III

Imaginad el desdichado papel que uno de nuestros cómicos actuales,

caracterizado a la usanza del año sesenta, representaría con su

desentono, sus anacronismos y su incomprensión en una auténtica

tertulia de por aquellas fechas. Esta era exactamente mi situación

respecto a mi mujer aquella noche. Milagrosamente, aparecía ella como

un tan fiel trasunto de la juventud de su abuela que, en cada palabra,

en cada gesto, se desviaba medio siglo de mí mostrando lo artificioso

y falso de mi incompleta reconstrucción espiritual de la época. Por

primera vez mi mujer era distinta de ella misma y de mí. No nos

entendíamos. El espíritu de alguien —el de la vieja del desván acaso—

se había metido de por medio.

Al principio hice inauditos esfuerzos por ponerme a tono. Evidenciaba,

sin embargo, a cada momento la naturaleza histriónica de aquella

resurrección mientras mi mujer seguía jugando con maravillosa soltura

aquel vestido de seda tornasol de tan gozoso modo que yo sospeché que

el cuerpo juvenil de mi esposa había estado penando hasta hallar su

propio y natural completo en aquel hábito.

Y así, sugestionado, procuré seguir la farsa.

Narraciones maravillosas y biografías ejemplares de algunos grandes hombres humildes y desconocidos · 第 54 / 67 题