_Parrón_ se apeó muy despacio, descolgó su escopeta de dos
cañones, y, apuntando a sus camaradas, dijo:
--¡Imbéciles! ¡Infames! ¡No sé cómo[8-2] no os mato a
todos!--¡Pronto! ¡Entregad a este hombre los duros que
20 le habéis robado![8-3]
Los ladrones sacaron los veinte duros y se los[8-4] dieron al
segador, el cual se arrojó a los pies de aquel personaje que
dominaba a los bandoleros y que tan buen corazón tenía....
_Parrón_ le dijo:
25 --¡A la paz de Dios![8-5]--_Sin las indicaciones de V., nunca
hubiera dado con ellos._ ¡Ya ve V. que desconfiaba de mí sin
motivo!... He cumplido mi promesa.... Ahí tiene V.
sus veinte duros....--Conque... ¡en marcha!
El segador lo abrazó repetidas veces y se alejó lleno de júbilo.
30 Pero no habría andado[8-6] cincuenta pasos, cuando su bienhechor
lo llamó de nuevo.