II

Mi padre es una buena alimaña del Señor, que trabaja, suda, sufre,

bebe, canta y hace sufrir a los demás. Creo que en el mundo hay unos

Códigos, producto de la sabiduría universal, que determinan exactamente

lo que en cada momento mi padre debe hacer. De esto, que yo ya sé

hace algún tiempo, él no se ha enterado todavía y viénenle de esta

ignorancia graves daños. En este momento, según mis noticias, gime

encarcelado, bajo la terrible acusación de parricida e incestuoso,

y por los indicios que he podido recoger supongo que no tardarán en

llevarle al matadero, aunque todavía no he podido poner muy en claro

para qué han de matarle, si no han de comérsele. Parece ser que le

inmolan a una diosa bárbara, llamada Justicia, cuyo culto primitivo

se conserva entre los civilizados. Disculpen estas perplejidades e

incongruencias mías; pero con solo unos meses de conciencia, mis

conocimientos del mundo y de la vida son muy fragmentarios. No creo,

sin embargo, que lo sean menos los vuestros.

Por todas estas cosas, la buena gente de la aldea se ha congratulado

de que yo no venga al mundo. ¡Pobre! —decían—. ¿Qué sería de ese

desdichado aborto del infierno, hijo del incesto y del crimen?

¡Angelito! ¡Más le ha valido haberse muerto!

Yo, pese a todo esto, no tengo muchos motivos para estar quejoso de mi

padre. Es más: me siento un poco orgulloso de ser su hijo. Mi padre

es joven, fuerte y hermoso. Ningún muchacho de la aldea tira la barra

de hierro más lejos que él ni muerde en el cuello con más ardor a las

mujeres. Repito que es una sana y alegre alimaña de Dios, que en una

época de debilidades, claudicaciones y tristezas ha sabido conservar

fieramente su entereza ejemplar, su noble gallardía de bestia entera,

confiada en sus garras, sus dientes y su destino.

Mi padre era pastor. Durante el tiempo que conviví con él le admiré

rendidamente. Tiraba de la honda como un guerrero balear, silbaba como

un fauno, corría como el viento y su larga cayada arremolinaba en

torno suyo a los rebaños, sumisos y complacidos. Yo pensé que con tan

buenas prendas mi padre triunfaría en el mundo. Creí que no tardarían

en hacerle obispo o cosa así. Pero me equivoqué.

Narraciones maravillosas y biografías ejemplares de algunos grandes hombres humildes y desconocidos · 第 45 / 67 题