montes, sino á la Diosa que Juno arrojó en otro tiempo del orbe, á la
qual apenas proporcionó asilo la isla de Delos, que andaba flotante
entonces por las aguas.” Dió á luz en ella al pie de un olivo dos
hijos, á pesar de las persecuciones de su rival; quien poco lastimada
del estado en que se hallaba, la obligó aun á salir de esta isla, y
llevar en sus brazos los dos hijos que acababa de parir. Por esta
causa llegó un dia muy cansada con el largo viage á la Licia, pais
bien célebre por la Quimera.[166] Rendida del cansancio y la sed, cosa
muy natural en un tiempo caluroso, y mas habiendo traido mamando á
los dos gemelos, descubrió en lo hondo de un valle un lago de agua
clara, y se llegó á beber á él. Se hallaba en aquel sitio mucha gente
del campo cortando mimbres, juncos y demas yerbas que se crian en las
lagunas; y poniéndose ella de rodillas para beber mas cómodamente, la
prohibe aquella turba villana: „¿Amigos, les dice, por qué me impedis
que beba? ¿No es tan comun á todos el agua como la luz y el ayre que la
naturaleza nos reparte? Ruegoos no obstante me permitais beber; lo que
os pido es muy poco, pues no es mi objeto el bañarme sino solo apagar
mi sed, que es tan grande que tengo la boca seca, árida la garganta, y
apenas puedo articular palabra: el agua de vuestro estanque será para
mí el nectar de los Dioses: dexadme beber, y haré cuenta que os debo la
vida que con la bebida me dareis. Si no os compadeceis de la suerte de
una madre desconsolada, sed á lo menos sensible á la desgracia de estas
criaturas que os tienden los tiernos brazos.” Y en efecto casualmente
los extendian. ¿Á quién no hubiera enternecido esta súplica tan justa y
amorosa?
Pero ellos no solo se obstinaron en negarla aquel alivio, sino que
la injuriaron, y gritando, amenazaron maltratarla si no se alejaba
de allí. Aun llevaron á mas extremo su insolente brutalidad, pues
enturbiaron con pies y manos el agua para que el cieno que removian del
hondo la impidiese beber. La indignacion de la Diosa la hizo olvidar
su sed; y sin pensar ya en ablandarlos, ni en decir palabras que no
fuesen dignas de una Diosa, levantó al cielo las manos y dixo: „Vivid
para siempre en este estanque.” Se cumplió inmediatamente el voto de
la Diosa; pues se les vió sumergir en el cieno, algunas veces sacar la
cabeza y nadar sobre la superficie del agua; otras salir á descansar á
la ribera del estanque, y algunos momentos despues volverse á zabullir.
Pero aun emplean sus torpes lenguas en proferir injurias; y habiendo
perdido la vergüenza, se congratulan baxo de las aguas con decir
dicterios. Enronquecióse su voz, se hinchó su garganta, se ensanchó su
boca, y se unieron sus espaldas de tal manera que desapareció el cuello
enteramente: el espinazo vino á quedar de un color verde; solo el
vientre, que es en extremo mas grande á proporcion de las demas partes
de su cuerpo, conservó una especie de blancura: en una palabra, fueron
convertidos en ranas; y se les vió saltar y zabullirse en el cieno del
estanque.”
[Ilustración: (69) Apolo, despues de haber vencido á Marsias en un
desafio, le hace desollar vivo.]
FÁBULA IV.
_APOLO Y MARSIAS._
Despues que no sé quien concluyó esta relacion, otro de la compañía
se acordó de la aventura de Marsias,[167] vencido por Apolo quando le
desafió á tocar la flauta. El hijo de Latona tomó la mas horrorosa
venganza. En la hora pues en que le estaban desollando vivo, exclamó
así el infeliz de Marsias: „¡Ay de mí! ¿por qué me despedazas de esta
suerte? Ya me arrepiento de mi temeridad. ¡Ah! ¿Es posible que haya
de costarme tan caro esta desgraciada flauta?” Le estaban desollando
de pies á cabeza, quando llenaba el ayre de sus tristes lamentos. Ya
su cuerpo no era sino una llaga; la sangre caia por todas partes;
se veian todos sus nervios, venas, intestinos, y se podian contar
fácilmente hasta las menores fibras de su cuerpo. Los Faunos y Sátiros
de los vecinos montes, y Olimpo,[168] que ya entonces era célebre,
las Ninfas y pastores de aquellos campos, todos lloraron su muerte.
La tierra recibió todas las lágrimas en su seno, y formaron el rio
impetuoso, que aun hoy conserva el nombre de Marsias, cuyas aguas son
mas transparentes que las de los otros rios de la Frigia.
La relacion de estas antiguas historias renovó la memoria de lo que
acababa de suceder. Todos lloraron la desgracia de Anfion y de sus
hijos; al paso que les indignó el orgullo de Niobe. Solo Pelope, su
hermano, la tributó algunas lágrimas; y en el exceso de su dolor rasgó
sus vestidos, y manifestó su hombro izquierdo de marfil. No habia
nacido con él, sino que era de la misma naturaleza que el derecho
quando nació; pero habiéndole degollado su padre para servírsele á los
Dioses en una cena, estos recogieron cuidadosamente todos los miembros
para reunirlos, y como no hallaron el hombro izquierdo, pusieron en su
lugar uno de marfil, y así volvió á vivir todo entero Pelope.
Todos los magnates de las provincias vecinas tomaron parte en la
afliccion de Pelope, y todas las ciudades de la Grecia persuadieron á
sus Reyes á visitarle en persona. Argos, Esparta, Micenas, engrandecida
por Pelope, y Calidonia, que aun no se habia grangeado la indignacion
de Diana; la feraz Orcomeno, Corinto, célebre por su metal precioso; la
invencible Mesene, Cleone, Pilos, Trecene; en una palabra, todas las
ciudades que encierra el istmo de Corinto bañado de dos mares, y las
que estan situadas por la parte de afuera, le enviaron diputados.
_FILOMELA CONFIADA Á TEREO._
¿Qué podria añadir á este oficio de piedad? Solo tú faltaste á este
deber, Atenas, porque la guerra en que te hallabas entonces empeñada
no te dexó cumplir como debias. Una flota de bárbaros que te tenia
bloqueada amenazaba apoderarse de tus muros. Tereo, Rey de Tracia,
que vino á socorrerla, arrojó á los enemigos, y grangeó con este
triunfo mucha gloria. Pandion, Rey de Atenas, llevado del poder de
este Príncipe, de sus riquezas y de la nobleza de su prosapia, que
traia su orígen del Dios Marte, le dió en casamiento á su hija Progne.
No asistieron á este enlace Juno[169] ni Himeneo, ni presidieron
las Gracias al lecho nupcial; solo las Furias le alumbraron con sus
fúnebres hachas; ellas solas cuidaron de prepararlo. Un buho se
colocó sobre el aposento en que debian descansar los dos esposos, y
su himeneo se executó baxo los funestos presagios de esta ave, que
asistió igualmente al nacimiento de su primer hijo. Sin embargo, en
toda la Tracia se celebró con regocijos públicos este casamiento: todos
rindieron gracias á los Dioses; y aun establecieron que el dia de la
union de Tereo y Progne, y el del nacimiento de su hijo Itis, fuesen
festivos en lo sucesivo. Hasta este grado se oculta á los hombres lo
que les tiene cuenta. Habia ya cinco años que Progne se hallaba unida á
Tereo, quando con halago le habló en estos términos: „Si me amas, no me
niegues el permiso de ir á visitar á mi hermana, ó al menos permite que
venga á tu corte. Si quieres ir tú mismo á buscarla, podrás asegurar
á mi padre que no estará privado de ella mucho tiempo; y cree que no
podrás darme mayor satisfaccion que la de proporcionarme estrecharla
entre mis brazos.” Tereo manda al instante preparar algunas naves;
se embarca, y arriba felizmente al puerto de Pireo.[170] Despues de
saludar á su suegro, y cumplimentarse mutuamente, le cuenta la causa de
su viage, y el deseo que la Reyna su esposa tenia de ver á su hermana,
prometiendo volvérsela dentro de poco tiempo; pero ya el discurso se
interrumpió con un desagradable presagio. Filomela entra en la sala
suntuosamente vestida; pero su hermosura excedia al esplendor de su
magnífico adorno. En su modo de andar, y en el ayre de magestad que
se dexaba ver en toda su persona, hubiera podido pasar fácilmente por
una Náyade ó Driada,[171] si estas divinidades campestres estuvieran
tan magníficamente vestidas como ella. Con tanta prontitud se abrasó
Tereo con la vista de Filomela, como se suelen abrasar las secas
aristas, si alguno les aplica fuego, ó con la rapidez que arde la
yerba estando seca. Á la verdad era bastante hermosa esta Princesa
para inspirar una pasion vehemente; pero el temperamento del Rey, y la
inclinacion de la gente de Tracia al amor, acrecentaron de tal modo su
violencia, que desde aquel instante no puso término á sus deseos. Pensó
luego sobornar las guardas que la acompañaban, y la fidelidad de su
aya. Resuelto á sacrificar todas las riquezas de su reyno para hacer
sensible á Filomela, formó el designio de solicitar á ella misma con
grandes dones; y quando nada de esto alcanzase, robarla y defenderla
despues con la fuerza de sus armas.[172] Á todo se atreve ya un hombre
tan loco de amor como él estaba, y su pecho no puede ocultar mas
tiempo el fuego que le devora: ya no puede sufrir ninguna dilacion, y
apresura la partida de la Princesa, pretextando el placer que recibiria
Progne al verla. Hacíale eloqüente su pasion; y aun quando pareciese
mas importuno que debiera, se justificaba con decir que seguia las
intenciones de la Reyna. Aun algunas veces derramaba lágrimas, como si
realmente las vertiese por órden de su esposa. ¡Ó soberanos Dioses!
¡Cómo se envuelven en densas tinieblas los mortales! Tereo medita un
horroroso crímen, y se le mira como á un hombre que obra solo por
respeto hácia su esposa, y aun se le elogia en su mismo delito.[173] ¿Y
qué diremos al ver igual deseo en Filomela? Ella se arroja al cuello de
su padre, y le pide hasta por su salud, y contra la suya propia,[174]
la dexe ir á ver á su amada hermana. Las inocentes caricias que hace
á su padre, los besos que le da, avivan la pasion de Tereo, y la
alimentan. Quando la ve abrazada á Pandion quisiera ser este venturoso
padre; pero aun no seria mas piadoso.
Cede en fin el Rey á las súplicas de ambos; y Filomela en medio de
su júbilo le da las gracias, y mira como una felicidad para sí y su
hermana lo que tan funesto habia de ser para entrambas. Se acercaba el
sol á su ocaso, y sus caballos hollaban ya cuesta abaxo al Olimpo,[175]
quando se sirvió un banquete espléndido de manjares y de delicados
vinos, que bebieron en vasos de oro,[176] y concluido el convite se
retiraron todos á gozar del delicioso sueño. El Rey de Tracia, aunque
apartado de la Princesa, siente toda la violencia de su pasion.
Filomela está siempre en su memoria; y no se apartan de su imaginacion
ni sus ojos, ni sus manos, ni los demas atractivos. Esta le representa
mil bellezas que no ha visto, y acrecienta el fuego que le devora; en
fin, el desórden en que se halla no permite que sus ojos se entreguen
al apacible sueño. Habia ya llegado el dia quando Pandion, abrazando á
su yerno, y con los ojos cubiertos de lágrimas, le dixo: „Puesto que
mis dos hijas han deseado tanto este viage, y que tú tambien parece
que lo deseas, yo te confio á mi hija, y mas quando lo exîge un motivo
tan justo como es el amor de las dos hermanas: en nombre de los Dioses
te ruego que la cuides con paternal cariño; por nuestra alianza y
amistad que me restituyas quanto antes este dulce alivio de mi vejez.
¡Ah! qualquiera tardanza será larga para mí. Y tú, hija mia, luego que
hayas estado algunos dias con tu hermana, no dexes de volver, si es
que conservas algun amor á un padre que tiernamente te ama; bástame el
verme privado de tu hermana.” Durante este discurso Pandion abrazaba á
su hija, y bañaba su rostro con sus lágrimas. Y despues que pidió la
mano á Filomela y á Tereo en testimonio de la fe que debian darle, les
dexó partir, rogándoles saludaran de su parte á Progne y á su nieto. En
fin, por un oculto presentimiento de quan funesto habia de ser aquel
viage, no pudo pronunciar el último á Dios sino con muchos suspiros y
sollozos.
FÁBULA V.
_TEREO VIOLA Á FILOMELA._
Luego que Filomela entró en la pintada nave,[177] y esta en alta
mar: „Ya he vencido, clama Tereo; conmigo traygo el objeto de mi
ternura.” Triunfa el bárbaro; y no cabiéndole ya el gozo en su pecho,
no aparta los ojos de su querida, semejante al ave de Júpiter[178] que
devora con sus miradas á la tímida liebre que ha llevado á su nido
entre las garras. Quando llegaron á las costas de Tracia, y hubieron
desembarcado, Tereo conduxo á la Princesa á un viejo castillo situado
en lo interior de unos bosques. Allí fue donde la desdichada Filomela,
pálida y trémula, preguntando por su hermana, desechos sus ojos en
llanto, y temiendo todas las cosas en un sitio tan silvestre, fue
encerrada por el tirano, quien la descubrió entonces su exêcrable
intento, y triunfó de ella con violencia, como de una muger sola y sin
auxîlio.
[Ilustración: (70) Tereo encierra en un antiguo castillo á Filomela su
cuñada despues de haberla violado y cortado la lengua.]
En vano implora el favor de su padre y hermana; en vano llama á los
supremos Dioses. Despues de tan sensible afrenta, queda pasmada,
trémula é inmóvil, así como la tímida oveja, que herida por un viejo
lobo, aunque se vea desasida de su boca, le parece que aun no está
segura; ó como la débil paloma, que viendo sus plumas salpicadas de su
sangre, teme aun las crueles uñas que la habian preso. Vuelta ya en sí,
se entrega á los transportes del mas cruel despecho: se arranca los
cabellos, se hiere el pecho, y prorumpiendo en un torrente de lágrimas:
„¿Qué has hecho, bárbaro? exclama, levantando al cielo las manos. ¿Qué
exêcrable crímen has cometido, cruel? ¡Qué! ¿no pudieron ablandarte ni
las lágrimas de mi padre, ni sus ruegos, ni el interes de mi hermana,
ni los respetables derechos del matrimonio, ni la inocencia de una
doncella que te fue confiada? Todo, todo lo has atropellado. Yo me he
hecho adúltera contra mi desgraciada hermana, y tú marido de entrambas.
No merecia yo tan cruel tratamiento. ¿Por qué no llevas al cabo tus
maldades? ¿Por qué ¡ó pérfido! no me quitas esta vida, para que no
falte ningun delito? ¡Oxalá lo hubieras hecho antes de cometer tan
detestable crímen! Así á lo menos tuviera el consuelo de baxar inocente
á la mansion de las sombras.
„Mas si los Dioses han visto una accion tan perversa; si supone algo
su poderío; si no feneció todo conmigo, yo espero vengarme de tu
atrevimiento. Yo misma publicaré tu delito aun á costa de mi pudor.
Si llego á verme libre, toda la tierra lo oirá de mi boca; y si quedo
encerrada en medio de este bosque, haré resonar los árboles y rocas
con mis gritos y quejas. Á lo menos el cielo y los Dioses, si hay
alguno que lo habite, me oirán y vengarán.” Estas voces encendieron
la cólera del tirano; el cobarde temió los efectos de las amenazas de
Filomela, y estimulado de una y otra causa, asiendo por los cabellos á
la desdichada Princesa, la ató los brazos atras, y desenvainó la espada
de que iba ceñido.
Á su vista concibió Filomela la esperanza de su muerte, y le presentó
su hermosísima garganta: mas quando invocaba el socorro de su padre, y
se esforzaba á gritar, el bárbaro la sacó la lengua con unas tenazas,
y se la cortó á raiz con el afilado acero. Al caer su lengua en el
suelo, parecia que aun murmuraba y se quejaba; y como salta la cola de
una culebra, que ha sido separada del resto del cuerpo, así palpitaba
y hacia varios movimientos, qual si buscara los vestigios de su
señora. Se dice (cosa que parece increible) que despues de una accion
tan bárbara, sació aun este monstruo muchas veces su pasion en el
estropeado cuerpo.
Despues de tantos delitos, tuvo la osadía de presentarse á su
esposa, quien luego que le vió pregunta por su hermana; pero el
pérfido, exhalando fingidos suspiros, la dice que habia muerto, y las
lágrimas que con arte derramaba autorizaron su impostura. Progne,
rasgando entonces los vestidos magníficos con que estaba adornada, y
desnudándose de ellos, se vistió de luto, erigió un cenotafio,[179] y
tributó á su hermana, aun no difunta, todos los sufragios debidos á los
manes. La lloró; pero ¡ah! sus lágrimas debian correr por una causa mas
digna de llanto que la misma muerte.
_FILOMELA NOTICIA Á SU HERMANA EL DELITO DE TEREO._
Habíase ya pasado un año sin que Filomela hallara medio de noticiar
á su hermana su desgracia. La era imposible burlar la vigilancia de
sus guardias; los muros de su prision eran demasiado eminentes para
poder esperar salir de ella: no tenia lengua con que explicarse; pero
el dolor es ingenioso, y proporciona mil arbitrios al desgraciado.
Filomela trazó en una tela clara la historia de su desgracia, y por la
mezcla de los hilos encarnados con los blancos, dió á conocer á Progne
el atentado de Tereo, y el estado á que la habia reducido. Luego que
acabó la obra se la entregó á uno de sus guardias, rogándole por señas
que se la entregara á la Reyna. Este, sin penetrar el designio de
Filomela, la llevó á Progne, consorte del cruel tirano: desenvuélvela
esta, y lee en ella la deplorable historia de su hermana. Este triste
descubrimiento la reduxo (cosa extraña en una muger) á un profundo
silencio. El sentimiento la impidió la articulacion; é intentando
prorumpir en exêcraciones contra su marido, la faltaban palabras con
que hacerlo. En lugar de entregarse á un llanto desmesurado, solo
piensa en su venganza.
FÁBULA VI.
_FILOMELA SALE DE LA PRISION._
Celebraban por entonces las mugeres de Tracia en honor de Baco las
fiestas que se renovaban cada tres años.[180] Habiendo llegado la noche
consagrada á estos misterios, y quando el monte Rodope resonaba con el
estrépito de los tambores é instrumentos de metal, salió la Reyna de
su palacio con los adornos mismos de las demas Bacantes, coronada de
pámpanos: llevaba sobre el hombro izquierdo una piel de pantera, y el
ligero tirso en la mano. Rodeada de una multitud de compañeras, corria
por medio de las selvas, causando espanto, y agitada de todo el furor
que inspira la ira; en una palabra, imitaba fielmente, Baco, á tus
sequaces. En fin, habiendo llegado al desviado castillo en que Filomela
estaba encerrada, llena el ayre con sus gritos; y despues de haber
hecho resonar por todas partes el misterioso nombre de Evoe,[181]
hace pedazos las puertas, saca á su hermana de aquel funesto lugar; la
viste de Bacante, y cubriéndola el rostro con hojas de yedra, la lleva
atónita al palacio de su marido.
[Ilustración: (71) Progne saca á Filomela de su prision y la conduce
en pompa á la Corte de Tereo.]
Al entrar Filomela en un sitio en que se hallaba su mas cruel enemigo,
empezó á horrorizarse, cubriéndose su rostro de la mas triste palidez.
Su hermana la conduxo á un aposento; la despoja del vestido de Bacante;
la quita la corona[182] que le cubria el rostro, y la abraza con todas
las muestras de la mas tierna amistad. Triste y trémula la desdichada
hija de Pandion no se atreve á mirar á su hermana, considerándose
adúltera de ella; y sin atreverse á levantar los ojos quiere jurar y
poner á los Dioses por testigos del caso y violencia que el pérfido
cuñado le habia hecho, sirviéndola de intérpretes sus manos. No cabe
ya la ira en el corazon de Progne, y conteniendo las lágrimas de su
hermana: „No es tiempo, la dice, de lágrimas sino de venganza: el
hierro, y si hay aun algun instrumento mas terrible, es lo que debemos
emplear. Sí, querida hermana, á toda maldad estoy dispuesta. Ó el
fuego que pondré al palacio abrasará al pérfido Tereo, ó le arrancaré
la lengua, los ojos, y en fin quanto sirvió á su crímen, ó le abriré
puerta á su alma perjura por mil heridas. Ignoro aun qual de estos dos
partidos elegirá mi furor; pero estoy á todo dispuesta.”
[Ilustración: (72) Progne hace servir á Tereo en una comida la cabeza
de su hijo Itis á quien habia quitado la vida.]
FÁBULA VII.
_ITIS SERVIDO Á SU PADRE TEREO EN UN BANQUETE._
Hallándose de este modo dudosa Progne, ve llegar á su hijo Itis, y su
vista la hace decidir de pronto.[183] „¡Desgraciado, le dice, mirándole
con sañudos ojos, quan parecido eres á tu padre!” Y sin decir mas
palabra, medita el desastrado y trágico castigo que ha de dar á su
hijo, estimulándola la rabia y desesperacion á executarlo quanto antes.
No obstante, luego que el tierno Príncipe llega, saluda á su madre, se
abalanza á su cuello, la besa y hace mil caricias: se enternece Progne,
calma su cólera, y no puede menos de verter algunas lágrimas. Pero
advirtiendo que se enternecia, aparta los ojos de su hijo, y se vuelve
á contemplar en su hermana; y mirando despues á ambos alternativamente:
„¿Por qué, decia, este niño me ha de mover con halagos, y mi hermana ha
de callar por faltarle la lengua? ¿Por qué aquella no llama hermana
á la que este llama madre? Mas considera, hija de Pandion, el marido
que tienes, y no podrás amarle sin hacerte delinqüente. En fin, sin
detenerse arrebata á Itis qual una tigre que conduce por los sombrios
bosques á un cervatillo para devorarle, y le lleva al sitio mas
retirado del palacio. Allí esta madre cruel, insensible á las caricias
de su hijo, que, como si previese el riesgo, la tendia los brazos, y
clamaba muchas veces ¡ó madre! ¡ó querida madre! le clavó un puñal en
su pecho, sin apartar siquiera un momento los ojos de tan horroroso
espectáculo. Aunque esta sola herida bastaba á quitar la vida al jóven
príncipe, no obstante, Filomela le degüella, y despedaza los miembros
aun palpitantes, los que recogieron estas dos furias, é hicieron cocer
una parte de ellos, y asar la otra, quedando lo interior de palacio
bañado de sangre.
Progne mandó avisar despues á Tereo que el banquete estaba dispuesto;
y suponiendo que era costumbre de su pais, que durante las fiestas de
Baco el marido comiese solo con su muger, mandó retirar á los amigos y
criados. Luego que Tereo se sentó en el excelso solio de sus mayores,
tomó del detestable manjar que le habian preparado, alimentándose
así de su propia sangre y substancia. ¡Tan ignorante está del caso!
Un momento despues mandó que le llevaran allí á su hijo, y gozosa la
cruel Progne de tener la ocasion de anunciarle ella misma el crímen
que acababa de cometer: „Dentro tienes lo que buscas, le dixo con una
alegría que ya no podia disimular.” Tereo vuelve á un lado y á otro
la cabeza por ver dónde estaba su caro hijo, y al tiempo de llamarle,
entra Filomela conforme estaba, esparcidos los cabellos y toda
ensangrentada, y dió á Tereo en el rostro con la cabeza de Itis. Nunca
deseó tanto poder hablar como en esta ocasion por expresar al tirano
toda la satisfaccion que tenia de haberse así vengado. Á la vista de
tan horroroso espectáculo, Tereo da un espantoso grito, derriba la
mesa, é invoca en su socorro á todas las Furias del Averno. Quisiera
poder abrirse el vientre para arrojar el cruel manjar que acababa de
comer; vierte un torrente de lágrimas, y en el exceso de su dolor ya
repite muchas veces que habia sido el triste sepulcro de su hijo; ya
despues con la espada en mano busca á Progne y Filomela, pero ya se
habian retirado, y huian con tanta ligereza que qualquiera creeria que
sus cuerpos tenian alas. En efecto las tenian. Filomela, convertida en
ruiseñor, voló á los bosques, y Progne, en golondrina, se fue al techo
del palacio. Sus plumas teñidas de un color que se asemeja á la sangre,
conservan aun las señales de su crueldad.[184] Tereo, en el exceso
del mas vivo dolor, y deseando con ansia poder vengarse, fue tambien
convertido en ave. Su cabeza apareció con una cresta que tenia la forma
de un casco, y su boca se mudó en un pico semejante á un dardo. Se
llama Abubilla,[185] y parece que está siempre armada. La nueva de esta
deplorable tragedia, habiendo llegado poco tiempo despues á Atenas,
causó tanto sentimiento á Pandion, que murió de la pena antes de sus
dias señalados y de los últimos tiempos de su larga vejez. Ericteo su
hijo heredó el Reyno; ilustre por sus virtudes, no es fácil decidir si
el amor de la justicia excedia á su valor, ó el valor al amor de la
justicia. Tenia este Príncipe quatro hijos y otras tantas hijas; pero
dos de ellas eran de igual hermosura.
[Ilustración: (73) No habiendo podido Boreas conseguir á Oritia de su
padre, la roba y lleva á la Tracia.]
FÁBULA VIII.
_ORITIA ARREBATADA POR BOREAS._
Céfalo, hijo de Eolo, casó con la una llamada Procris; y Oritia, su
hermana, fue largo tiempo el objeto de ternura de Boreas.[186] La
Tracia, donde reynaba, y la memoria de Tereo eran impedimento para
su enlace; mas este Dios[187] persiste en sus ruegos, queriendo mas
usar de rendimientos que de la fuerza. Pero viendo en fin que nada
adelantaba con las persuasiones, se dexó arrebatar de su furia, que es
natural y muy comun á tal viento, y dixo: „Con razon se me desprecia.
¿Por qué pues he abandonado mis armas, la crueldad y violencia, mi ira
y ánimo amenazador, y he echado mano de ruegos é indignos suspiros?
¿Son pues estas las armas que deben asegurarme la victoria? No, nada
me está mejor que el furor y la fuerza, con la qual arrollo las
nubes: con violencia disipo las nieblas, agito los mares, derribo los
robustos robles, quajo la nieve, y congelo el granizo.[188] Quando yo
encuentro en el ayre, que es mi verdadero campo de batalla, los demas
vientos, mis hermanos, lucho con ellos con tanto ímpetu, que todo el
cielo se estremece, y chocando las nubes unas con otras, despiden el
horroroso trueno, y lanzan los fogosos rayos que atemorizan á todo el
orbe. Quando puedo introducirme en las concavidades de la tierra, hago
estremecer á los infiernos, y lleno de temblor á todo el universo.
De esta suerte debí pedir á Oritia en casamiento; y Ericteo seria mi
suegro por fuerza, ya que no quiere rendirse á ruegos.”