De esto hace ya unas horas. Mi padre cayó minutos después en las garras
de la justicia, que lo ahorcará bonitamente. En cuanto a mí, pocos son
los que se han ocupado de salvarme. Creen que ya estoy muerto y que el
mundo no ha debido ver la aparición de un engendro tal del crimen cual
yo debiera ser. ¡Pse! Tal vez tengan razón.
Unas aldeanas piadosas están velando el cadáver de mi madre, en cuyo
centro esta redoma en que yazgo va enfriándose por segundos. Pronto
dejaré de existir.
Y no me pesa.