VII

Al mismo tiempo que el maestro de capilla escribía la precedente

carta y la echaba al correo, Admet-ben-Carime-el-Abdoun

25 reunía en un envoltorio no muy grande todo su hato y

ajuar, reducidos a tres jaiques viejos, dos mantas de pelo de cabra,

un mortero para hacer alcuzcuz,[88-5] un candil[88-6] de hierro y

una olla de cobre llena de pesetas (que desenterró de un rincón del

patinillo de su casa); cargó con todo ello a su única mujer,

30 esclava, odalisca o lo que fuera, más fea que una mala noticia (p89)

dicha de pronto[89-1] y más sucia que la conciencia de su marido, y

salióse de Ceuta, diciendo al oficial de guardia de la puerta que

da al campo moro que se iban a Fez[89-2] a mudar de aires por

consejo de un veterinario. Y como quiera que esta sea la hora,[89-3]

05 después de sesenta años y algunos meses de ausencia, que no se

haya vuelto a saber de _Manos-gordas_ ni en Ceuta, ni en sus

cercanías, dicho se está[89-4] que D. Bonifacio Tudela y González no

tuvo el gusto de recibir de sus manos la traducción del pergamino,

ni al día siguiente, ni al otro, ni en toda su vida, que por

10 cierto debió de ser muy corta, puesto que de informes dignos

de crédito aparece que su adorada Pepita se casó en Marbella

en terceras nupcias con un tambor mayor asturiano, a quien hizo

padre de cuatro hijos como cuatro soles, y era otra vez viuda a

la muerte del Rey absoluto,[89-5] fecha en que ganó por oposición en

15 Málaga el destino de matrona aduanera.

Con que busquemos nosotros a _Manos-gordas_, y sepamos qué

fué de él y del interesante pergamino.

Novelas Cortas · 第 126 / 274 题