II

No soy un espíritu ni otorgo el menor crédito a los cándidos

investigadores de lo sobrenatural. No hay más espíritu que el mío.

Es posible que a mi alrededor vaguen cientos y cientos de almas en

pena, pero todas esas almas no son más que reflejos de una: de la mía.

Las tolero mientras me divierten; cuando empiezan a molestarme las

mato. No concibo, pues, los remordimientos ni todas esas zarandajas

inventadas para hacer odioso el delito. Si el ánima de mi padre viniese

a importunarme, la estrangularía y me iría a tomar el sol. No tengo,

sin embargo, necesidad de usar procedimientos de violencia. Cojo las

almas en pena y las convierto; todas sirven a mis necesidades. Unas me

impulsan al bien, otras a la verdad, otras a la belleza; algunas me

dan saludables lecciones; otras otorgan plasticidad a mi pensamiento;

otras, en fin, me advierten cuándo debo limpiar mi estómago... He hecho

de ellas mis más fieles servidores. A todas las reconozco en cualquier

momento y bajo cualquier disfraz como reconozco la sombra de mi cuerpo

por muy desfigurada que la perspectiva me la presente. Analizo estas

proyecciones de mi alma con la meticulosidad de un profesor alemán; sé,

al céntimo, cómo está con ella mi economía; descubro cuánto me deben

los espíritus superiores y reconozco mi deuda para con los que llamo

kamarrupas. Y, sin embargo...

He aquí una proyección con la que no he podido identificarme.

Narraciones maravillosas y biografías ejemplares de algunos grandes hombres humildes y desconocidos · 第 53 / 67 题