--¡Que entren![40-2] ¡Que entren!... (exclamaban, sin embargo,
con voz vinosa, sacando los sables con mucha dificultad
y sin conseguir ponerse de pie.) ¡Que entren esos canallas!
¡Nosotros los recibiremos!
10 En esto,[40-3] sonaba ya abajo, en la botica, el estrépito de los
botes y redomas que los vecinos[40-4] del Padrón hacían pedazos, y
oíase resonar en la escalera este grito unánime y terrible:
--¡Muera el _afrancesado_!