si en vez de la aguja
sabré ejercitar la espada,
y abatir lienzos de muros
quien labra lienzos de Holanda.
· · · · · · · · · · · · · · ·
ESCENAS III A V
[_Los pretendientes, al verse rechazados, reúnen sus partidarios y
alzan bandera de rebelión contra el Rey y la Regente._ DON JUAN _busca
el apoyo de los árabes granadinos_: DON ENRIQUE _acude en demanda de
ayuda a su sobrino el Rey de Portugal_; DON DIEGO DE HARO _espera
tropas de Aragón y Navarra_.
_La_ REINA _llama a sus vasallos a palacio y les presenta al niño
Fernando IV como rey legítimo de Castilla y León; pero mientras les
habla excitándoles a la lealtad, las tropas rebeldes cercan el palacio
y lo toman por asalto. La_ REINA _y su hijo huyen precipitadamente a
León_.]
ESCENAS VI A VIII
(_En Valencia de Alcántara._)
[_Las familias Benavides y Caravajal tienen desde antiguo profundos
resentimientos._ DON ALONSO CARAVAJAL _consigue el amor de_ DOÑA
TERESA DE BENAVIDES _y se desposa secretamente con ella_. DON JUAN DE
BENAVIDES _se siente afrentado por esta unión y reta a_ DON ALONSO:
_cuando están a punto de llegar a las manos se presenta la_ REINA,
_fugitiva_.]
ESCENA IX
REINA.
Ilustres Caravajales,
Benavides excelentes,
mis deudos sois y parientes.
Blasones os honran reales:
mostrad hoy que sois leales.
Un árbol sirve de silla
a la inocencia sencilla
de vuestro Rey incapaz.
(_Descubre al Rey niño encerrado en el tronco de un árbol._)
No permitáis que en agraz
os le malogre Castilla.
Como la aurora, amanece
entre la tiniebla oscura
de la traición, que procura
matárosle y le oscurece.
Si este tierno sol merece
glorias de una ilustre hazaña,
lograd el que os acompaña,
y con valor español
defended los dos un sol
que os da el oriente de España.
BENAVID.
¡Oh retrato del amor,
niño Rey, humilde Alteza!
Con tu angélica belleza
se enternece mi rigor.
No tuviera yo valor
si el socorro que me pides,
a las perlas que despides
negaran mis fieles labios.
Por los tuyos sus agravios
olvidan los Benavides.
Famosos Caravajales,
treguas al enojo demos,
y para después dejemos
guerras y bandos parciales.
No salgan los desleales
con su bárbaro consejo.
A estos pies mi agravio dejo
para volverle a tomar,
que mal se podrá olvidar
el odio heredado y viejo.
Juntemos nuestros amigos
y de dos un campo hagamos;
que mientras al Rey sirvamos
no hemos de ser enemigos.
Serán los cielos testigos,
para ilustrarnos después,
de que hoy el valor leonés,
con lealtad y con amor,
el bien del Rey su señor
antepone a su interés.
DON AL.
Fénix de España, nacido
para que su gloria aumente,
pájaro sois inocente,
en ese árbol como en nido.
¿Quién, mi perla, os ha escondido
desa suerte?
REY.
Hanme quitado
mi reino, y no me han dejado
aun la cuna en que nací;
y como a Herodes temí,
vengo huyendo al despoblado.
DON PEDR.
No temáis del gavilán,
pájaro tierno y hermoso,
por más que intente ambicioso
hacer presa en vos don Juan.
BENAVID.
Todos por ti morirán,
sol de España, hasta que quedes
libre de las viles redes
de ambiciosos cazadores.
· · · · · · · · · · · · · · ·
Alto, hidalgos, a León:
muera el Infante tirano.
Y vos, ejemplo cristiano, (_A la Reina._)
regidnos desde este día,
y será, pues de vos fía
el cielo una ilustre hazaña,
la Semíramis de España
la reina doña María. (_Vanse._)
ESCENAS X A XII
(_Sala en el palacio de León._)
[_Los Infantes vencedores están gozando de su triunfo. Han decidido
repartirse el reino entre ambos_: DON JUAN _reinará en León, y_ DON
ENRIQUE, _en Murcia y Sevilla. Entre tanto, los Caravajales y Benavides
derrotan a las tropas de los Infantes, los cuales son sorprendidos y
presos. Custódianlos_ DON ALONSO _y_ DON PEDRO CARAVAJAL _y_ DON JUAN
DE BENAVIDES, _mientras esperan la sentencia que contra ellos ha de
dictar la enojada_ REINA.]
ESCENA XIII
(DON LUIS, _con una fuente de plata, y en ella un papel_.)
DON LUIS.
La Reina ha mandado, Infantes,
que entréis en esa capilla,
donde os esperan dos padres
que vuestras almas dispongan,
porque quiere en esta tarde
mostrar a España del modo
que allanar rebeldes sabe.
DON ENR.
¿La Reina, nuestra señora,
es posible que eso mande?
¡La piadosa! ¡La clemente!
¡A dos primos! ¡A dos grandes!
¡Ah mujeres! ¡Qué bien hizo
naturaleza admirable
en no entregaros las armas!
DON JUAN.
Cuando darnos muerte mande,
y por medio del rigor
a Fernando el reino allane,
puesto que con los rendidos
es medio el amor más fácil,
Portugal y Aragón tienen
reyes de nuestro linaje
que nuestra muerte la pidan
y castiguen sus crueldades.
· · · · · · · · · · · · · · ·
DON LUIS.
Aquí está vuestra sentencia.
(_Presenta a los Infantes el papel que viene en la fuente._)
DON JUAN.
¿Con ella el plato nos hace?
¿En una fuente la envía?
Pues tiempo vendrá en que pague
la costa deste banquete,
cuando lleguen a aprecialle
con lanzas en vez de plumas
los que nuestro valor saben.
DON ENR.
Dejádmela ver primero.
¡Oh muerte fiera! ¡Que bastes
a asombrar pechos de bronce
sólo con un papel frágil!
(_Lee._) “Doña María Alfonso, reina y gobernadora de Castilla, León,
etc.: por el rey don Fernando IV deste nombre, su hijo, etc. Para
confusión de sediciosos y premio de leales, manda que los Infantes de
Castilla sus primos salgan libres de la fortaleza en que están presos,
se les restituyan sus Estados, y demás desto hace merced al infante
don Enrique de las villas de Feria, Mora, Morón y Santisteban de
Gormaz; y al infante don Juan, de las de Aillón, Astudillo, Curiel y
Cáceres, con esperanza, si se redujeren, de mayores acrecentamientos, y
certidumbre, si la ofendieren, de que le queda valor para defenderse y
ánimo para pagar nuevos deservicios con nuevos galardones. -- LA REINA
GOBERNADORA.”
(_Descórrese una cortina en el fondo, y aparece la Reina, en pie, sobre
un trono, coronada, con peto y espaldar, echados los cabellos atrás, y
una espada desnuda en la mano._)
ESCENA XIV
REINA.
La reina doña María
castiga de aquesta suerte
delitos dignos de muerte.
Contra vuestra alevosía
en armas y en cortesía
os ha venido a vencer,
siendo hombres, una mujer,
a daros vida resuelta,
como quien la caza suelta
para volverla a coger.
Si pensáis que por temor
que a los que os amparan tengo
a daros libertad vengo,
ofenderéis mi valor.
Para confusión mayor
vuestra, he querido premiaros;
porque si acaso a inquietaros
vuestra ambición os volviere,
cuanto agora más os diere,
tendré después que quitaros.
Poco estima a su enemigo
quien le vence y vuelve a armar;
que en el noble es premio el dar,
como el recebir, castigo.
Si dándoos vida os obligo,
por vuestra opinión volved,
y si no, guerra me haced:
veamos quién es más firme,
vosotros en deservirme,
y yo en haceros merced.
DON JUAN.
No olvide jamás España
tu magnánimo valor,
pues juntas con el temor
la piedad que te acompaña.
Eternicen esta hazaña
pinceles y plumas cuantas
celebran memorias santas,
pues que reprendiendo obligas,
haciendo merced castigas
y derribando levantas
que yo desde aquí adelante,
desta merced pregonero,
seré en servirte el primero.
DON ENR.
Y yo leal y constante,
con satisfacción bastante...
REINA.
Venid, y al Rey besaréis
las manos.
DON JUAN.
Desde hoy podéis
regir nuestros corazones,
que obligan más galardones
que las armas que traéis.
· · · · · · · · · · · · · · ·
JORNADA SEGUNDA
ESCENA I
DON JUAN, ISMAEL.
DON JUAN.
De reinar tengo esperanza
con traidora o fiel acción;
mas no juzgo por traición
lo que una corona alcanza.
Reine yo, Ismael, por ti,
y venga lo que viniere.
ISMAEL.
Si el niño Fernando muere,
cuya vida estriba en mí,
no hay quien te haga competencia.
DON JUAN.
De viruelas malo está;
fácil de cumplir será
mi deseo, si a tu ciencia
juntas el mucho provecho
que de hacer lo que te pido
se te sigue.
ISMAEL.
Agradecido
a tu real y noble pecho
quiero ser, porque esperanza
tengo que en viéndote rey,
has de amparar nuestra ley.
Hebreo soy; la venganza
de Vespasiano y de Tito,
que asoló a Jerusalén,
y el templo santo también,
causando oprobio infinito
a toda nuestra nación,
nos hace andar desterrados,
de todos menospreciados,
siendo burla e irrisión
del mundo, que desvarío
quiere que mi ley se llame,
sin que haya quien por infame
no tenga el nombre judío.
Mas si palabra me das,
en viéndote rey, de hacer
mi nación ennoblecer,
y que podamos de hoy más
tener cargos generosos,
entrar en ayuntamientos,
comprar varas, regimientos,
y otros títulos honrosos,
quitándole al Rey la vida
te pondrás la corona hoy.
Su protomédico soy;
muerte llevo escondida
en este término breve;
(_Saca un vaso de plata._)
con que si te satisfago,
diré que el Rey en un trago
su reino y muerte se bebe.
A un sueño mortal provoca,
donde con facilidad,
de la sombra a la verdad,
y al corazón de la boca
viendo el veneno correr,
llamar de la muerte puedes
los médicos Ganimedes,
pues que la dan a beber.
· · · · · · · · · · · · · · ·
ESCENA II
ISMAEL.
ISMAEL.
Pues honra y provecho gano
en matar a un niño Rey,
y estima tanto mi ley
a quien da muerte a un cristiano,
¿qué dudo que no ejecuto
del infame la esperanza,
de mi nación la venganza
y destos reinos el luto?
· · · · · · · · · · · · · · ·
El niño Rey está aquí;
que beba su muerte trato.
(_Al querer entrar en el aposento del_ REY _repara en el retrato de la_
REINA, _que está sobre la puerta._)
Mas ¡cielos! ¿no es el retrato
éste de su madre? Sí.
No sin causa me acobarda
la traición que juzgo incierta,
pues puso el Rey a su puerta
su misma madre por guarda.
¡Vive Dios que estoy temblando
de miralla, aunque pintada!
¿No parece que enojada
muda me está amenazando?
¿No parece que en los ojos
forja rayos enemigos,
que amenazan mis castigos
y autorizan sus enojos?
No me miréis, Reina, airada.
Si don Juan, que es vuestro primo,
y en quien estriba el arrimo
del Rey, prenda vuestra amada,
es contra su mismo Rey,
¿qué mucho que yo lo sea,
viniendo de sangre hebrea
y profesando otra ley?
No es mi traición tan culpada:
tened la ira vengativa.
¡Qué hiciérades a estar viva
pues que me asombráis pintada!
Mas ¿para qué doy lugar
a cobardes desvaríos?
Ea, recelos judíos,
pues es mi oficio matar,
muera el Rey, y hágase cierta
la dicha que me animó...
(_Al querer entrar, cae el retrato, y tápale la puerta._)
Pero el retrato cayó,
y me ha cerrado la puerta.
Dichoso el vulgo ha llamado
al judío, Reina hermosa;
mas no hay más infeliz cosa
que un judío desdichado.
Y pues tanto yo lo he sido,
riesgo corro manifiesto
si no huyo de aquí...
(_Quiere huír por la otra puerta, sale la_ REINA, _detiénele, y él se
turba._)
ESCENA III
REINA.
¿Qué es esto?
¿De qué estáis descolorido?
Volved acá. ¿Adónde vais?
¿De qué es el desasosiego?
ISMAEL.
Volveré, señora, luego.
REINA.
Esperad. ¿De qué os turbáis?
ISMAEL.
¿Yo turbarme?
REINA.
No es por bueno.
¿Qué lleváis en ese vaso?
ISMAEL.
¿Quién? ¿Yo?
REINA.
Detened el paso.
ISMAEL.
Quien dijere que es veneno,
y que al Rey nuestro señor
no soy leal...
REINA.
¿Cómo es eso?
ISMAEL.
Que estoy turbado confieso,
pero no que soy traidor.
REINA.
Pues aquí ¿quién os acusa?
ISMAEL.
(_Ap._) Mi misma traición será.
REINA.
Culpado, Ismael, está
quien sin ocasión se excusa.
ISMAEL.
El Infante es el ingrato,
que yo no le satisfice;
y si el retrato lo dice,
engañaráse el retrato.
Que aunque el paso me cerró,
cuando a purgar al Rey vengo,
yo, Reina, ¿qué culpa tengo,
si el retrato se cayó?
Don Juan, el infante, sí,
que con aquesta bebida
me manda quitar la vida
al tierno Rey que ofendí...
Digo, que ofendió el Infante.
REINA.
En fin, vuestra turbación
confesó vuestra traición;
no paséis más adelante.
¿Es la purga de Fernando
esa?
ISMAEL.
Gran señora, sí;
y si he de decir aquí
la verdad... ¿Qué estoy dudando...?
El deseo de reinar
con don Juan tanto ha podido,
que ciego me ha persuadido
que llegue la muerte a dar
al niño Rey; y el temor
de que no me castigase
me obligó que le jurase
ser a su Alteza traidor.
Afirméle que este vaso
iba con la purga lleno
de un instantáneo veneno;
pero no haga dello caso
Vuestra Alteza, que es mentira
con que pretendí engañalle
no más que por sosegalle
y dar lugar a la ira.
Y pues del título infame
me he librado de traidor,
juzgo agora por mejor
que la purga se derrame;
que otra medicina habrá
que le haga al Rey más al caso.
(_Quiere derramarla y detiénele la Reina._)
REINA.
Tened la mano y el vaso;
que pues mi Fernando está
para purgarse dispuesto,
no es bien perder la ocasión
por una falsa opinión
que en mala fama os ha puesto.
Conozco vuestra virtud;
médico habéis siempre sido
sabio, fiel y agradecido.
Asegurad la salud
del Rey y vuestra inocencia
haciendo la salva agora
a esa purga.
ISMAEL.
Gran señora,
no estoy, con vuestra licencia,
dispuesto a purgarme yo,
ni tengo la enfermedad
del rey Fernando y su edad.
REINA.
¿Que no estáis enfermo?
ISMAEL.
No.
REINA.
No importa; vuestra virtud
desmienta agora este agravio:
en salud se sangra el sabio;
purgaréisos en salud.
Tiene muy malos humores
el reino desconcertado,
y por remedio he tomado
el purgalle de traidores:
a vos no puede dañaros.
ISMAEL.
Es muy recia, y no osaré
tomarla, señora, en pie.
REINA.
Pues buen remedio, asentaros.
ISMAEL.
A vuestros pies me derribo;
no permitáis tal rigor.
REINA.
Bebedla; que haré, dotor,
atenacearos vivo.
El infante don Juan es
noble, leal y cristiano,
sin resabios de tirano,
sin sospechas de interés.
De la nación más rüin
vos, que el sol mira y calienta;
del mundo oprobio y afrenta,
infame judío, en fin:
¿Cuál mentirá de los dos?
¿O cómo creeré que hay ley
para no matar su Rey
en quien dió muerte a su Dios?
· · · · · · · · · · · · · · ·
Bebed: ¿qué esperáis?
ISMAEL.
Señora,
si el confesar mi traición
no basta a alcanzar perdón,
baste el ser vos...
REINA.
Bebé agora,
o escoged salir mañana
desnudo y a un carro atado
a vista del vulgo airado
y vuestra nación tirana,
por las calles y las plazas,
dando a la venganza temas,
y vuestras carnes blasfemas
al fuego y a las tenazas.
(_El hebreo, ante la amenaza de la_ REINA, _bebe. Vase por la puerta
del fondo, y cae muerto dentro._)
ESCENA IV
REINA.
¡Vos lleváis buena esperanza!
Su bárbara muerte es cierta.
Quiero cerrar esta puerta;
que el ocultar mi venganza
ha de importar por agora.
¡Ay, hijo del alma mía!
Aunque mataros porfía
quien no como yo os adora,
el cielo os está amparando;
mas pues sois ángel de Dios,
sed ángel de guarda vos
de vos mismo, mi Fernando.
ESCENAS V A VIII
[_Los Estados vecinos se aprovechan de los continuos disturbios de
Castilla, promovidos por los Infantes. Los árabes atacan Jaén; el
Rey de Aragón pone sitio a Soria, y en Extremadura se teme a los
portugueses. Para sostener los ejércitos fronterizos la_ REINA _se
ve obligada a vender su patrimonio y sus joyas, y cuando llega una
situación apurada empeña sus tocas a un mercader segoviano antes de
imponer nuevos pechos a los vasallos_.]
ESCENA IX
DON JUAN.
(_Ap._) Alegre espero
del Rey la agradable muerte.
¿Si habrá el veneno mortal
asegurado mi suerte?
¡Oh corona! ¡Oh trono real!
¿Cuándo tengo de poseerte?
REINA.
Primo.
DON JUAN.
Señora.
REINA.
Bien sé
que desde que os redujisteis
a vuestro Rey, y volvisteis
por vuestra lealtad y fe,
a saber que algún rico hombre
a su corona aspirara,
y darle muerte intentara
a costa de un traidor nombre,
que pusiérades por él
vida y hacienda.
DON JUAN.
Es ansí.
(¿Si dice aquesto por mí?) (_Ap._)
Creed de mi pecho fiel,
gran señora, que prefiero
la vida, el ser y el honor
por el Rey nuestro señor.
Pero el propósito espero
a que me habléis desa suerte.
REINA.
Solos estamos los dos:
fiarme quiero de vos.
DON JUAN.
(_Ap._) Angustias siento de muerte.
REINA.
Sabed que un grande, y tan grande
como vos... --¿De qué os turbáis?
DON JUAN.
Témome que ocasionáis
que algún traidor se desmande
contra mí, y descomponerme
con vuestra Alteza procure.
REINA.
No hay contra vos quien murmure,
que el leal seguro duerme.
Digo, pues, que un grande intenta
(y por su honra el nombre callo)
subir a Rey de vasallo,
y sus culpas acrecienta.
Quisiérale reducir
por algún medio discreto,
y porque tendréis secreto,
con vos le intento escribir;
que por querelle bien vos
mejor le reduciréis.
DON JUAN.
¿Yo bien?
REINA.
Tan bien le queréis
como a vos mismo.
DON JUAN.
Por Dios
que el corazón me sacara
a mí mismo, si supiera
que en él tal traición cupiera.
REINA.
Eso, primo, es cosa clara;
que a no teneros por tal,
no os descubriera su pecho.
El mío está satisfecho
de si sois o no leal.
Aquí hay recado: escribid.
DON JUAN.
(_Ap._) ¿Qué enigmas, cielos, son éstas?
¡Ay, reino, lo que me cuestas!
REINA.
Tomad la pluma.
DON JUAN.
Decid.
REINA.
_Infante..._
DON JUAN.
Señora...
REINA.
Digo
que así, _Infante_, escribáis.
DON JUAN.
Si por _Infante_ empezáis,
claro está que habláis conmigo,
pues si don Enrique no,
no hay en Castilla otro infante.
Algún privado arrogante
mi nobleza desdoró;
y mentirá el desleal
que me impute tal traición.
REINA.
¿No hay Infantes de Aragón,
de Navarra y Portugal?
¿De qué escribiros servía
estando juntos los dos?
Haced más caso de vos.
DON JUAN.
(_Ap._) ¡Qué traidor no desconfía!
(_Paseándose la_ REINA, _va dictando, y don Juan escribe_.)
REINA.
_Infante: como un rey tiene_
_dos ángeles en su guarda,_
_poco en saber quién es tarda_
_el que a hacelle traición viene._
_Vuestra ambición se refrene;_
_que se acabará algún día_
_la noble paciencia mía,_
_y os cortará mi aspereza_
_esperanzas y cabeza..._
_La reina doña María._
Leedme agora el papel,
que no es de importancia poca,
y por la parte que os toca
advertid, Infante, en él.
(_Léele don Juan._)
Cerralde y dalde después.
DON JUAN.
¿A quién? Que sabello intento.
REINA.
El que está en ese aposento
os dirá para quién es. (_Vase._)
ESCENA X
DON JUAN.
“¡El que está en ese aposento
os dirá para quién es!”
Misterios me habla, después
que matar al Rey intento.
¡Escribe el papel conmigo,
y remite a otro el decirme
para quién es! Prevenirme
intenta con el castigo.
¿Si hay aquí gente cerrada,
para matarme en secreto?
Ea, temor indiscreto,
averiguad con la espada
la verdad desta sospecha.
(_Saca la espada, abre la puerta del fondo y descubre al judío muerto
con el vaso en la mano._)
¡Al cielo! Mi daño es cierto:
el doctor está aquí muerto
y la esperanza deshecha
que en su veneno estribó.
Todo la Reina lo sabe,
que en un vil pecho no cabe
el secreto. Él le contó
la determinación loca
de mi intento depravado.
El veneno que ha quedado
he de aplicar a la boca. (_Toma el vaso._)
Pagaré ansí mi delito,
pues que colijo de aquí
que sois, papel, para mí,
siendo un muerto el sobrescrito.
Si deste vano interés
duda vuestro pensamiento,
“El que está en este aposento
os dirá para quién es.”
Mudo dice que yo soy;
muerto está por desleal;
¡quien fué en la traición igual,
séalo en la muerte hoy!
Que por no ver la presencia
de quien ofendí otra vez,
a un tiempo verdugo y juez
he de ser de mi sentencia.
(_Quiere beber; sale la_ REINA _y quítale el vaso_.)
ESCENA XI
REINA.
Primo, Infante, ¿estáis en vos?
Tened la bárbara mano.
¿Vos sois noble? ¿Vos cristiano?
Don Juan, ¿vos teméis a Dios?
¿Qué frenesí, qué locura
os mueve a desesperaros?
DON JUAN.
Si no hay para aseguraros
satisfacción más segura
si no es con que muerto quede,
quiero ponerlo por obra,
que quien mala fama cobra
tarde restauralla puede.
REINA.
Vos no la perdéis conmigo;
ni aunque desleal os llame
un hebreo vil e infame,
que no vale por testigo,
¿le he de dar crédito yo?
Él fué quien dar muerte quiso
al Rey. Tuve dello aviso,
y aunque la culpa os echó,
ni sus engaños creí,
ni a vos, don Juan, noble primo,
menos que antes os estimo.
El papel que os escribí
es para daros noticia
de que en cualquier yerro o falta
ve mucho, por ser tan alta,
la vara de la justicia;
y lo que su honra daña
quien fieles amigos deja,
con traidores se aconseja,
y a rüines acompaña.
De la amistad de un judío
¿qué podía resultaros,
si no es, Infante, imputaros
tal traición, tal desvarío?
Escarmentad, primo, en él,
mientras que seguro os dejo;
y si estimáis mi consejo,
guardad mucho ese papel,
porque contra la ambición
sirva, si acaso os inquieta:
a la lealtad de receta,
de epítima al corazón;
que siendo contra el honor
la traición mortal veneno,
no hay antídoto tan bueno,
Infante, como el temor.
DON JUAN.
No tengo lengua, señora,
para ensalzar al presente
la prudencia que en vos...
REINA.
Gente
viene; dejad eso agora.
ESCENAS XII A XVII
[_El infante_ DON JUAN _prepara una nueva traición. Dice a varios
caballeros que la_ REINA _y_ DON JUAN CARAVAJAL _quieren casarse
proclamándose reyes de Castilla, y que han sobornado a un médico judío
para que envenene al niño Rey, pero el Infante llegó a tiempo de evitar
tan horrible crimen y castigó al médico con la muerte. En la habitación
inmediata les muestra el cadáver del judío. Como los caballeros no dan
crédito a las palabras del Infante, él les invita a que vayan aquella
noche a cenar a su quinta donde les dará testimonios indudables de los
propósitos de la_ REINA _y de_ CARAVAJAL.]
[_El mayordomo se presenta a la_ REINA _para decirle que, agotado por
completo el tesoro real y su crédito, por la noche no se podrá cenar en
Palacio_.]
REINA.
Los monteros
de Espinosa, mis guardas, con secreto
me prevenid, don Juan, y caballeros
parientes vuestros: yo os diré a qué efeto.
DON AL.
No quiero saber más que obedeceros.
REINA.
La pena refrenad, que yo os prometo
que esta noche, Melendo, a costa ajena
habemos de tener una real cena.
ESCENA XVIII
DON JUAN, DON DIEGO, DON NUÑO, DON ÁLVARO. _Sala en la quinta del
infante don Juan._
DON JUAN.
Mientras que se hace hora
de cenar, entretengamos
el tiempo.
DON NUÑO.
Dados jugamos.
DON JUAN.
Dejad los dados agora,
que tienen muchos azares.
DON DIEGO.
No es pequeño el que sospecho
que ha de alborotar mi pecho
don Juan, mientras no repares
de la Reina la opinión,
que corre riesgo por ti.
DON JUAN.
Que al reino he librado di,
don Diego, de una traición.
DON DIEGO.
Más difícil de creer
se me hace, cuanto más
lo pienso.
DON JUAN.
¡Terrible estás,
don Diego! Si te hago ver
hacer la Reina favores
a don Juan Caravajal,
y en correspondencia igual
que él la está diciendo amores,
¿crêráslo?
DON DIEGO.
Crêré que miente
la vista; pero en tal caso
los celos en que me abraso,
si ven tal traición presente,
y de Castilla el decoro
me obligará a que os incite
que el gobierno se le quite,
y en el alcázar de Toro
esté presa.
DON JUAN.
¿A quién podremos
nombrar por gobernador,
y del niño Rey tutor?
DON NUÑO.
Si a vos, don Juan, os tenemos,
¿qué hay que preguntar a quién?
DON JUAN.
Yo soy muy poco ambicioso.
DON DIEGO.
Don Enrique es poderoso,
y tendrá ese cargo bien.
DON JUAN.
Don Enrique ha pretendido
ser rey, y si en su poder
está el reino, ha de querer
lo que hasta aquí no ha podido.
D. ÁLVARO.
Serálo don Diego, pues,
que nadie en España ignora
quién es.
DON JUAN.
Dejemos agora
aquesto para después;
que cuando por elección
el reino en Cortes me elija,
será fuerza que le rija,
y tuerza mi inclinación.
DON DIEGO.
(_Ap._) Este es traidor, vive el cielo,
y por verse rey levanta
a la Reina, cuerda y santa,
el insulto que recelo.
Aunque la vida me cueste,
lo tengo hoy de averiguar.
DON JUAN.
Caballeros, a cenar. (_Tocan a rebato._)
Pero ¿qué alboroto es éste?