No bien dejó de hablar Ramón, cuando me levanté y le dije, 25 con lágrimas, con risa, abrazándolo, trémulo, yo no sé cómo: --¡Te debo la vida! --¡No tanto!--respondió Ramón. --¿Cómo es eso?--exclamé. --¿Sabes tocar la corneta?