Despues que Boreas dixo estas ó semejantes palabras, sacudió sus

alas,[189] con cuyo movimiento se conmovió toda la tierra, y se

encrespó el dilatado mar: habiéndose cubierto despues de una nube

obscura, y barrido la tierra, levanta por todas partes densas

polvaredas, y arrebata á Oritia entre sus brazos. La violencia del

movimiento con que la llevaba acrecentó su amor; y voló sin descansar

hasta Tracia, su Reyno. Oritia, hecha Reyna ya de aquellos helados

climas, parió dos gemelos, que en todo se hubieran parecido á la madre

á no tener alas como el padre. No obstante, dicen que no nacieron con

ellas, sino que les salieron en su adolescencia. Algun tiempo despues

Cetes y Calais (así se llamaban estos dos Príncipes) siguieron la

carrera de las armas, y embarcándose en la nave de los Argonautas, que

fue la primera que se atrevió á surcar los mares, acompañaron á Jason á

la conquista del famoso vellon de oro.

LIBRO SÉPTIMO.

_ARGUMENTO._

Despues que Jason volvió con Medea á su patria, esta reduxo á Eson á

su juventud. Prometiendo que haria lo mismo con Pelias, ensayándose en

un carnero, le quitó la vida con engaños. Pasando de allí por varios

lugares, y executando diversas transformaciones, se casó con Egeo,

despues de haber muerto á sus hijos. Minos movió guerra contra este;

junta tropas de todas partes, como asimismo de Paros. Á esta la habia

vendido Arnéa, por lo que fue convertida en graja. Eaco se declaró en

favor de Egeo, y le envió por auxîliares á sus Mirmidones, que habian

nacido de las hormigas, con su capitan Céfalo; el qual antes disfrazado

habia solicitado á su muger al adulterio, y habia visto á su perro con

una zorra convertidos en peñascos.

FÁBULA PRIMERA.

_JASON Y MEDEA._

Ya la nave Argos[190] habia conducido á los de Tesalia por diferentes

mares; ya habian visto á Finéo,[191] aquel Príncipe desgraciado,

pasando una postrada y triste vejez despues de haber perdido la vista;

ya los hijos de Boreas habian ahuyentado á las Harpías,[192] que con

tanta crueldad atormentaban al viejo; quando en fin, despues de

haber padecido muchos trabajos en todo el discurso del viage, llegaron

estos héroes con su caudillo Jason á las orillas del Faso.[193] Luego

que desembarcaron se presentan al Rey, y le piden el vellocino de

oro[194] en que Frixo habia sido conducido á la Cólquide.

[Ilustración: (74) Medea recibe los juramentos de Jason, hace que dome

los toros y que robe el vellocino de oro.]

Este Príncipe, con la idea de desanimarlos y echarlos de sí, les dixo

lo que debian hacer para adquirir aquel rico depósito, y les hizo ver

todos los riesgos á que debian exponerse. Entre tanto, Medea, su hija,

se enamora de Jason. Y despues de luchar por mucho tiempo sin poder

vencer con reflexîones la inclinacion que la arrastraba: „En vano, se

dixo, te resistes, Medea; algun Dios se opone á tu tranquilidad; los

ocultos movimientos que agitan tu corazon te son desconocidos; pero si

no me engañó, esto es lo que llaman amor, ó se parece mucho á ello.

Pues á no ser así, ¿cómo me habian de parecer demasiado duras las

leyes que mi padre ha impuesto á este héroe? Ellas lo son en efecto.

¿Por qué temo tanto su muerte? ¿Por qué me alarma el riesgo que corre

este extrangero? ¿Quál puede ser la causa de un temor tan excesivo?

¡Infeliz! apaga si puedes el fuego que has concebido en tu corazon

virginal. ¡Ah! si yo pudiera seria mucho mas sabia. Pero una nueva

violencia me arrebata aun contra mi voluntad; el amor me aconseja una

cosa, y el entendimiento me persuade otra. Veo lo mejor; lo apruebo,

y sin embargo me dexo arrastrar de lo mas malo. Insensata ¡quál es tu

ceguedad! ¿Una Princesa de tu clase debe amar así á un extrangero?

¿Estoy yo destinada á seguir un marido á desconocidos paises? ¿No

hallaré, pues, en el Reyno de mi padre otro amante digno de mi afecto?

De cuenta de los Dioses está su vida ó muerte: viva en efecto; á lo

menos bien puedo pedirles por su vida sin amarle. ¿Qué delito ha

cometido para verse expuesto á tantos riesgos? ¿Á quién, sino es una

fiera, no inclinará su juventud, nobleza y gallardía? Y quando le

faltara todo esto, ¿quién no se moveria al ver el ayre noble y gracioso

que brilla en su persona? ¡Ah! yo me siento demasiado interesada por

él.

„Sin mi auxîlio, ó será devorado por las llamas que vomitan los toros,

contra quienes debe pelear, ó vencido por el número de los enemigos

que han de nacer de los dientes de la serpiente que le obligarán á

sembrar, despues que triunfe de ella; ó en fin será presa de aquel

horrible dragon que guarda el vellocino de oro. Si yo llego á mirar

tal espectáculo, ¿no me persuadiré, ó que he nacido de una tigre, ó

que tengo el corazon mas duro que un bronce y que las rocas? ¿Por qué,

pues, no me resuelvo á verle morir, y á hacer á mis ojos cómplices de

su muerte? ¿Por qué, pues, no enciendo fuego para que muera abrasado,

ó por qué no animo contra él los toros, los soldados que salgan de la

tierra, y al vigilante dragon? No ¡justos Dioses! permitid que logre

cosas mas lisonjeras. Pero yo no debo desearlas, puesto que puedo

hacerlas.[195] ¿Mas le he de entregar el reyno de mi padre por salvar á

un desconocido, que viéndose libre tal vez me abandonará, se embarcará

sin llevarme consigo, é irá á entregar á otra su corazon y mano,

quedando yo en un continuo tormento? ¡Ah! perezca Jason, puesto que

puede cometer esta ingratitud posponiéndome á otra. Pero no demuestra

tal cosa su rostro, ni la nobleza de su ánimo, ni la gracia de su

belleza: no, no tengo que temer engaño ni olvido de mis beneficios:

la generosidad es inseparable de las almas como la suya. Ademas yo

quiero que antes comprometa su palabra, y le haré que jure por los

Dioses: y en tal caso ¿qué temor tendré con tal seguridad? Vamos pues

sin mas tardanza á socorrerle. Jason, que se reconocerá deudor mio,

se unirá á mí con solemne matrimonio: sí, serás celebrada y aplaudida

del pueblo por todas las ciudades de la Grecia, que te mirarán como á

su libertadora. ¿Pero he de abandonar á mi hermana, hermano, padre,

Dioses y patria? Y ¿qué he de hacer? quando mi padre es un cruel,

mi hermano[196] aun niño, la tierra bárbara; y por lo que toca á mi

hermana[197] obro segun sus deseos. Algun grande Dios está dentro de

mí; lo que voy á dexar no es tan grande ni interesante como lo que

determino seguir, que es la gloria de haber librado la juventud griega,

mejorar de Reyno y de Corte, trocando la mia por otra, en que, segun

la fama, florecen la cultura y las artes, y poseeré al amable Jason,

que prefiero á todos los bienes del universo: si yo soy su esposa, mi

felicidad igualará á la de los Dioses. No ignoro los riesgos que se

corren en el mar; sé que se encuentran escollos; que la cruel Caribdis

vuelve á vomitar las olas que ha sorbido; que Escila con sus perros

ladradores de un modo horrible causa terror y espanto en el mar de

Sicilia. Pero teniendo yo lo que amo, y asida á los brazos de Jason,

atravesaré sin miedo los vastos mares; y si temiere algo, serán solo

los peligros de mi esposo. ¡Infeliz! ¿con qué le llamas tu esposo? ¿con

que cubres tus delitos con el nombre sagrado de Himeneo? Considera

antes el horrible crímen que meditas, y evítale mientras puedas.”

Quando Medea acabó de hacer todas estas reflexîones, el pudor, la

razon y la piedad se presentaron ante su agitado espíritu, y ya salia

desarmado el amor. Su pasion ya no tenia la misma violencia, y se

sentia animada de un valor y fuerza que no conocia un momento antes:

quando habiendo salido á ofrecer un sacrificio á la Diosa Hecate,[198]

cuyo templo estaba en la espesura de un opaco bosque, tuvo la

desgracia de encontrar á Jason. Como una chispa casi apagada en la

ceniza se enciende al menor soplo, y se hace capaz de ocasionar los

mayores incendios, el amor de Medea, á quien sus reflexîones habian

debilitado, volvió á tomar nueva fuerza á la vista del jóven héroe;

y por fortuna, puede decirse que nunca estuvo mas hermoso que aquel

dia, y aun se podria disculpar la pasion que le tenia. Luego que le

descubrió, le mira con tanta atencion, teniendo clavados en él los

ojos, como si fuera la primera vez que lo veia: tan ciega estaba,

que le parecia divino su semblante, y no se apartaba de él un punto.

Despues que la habla el extrangero, le alarga la mano, é implora

rendido su auxîlio prometiéndola ser su esposo. „Bien sé, le respondió

la Princesa, derramando algunas lágrimas, el partido que debiera tomar;

pero si falto á mi deber, no es porque ignore sus rigurosas leyes: el

amor solo puede servirme de disculpa: serás libre con mi ayuda; mas

no te olvides de tus promesas.” „Sí, la dixo Jason, yo te prometo una

eterna fidelidad: juro por Diana, á quien reverencian en este pais:

por el sol, de quien desciendes:[199] por este Dios que nos ve, y que

alumbra el universo; y por los riesgos de que me libertas, que nada

será capaz de separarme de tí.” Asegurada Medea por los juramentos de

Jason, le dió al momento algunas yerbas encantadas, enseñándole el uso

que habia de hacer de ellas, con lo que se retiró contento á su casa.

_JASON ROBA EL VELLOCINO DE ORO._

En el dia siguiente, quando la roxa aurora hacia retirar á las

estrellas, concurria el pueblo en gran tropel al campo de Marte,

colocándose sobre las eminencias y colinas que le cercaban. Sentóse

en medio de la asamblea el Rey vestido de púrpura, y con el brillante

cetro de marfil en la mano. Luego que se colocaron todos, sacan los

toros con pies de metal, echando fuego por las narices diamantinas,

con el que hacian arder las yerbas de alrededor. El fuego salia de

sus narices con un ruido semejante al de un horno encendido, ó de la

cal quando se la echa agua. Jason sin embargo se presenta ante estos

brutos. Los toros que le ven acercarse, le presentan sus cuernos

calzados de hierro, le miran con furor, escarban la tierra con sus

pies hendidos, llenan el ayre de polvo y humo, y le hacen resonar con

sus espantosos bramidos. Los Argonautas se pasman de miedo; pero el

intrépido Jason embiste á los dos monstruos sin sentir el fuego que

respiraban: tal era el poder de los encantos de Medea. Este heroyco

jóven, despues de halagarlos algun tiempo con la mano, los amansó de

tal modo, que les obligó á llevar el yugo, y á arar un campo que jamas

se habia cultivado. Llénase de pasmo todo el concurso, y los Argonautas

animaban á su caudillo con sus vítores repetidos.

Arado ya el campo, Jason tomó en un morrion los viperinos dientes, y

los sembró en los surcos. Como antes habia tenido cuidado de untarlos

con las yerbas encantadas que Medea le habia dado, se ablandaron en

poco tiempo, y de ellos nacieron y crecieron nuevos cuerpos. Pero así

como el infante no sale del útero materno hasta que está formado, y

con la debida perfeccion en todos sus miembros, así aquellos hijos

de la tierra no aparecieron hasta ser hombres perfectos; y lo que es

mas de admirar, salieron enteramente armados. Los capitanes griegos,

que vieron que enristraban las lanzas contra Jason, se asustaron en

extremo; y aun la misma Medea, que le habia asegurado de este ataque,

se amedrentó á la vista de tantos enemigos que combatian contra uno

solo; una palidez mortal apareció en su rostro, y la sangre se heló

en sus venas. Como temia que los encantos que habia empleado para

sacarle de aquel riesgo no fuesen bastante poderosos, pronunció algunas

palabras mágicas, y se valió de todos los secretos de su arte. Entre

tanto Jason, arrojando una pesada piedra en medio de los enemigos, se

vuelven inmediatamente unos contra otros; y estos hijos de la tierra

caen heridos mutuamente, y mueren en una guerra social. Los Griegos al

punto dan el parabien á su caudillo, y no se cansan de abrazarle. Bien

hubieras querido, Medea, ostentar con iguales caricias el gozo que te

causaba una victoria tan inesperada, pero te detienen el pudor y la

modestia; y le hubieras abrazado, á no perder tu opinion; pero bien

siente tu corazon esta alegría, dando gracias á tus encantos y á los

Dioses autores de ellos.

Para salir victorioso de tantos riesgos, solo le quedaba á Jason vencer

al dragon que guardaba el vellocino de oro. Este monstruo, singular por

la cresta que tenia en la cabeza, y por sus tres lenguas; temible por

los agudos dientes de que estaba armado, velaba noche y dia en guarda

del vellocino de oro. Despues que este héroe derramó sobre él el xugo

de algunas yerbas, y pronunció tres veces unas palabras que tenian la

virtud de adormecer, y aun de calmar las olas irritadas, y detener los

impetuosos rios en medio de su curso, el sueño se enseñoreó por la

primera vez de sus ojos; y aprovechando Jason tan feliz momento, se

apoderó del vellocino de oro. Soberbio con este rico despojo, y aun

mas con la conquista de Medea, con cuyo socorro habia salido de tantos

riesgos, se embarcó con ella, y llegó con felicidad á Yolcos.[200]

FÁBULA II.

_ESON REMOZADO._

Toda la Tesalia tomó parte en el suceso del viage de los Argonautas:

todos dieron gracias á los Dioses por su feliz arribo; ofrecieron

sacrificios; inmolaron un gran número de víctimas, cuyas astas

estaban doradas, y los altares exhalaban por todas partes el olor del

incienso que se quemaba en ellos. Solo Eson faltó á las fiestas que se

celebraron en esta ocasion. Caduco ya, y con el pie en la sepultura, no

pudo tomar parte en la alegría pública. Su hijo Jason, movido de verle

en tal estado, habló á Medea en estos términos. „Yo sé, amada esposa,

que me salvaste la vida, y que los beneficios que te debo exceden á lo

que puede imaginarse. Con todo tengo que pedirte una nueva gracia, y es

que quitando de mis años juveniles alguna parte, la transfieras á mi

padre[201] siempre que puedan hacerlo tus encantos; pero ¿cómo no

podrán quando nada se resiste á este arte?”

[Ilustración: (75) Medea remoza con diferentes yerbas al padre de

Jason.]

Las lágrimas que derramaba al hacerla esta súplica conmovieron á

Medea, reparando en el amor del hijo para su padre, pero se acordó de

Eetas[202] á quien habia abandonado, sin profesarle por eso el amor

que veia en su esposo. „¿Qué maldad has proferido? ¿Crees, pues, amado

esposo que puedo yo por razon alguna transferir á quien quiera una

parte de tu vida? Ni Hecate me ha dado poder para tanto, ni, aunque así

fuera, sabes lo que te pides. Procuraré hacerte una gracia mayor que la

que me suplicas. Voy á emplear todos mis desvelos en renovar la vida de

un padre que amas, sin acortar la tuya; y espero lograrlo si la Diosa

Hecate favorece mi empresa.”

Tres noches faltaban para que acabase de llenar la luna; mas despues

que llegó esta época, y alumbró la tierra en toda su plenitud, salió

Medea de su casa sola en el profundo silencio de la media noche con un

manto tendido, descalza de un pie, y con el cabello esparcido sobre

los hombros, que tambien llevaba descubiertos. Reynaba en la tierra un

profundo silencio: los hombres, aves y fieras gozaban de la dulzura

del sueño: ningun viento agitaba las hojas ni espinales. El ayre estaba

sereno y tranquilo, y solo los astros brillaban en el cielo. Medea se

volvió tres veces á él tendiendo sus brazos; y habiendo rociado otras

tantas sus cabellos con agua de rio, y dado tres clamores, se puso de

rodillas, é hizo esta súplica.

„Ó Noche, fiel confidenta de los mas ocultos misterios: astros que

suplis con la luna la luz del dia; y tú, triforme[203] Hecate, á quien

confio todos mis secretos, y cuya proteccion siempre he experimentado

favorable: vosotros encantos, artes mágicas; y tú, tierra, que provees

á los que las ponen en uso de yerbas y plantas poderosas; vosotros,

en fin, ayre, vientos, montes, rios, lagos, Dioses de los bosques

y de la Noche, asistidme todos: con cuyo favor he hecho retroceder

quando he querido los rios hácia su nacimiento; vosotros dais á mis

encantos la virtud de calmar las agitadas olas, de mover las borrascas

y tempestades, de desterrar las nubes y levantarlas, de contener la

violencia impetuosa de los vientos, y afloxarles las rienda á mi

arbitrio, de romper la garganta á las serpientes y víboras, de arrancar

los árboles y rocas de sus asientos, de conmover los bosques y montes;

en fin de hacer bramar la tierra, y obligar á los manes á salir de sus

sepulcros. Á tí tambien, ó poderosa Luna, te hago descender del cielo,

á pesar del ruido con que hacen resonar el ayre por auxîliarte quando

estás eclipsada. Yo pongo pálida á la Aurora y al carro inflamado del

sol, de quien desciendo.

„Vosotros tambien, poderosos encantos, embotasteis la impetuosidad de

las llamas que vomitaban los toros, y sujetasteis sus cuellos al corvo

arado. Vosotros hicisteis que los hijos de la serpiente[204] moviesen

una cruel guerra contra sí mismos, en la que perecieron con sus propias

armas; y vosotros por último hicisteis que adormecido el dragon que le

guardaba, robase mi esposo el Vellocino de Oro, y lo llevase victorioso

á Grecia. Yo necesito ahora de algunas yerbas, con cuya virtud se pueda

reanimar una cansada vejez, y espero que la tierra no me las niegue;

porque no en vano resplandecen los astros con tanta claridad, ni en

vano veo descender del cielo ese carro tirado por dos dragones.”

Descendió en efecto un carro, en el qual subió Medea; y despues

de haber halagado á los dragones que le conducian, y tomado con

sus manos las riendas, se elevó sobre los ayres. Despues de haber

atravesado el valle de Tempe, se detuvo en los sitios en que habia

yerbas propias para sus encantos. Las cogió en el monte Osa, en el

Pelion, en el Otris, en el Pindo y en el Olimpo.[205] Parte de ellas

arrancaba con sus raices ya experimentadas, y de otras solo cortaba

las hojas. En las riberas del Epideno y Anfriso recogió muchas que la

agradaron. Tambien contribuyeron con otras el rio Enipéo, las orillas

del Peneo y Esperquio, y las juncosas playas del Bebe. Cogió tambien

las eficaces yerbas de Antedon, no conocidas aun, sin embargo de la

transformacion de Glauco.[206] En fin, despues de haber empleado nueve

dias y otras tantas noches en recorrer en el carro todos los sitios

en que se encontraban estas plantas, volvió á Yolcos. Los dragones no

habian tenido en este tiempo otro alimento que el olor que exhalaban

las yerbas, y no obstante se despojaron de la piel de su dilatada

ancianidad. De vuelta Medea no entró en el palacio de su esposo, cuya

compañía evitó; y parándose cerca de la puerta, construyó dos aras de

cesped en un sitio descubierto: la de la derecha para Hecate, y la de

la izquierda para Hebe, Diosa de la juventud. Las rodeó de verbena[207]

y ramas de árboles; y habiendo cavado dos pequeños hoyos, cuya tierra

dexó en los bordes, degolló una oveja negra, y derramó la sangre en

ellos: despues de haber pronunciado algunas deprecaciones, y echado un

poco de vino en uno de estos hoyos, y leche caliente en el otro, invocó

los Dioses de la tierra, y tambien á Pluton y Proserpina, para que no

separasen el alma de los viejos miembros de Eson.

Despues de haber aplacado á las tales Deidades con una larga y mal

articulada súplica, mandó traer ante el altar á Eson, que estaba como

cadáver con el peso de sus años; é infundiéndole con sus encantos un

profundo sueño, con que le dexó como muerto, le tendió sobre las yerbas

que habia recogido, y mandó retirar á Jason y á quantos le acompañaban,

temiendo que su presencia profanase los misterios. Luego que se

retiraron atónitos, empezó á correr Medea al rededor de los altares

como una furiosa Bacante; mojó despues dos hachas hendidas que tenia

en la mano en los hoyos que habia hecho, las encendió en la llama de

los altares, y purificó al anciano Eson tres veces con fuego, tres con

agua, y tres con azufre. Durante estas ceremonias hervian las yerbas,

cuya virtud era la mas poderosa, en una olla de metal, que ya estaba

cubierta de espuma blanca. Esta composicion estaba hecha de raices

cogidas en los valles de Tesalia, de simientes, de flores y plantas

ácidas y corrosivas. Habia añadido piedras traidas de las extremidades

del Oriente; arena de la que el mar dexa en la playa en su refluxo;

rocío que la Luna esparce sobre las yerbas durante la noche; la carne

y alas de un mochuelo; las entrañas del ambiguo lobo que se suele

ver convertido en hombre; la tierna concha de una jóven tortuga del

rio Cinipe; el hígado del vividor ciervo; el pico y la cabeza de una

corneja que habia vivido novecientos años. Despues de haber preparado

á Eson este especifico, compuesto de las drogas ya dichas y otras mil,

lo meneó con una rama seca de olivo, revolviéndolo todo de arriba

á baxo. Á poco tiempo se reverdeció el tal ramo brotando hojas, y

cargándose de aceytunas. La espuma que la violencia del fuego arrojaba

del caldero, y caia en la tierra, reverdecia la seca yerba, y hacia

brotar las flores.

Viendo Medea que su medicamento se hallaba en este estado, abrió la

garganta de Eson con una espada desenvaynada; y haciendo salir la

sangre que contenian sus venas, las llenó por la herida y boca del

licor que acababa de preparar; y al punto que se introduxo en el cuerpo

del viejo, su barba y cabeza canas empezaron á ponerse negras, las

arrugas desaparecieron de su rostro, recuperó la gentileza y vigor, y

transportado de admiracion se encontró remozado y en el mismo estado en

que hacia memoria se vió quarenta años antes.

_PELIAS DEGOLLADO POR SUS HIJAS ENGAÑADAS POR MEDEA._

Baco que habia visto desde el alto Olimpo tan maravilloso prodigio,

enterado de que sus nodrizas podian volverse á la edad juvenil, logró

este don de Medea. Y para continuar sus engaños, fingió estar mal con

su esposo, y fue á pedir asilo á Pelias[208] en su palacio. Como este

Príncipe se hallaba ya agoviado con los años, la recibieron las hijas,

de quienes se burló Medea socolor de amistad. Para engañarlas mejor,

solo les habla de la ingratitud de Jason; encarecia los beneficios que

le habia hecho, refiriéndolas tambien que habia remozado á Eson. Se

detuvo mucho tiempo en la relacion y circunstancias de una operacion

tan maravillosa. Las hijas, que no dudaron dispensase igual favor á

su padre, se lo pidieron con muchas instancias, prometiéndola una

recompensa proporcionada á tan importante servicio. Quedó en silencio

Medea por un corto tiempo, como que dudaba; y con una gravedad fingida

dexó suspensos los ánimos de las suplicantes, pero las prometió por

último executar lo que deseaban. Para que tuviesen mayor confianza de

que les haria este beneficio, pidió que la traxesen el carnero mas

viejo del rebaño, para hacer con él la experiencia de su remedio.

Inmediatamente traen uno tan flaco y consumido que apenas podia

sostenerse. Medea le degüella, le extrae la poca sangre que circulaba

por sus venas, y le pone á cocer con las yerbas que habia preparado. Al

punto se le cayeron los cuernos, y se observó que iba deponiendo todas

las demas señales de vejez: y aun se le oyó balar en medio del caldero

como bala un tierno cordero, y un momento despues se le vió, con grande

admiracion de toda la asamblea, salir, brincar, y buscar las ubres para

mamar. Admiradas las hijas de Pelias de este prodigio, hicieron á Medea

nuevas instancias para obligarla á aplicar á su padre el mismo remedio.

Con todo tardó tres dias en satisfacerlas. La noche del quarto puso

en una vasija un poco de agua con algunas yerbas de ninguna eficacia.

Despues, habiendo adormecido con sus encantos al Rey y sus guardias,

hizo venir á sus hijas; y luego que las tuvo al rededor de la cama las

dixo: „Sin deteneros, desenvainad una espada, y sacadle toda la sangre

para substituirle en su lugar otra nueva. La vida y la edad de vuestro

padre está en vuestras manos; su salud depende de vosotras. Si confiais

en mis promesas, si teneis algun amor á vuestro padre, no dudeis un

momento en tributarle este piadoso deber. Sacadle con el cuchillo

la vejez, y extraedle la sangre corrompida.” Este discurso anima á

las Princesas; y para ser piadosas, se hacen impías, y creyéndolo

beneficio, cometen la maldad de degollar á su padre, descargando en

su garganta cuchilladas á tientas, y con la cara vuelta hácia atras,

porque no se atrevian á mirarlo. Pelias, aunque nadando en su sangre,

y lleno de heridas su cuello, se esforzó á incorporarse y salir de la

cama; y viéndose rodeado de tantos aceros: „¿Qué haceis, hijas? las

dice tendiéndolas los brazos. ¿Qué ciego furor os mueve á quitar la

vida á vuestro padre?” Al oir estas palabras desfallecieron su ánimo y

sus manos. Iba á proseguir hablando Pelias, y Medea le cortó la voz y

la garganta, y echó su cuerpo en la caldera que estaba hirviendo.

Metamorfóseos o Transformaciones (2 de 4) · 第 6 / 9 段