una voz que parecia descender de los altos ramos y saludar á Minerva.
Alzó la vista la diosa, llena de admiracion, preguntando de donde salia
aquella voz que parecia humana. Eran nueve picazas, aves que repiten
quanto oyen, y parándose entonces en las ramas, se quejaban amargamente
de la desgracia que les habia sucedido. La Musa, para sacar á Palas de
la admiracion en que se hallaba, la habló de esta manera: „Hace poco
tiempo que vencidas estas en un certámen, fueron transformadas en aves.
Piero, Rey de Macedonia, tuvo nueve hijas de la Reyna Evipe su esposa.
Esta Princesa parió nueve veces, y nueve veces invocó á la poderosa
Lucina:[103] desvanecida la numerosa turba de las necias hermanas se
atrevió á penetrar el Parnaso, despues de haber atravesado la Tesalia
y parte de la Grecia, y nos desafiaron en estos términos: No engañeis
al vulgo ignorante con vuestro canto; si teneis alguna satisfaccion
entrad en competencia con nosotras: tantas á tantas somos;[104] mas
estamos seguras de no ser vencidas ni en la voz ni en la destreza de
tocar: ó confesaos vencidas, y cedednos la fuente Hipocrene y la de
Aganipe,[105] ó si nos venciereis, os cederemos los agradables valles
de Tesalia, y nos retiraremos á las nevadas montañas de Tracia: he aquí
las condiciones de la competencia; las Ninfas de esta comarca serán
nuestros jueces. Indecoroso era seguramente el admitir el desafio; pero
lo hubiera sido mas el dexarlo de aceptar. Las Ninfas elegidas por
jueces, despues que juraron por los rios que harian justicia al mérito,
ocuparon unos asientos formados naturalmente de piedra viva.
Entonces, sin echar suertes, la primera[106] que se convidó á disputar
cantó la guerra de los Gigantes[107] con deshonor de los Dioses,
y disminuyó quanto pudo las hazañas de estos: dixo que Tiféo,[108]
producido de las entrañas de la tierra, de tal modo atemorizó á
los moradores del cielo que fueron huyendo hasta Egipto; que este
formidable Gigante habiendo ido tras ellos les obligó á mudarse en
diferentes figuras; que Júpiter Amon, que se venera en Libia, se hizo
carnero; que Apolo se disfrazó en cuervo, Baco en cabron, Diana en
gata, Juno en vaca blanca, Venus en pez y Mercurio en Ibis.[109]
Hasta aquí habia cantado en su cítara la hija de Piero; en seguida
nosotras fuimos solicitadas; pero, acaso, gran Diosa, no tendrás
tiempo para detenerte á oir la referencia de lo que contamos. „Sí
tendré, respondió Palas, sentándose en la suave sombra de la selva,
porque quiero tambien enterarme de lo que vosotras cantásteis.” La
Musa prosiguió su narracion de esta manera: „Á Caliope,[110] nuestra
hermana, le confiamos por nuestra parte el certámen: se levantó esta,
y despues de haber recogido sus sueltos cabellos con yedra, y templado
la vihuela, cantó al son de sus dulces cuerdas la historia del rapto de
Proserpina del modo siguiente.”
FÁBULA IV.
_PLUTON HERIDO POR EL AMOR._
„Ceres fue la primera que rompió la tierra con el corvo arado; á ella
se debe la produccion de los frutos, del trigo, y de todo lo que sirve
de alimento al hombre. Ella antes que otro promulgó leyes; y quantos
bienes poseemos son dones de su divinidad.[111] Á esta he de elogiar
hoy; ¡y oxalá pudiera cantar himnos dignos de una diosa que por tantos
motivos merece ser alabada! En la célebre isla de Sicilia hallaron
su sepultura los Gigantes. Aquel Tiféo que pretendió subir al Olimpo
mismo está sepultado debaxo de la vasta mole de muchas montañas: en
vano hace esfuerzos para levantarse, porque sobre su mano derecha está
el promontorio de Peloro, y sobre la izquierda el de Pachino; y tú,
Lilibeo, le oprimes sus piernas; su cabeza yace baxo el monte Etna,
desde donde vomita torrentes de fuego y arena.
[Ilustración: (61) Venus ruega á su hijo que hiera con una de sus
flechas el corazon de Pluton.]
Los esfuerzos continuos que hace por sacudir de sí el peso que le
oprime, y sacar su cuerpo de entre los pueblos y montes, estremecen
la tierra,[112] y aun Pluton, Rey del infierno, teme no se abra una
gran abertura, por la qual, penetrando el dia con su luz, atemorice
é inquiete á las pavorosas almas de los muertos. Para remediar esta
desgracia, salió de su region tenebrosa en su carro, tirado por dos
caballos negros,[113] visitó los cimientos de Sicilia; y despues de
haber reconocido que todo estaba en buen estado, y que nada tenia que
temer por su imperio, pasó al monte Erix.”
„Venus que le vió discurrir por él, abrazando á su alado hijo,[114] le
habló de esta manera: „Hijo mio, armas mias, manos mias, y todo mi
poderío; toma, ó Cupido, de aquellas flechas con que triunfas de todos,
emplea las mas eficaces y ligeras en el corazon del terrible Dios á
quien tocó por suerte el señorío del infierno. Tú vences á los Dioses y
al mismo Júpiter; las deidades del mar y el que las gobierna, tampoco
estan libres de tus tiros; ¿por qué pues lo han de estar los infiernos?
¿por qué no dilatas el imperio de tu madre y el tuyo hasta sujetar á
él esta tercera parte del mundo? Sin embargo de nuestro poder, tenemos
que sufrir que en el cielo nos desprecien, y las fuerzas del amor se
disminuyen conmigo. Por ventura ¿no ves como han huido de mi imperio
Palas y la cazadora Diana? La hija de Ceres tambien, si nos estamos en
inaccion se nos escapará, y seguirá el exemplo de aquellas. Pero si
eres sensible al interes de nuestra gloria, haz de modo que Pluton se
enamore de ella, y que venga á ser esposa de su tio.”[115] Esto dixo
Venus, y tomando Cupido su aljaba, escogió entre mil flechas la mas
aguda y certera, y la mas acomodada al arco, segun la voluntad de su
madre, y puesta la rodilla en tierra estiró su arco flexîble, é hirió
con una harpada flecha el corazon de Pluton.
FÁBULA V.
_RAPTO DE PROSERPINA._
Hay un lago muy profundo no lejos de los muros de Ena[116] llamado
Pergo: sus riberas, aun mas que las del Caistro,[117] resuenan sin
cesar con los dulces cantos de los cisnes. Está ceñido por todas partes
de una amena selva, que con sus hojas, como con un verde toldo, no
dexa penetrar á los ardientes rayos del sol; los ramos mantienen una
agradable frescura; la tierra por todas partes está matizada de las mas
hermosas flores, y reyna allí una perpetua primavera. En este delicioso
bosque se entretenia Proserpina en coger flores, y en hermanar en
graciosos ramilletes las obscuras violetas con las blancas azucenas.
Mientras con ansia juvenil llena su canastillo y regazo, y se afana por
coger mas flores que sus compañeras, la ve Pluton, y el verla, amarla y
robarla, todo es al mismo tiempo. ¡Tanto como esto se apresura el amor!
[Ilustración: (62) Pluton roba á Proserpina y convierte en fuente á
Ciane porque queria impedírselo.]
Amedrentada la Diosa, llamaba con acentos tristes y repetidos
á su madre y compañeras; pero mas veces á su madre. Por desasirse
de Pluton rasgaba sus vestidos, de modo que soltando el regazo se
le cayeron las flores que habia cogido; y era tanta su candidez en
aquellos años juveniles, que sintió mucho y lloró la pérdida de las
flores. Discurre el robador con gran velocidad en su carroza; instiga
á sus caballos, y para estimularlos mas los llama por su nombre, y
les afloxa las riendas. Atraviesa profundos lagos, y en particular el
de los Pálicos,[118] que huele á azufre, y que hierve por la hendida
tierra; pasa por aquella ciudad, que se construyó antiguamente entre
dos puertos desiguales por los dos hijos de Baquia,[119] oriundos de
Corinto, ciudad ceñida de dos mares.[120] Entre Ciane y Aretusa[121]
hay un espacio de mar contenido por algunas rocas, que por todas
partes le rodean. Habitaba aquí Ciane, una de las mas hermosas Ninfas
de Sicilia, de quien tomó nombre el estanque. Habiendo salido esta
Ninfa del fondo del agua, y conocido á Pluton, le habló de esta manera:
„No pasarás adelante; no debes pretender ser yerno de Ceres contra
su voluntad: antes debiste pedirla que robarla. Y si me es permitido
comparar las cosas pequeñas con las grandes, diré que tambien á mí
me amó Anapo: me casé con él, rendida á sus instancias, pero sin
amedrentarme como tú á esta.” Dixo esto, y tendiendo los brazos de
frente queria estorbar el paso; pero el hijo de Saturno, llenándose de
ira, agita á los briosos caballos, y lanzando con poderoso brazo su
cetro á lo profundo de la corriente, hizo una hendidura en la tierra
que les abrió paso á su reyno, por donde baxaron los caballos y carro.
Ciane, sintiendo, ya el robo de la Diosa, ya tambien el desprecio del
derecho de su fuente, conservó en lo interior de su corazon una pena
tan grande, que desde entonces jamas dexó de derramar lágrimas, hasta
que por último fue transformada en aquellas mismas aguas de que poco
há habia sido Diosa soberana. Insensiblemente todas las partes de su
cuerpo comenzaron á ablandarse, sus huesos se tornan flexibles, y las
uñas dexan de ser duras: en una palabra, sus hermosos cabellos, dedos,
pies y rodillas se convierten en agua; porque quanto mas sutiles y
delicadas son las partes del cuerpo, tanto mas fácilmente se liquidan.
Sus espaldas, hombros, costados y pecho se transforman en otros tantos
arroyuelos. En fin, el agua se entró por las venas viciadas en lugar de
la sangre que antes corria por ellas, y nada quedó en su persona que no
tuviese la fluidez de este elemento.
En tanto Ceres, llena de sobresalto, busca inútilmente á su hija
por mar y tierra. Ni la aurora que sale con su dorada madexa, ni el
lucero de la tarde la vieron parada en ninguna parte: tomó dos teas,
que encendió en el volcan del Etna, y continuó así buscándola durante
la noche. Al dia siguiente, luego que la luz ocultó las estrellas,
recorrió toda la tierra desde el occidente al oriente. Fatigada de
andar tenia bastante sed por no haber querido pararse á beber en
ninguna fuente, quando por casualidad descubrió una cabaña cubierta de
paja; llama á la pequeña puerta, sale una vieja, y quando le pedia de
beber la Diosa, la presentó una especie de poleada[122] bien agradable
que acababa de cocer. Mientras ella tomaba aquella confeccion, un
muchachuelo atrevido y desvergonzado se echó á reir, llamándola voraz
y glotona. Ofendida la Diosa de esta burla, roció al muchacho con
la poleada y agua que la quedaban. Su rostro se vió luego lleno de
manchas, sus brazos se mudaron en piernas, una larga cola le salió
de la extremidad del cuerpo, y todos sus miembros tomaron una forma
diferente: y porque nunca pudiera hacer mucho daño, le contrae á una
figura muy pequeña; en una palabra, fue transformado en lagartija ó
estelion. Admirada, llorando y amedrentada la vieja de este prodigio,
y queriendo acercarse al reptil, huye este de ella y se oculta en
una rendija. Á este animalito se le puso oportunamente el nombre
de Estelion,[123] por estar su cuerpo pintado y lleno de manchas
estrelladas.
Seria demasiado prolixo si me parase á contar los diversos paises y
mares que corrió la desgraciada Ceres en busca de su hija: despues
de haber recorrido todo el orbe en su busca, se vuelve á Sicilia,
y registrando todos los lugares por donde pasaba, llegó tambien al
lago en que vivia en otro tiempo Ciane, quien todo se lo hubiera
descubierto, á no haber padecido la transformacion ya mencionada; y
aunque deseaba hablar, le faltaba ya entonces la boca y lengua con
que hacerlo. No obstante se explicó por señas, y mostró á esta madre
afligida la cinta que habia servido á Proserpina de ceñidor, que se
le habia caido en aquel lugar,[124] y que andaba sobrenadando en las
aguas. Luego que la Diosa la conoció, renueva su pena y sentimiento,
y como si supiera entonces por la primera vez que habian robado á su
amada hija, se arranca la descompuesta cabellera, se hiere el pecho una
y muchas veces; y aunque ignora dónde está, maldice sin embargo á todas
las tierras, llamándolas ingratas é indignas de los dones con que las
enriquecia todos los años.[125]
Pero principalmente maldice la Sicilia, en donde acababa de descubrir
los primeros indicios de la desgracia de Proserpina. Allí pues quebró
todos los arados; dió muerte sin distincion á los bueyes y labradores
que los conducian: la tierra fue condenada á una eterna esterilidad,
y vició la semilla para que allí no naciera en adelante trigo. Es ya
una memoria vana la fertilidad de aquella tierra tan celebrada por
todo el mundo; y las mieses se secaban apenas nacian: unas veces un
excesivo calor las quema; otras, un grande aguacero las inunda: los
vientos y tempestades las daña. Las aves se comen el grano conforme se
siembra, y lo que se escapa á su voracidad se ahoga con el ballico y
otras yerbas malas. Movida Aretusa de todas estas calamidades sale del
fondo de las aguas, y apartando de la frente los cabellos mojados habló
á Ceres de esta manera: „Gran Diosa, madre de una hija que buscas por
todo el mundo, madre tambien de todos los frutos, pon ya fin á un tan
ímprobo trabajo, dexa ya de desfogar tu ira sobre una tierra que te ha
sido siempre fiel; ella no tiene la culpa, antes bien, mal de su grado,
abrió su seno para dar paso al hurto.
„Y porque no juzgues te ruego por mi patria, decirte debo que tuve mi
nacimiento en Pisa, mi orígen de la Elide, que vivo aquí extrangera, y
por ser mas agradable esta tierra que qualquiera otra, he determinado
fixar en ella mi domicilio; y te suplico que la conserves baxo tu
proteccion. No es ahora tiempo de referirte por qué causa he dexado
mi patria, y atravesado tantos mares para llegar aquí; pero cuidaré
de darte cuenta, quando tus cuidados hayan calmado, y te halles mas
tranquila. Basta que sepas ahora que la tierra me abre camino, y que
despues de haber atravesado las mas profundas cavernas, levanto aquí
la cabeza, y miro un cielo desacostumbrado. Andando pues por la laguna
Estigia, he visto allí á Proserpina por mis ojos.[126] Ella seguramente
está triste, y aun no ha acabado de volver del sobresalto; mas con
todo es Reyna, esposa de Pluton, y manda en el vasto imperio de las
sombras.”
FÁBULA VI.
_CERES CONSIGUE QUE SU HIJA VIVA CON ELLA SEIS MESES EN EL AÑO Y OTROS
SEIS CON SU MARIDO._
Quedó Ceres como una estatua de mármol al oir este discurso; y pasando
despues de algun tiempo de la pena al furor, sube sobre su carro,
atraviesa la inmensa extension de los ayres, y se presenta ante Júpiter
con el rostro bañado en lágrimas y desgreñado el cabello: „Soberano de
los Dioses, le dice, vengo á suplicarte por tu prosapia y la mia:[127]
y si á nada puedo yo moverte, muévate á lo menos tu hija; y te ruego
que no te muestres poco sensible por haber nacido de mí. Sabe pues que
he hallado por fin á mi hija despues de haberla buscado tanto tiempo,
si se llama hallarla, lo que es mas cierto haberla perdido sabiendo
dónde está. Disimularé el que me la hayan robado, con tal que la
restituya el ladron, porque por ser hija tuya no es digna de un marido
de esta clase, aunque por ser mia lo mereciera.”
[Ilustración: (63) Aretusa cuenta á Ceres que Pluton se habia llevado á
su hija Proserpina.]
„Siendo tu hija, respondió Júpiter, prenda igual de nuestra ternura,
no puedo menos de tomar parte en la pena que te aflige; pero si te
he de hablar sin rebozo, este arrojo no es una injuria, sino un amor
verdadero; y no debemos tener á deshonra el que Pluton sea nuestro
yerno, con tal que prestes tu consentimiento. Porque aun quando no
tuviera todas las brillantes qualidades de los demas Dioses, ¿no es
bastante que sea hermano de Júpiter? Pero no, no es inferior á ninguno,
y solo la suerte le reduxo á ser menos que yo. Mas si á pesar de todo
esto quieres el divorcio, vuelva Proserpina enhorabuena al cielo, con
tal que no haya comido nada desde que entró en los infiernos, porque
así está establecido en las leyes de las Parcas.”[128]
Esto dixo; pero ninguna fuerza hizo á Ceres el discurso de Júpiter:
insistió en la resolucion de recobrar á su hija; pero no se lo
permiten los Hados, porque Proserpina habia quebrantado el ayuno.
Paseándose pues por los jardines del palacio de Pluton, habia cogido
una granada, y comido de ella siete granos: nadie habia sido testigo
de esto sino Ascalafo, hijo de Orphne, una de las mas célebres Ninfas
del infierno, y á quien tuvo de su Aqueronte dentro de las negras
cavernas. Lo vió pues, y publicándolo, impidió la salida de Proserpina.
Llena de sentimiento la Reyna del infierno, castigó al indiscreto
delator transformándole en ave, y rociando su cabeza con agua del
Flegetonte, la transformó en un feo pico con plumas y ojos grandes: de
todo su cuerpo solo le quedó unas alas rubias, cabeza grande y unas
uñas retorcidas; pero con dificultad puede mover sus brazos con el
impedimento de las alas. En una palabra, fue convertido en buho, ave
fatal, y que solo anuncia fatalidades á los mortales.[129]
Es cierto que la indiscrecion de Ascalafo podia merecer este castigo;
pero decidme, Sirenas, hijas de Aqueloo, ¿por qué teneis plumas y
pies de ave, y los rostros de doncellas?[130] ¿Es acaso porque
acompañabais á Proserpina, quando fue robada por Pluton al tiempo
mismo que estaba cogiendo flores? Con efecto; porque despues de
haberla buscado inútilmente por todo el mundo, deseábais con ansia,
para que los mares fuesen testigos de vuestro cuidado, poder tener
alas para buscarla tambien por este elemento. Os lo concedieron los
Dioses, é inmediatamente se cubrieron vuestros miembros de plumas;
pero quedándoos aquella habilidad para cantar que encanta á los mas
delicados oidos, y tambien la voz y rostro de doncellas.
Júpiter pues, para ajustar la diferencia que habia entre Pluton y
Ceres, mandó que Proserpina estuviera cada año seis meses con su
marido y seis con su madre.[131] Con esto se tranquiliza el corazon
y semblante de Ceres, que hasta entonces habia parecido triste al
infierno mismo, así como se dexa ver el sol despues de haber disipado
las opacas nubes que cubrian su faz brillante.
FÁBULA VII.
_ALFÉO Y ARETUSA._
Tranquilizada Ceres con haber hallado en seguridad á su hija, te
pregunta Aretusa la causa de tu viage,[132] y por qué estás convertida
en fuente sagrada. Suspenden su murmullo las aguas, y sacando tú,
Ninfa, la cabeza, la cuentas despues de haberte enxugado tu verde
cabellera,[133] los antiguos amores de Alféo. „Fui una, la dices, de
las Ninfas de la Grecia, y no hubo ninguna que me ganase á recorrer
los bosques, ni que supiese tender las redes con mas destreza que yo;
pero aunque nunca anhelé por parecer hermosa, si bien era esforzada, me
tenian sin embargo por bella, mas no por eso me engreia la hermosura
que tanto ensalzaban en mí; y yo como rústica me avergonzaba de lo que
otras suelen alegrarse, porque tenia por un delito el llegar á agradar
á alguno.
[Ilustración: (64) ¿Á dónde huyes, hermosa Aretusa, exclama entonces
Alféo, á dónde huyes?]
„Un dia, si mal no me acuerdo, volvia fatigada del bosque de
Estínfalo; el calor era grande, y le habia hecho en mí mas excesivo el
cansancio: encontré luego una fuente, cuyas aguas eran tan hermosas
y claras que se pudieran contar todas las piedras que habia en el
fondo, y caminaba tan lentamente que apenas se percibia su curso. Unos
antiguos sauces y álamos frondosos, que el agua del arroyo conservaba
siempre verdes, formaban sobre sus riberas una apacible sombra. Luego
que llegué, mojé las plantas de los pies; despues entré hasta las
rodillas, y no contenta con esto, me desnudo del todo, y poniendo mi
ropa en las ramas de un sauce, me arrojo al agua. En tanto que yo
nadaba, y que movia las aguas bañándome de mil modos, oí no sé qué
murmullo debaxo de la corriente, y salté asustada prontamente á la
ribera. ¿Á dónde vas bella Aretusa? ¿á dónde vas? me dixo dos veces
Alféo desde sus raudales, pero con voz ronca. Mis vestidos estaban por
desgracia al otro lado de la ribera, y mi desnudez me hizo parecerle
mas hermosa, y por lo mismo mas se abrasa y me persigue: iba á mas
andar, y él corria tras mí con tanto ahinco, que yo parecia á una
tímida paloma acosada del azor, y él á la misma ave de rapiña que hace
todos los esfuerzos por coger á la tímida paloma. Pude correr hasta
las inmediaciones de la ciudad de Orcomeno: pasé cerca de Psofis:
atravesé las montañas de Cileno, de Menalo y Erimanto, y llegué á la
Elide, y no me excedia en velocidad; pero como mis fuerzas iban ya
decayendo, no podia continuar mas tiempo la carrera; su robustez podia
sostener este ímprobo trabajo. No dexé sin embargo de correr por los
campos, por los montes cubiertos de árboles, y tambien por las rocas y
por lugares escarpados é inaccesibles.
„Como me daba el sol de espaldas, vi ante mis pies su sombra, á no ser
que fuese efecto del miedo que tenia; mas no era así, porque sentia sus
pisadas, y su respiracion hacia mover mis cabellos. En fin no pudiendo
pasar mas adelante, imploré la proteccion de Diana: Ó Dictina,[134]
la dixe, socórreme, y no abandones en una necesidad tan grande á una
Ninfa que, fiel en acompañarte, muchas veces tuvo el honor de conducir
tu aljaba, flechas y arco. Oyó mi súplica la Diosa, y me cubrió
al instante con una nube muy obscura; Alféo, viéndome desaparecer
tan pronto, me busca en la obscuridad de la nube que me cubria, é
ignorante de lo acaecido, da dos vueltas al sitio donde la Diosa me
habia ocultado: Aretusa, Aretusa, decia, ¿dónde estas? ¡Con qué ánimo
estaria yo, infeliz, entonces! ¿No te persuades que me pareceria á la
inocente cordera, que oye aullar al carnicero lobo al rededor de su
redil, ó á la tímida liebre que se oculta en los abrojos, sin osar á
moverse, acosada de los solícitos galgos que pretenden su muerte? Como
Alféo no vió pisadas algunas hácia otra parte que le pudieran hacer
creer que yo estuviera mas lejos, se detuvo al rededor de la nube que
me ocultaba.
„Entonces un sudor frio empezó á esparcirse por todo mi cuerpo, de tal
modo que por todo él corrian gotas de agua; y por qualquiera parte que
movia el pie salia un manantial, y aun de mis rubios cabellos caia
rocío: en una palabra, me vi convertida en fuente en menos tiempo que
te he referido mis desgracias. El Dios del Rio,[135] que me conoció
mudada en agua pura, dexando la figura de hombre que habia tomado, se
vuelve á tornar agua para mezclarse conmigo. Diana entonces abre la
tierra; me facilita paso por medio de las profundas cavernas,[136]
y llego á Ortigia, donde determiné quedarme, ya por lo delicioso del
sitio, y ya tambien por amor á Diana.”
[Ilustración: (65) Ceres transforma á Linco en Lince porque iba á
quitar la vida á Triptolemo.]
FÁBULA VIII.
_LINCO TRANSFORMADO EN LINCE._
Despues que Aretusa acabó su historia, la abundante Ceres unció dos
dragones á su carro, y llevada por el ayre por medio del cielo y la
tierra, fue hasta Atenas, donde entregó á Triptolemo[137] su ligero
carro, dándole órden para que fuera por todas partes á esparcir las
semillas en las tierras, parte en las enteramente incultas, y parte en
las que hallase no cultivadas despues de mucho tiempo. Despues que él
recorrió la Europa y el Asia, aportó á las orillas de la Escitia, donde
reynaba Linco. Habiendo ido á su palacio, el Príncipe le preguntó de
dónde venia, el designio de su viage, su nombre y patria. „Mi patria es
la célebre Atenas, le respondió su huesped; mi nombre Triptolemo; no he
venido aquí por mar ni tierra; el ayre me ha abierto el camino[138]
que me ha conducido á tus estados. Yo traygo los preciosos dones
de Ceres; los quales, esparcidos por los anchos campos, producirán
fértiles cosechas.” El bárbaro, envidioso del honor que recibia el
extrangero, y esperando poder atribuirse esta gloria, le da hospedage,
é intentó quitarle la vida al primer sueño; pero á tiempo que iba á
atravesarle el pecho, fue convertido en lince por Ceres, mandando al
jóven ateniense subir de nuevo en su sagrado carro, y executar sus
órdenes.