á un hombre; y aun cubriera su modesto rostro con las manos, si no
las tuviese atadas; solo indicó sus desgracias con el copioso llanto
que eclipsaba sus dos soles, hasta que vencida de sus instancias, y
temerosa de que infiriera de su silencio alguna grave culpa, le confesó
su nombre, su patria, y el exceso de vanidad que su madre tuvo en su
hermosura. Aun no habia acabado de hablar, quando bramó el mar, y se
vió en la superficie de las aguas un monstruo, cuyo cuerpo ocupaba
un espacio inmenso. Grita la afligida Andrómeda, y su padre y madre,
igualmente infelices, aunque mas culpados, se hallan presentes; pero
no pudiendo socorrerla, se contentan con gemir, llorar, y estrecharla
entre sus brazos. „Tiempo bastante os queda, les dixo Perséo entonces,
para llorar, pero bien poco para remediar á vuestra hija. Si yo que
soy hijo de Júpiter y de Dánae, que vencí á la Górgona,[70] coronada
de víboras, y me atrevo á surcar con veloces alas la vaga region
del ayre, os la pidiese por esposa ¿me prefeririais sin duda á otro
hombre? pues yo quiero añadir á estos títulos, el mérito de salvar
su vida, si place así á los hados. Solo quiero que me otorgueis su
mano si lo cumplo.” Cefeo y la Reyna, no solo se convienen, sino que
le ruegan que cumpla su promesa, ofreciéndole, si lo hace, la hija,
y aun el Reyno en dote. Del modo que la nave agitada fuertemente por
los remeros, que sudan con el trabajo, surca las ondas, cubriéndolas
de espuma, así las venia cortando con su pecho el marino monstruo.
Distaba ya del peñasco el espacio que puede alcanzar una piedra
disparada por la honda mallorquina,[71] quando el jóven, estribando
el pie en la tierra, se elevó rápidamente en el ayre; y apenas vió
el monstruo retratada en las aguas su sombra, quando se lanza á ella
con toda su fuerza; y así como el águila, quando con el sol descubre
al dragon en campo raso, vuelto de espalda al sol, se arroja sobre él
ligeramente, y rezelosa de que la muerda si vuelve la cabeza, la hace
presa con sus garras en la escamosa cerviz, así se dexa caer Perséo
volando sobre el monstruo, y le introduce por la espalda derecha el
acero hasta la empuñadura. Sintiéndose herida la fiera, ya se levanta
sobre las aguas, ya se sumerge en ellas, y ya finalmente se vuelve y
revuelve con ferocidad como un jabalí acosado de una manada de perros.
Pero el jóven, al paso que con la ligereza de sus alas evita las
heridas de sus rabiosos dientes, insiste hiriéndola con su alfange,
unas veces en el costado, otras en donde no podian defenderle las
conchas, y otras en fin en la parte que á manera de pez acababa en
una delgada cola. Vomitaba la fiera agua teñida en sangre, rociando
con ella las ya pesadas alas de Perséo; el qual temiendo no poderse
sostener en ellas, vió un peñon, cuya cima dexa descubierta el mar
quando está en calma, pero la cubre quando se embravece; y asiéndose
de él con la mano izquierda, le introduxo muchas veces con la derecha
el hierro por el vientre. Entonces fue quando los ecos de aplauso
y alegría resonaron en la playa, y llegaron hasta las encumbradas
mansiones de los Dioses. Casiope y Cefeo, llenos de gozo, saludan á
su yerno, confesando que habia sido su libertador, y el amparo de su
casa. Andrómeda, libre de las cadenas, como causa de su riesgo, corre
á premiar al vencedor, quien despues de lavar sus manos victoriosas,
sepulta con gran cuidado en la arena la cabeza de Medusa, hija de
Forco; y por evitar que hiciera algun daño, la cubrió de hojas y ramas
tiernas que nacen en el mar. Pero como estaban recien cogidas, chuparon
el veneno de la Górgona, y sin mas que su contacto se petrificaron.
Las Ninfas, admiradas, hicieron la experiencia con otras ramas, y
regocijadas de ver en todas igual prodigio, arrojaron algunas al mar, y
se convirtieron en corales; este vegetal conserva la misma naturaleza,
pues siendo dentro del agua una planta tierna, fuera de ella se
convierte en piedra. Perséo en accion de gracias erigió á tres Dioses
tres altares de cesped, el de la derecha á Palas, el de la izquierda á
Mercurio, y el del centro á Júpiter: sacrificando una vaca á la Diosa
de la guerra, un becerro á Mercurio el mensagero de los Dioses, y á tí,
Júpiter, el mayor de todos ellos, un toro.[72]
[Ilustración: (57) Perséo da gracias á los Dioses por su victoria y se
casa con Andrómeda.]
FÁBULA IX.
_PERSÉO SE CASA CON ANDRÓMEDA._
Dió luego la mano á Andrómeda, como recompensa de su hazaña, sin
pretender dote alguno en este enlace. El himeneo y el amor hacen
preparar las nupciales teas: quémase abundancia de perfumes: cuelgan
las casas de floridas guirnaldas, y por todas partes resuenan las
canciones[73] acompañadas de flautas, liras y clarines, como señales
ciertas del general alborozo. Las puertas del real palacio abiertas
dan paso libre á sus riquísimas estancias, y los Proceres de la Corte
asisten al convite regio, preparado con la mayor magnificencia. Acabado
el banquete, se veian sumamente regocijados los ánimos de todos con la
generosidad del vino, y Perséo procura instruirse en las costumbres
y ceremonias de la nacion:[74] á lo que despues de haber satisfecho
Lincides completamente: „ruégote, muy valeroso Perséo, le dixo, que
nos refieras qué fortaleza te valió y qué arte te ayudó para cortar á
Medusa la cabeza, poblada de víboras en vez de cabellos.”
„Hay, le responde, al pie del frio Atlante un lugar cercado de fuertes
muros, en cuyo interior vivian las dos hermanas Forciadas, quienes
veian alternativamente con el auxîlio de un solo ojo; quando la una
fue á prestársele á la otra, yo alargué la mano con mucha sutileza,
y me apoderé de él. Dueño así del primer paso, caminé por sendas
extraviadas, por fragosos montes y peñascos, hasta llegar al palacio de
las Górgonas. Á cada paso hallaba en los campos y caminos estatuas de
hombres y de fieras, que Medusa habia transformado en piedras con su
vista. Yo entonces, por preservarme de igual riesgo, miré su horrenda
figura en la imágen que los rayos de la luz retrataban en mi escudo;
y quando se habia apoderado el sueño de ella y de las víboras que la
servian de cabellos, separé de un golpe la cabeza de su cuello, y de
su sangre se formó el ligero Pegaso, y otro hermano suyo, llamado
Crisaor.” Contó tambien los demas peligros que habia corrido en su
largo viage: los mares y tierras que habia visto debaxo de sí quando
surcaba los ayres: los astros á que se habia acercado con su vuelo;
acabando su relacion quando menos lo esperaban. Pero uno de los
Proceres que le oian, le preguntó, ¿por qué sola Medusa, entre las
Górgonas sus hermanas, tenia víboras interpoladas con los cabellos? Á
que respondió Perséo: „Pues me preguntas una cosa digna de contarse,
has de saber que fue hermosa con tanto extremo, que la requirieron de
amores mil jóvenes apasionados; pero sin embargo de ser bella nada
tenia mas perfecto que el cabello. Así al menos lo aseguran quantos la
vieron. Cuentan tambien que Neptuno, el Soberano del mar, enamorado de
su hermosura, profanó con ella el templo de Minerva; y que horrorizada
esta Diosa, se cubrió el recatado semblante con su egida, pero por no
dexar impune su culpa, convirtió en víboras los cabellos de la Górgona;
y que desde entonces, para aterrar á sus enemigos, las lleva esculpidas
en su escudo.”
LIBRO QUINTO.
_ARGUMENTO._
Palas, que hasta allí habia acompañado á su hermano Perséo, habiéndose
separado de él, se dirigió al monte Helicon para reconocer la fuente
Hipocrene. Allí las Musas la cuentan la desgracia de Pirenéo y la
transformacion de las Piérides en picazas, despues de vencidas en la
contienda del concertado canto de varias transformaciones.
[Ilustración: (58) Finéo entra en la sala del banquete con el dardo en
la mano dirigiendo la palabra á Perséo.]
FÁBULA PRIMERA.
_FINÉO DA UNA BATALLA Á PERSÉO._
Continuando aun Perséo la narracion de sus aventuras en presencia de
Cefeo y de su corte, se llena el palacio de gente enfurecida, y ya no
se oyen voces que solemnicen el himeneo, sino otras que declaran y
publican una cruel guerra. La fiesta mudó tan de repente de aspecto,
que bien se podia comparar al mar, quando de improviso se altera con la
impetuosidad de los vientos.
Entra el primero Finéo, autor de aquel desordenado motin, blandiendo
una lanza de fresno[75] con una hoja de cortante acero, y dirigiéndose
á Perséo: „Aquí tienes, le dice, un enemigo que viene á tomar venganza
de la injuria que le has hecho, robándole su esposa. Ni tus alas, ni
el pretendido Júpiter que tú finges haberse convertido en lluvia de
oro[76] para darte la vida, te librarán de mi furor.” Iba á arrojarle
la lanza quando Cefeo exclamó, diciendo: „¿Qué vas á hacer, hermano
mio? ¿Qué desenfrenada locura te mueve á tan enorme maldad? ¿Este
pago quieres darle por el servicio que ha hecho salvando la vida
de Andrómeda? Mas si exâminas el hecho hallarás que no te la quitó
Perséo, sino la divinidad respetable de las Nereydas, el cruel oráculo
de Amon, y aquel fiero monstruo[77] que venia á saciarse en la hija
de mis entrañas. En el momento que iba á perecer te fue arrebatada.
Bárbaro, ¿serias tan cruel que desearas hubiese perdido la vida, y que
te alegrases con nuestro llanto? ¿No es para tí bastante afrenta el que
siendo su tio y prometido esposo, consentiste el que fuese amarrada á
tu presencia sin tratar de socorrerla, sino que añades la de dolerte
de que otro la haya libertado, y quieres quitarle el premio? Y si te
parece grande, debias haberlo buscado en aquel peñasco donde estaba
atada: ahora pues dexa que aquel que lo ganó, y por quien mi vejez no
se ve privada de una hija tan apreciable, goce lo que mereció y pactó:
y ten entendido, que él no ha sido preferido á tí, sino á una muerte
inevitable.” Nada respondió Finéo á esto; pero mirando unas veces á
su hermano, y otras á Perséo con turbados ojos, duda á qual de los
dos ha de herir primero; y deteniéndose un poco, vibra en fin, con el
furor que le suministraba su indignacion, la lanza contra Perséo; pero
en vano, porque no le hirió, aunque se clavó en el asiento en que se
hallaba. Levantóse luego el fuerte Perséo, y con la misma lanza hubiera
atravesado el pecho enemigo á no haberse refugiado Finéo detras del
altar, cuya ara (¡qué indignidad!) favoreció al malhechor; pero no se
perdió el tiro, porque la lanza se clavó en la frente de Reto, quien
cayendo en tierra daba tan fuertes saltos despues de haberle sacado
el hierro de la herida, que su sangre salpicó las mesas del banquete.
Llena de furor é ira con tal accion la multitud que acompañaba á
Finéo, unos disparan dardos, otros piden á gritos la muerte de Cefeo y
su yerno; pero el primero habia ya escapado de Palacio, poniendo por
testigos al derecho de gentes, á la fidelidad y á los Dioses de la
hospitalidad,[78] de que no tenia culpa alguna en el tumulto acaecido,
y habia procurado evitar. Aparécese á este tiempo la belicosa Palas,
defiende á su hermano[79] con la Egida, infundiéndole brios para
pelear. Hallábase presente el Indio Atis, á quien la Ninfa Limniace,
hija del rio Ganges, habia dado á luz debaxo de las cristalinas
aguas. Era de extremada hermosura, y la hacia mas sobresaliente la
magnificencia del trage: su edad no llegaba á diez y siete años: estaba
vestido de una clámide[80] Tiria, guarnecida con una faxa de oro; un
collar del mismo metal adornaba su cuello, y una diadema sus rubios y
hermosísimos cabellos empapados en mirra. Aunque diestro en acertar
con el dardo los objetos mas distantes, lo era mucho mas en el manejo
del arco; mas al tiempo que se preparaba á acometer á Perséo, tomó este
del altar un leño encendido, con el que rompiéndole los huesos afeó su
hermoso rostro. El Asirio Licabas, compañero é íntimo amigo de Atis,
no pudiendo ocultar su amor sincero, al verle bañado en sangre, y que
exhalaba el alma con la fuerza de la herida, llorando le arrebató el
arco; y amenazando á su enemigo, le dice: „Conmigo lo has de haber
ahora: no te gloriarás mucho tiempo de la muerte de un jóven, con la
qual te has adquirido mas bien afrenta que alabanza.” Aun no habia
acabado de hablarle en estos términos, quando disparó de la cuerda la
penetrante saeta; pero Perséo evita el golpe, que pierde su fuerza en
su vestidura llena de pliegues, quedando no obstante clavada en ella;
y dirigiendo contra Licabas el corvo alfange con que habia cortado la
cabeza á Medusa, le atraviesa con él el pecho. El soberbio Asirio,
turbados sus ojos con la presencia de la muerte, mira sin embargo á
su Atis, y se reclina sobre él, llevando á los infiernos el consuelo
de haber muerto al lado de su amigo. Á este tiempo Forbas, natural
de Siene, hijo de Metion, y el Livio Anfimedon, deseosos de entrar
en pelea, caen resbalando en la sangre que por todas partes corria;
y al tiempo que se esfuerzan á levantarse, una misma estocada, que
atraviesa la garganta al primero, y traspasa el costado al segundo,
les hace volver á caer: Erito, hijo de Actor, que tiene por arma una
hacha de dos cortes muy grande: acomete con ella á Perséo; y este, en
vez de recibirle con su espada, toma con ambas manos una gran vasija
y de mucho peso que estaba en la mesa, y tenia esculpidas muchas
imágenes de relieve;[81] y tirándosela á la cabeza, cae moribundo
en tierra, arrojando por la boca la roxa sangre. Despues derriba á
Polimedon, descendiente de Semíramis, á Abaris, que habia venido de
las inmediaciones del monte Cáucaso, á Liceto, hijo de Esperquion, á
Elix de prolongada cabellera, á Flegias y á Clito, y atropella á otros
mil que se le ponian por delante. Finéo, no atreviéndose á lidiar de
cerca con su enemigo, le tira un dardo desde lejos, el que vino á dar
á Ida, que ningun partido habia tomado ni en uno ni otro bando. Este,
mirando á Finéo con sañudos ojos: „Puesto, le dice, que me obligas
á declararme, en mí encuentras el enemigo que buscas, recompensa una
herida con otra herida;” mas al ir á arrojarle el dardo que acababa
de sacar de su cuerpo, cayó desfallecido, por faltarle ya las fuerzas
con la abundancia de sangre que le salia. Odites, el primero despues
del Rey Cefeo, fue muerto por Climeno; Protenor por Hipséo, y este por
Lincedes.
El anciano Emation, fiel observador de la justicia, y temeroso de
los Dioses,[82] no hallándose en estado de pelear, y detestando
aquellas armas impías, andaba por todas partes procurando con sus
discursos persuasivos apaciguar el tumulto. Cromis, poco movido de
sus exhortaciones, le corta la cabeza al tiempo que con sus manos
trémulas se abrazaba al altar.[83] El desgraciado viejo, diciendo
algunas imprecaciones contra el bárbaro, espira en medio del sagrado
fuego. Broteas y Amon, hermanos gemelos, invencibles en el juego de
los cestos,[84] (aunque estos no servian contra las espadas) murieron
á manos de Finéo, como asimismo Ampico, Sacerdote de Ceres, á quien
no reservaron las blancas cintas[85] con que adornaba sus sienes. Tú
tambien pereciste, desgraciado hijo de Japeto, no convidado para tales
debates,[86] sino para solemnizar la boda cantando al son armonioso
de tu vihuela la paz y concordia. Viéndole Pétalo á lo lejos con el
instrumento en la mano: „Ve á cantar, le dice burlándose, al infierno
lo que te falta,” y le atravesó la sien izquierda con su espada. Cae
este desgraciado, pero aun hiriendo las cuerdas de la vihuela con sus
moribundos dedos, y por casualidad era lúgubre la cancion que cantaba.
No puede el valiente Licormas dexar sin venganza la muerte del músico;
coge una de las barras de hierro que servia para cerrar la puerta, y
dándole un fuerte golpe en medio de la cerviz, cae acogotado como un
novillo. Quando Pelates, Cinifeo, intentaba arrancar la otra barra,
Corito, atravesándole la mano de un flechazo, le dexa clavado contra
la puerta, y Abante le dió una estocada en el costado, de la que murió
luego, quedando pendiente del postigo que le detenia la mano.
Menaléo, que seguia el partido de Perséo, y Dorilas, el mas rico entre
los Nasamonios; Dorilas, repito, el hacendado que excedia á todos en
posesiones y en la abundancia de sus cosechas, perecieron tambien en
la refriega. El último recibió un golpe mortal en la ingle izquierda.
Alcionéo, que fue el que le hirió, viéndole que iba á exhalar el alma,
y que torcia los ojos: „De los muchos bienes, le dice, que poseias,
conténtate ahora con solo el espacio que ocupa tu cuerpo.” En el mismo
momento saca Perséo el dardo de la herida de Dorilas, y le clava en
Alcionéo con tanta furia, que entrando por medio de la nariz le hizo
salir por la cerviz, y se descubre por ambas partes: y acompañando la
fortuna á su diestra, quita la vida á los dos hermanos de madre, Clitio
y Clanis, con distinto golpe, porque el primero murió de un flechazo
que le atravesó los dos muslos, y el segundo de otro que le entró por
la boca. El Mendecio Celadon, Astreo, cuya madre era de Palestina, y su
padre se ignoraba quien fuese; Etion, sagaz en otro tiempo en conocer
lo futuro, pero burlado ahora con sus vaticinios; Toactes, escudero del
Rey, y el parricida Agirtes, murieron tambien en este sangriento dia.
Mucha sangre se habia ya derramado, pero quedaba aun mucha mas por
derramar. Todos se enfurecian contra Perséo, porque á él solo querian
matar. Los esquadrones conjurados pelean por todas partes por la causa
que ofende al mérito y justicia. En vano estan á su favor los suegros y
esposa; y hacen resonar las salas con sus clamores, porque el ruido de
las armas y el gemido de los moribundos no dexa oirlos. Belona,[87] no
satisfecha con la sangre que habia hecho derramar, renueva la guerra.
Finéo con mil soldados que le siguen rodean á Perséo: los dardos vuelan
por uno y otro lado al rededor de sus ojos y oidos mas espesos que una
granizada de invierno.[88] Para evitar parte de los tiros se estrecha
contra una gruesa coluna; y teniendo seguras las espaldas, y vuelto á
sus enemigos, sostiene con valor todos sus esfuerzos. Molpéo, Caonio,
le ataca por la izquierda mientras que Etemon, Nabateo, le estrecha
por la derecha. Así como la hambrienta tigre, oyendo en distintos
valles los bramidos de dos vacadas, no sabe á qué parte abalanzarse
antes, y arde en deseos de lanzarse sobre las dos; así duda Perséo
si atacará al enemigo de su derecha, ó al de la izquierda: en fin se
deshizo de Molpéo atravesándole una rodilla, y por lo mismo se vió
precisado á retirarse; pero Etemon le estrecha fuertemente, se llena de
furor, é intentando acalorado descargar el golpe en el erguido cuello
de Perséo, rompió la espada manejada con poca destreza dando en la
coluna, y saltando un pedazo de la hoja, se le clavó en la garganta:
la herida sin embargo no fue de muerte; mas lanzándose sobre él
Perséo, le atravesó el cuerpo con su alfange al tiempo que le alargaba
humildemente los brazos ya desarmados para pedirle la vida.
FÁBULA II.
_FINÉO TRANSFORMADO EN ROCA._
Viendo Perséo que eran desiguales sus fuerzas, comparadas con las
de tantos contrarios: „pediré, dixo, auxîlio al enemigo, á ello me
obligais vosotros: apartad la vista los que seguis mi partido,” y
descubrió la cabeza de la Górgona. „No me asusta, le dixo Tescelo,
la vista de ese monstruo;” y al levantar el brazo para disparar un
dardo, se quedó convertido en estatua en la misma postura. Ampix, el
mas inmediato á este, acomete lleno de valor con la espada al pecho
de Lincéo, pero en vano; porque la mano quedó yerta conforme la habia
tendido. Niléo, que habia fingido ser hijo del caudaloso Nilo, y en
prueba de lo qual traia en su escudo las siete embocaduras de este rio
esculpidas en oro y plata,[89] habló á Perséo de esta manera: „Mira en
este escudo el antiguo blason de mi linage: tendrás á lo menos en la
mansion de las almas el consuelo de haber sido muerto por tan ilustre
y valerosa mano.”
[Ilustración: (59) Perséo no pudiendo resistir al gran número de
enemigos les presenta la cabeza de Medusa.]
Sus últimas palabras fueron interrumpidas á medio articular, quedando
su boca en ademan de hablar, pero sin poder hacerlo.[90] Erix,[91]
viendo tímidos á sus compañeros, les dice con altivez: „Valor, amigos,
seguidme; no la cabeza de la Górgona, sino el temor, os hace estar
inmobles: acometed conmigo, y echad por tierra á un temerario que solo
tiene por armas unos vanos encantamientos:” ya iba á acometerle, y el
suelo le detuvo los pies convirtiéndose en estatua de piedra armada:
justamente pagaron estos su merecido; pero el desgraciado Acontéo,
soldado de Perséo, miró por desgracia en la pelea la cabeza de Medusa,
y sin culpa quedó transformado en piedra. Astiages, juzgando que aun
vivia, le dió una estocada, y sonó la espada como quando se dan golpes
sobre un mármol: y al admirar tal prodigio se convierte en piedra baxo
la figura de un hombre que conserva todas las señales de su admiracion.
Seria nunca acabar referir uno por uno de tantos como fueron
castigados. Doscientos combatientes quedaban aun; pero con la vista de
la Górgona se petrificaron. Ya en fin se arrepiente Finéo de la injusta
guerra que habia movido; pero ¿qué ha de hacer? Por todas partes ve
estatuas de piedra en diversas posturas; conoce á los suyos; los llama
por su nombre pidiéndoles socorro, y no queriendo creer lo que veia,
toca á los que estaban á su lado, y se desengaña por último que eran
mármol: aparta la vista de la fatal cabeza, y tendiendo los brazos á
Perséo, le habla humillado de este modo: „Me doy por vencido, Perséo:
solo te ruego que ocultes el semblante de tu Medusa, que convierte
en piedra á qualquiera que lo mira: apártalo por vida tuya; has de
saber que ni el odio ni el deseo de reynar me ha compelido á la guerra
que te he dado, sino solo el amor de Andrómeda me ha hecho tomar las
armas: tu causa fue mejor en mérito, y la mia en tiempo. Me pesa, ó
valerosísimo Perséo, de no habértela cedido, concédeme solo la vida,
y todo lo demas sea tuyo.” Así habló Finéo sin atreverse á mirar á su
enemigo. „Te concederé, le responde Perséo, lo que puedo concederte, y
es mucha gracia para un cobarde como tú: no morirás por hierro: quiero
quedes aquí para perpetua memoria, y que estés siempre en la casa de
mi suegro, para que consuele tu vista á mi esposa.” Dicho esto mudó la
cabeza de Medusa á aquella parte á que miraba el temeroso Finéo: quien
al querer apartar su vista se le quedó yerta la cabeza, el humor de sus
ojos helado, y él hecho piedra en la actitud de un suplicante que pide
la vida con los brazos tendidos y el semblante humillado.
Luego que cesó la batalla partió el nieto de Abante con su esposa para
los patrios muros;[92] y aunque no debia grandes favores á su abuelo
Acrisio,[93] determinó no obstante vengarle de su hermano Preto que
le habia echado de sus estados. La fuerza de las armas y fortaleza de
que se apoderó este usurpador no le sirvieron de nada contra la cabeza
de Medusa. No obstante esto, ni el valor de este jóven, que se habia
distinguido por tantas acciones ilustres, ni los peligros que habia
corrido, pudieron ablandar tu corazon, Polidectes, Rey de la pequeña
isla de Serifo, sino que exercitas tu odio inflexîble, no queriendo
acabar de deponer la ira que sin razon tienes á Perséo:[94] quieres
disminuir su fama, y dices que no ha quitado la vida á Medusa: Perséo
por fin va á convencerte y á darte pruebas de la verdad: apartad, dice
á sus compañeros, la vista, y presentándote la cabeza de Medusa quedas
transformado en una descarnada piedra.
[Ilustración: (60) Minerva va al monte Helicon á visitar á las Musas.]
FÁBULA III.
_CONVERSACION DE LAS MUSAS CON PALAS._
Hasta aquí acompañó Palas á su hermano Perséo, engendrado de la
lluvia de oro, y ocultándose despues en una nube parte de la isla de
Serifo, dexando á la derecha las de Cythno y Giarea,[95] y por donde
la pareció mas corto el camino se dirige á Tebas, y de allí al monte
Helicon, consagrado á las Musas, adonde luego que llegó las habla de
esta manera: „La fama de una fuente[96] que abrió el duro casco del
alado Pegaso, nacido de la sangre de Medusa, en este sagrado monte,
es la causa de mi viage. Como le vi nacer de la sangre de su madre,
quiero averiguar ahora si las maravillas que he oido de la admirable
fuente son verdaderas.”[97] „Sea qualquiera el motivo que te trayga á
nuestra morada, respondió Urania[98] á la diosa, estamos con razon muy
contentas por el honor que nos dispensas. No te ha engañado la fama
en lo que has oido de la fuente: el Pegaso es seguro que la abrió:”
diciendo esto guió á Palas á las sagradas aguas, de las que maravillada
bastante tiempo, registra despues los bosques de las antiguas selvas,
las grutas y yerbas adornadas de innumerables flores. Alabó á las
Musas sobre sus sabias ocupaciones,[99] llamándolas felices por su
estudio y por el sitio que habitaban. „¡Ó Tritonia, la dixo una de
ellas, que habias de ser nuestra compañera, si la virtud[100] no te
hubiera destinado á cosas mayores!; no puedo negarte que dices bien,
y con razon alabas nuestro exercicio y sitio, y en efecto seríamos
dichosas si la malicia agena nos dexase; pero hasta ahora nada se ha
prohibido á la maldad, y todo causa miedo á unas castas doncellas; aun
me parece que estoy viendo al cruel Pirenéo:[101] todavía no nos hemos
recobrado del susto que nos causó: este tirano se apoderó con tropas de
Tracia, de los campos Dauticos y Foceos, y tenia ocupados injustamente
aquellos Reynos. Nos vió un dia que íbamos á visitar los templos del
sagrado Parnaso; y venerándonos con semblante engañador: Musas, nos
dice (porque ya nos conocia), ruegoos que os quedeis aquí; no temais;
libraos de la abundancia de la lluvia que despide el cielo; entrad en
mi casa: muchas veces han entrado los dioses en otras menores. Movidas
de sus ofertas y de la tempestad fuimos á su palacio y nos guarecimos
en la entrada de él.[102] Luego que dexó de llover, y huian las opacas
nubes, serenado el cielo, quisimos continuar nuestro camino, pero
nos lo impidió el tirano cerrando las puertas, é intentó violarnos.
Felizmente huimos de su fuerza valiéndonos de nuestras alas; y como nos
vió en medio de los ayres subió á una torre alta diciendo: „seguiré
el mismo camino que vosotras.” Creyó en efecto volar como nosotras, y
el desatinado se arroja de lo alto de una torre cayendo boca abaxo; y
al morir se esparcieron en la tierra la sangre de este malvado y los
huesos de su cara y cabeza.”