NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
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convertido a MAYÚSCULAS.
* Los errores de imprenta han sido corregidos.
* La ortografía del texto original ha sido respetada, con
normalización de las variantes a la grafía más frecuente y tildado
de las mayúsculas.
* Las notas a pie de página han sido renumeradas y colocadas al final
del tomo.
* Se han reubicado muy ligeramente algunas ilustraciones para que no
interrumpan un párrafo. Asimismo se han dividido algunos párrafos
para alojar una ilustración.
* Se ha añadido al final un listado de las estampas numeradas que
ilustran el tomo.
* Las páginas en blanco han sido eliminadas.
METAMORFÓSEOS
ó
TRANSFORMACIONES DE OVIDIO.
METAMORFÓSEOS
ó
TRANSFORMACIONES DE OVIDIO,
TRADUCIDOS AL CASTELLANO
CON ALGUNAS NOTAS PARA SU INTELIGENCIA,
_POR DON FRANCISCO CRIVELL_.
NUEVA EDICION.
TOMO II.
MADRID EN LA IMPRENTA REAL
AÑO 1809.
ÍNDICE
de las Fábulas contenidas en este tomo.
LIBRO QUARTO.
Pág.
ARGUMENTO. 1
INTRODUCCION. 3
FÁBULA PRIMERA. _Píramo y Tisbe._ 8
FÁB. II. _Marte y Venus._ 15
FÁB. III. _Apolo y Leucotoe._ 19
FÁB. IV. _Salmacis y Hermafrodito._ 23
_Las hijas de Minio transformadas en murciélagos._ 30
FÁB. V. _Tisifone vuelve furiosos á Atamante y á Ino._ 33
FÁB. VI. _Cadmo y Hermione convertidos en serpientes._ 42
FÁB. VII. _Atlante transformado en montaña._ 45
FÁB. VIII. _Perséo liberta á Andrómeda._ 50
FÁB. IX. _Perséo se casa con Andrómeda._ 55
LIBRO QUINTO.
ARGUMENTO. 58
FÁBULA PRIMERA. _Finéo da una batalla á Perséo._ 59
FÁB. II. _Finéo transformado en roca._ 70
FÁB. III. _Conversacion de las Musas con Palas._ 75
FÁB. IV. _Pluton herido por el amor._ 82
FÁB. V. _Rapto de Proserpina._ 86
FÁB. VI. _Ceres consigue que su hija viva con ella seis meses
cada año, y los otros seis con su marido._ 94
FÁB. VII. _Alféo y Aretusa._ 98
FÁB. VIII. _Linco transformado en lince._ 103
LIBRO SEXTO.
ARGUMENTO. 107
_Orgullo de Aracne._ 109
FÁBULA PRIMERA. _Aracne convertida en araña._ 113
FÁB. II. _Niobe convertida en mármol._ 121
FÁB. III. _Unos aldeanos transformados en ranas._ 131
FÁB. IV. _Apolo y Marsias._ 135
_Filomela confiada á Tereo._ 138
FÁB. V. _Tereo viola á Filomela._ 144
_Filomela noticia á su hermana el delito de Tereo._ 148
FÁB. VI. _Filomela sale de la prision._ 150
FÁB. VII. _Itis servido á su padre Tereo en un banquete._ 153
FÁB. VIII. _Oritia arrebatada por Boreas._ 157
LIBRO SÉPTIMO.
ARGUMENTO. 161
FÁBULA PRIMERA. _Jason y Medea._ 162
_Jason roba el vellocino de oro._ 170
FÁB. II. _Eson remozado por Medea._ 174
_Pelias degollado por sus hijas engañadas por Medea._ 182
FÁB. III. _Medea incendia el palacio de Jason y mata á sus
hijos._ 186
FÁB. IV. _Hércules encadena al Cancerbero._ 190
FÁB. V. _Eaco niega socorro á Minos._ 194
FÁB. VI. _Las hormigas convertidas en hombres._ 198
FÁB. VII. _Céfalo y la Aurora._ 207
FÁB. VIII. _Céfalo y Procris._ 210
METAMORFÓSEOS
ó
TRANSFORMACIONES DE OVIDIO.
LIBRO QUARTO.
_ARGUMENTO._
Alcitoe juntamente con sus hermanas despreciaron de tal modo las
fiestas de Baco, que no observándolas, se ocuparon, mientras estas
se celebraban, en las tareas ordinarias; y durante su labor cada
qual, para hacerla menos penosa, refirió una divertida historia. Ya
contaba la una la transformacion de las moras blancas en negras: ya
referia la otra como Apolo se habia transformado en la figura de
Erinome para engañar á Leucotoe; por lo que Clicie tuvo zelos, y fue
convertida en Heliotropio por la compasion que tuvo Apolo. Asimismo
contaba otra la union de Hermafrodito y la de Salmacis, ninfa, en
un mismo cuerpo. Pero por fin las hermanas en medio de su labor se
convirtieron en murciélagos, y las telas en vides y pámpanos. Agave,
alegrándose de esto, sintió un gran dolor quando Ino y Atamante,
agitados de la locura, se precipitaron al mar, y Neptuno los convirtió
en Dioses marinos. Como las mugeres Tebanas los llorasen por muertos,
se transformaron en piedras y aves. Tambien Cadmo afligido con esta
calamidad, dexando á Tebas, partió en compañía de su esposa á la
Iliria, en la que ambos se convirtieron en serpientes. De los que
habian despreciado á Baco, solo quedaba Acrisio, abuelo de Perséo, que
cortó la cabeza á la Górgona, de cuyas gotas de sangre, derramadas en
tierra, nacieron serpientes; y á Atlante lo transformó en monte, y á
las varas en piedras, despues que libertó á Andrómeda. Suscitándose en
seguida un tumulto en las bodas de Perséo, convirtió en piedra á Finéo
con los suyos, y juntamente á Preto y á Polidectes, solo con mostrarles
la cabeza de Medusa.
[Ilustración]
INTRODUCCION.
_Las hijas de Minias desprecian á Baco._
Á pesar de todos estos prodigios, Alcitoe, hija de Minéo, y sus
hermanas, reprueban la celebridad de las Orgias,[1] ó fiestas de Baco,
y aun se atreven á decir que este no es hijo de Júpiter. Manda el gran
Sacerdote publicar una fiesta; que las señoras y criadas no trabajasen
aquel dia; que vistiesen su cuerpo de pieles, y dexasen sueltos sus
cabellos, coronándose de pámpanos, y llevando en sus manos tirsos
enramados. Las amenaza que de no hacerlo así experimentarian la ira
de aquel Dios. Jóvenes y ancianas obedecen su órden: dexan el texido,
la costura y la rueca; queman incienso sobre los altares de Baco,
llamándole con los misteriosos nombres de Bromio y de Lieo: le llaman
tambien hijo del fuego, engendrado dos veces,[2] y que solo él tuvo
dos madres: añaden á todos estos nombres el de Niséo, el de no barbado
Tionéo: le atribuyen la gloria de haber sido el primero que plantó las
vides,[3] y por esta causa los renombres de Geneo, Nictelio, padre
Eleléo, Jacho, Evan, y todos los demas que la Grecia inventó en honra
suya. Tú eres, ó Baco, le dicen, aquel niño eterno, cuya juventud
está siempre lozana; eres el mas hermoso y amable de los Dioses
del Olimpo; quando te manifiestas sin los cuernos, que acostumbras
llevar, tienes todo el esplendor y hermosura de una doncella jóven: tú
conquistaste el Oriente hasta donde la aterrada India se baña por el
remoto Ganges: tú castigaste á los sacrílegos Pentéo y al sanguinario
Licurgo; precipitaste en las ondas á los perjuros marineros de Toscana.
Va tirado tu carro de dos linces, cuyos elevados cuellos oprimes
con pintados frenos, y te siguen las Bacantes, los Sátiros, y aquel
borracho viejo,[4] que apenas puede sostenerse con la férula,[5] ni
cabalgar bien en su cabizbaxo jumentillo. Por donde quiera que pasas te
celebran el clamor de los jóvenes y las voces de las mugeres; suenan
los panderos, las trompetas y las horadadas flautas. Hoy las Tebanas
te invocan, y ruegan les asistas propicio y benigno, celebrando tu
promulgada fiesta.
Solo las hijas de Minéo la profanan empleadas en cardar, en hilar y
texer sus lanas, imponiendo tarea á sus criadas.[6] „Mientras que las
demas, dixo una de estas jóvenes, estan hoy ociosas, y solo cuidan de
ofrecer incienso á una divinidad imaginaria, nosotras que trabajamos
baxo los auspicios de Minerva, que es la mejor de las Diosas,
procuremos suavizar nuestra útil tarea con discursos divertidos:[7]
contemos alternativamente alguna historia que nos entretenga y haga mas
corto el tiempo.” Aprueban las hermanas su pensamiento, y la ruegan
principie la conversacion. Como sabia una infinidad de historias, tardó
en hacer eleccion por qual habia de dar principio. Dudaba si deberia
hablar primeramente de tí, Dercere,[8] convertida en pez, y que,
despues de tu transformacion, habitas las lagunas de la Siria; ó de
Semíramis, tu hija, que, baxo la figura de una paloma, fixó su morada
sobre las altas torres de Babilonia; ó de los encantos de Nais, que
con la dulzura de su voz, ó la virtud de algunas plantas, transformaba
en peces á los jóvenes que se aficionaban á su hermosura, hasta que
experimentó en sí igual transformacion; ó últimamente de aquel árbol,
morera, cuyo fruto era antes blanco, y ahora le produce negro por el
contacto de la sangre de dos desgraciados amantes. Agradóles esta; y
como era la historia menos conocida de ellas, se determinó á referirla,
y, continuando en hilar, la principió en los términos siguientes.
FÁBULA PRIMERA.
_PÍRAMO Y TISBE._
En aquella celebrada ciudad que Semíramis cercó de altas murallas,[9]
fabricadas de ladrillo, vivian pared por medio Píramo y Tisbe; el
uno el mas gallardo de los jóvenes, y la otra la mas hermosa de las
doncellas que tuvo el Oriente. La vecindad abrió los primeros pasos
para conocerse. Con el tiempo creció el amor, y hubiera terminado
en legítimo casamiento; pero vedaron los padres lo que no pudieron
prohibir: ambos estaban igualmente enardecidos en amor mutuo; nadie lo
sabia; hablaban por gestos y señales, y quanto mas procuraban ocultar
su amor, tanto mas se abrasaban en su oculto fuego.
[Ilustración: (49) Tisbe se traspasa el pecho con la espada aun
caliente con la sangre de Píramo.]
La pared que mediaba entre ambas casas estaba hendida con una pequeña
rendija que habia quedado en ella desde que se hizo; defecto
desconocido hasta entonces de todos; pero ¿qué cosa se oculta al amor?
Tiernos amantes, vosotros tuvisteis los primeros la dicha de verla,
y de serviros de ella para expresar, sin que nadie lo advirtiese,
vuestros mas dulces sentimientos.[10] Quántas veces Píramo de un lado y
del otro Tisbe decian despues de mil suspiros, y de tomarse mutuamente
la respiracion: „Pared envidiosa de nuestra felicidad, ¿por qué te
opones al logro de nuestros amores? ¡Qué te costaba permitir la union
de nuestros cuerpos, ó si esto era mucho, á lo menos dieras ensanche á
los ósculos! Te agradecemos sin embargo el bien que nos dispensas en
poder hablarnos por tu medio.” Repetian cada dia el mismo discurso,
concluyéndole con un tierno á Dios, y besando cada uno por su lado
la pared, como si sus ósculos hubieran de penetrarla. Una mañana,
apenas la aurora habia ocultado las estrellas, y quando el sol con
sus rayos enxugaba ya el rocío de las yerbas, acudieron uno y otro al
sitio acostumbrado; y despues de lamentar su triste suerte con mucho
silencio, y la situacion á que estaban reducidos,[11] determinaron
engañar los guardas, y salir en la próxîma noche de sus casas y de
la ciudad; pero temerosos de no extraviarse por el espacioso campo,
acordaron juntarse al lado del sepulcro de Nino,[12] y de un moral
muy abundante de moras blancas que estaba cerca de él á la márgen de
una agradable fuente. Aprobaron el concierto muy alegres; y aunque
este dia les pareció mas largo que los otros, llegó por fin la noche.
La cuidadosa Tisbe, auxîliada de las tinieblas, abriendo la puerta
con mucho cuidado, se cubre el rostro con un velo, sale de su casa
sin ser sentida de persona alguna, atraviesa la ciudad, y llegando la
primera al sepulcro de Nino, se sienta debaxo del árbol en que quedaron
convenidos. El amor la infundia atrevimiento; pero por desgracia viene
á beber á la fuente inmediata una leona que, despues de haber devorado
una vaca, traia en la boca las señales de su crueldad. Con la claridad
de la luna la ve Tisbe venir á lo lejos; y huyendo amedrentada á una
obscura cueva, dexa caer el velo con la precipitacion de la fuga.
Apagada la sed, se vuelve la cruel bestia á la selva; encuentra
el velo que habia dexado caer Tisbe, y le hace mil pedazos con su
ensangrentada boca.
Píramo, que habia salido mas tarde, se llenó de espanto al ver, á la
misma claridad de la luna, huellas nada equívocas de una fiera: vió
tambien el velo ensangrentado, y presumiendo alguna desgracia en su
amante, exclama: „Una misma noche acabará con estos dos desgraciados
amantes. Yo solo soy el culpado; pero la inocente y desgraciada Tisbe
era digna de gozar mas tiempo de la vida. Yo te he muerto, decia,
muger digna de compasion, induciéndote á venir de noche á un sitio
tan medroso, y al que debia llegar el primero para defenderte. Fieros
leones que habitais los senos de esas cóncavas rocas, venid, despedazad
mi cuerpo, arrancad mis pérfidas entrañas con vuestros dientes crueles;
pero no, que es de espíritus cobardes el desearse la muerte.”[13]
Levanta el velo de la desgraciada Tisbe, y se encamina con él al árbol
señalado: le baña con sus lágrimas, y despues de besarlo: „Tú debes,
dice, ser tambien teñido con mi sangre: recógela, pues es justo sea
mezclada con la de mi querida Tisbe.” Articuladas estas palabras, se
atraviesa con su espada, y sacándola de la herida cayó de espaldas en
tierra. Salta su sangre con la misma impetuosidad que suele el agua de
un roto caño, que despedida con violencia parece que corta el ayre. El
fruto de este árbol rociado con la sangre se volvió negro, y empapada
en ella su raiz ennegreció repentinamente las moras.
Tisbe, aun no bien recobrada del susto, sale de la cueva por no
incurrir en falta: busca ansiosa á su amante para contarle el riesgo
de que se habia librado. Exâmina el parage por ambos convenido; pero
el nuevo color del árbol la hace dudar algun tiempo si era este ó
algun otro donde debian juntarse: en esta incertidumbre ve en el suelo
un cuerpo palpitando. Túrbala este espectáculo, retrocede, se queda
mas amarilla que el box, y se estremece al modo que lo hace el mar
quando el blando céfiro agita su superficie. Mas al fin, parándose á
reflexîonar un poco, reconoce á su desgraciado amante, y, dexándose
llevar de su fiero dolor, comienza á despedazar sus brazos,[14]
indignos de tal tratamiento, despide lastimeros ayes, arranca sus
cabellos, lastíma su pecho; y por último abraza con entrañable amor
el cuerpo de su amante, riega la herida con sus lágrimas, mezclando
su llanto con la sangre, y besando mil veces aquel yerto semblante.
„Píramo, le decia, ¿qué funesto accidente me priva de tu vida?
Respóndeme: advierte que tu querida Tisbe es quien te llama; escúchame,
querido, y echa una ojeada siquiera sobre la infeliz Tisbe.” Al oir
este dulce nombre abre Píramo sus moribundos ojos, y espira despues de
haberla visto. Mas viendo Tisbe su velo, y la espada de Píramo fuera de
su vayna: „¡Ah infeliz! exclama, tu misma mano, tu mismo amor fue tu
verdugo; pero tambien hay en la mia fortaleza para imitarte, tambien
tengo amor que me dé fuerzas para resistir las heridas; aun despues
de muerto te seguiré, y se dirá de esta desdichada, que si yo he sido
causa de tu muerte, soy tambien compañera en tu sepulcro. Y tú, á quien
la muerte sola podrá arrancar de mis brazos ¡ay! ni aun despues de
ella habrá cosa alguna que nos separe. Desventurados padres de estos
infelices amantes, no os opongais, os lo suplican ambos, no os opongais
á que encierre un mismo sepulcro á aquellos á quienes han unido para
siempre la muerte y el amor mas tierno. Y tú, árbol funesto, que haces
sombra al cuerpo de mi querido, y vas á cubrir el mio, conserva para
siempre la señal de nuestra desgracia; tus frutos lúgubres y tristes
sean un eterno monumento de que has sido teñido con la sangre de dos
desgraciados,” dixo: y tomando la espada, aun caliente con la sangre de
Píramo, la apuntó á lo mas baxo de su pecho, y se dexó caer sobre ella.
Sus ruegos enternecieron á los Dioses, y conmovieron á sus padres:
porque el fruto del árbol, al paso que madura se va volviendo negro, y
las cenizas de entrambos, retiradas de la hoguera, fueron colocadas en
una misma urna.
[Ilustración: (50) Marte en los brazos de Venus.]
FÁBULA II.
_MARTE Y VENUS._
Poco despues que Alcitoe acabó su historia, tomó Leuconoe la palabra,
y escuchándola sus hermanas: sabed, las dixo, que el Sol, ese Dios
que lo alumbra y gobierna todo con su luz, no estuvo exênto del amor.
Voy á referiros su aventura. Como todo lo registra el primero, dicen
que descubrió el adulterio de Venus con Marte; y envidioso ó zeloso
del hecho, se lo contó al esposo de esta Diosa, mostrándole el parage
y sitio de la traycion. Consternó tanto esta noticia á Vulcano que
quedó sin seso, se le cayó de las manos la obra,[15] y hasta el
martillo con que la trabajaba. Mas volviendo sobre sí se puso á hacer
una red y lazos de alambre tan sutiles y delgados que apenas eran
perceptibles; no excederian á su delicadeza ni el hilo mas delgado,
ni las mas delicadas telas de araña que penden del techo. Hízola con
tal artificio que el mas leve movimiento pudiera jugarla. Tendióla
al rededor del lecho de Venus, de suerte que apenas entró en él con
Marte, ambos se quedaron presos y abrazados. Contento Vulcano con tan
buen suceso, abrió las puertas de su aposento, y convidó á los Dioses á
ver el espectáculo; halláronlos feamente abrazados, cosa que excitó á
los Dioses á risa,[16] sin embargo de que no faltó entre ellos alguno
menos rígido que quisiera verse avergonzado á tal precio. El hecho fue
contado y sirvió mucho tiempo de conversacion en el cielo.
Ofendida en extremo Venus, resolvió vengarse del que habia descubierto
su delito, é hizo arder en un amor igual al suyo al que descubrió su
oculta pasion. ¿De qué te sirven, hijo de Hiperion,[17] tu hermosura,
tu color y tu brillante luz? Tú que esparces por todas partes el
fuego, te dexas abrasar de una nueva llama; tú, que debes mirarlo
todo, fixas solo tus ojos en Leucotoe. Sales antes y vuelves despues
de lo ordinario á la mansion de Tetis:[18] por contemplar despacio su
beldad, haces mas largos de lo ordinario los dias del invierno: deliras
algunas veces,[19] y comunicando la ceguedad de tu entendimiento á los
rayos que despides, pones en consternacion con su obscuridad á todos
los mortales.[20] Quando te turbas, no es porque se ponga entre tí y
la tierra la luna que está mas cerca de ella: el amor produce este
color tétrico. Sola Leucotoe causa tus delicias; ya no te acuerdas
de Climene, ni de Rodas,[21] ni de la hermosa madre de Circe, ni de
Clicie, que sin embargo de haberla tú despreciado, deseaba colgarse de
tu cuello en el mismo tiempo en que te habia el amor herido gravemente
con otras flechas. Leucotoe te hace olvidar todos tus amores. Fue
esta hija de Eurinome, la mas hermosa de toda la Arabia; pero despues
que llegó á su juventud, la hija excedia tanto en hermosura á su
madre, quanto esta habia excedido á todas las de su tiempo: su padre
Orcamo fue el que gobernó la Persia, siendo el séptimo Rey despues de
Belo.[22]
[Ilustración: (51) Leucotoe, prendada de la hermosura de Apolo, se
dexa vencer sin resistencia.]
FÁBULA III.
_APOLO Y LEUCOTOE._
El pasto de los caballos del sol está hácia el poniente, donde,
descansando de la fatiga del dia, se alimentan de ambrosia en vez de
yerba, con cuyo sustento recobran las perdidas fuerzas para volver á la
tarea. Una noche, mientras ellos pacian, entró el sol en el aposento de
su amada Leucotoe baxo la figura de su madre, y la halló hilando[23]
á la luz, acompañada de doce criadas. Yo tengo que hablarte, la dixo,
dándola un ósculo; retiraos vosotras, pues no necesita de testigos el
secreto que intento confiar á mi hija. Obedecieron, y habiendo quedado
solos, la dice: „Yo soy el que gobierna el año,[24] el que todo lo
ve y todo lo alumbra; yo soy la luz del mundo; y yo, creeme, estoy
enamorado de tí.” Leucotoe se llena de temor, y con el miedo dexa
caer de sus trémulas manos el huso y la rueca. El rubor la hacia mas
hermosa; y Febo, para no retardar sus deseos, cobra su verdadera figura
y su propio resplandor.
Leucotoe, aunque al principio espantada con un resplandor tan
repentino, accedió por último á los deseos de Apolo, dexándose llevar
de su hermosura. Se abrasa de zelos Clicie, porque el amor que le
habia tenido era vehemente, y deseosa de vengarse de su rival, publica
su delito hasta ponerlo en noticia del padre de Leucotoe. Enfurecido
Orcamo con esta nueva, manda enterrarla viva, y echar sobre su cuerpo
una porcion de arena, sin atender á la desgraciada Leucotoe, que,
levantando las manos[25] á su amante, juraba que fue violentada. El
sol, con la actividad de sus rayos, entreabrió la tierra que te cubria,
ó graciosa Ninfa, para que pudieses levantar tu sepultada cabeza;
pero en vano, porque ya te habia quitado la vida el peso de la arena.
Despues de la desgracia de Faeton, no habia experimentado el sol un
dolor mas vehemente. Procuró reanimar con su calor el yerto cadáver de
su amada; pero el destino[26] hizo inútiles sus esfuerzos. Quejóse,
gimió, y rociando con nectar el cuerpo de Leucotoe, y la tierra que la
cercaba: „Al menos, dixo, tendré el consuelo de restituirte al ayre.”
En efecto, el cuerpo liquidado en un humor oloroso empapó la tierra,
la qual, formando raices y rompiendo el túmulo, brotó las varas que
producen el incienso.
El amor, que habia sido causa de la indiscrecion de Clicie, hubiera
podido disculparla; pero sin embargo, desde aquel dia la miró Apolo con
indiferencia, y jamas volvió á tener comercio con ella. Sus desprecios
la conduxeron á una terrible desesperacion; y reducida á la situacion
mas lamentable, no pudo sufrir la compañía de las ninfas. Expuesta
continuamente á la inclemencia de los elementos, desnuda, y el cabello
suelto, no probó otro alimento en nueve dias que sus lágrimas y el
rocío del cielo.[27] Inmóvil en este tiempo, solo volvia al sol los
ojos, siguiéndole con ellos mientras duraba su curso. Cuentan que su
cuerpo quedó unido á la tierra; que la parte inferior de él apareció
de un color cárdeno, y que en lugar del rostro se veia una flor
tornasolada con mezcla de violeta. Aunque asida á la tierra por sus
raices, no dexa de volverse hácia el sol, mostrándole, á pesar de su
transformacion, lo mucho que le ama.[28]
[Ilustración: (52) La ninfa Salmacis abraza al jóven Hermafrodito que
estaba en el baño.]
FÁBULA IV.
_SALMACIS Y HERMAFRODITO._
Causó bastante admiracion en sus hermanas lo que Leuconoe acababa de
referir. Las unas decian que era increible: las otras, que todo lo
podian los verdaderos Dioses; pero que no era Baco de este número.
Alcitoe nada habia dicho aun; y por lo mismo la suplicaron contase
alguna historia, y la obligaron á ello con el silencio. Nada os
hablaré, dixo, continuando su labor, de la aventura del pastor Dafnis,
que guardaba sus rebaños en el monte Ida, y á quien una Ninfa, zelosa
de su rival, convirtió en roca. ¡Tanto furor como este inspira el amor
quando es despreciado! Esta historia es bien sabida de todos. Tampoco
diré la de Esciton, hombre y muger á un tiempo. Pasaré en silencio la
de Celmo, tan fiel á Júpiter en su infancia, y que despues, por su
indiscrecion, fue transformado en diamante. No me detendré en la de los
Curetes, que se formaron de una lluvia. Tampoco es mi ánimo contaros
la de Croco, ni la de Esmilax convertidos en flores; pero sí quiero
divertiros con una historia agradable.
Vosotras ignorareis quizá por qué la fuente Salmacis vino á hacerse
tan nombrada, y por qué sus aguas vuelven á los hombres floxos y
afeminados;[29] oidlo pues, que el efecto es tan patente como la causa
oculta. Las Náyades criaron en las cuevas del monte Ida un niño nacido
de Venus y Mercurio: sus facciones eran tales que demostraban bien
quienes eran sus padres, y de ambos tomó despues el nombre.[30] Quando
llegó á la edad de quince años abandonó los montes en donde se habia
criado, deseoso de ver nuevas tierras y nuevos rios, haciéndole este
mismo deseo menos sensibles las incomodidades de sus viages. Habia
ya visto las ciudades de Licia, y llegado á Caria, que está cerca,
quando se paró junto á una fuente, cuyas aguas eran tan puras que
veia fácilmente su fondo; nada la enturbiaba; ni juncos, ni cañas, ni
ovas. Un cesped siempre verde formaba al rededor de ella una hermosa
cenefa. La Ninfa que la habitaba, ni tenia aficion á la carrera, ni
á la caza, ni á disparar el arco: era la única de las Náyades que
jamas conoció Diana. Solian decirla sus hermanas: Salmacis, ármate de
un dardo, toma una aljaba, reparte el descanso con el exercicio de la
caza; pero sus persuasiones eran inútiles, porque la ociosidad formaba
todas sus delicias. No tenia otro placer que bañarse, cuidar de adornar
sus cabellos con un blanco peyne de Venus, y consultar en el cristal
de las aguas los adornos que la sentarian mejor. Unas veces, adornada
de un brillante vestido, permanecia reclinada sobre la yerba y el
cesped; otras se divertia en coger flores; y en esto estaba entretenida
quando descubrió al jóven Hermafrodito. Apenas le vió se enamoró de
su hermosura, y deseó tenerle por marido; pero aunque lo deseaba, no
quiso acercarse á él hasta engalanar bien su cuerpo y componer sus
miradas de modo que pudiera parecer la mas bella á los ojos de este
jóven.[31] Luego que se adornó á su placer, le dixo: „Jóven extrangero,
quien quiera que seas, pues algunos te tendrian por un Dios, si lo
eres, no puedes dexar de ser el mismo Amor; y si eres un simple mortal
¡que felicidad para tus padres tener un hijo de tanta gentileza! ¡qué
afortunados serán tus hermanos si los tienes! ¡qué ventura para la que
tuvo el cuidado de criarte! Pero mas que todos dichosa tu esposa, si
es que estas casado, ó la que haya de honrar la tea nupcial y coronar
el himeneo: si es que ya posee alguna esta felicidad, permíteme gozar
de tí secretamente; mas si hasta ahora no tienes hecha eleccion de
muger, yo te ofrezco mi mano, y descansaremos en un mismo lecho.”[32]
Calló Salmacis y Hermafrodito se llenó de vergüenza al oirla, como que
no sabia qué era amor, pero su mismo rubor añadió nuevas gracias á su
belleza. El color de su rostro parecia al de las manzanas coloradas
quando estan colgadas del árbol, ó al marfil teñido de encarnado, ó
al de la luna en su eclipse en una noche serena. „Al menos, continuó
Salmacis, dáme algun ósculo del modo mismo que le darias á una hermana
tuya;” y diciendo esto quiso arrojarse á sus brazos. „Modera tus
transportes, la dixo Hermafrodito, si no quieres que huya de tí para
siempre. No, detente, replicó Salmacis, consternada con esta amenaza;
tú eres Señor de este sitio, yo te cedo su dominio.” Al pronunciar
estas palabras, fingió alejarse de allí, y se ocultó detras de unas
espesas matas para acecharle sin ser vista. Entonces el jóven, como
muchacho, y creyendo hallarse solo en un lugar tan frondoso, ya se
paseaba de una á otra parte, ya metia los pies en el agua, y ya,
convidándole á bañarse su frescura, se determinó á desnudar. El
incentivo de este objeto acrecentó la pasion de la Ninfa;[33] brillaban
sus ojos como los rayos del sol quando reflexan en un cristal, y apenas
podia contener sus conmociones, ni dilatar su deseo. Saltó al agua
Hermafrodito, y mientras nadaba, parecia su cuerpo una hermosa figura
de marfil, ó una azucena vista por el cristal. „En fin yo venzo;”
exclamó Salmacis, desnudándose y echándose al agua. Acercase á él, le
asegura á pesar de su resistencia, le da algunos ósculos, le sujeta
las manos, toca sus pechos estrechándole consigo por todos los modos
posibles. Así como la serpiente quando es arrebatada por un águila,
la oprime y se enrosca en sus alas y garras; así como la yedra se
enlaza á un árbol, ó como el pulpo á la presa que descubre sobre las
aguas, así la Ninfa Salmacis se arroja y estrecha con el indiferente
Hermafrodito. En vano hace esfuerzos para desasirse de ella; en vano
se resiste á su ternura; la Ninfa le ruega mas y mas, le hostiga,
le solicita; pero un cruel desprecio es el solo premio que da á sus
delirios. „Á pesar de todos tus esfuerzos, le dice, no te desprenderás
de mí: Dioses haced que nada me separe de este pérfido.”
Oyeron los Dioses su súplica, y sus dos cuerpos se hicieron uno solo, y
uno solo sus dos rostros.[34] Así como vemos dos ramas, que creciendo
se unen, y las cubre una misma corteza, así sus dos cuerpos parecieron
uno solo, sin que se pudiera decir si era de hombre ó de muger; pues
nada era siendo uno y otro. Viendo Hermafrodito que acababa de mudar de
sexô, y que su cuerpo era mitad hombre y mitad muger, habló á Mercurio
y á Venus con una voz no ya como antes de hombre. „¡Ó padre mio! ¡ó
madre! les dice, no negueis á vuestro hijo la gracia que os pide; y es,
que todos los que vengan á bañarse á esta fuente experimenten esta
misma transformacion.” Su súplica fue oida; porque Mercurio y Venus
derramaron en la fuente una esencia que la comunicó la virtud de hacer
mudar de sexô.
_LAS HIJAS DE MINIO TRANSFORMADAS EN MURCIÉLAGOS._
Despues de haber concluido su conversacion las Mineidas, aun
manifestaban, continuando su labor, el desprecio que hacian de Baco
y de sus fiestas, quando de repente oyeron un confuso ruido de
tambores, flautas y trompetas, que las sorprehendió tanto mas quanto
no veian persona alguna que le originase. Un olor de mirra y azafran
se esparció en su aposento, y, lo que parecia increible, su tela
se cubrió de verdor y brotó pámpanos y hojas de yedra. El hilo que
acababan de emplear se convirtió en sarmientos cargados de uvas, y
estos tomaron el mismo color de púrpura de que era su labor.[35] Era
ya aquella parte del dia en que las sombras que empiezan á cubrirle,
y la luz que va desapareciendo, hace dudar si es dia ó noche, quando
un espantoso ruido estremeció toda la casa. Se llenó repentinamente
de antorchas encendidas, y de otros fuegos que brillaban por todas
partes: oyéronse aullidos horrendos, como si la casa estuviese llena
de fieras. Las Mineidas aterradas huyeron de la luz y el fuego; pero
mientras buscaban los parages mas solitarios para ocultarse, se reducen
á una pequeñez increible, cubre sus cuerpos una delgada membrana, y
se extienden sobre sus brazos unas alas delicadísimas. La obscuridad
del sitio en que estan ocultas, las impide conocer que habian mudado
de figura; se elevaban en el ayre, sosteniéndose con unas alas, no de
plumas, sino de una piel transparente. Querian hablar para expresar
su pena, pero formaban solo un sonido endeble y proporcionado á la
pequeñez de sus cuerpos. Complacíalas habitar en las casas y no en las
florestas como las demas aves; huian de la luz volando solo de noche, y
por esta causa se las dió el nombre de Murciélagos.[36]
Esta maravilla inspiró en los Tebanos un gran respeto á Baco; Ino,
tia de este, la referia en todas partes, confesando que no habia
experimentado otro dolor que el que le causaron las desgracias de sus
hermanas.[37] Envidiosa Juno de la prosperidad de esta Princesa, que
estaba envanecida por ser esposa de Atamante, por tener muchos hijos,
y la gloria de haber criado á Baco; Juno, digo, no pudo disimular por
mas tiempo su encono. „¿Cómo, decia, el hijo[38] de una rival mia pudo
precipitar en las olas y convertir en delfines á los marineros que le
despreciaban? ¿Inducir á una madre á despedazar á su propio hijo,[39] y
transformar en murciélagos á las tres hijas de Minéo? ¿Y todo el poder
de Juno se limitará á derramar lágrimas inútilmente? ¿Quedaré contenta
con tan débil satisfaccion? ¿Está limitado mi poder á solo esto? No: el
mismo Baco me enseña como he de vengar mis ofensas; lícito es aprender
del enemigo. El homicidio de Pentéo me hace conocer demasiado lo que
puede el furor; ¿pues por qué Ino no ha de experimentar los efectos
mismos que sus hermanas?”
[Ilustración: (53) Juno manda á las Furias que vayan al Palacio de
Atamante.]
FÁBULA V.
_TISIFONE VUELVE FURIOSOS Á ATAMANTE Y Á INO._
Hay un camino declive obscuro, con árboles funestos, que conduce á
los infiernos por parages que hacen mas pavoroso su silencio;[40]
exhalan continuamente muchas nieblas las aguas de la Estigia,[41]
por donde las sombras de aquellos que recibieron los honores de la
sepultura baxan al infierno. La palidez y el frio habitan allí, y los
Manes[42] nuevos ignoran el camino que conduce á la Estigia, y donde
esté la Corte de Pluton, que tiene mil entradas, y todas abiertas.
Aquel lugar recibe todas las almas, así como el Océano quantos rios
corren sobre la tierra, y á pesar de las innumerables que llegan
á él parece estar siempre vacío.[43] De todas partes llegan almas
separadas de sus cuerpos: unas freqüentan el Foro, otras se apresuran
á hacer la corte á Pluton, y finalmente todas se dedican á los mismos
exercicios en que se habian ocupado sus cuerpos durante su vida, sin
contar con las que estan en los tormentos.[44] Irritada Juno (tantos
deseos tenia de venganza), dexa su mansion celeste para descender á
la lúgubre estancia. Á su llegada, la puerta por donde entró, hizo
un ruido extraordinario. Abrió sus tres bocas, y ladró tres veces el
Cancerbero.[45] Llama al instante á las Furias,[46] hijas de la Noche,
que estaban sentadas á la puerta de aquella tenebrosa cárcel peinando
las enroscadas serpientes que tenian por cabellos. Luego que vieron á
Juno por entre la obscuridad, se levantaron. La prision que custodiaban
era la mansion de las almas criminales: allí Ticio, cuyo cuerpo ocupa
el espacio de nueve yugadas, es despedazado por un buytre; allí Tántalo
corre tras del agua que le huye, procurando en vano coger el fruto de
un árbol que se aleja; allí Sisifo se afana en subir la peña que al
punto ha de volver á rodar; allí Ixîon da vueltas eternamente atado
á una rueda, huyendo y buscándose á sí mismo: allí en fin las hijas
de Dánao, que se atrevieron á dar muerte á sus maridos, se afanan en
llenar de agua unas vasijas horadadas.[47]
Juno, habiendo mirado con severidad á estos desgraciados, y en especial
á Ixîon, y despues á Sisifo: „¿Por qué, preguntó á las Furias, es este
el solo de sus hermanos que se ve condenado á tormentos eternos,
quando el soberbio Atamante y su muger, teniendo siempre la vanagloria
de despreciarme, habitan en un palacio magnífico?” Contó en seguida
á las Furias la causa que tenia para aborrecerles, lo que la hacia
descender á los infiernos; y finalmente lo que pretendia de ellas. Su
intento era echar por tierra el palacio de Cadmo, y que las Furias
induxesen á Atamante á cometer una horrorosa maldad. Para obligar
á las Diosas á que cumplan sus deseos, las interesa con súplicas y
ofertas, pero con un cierto imperio. Tisifone, sacudiendo sus canas
erizadas, y desviando sobre sus espaldas las culebras que la rodeaban:
„Excusemos, dixo á la Diosa, de rodeos: haz cuenta que ya estan puestos
en execucion tus preceptos; y así dexa este triste Reyno, y vuelve al
Olimpo á respirar un ayre mas benigno.” Juno sale regocijada; y al ir á
entrar en el cielo, derrama sobre ella Iris,[48] hija de Taumante, un
celestial rocío con que queda purificada.
La severa Tisifone toma al momento una hacha teñida en sangre y un
vestido asimismo ensangrentado, se ciñe una serpiente,[49] y sale de
aquel Reyno tenebroso. El llanto, el pavor, el terror y el furor que
lleva en su semblante, la fueron acompañando. Llega al umbral de la
casa de Atamante, se estremece la portada; y sus puertas, hechas de
madera de acebuche, se llenan de obscuridad, y hasta el sol retira de
allí sus rayos. Aterrados Atamante y su esposa con tales prodigios,
querian echarse fuera del palacio; pero les cerró el paso la implacable
Furia extendiendo los brazos enlazados con las enroscadas víboras, y
sacudió su cabello. Hacen un fuerte ruido las culebras; se esparcen
unas por las espaldas, y otras, dexándose caer por el rostro al pecho,
dan silbidos, vomitan negra ponzoña, y esgrimen las abrasadoras
lenguas. Arranca Tisifone dos de entre todas, y con su pestífera mano
las arrojó contra Ino y Atamante. Corren en sus senos, á los que
inficionan de un hedor pestilencial, pero sin lastimar sus cuerpos,
como que el alma sola habia de padecer los tormentos que les tenia
preparados.
Habia traido tambien consigo la Furia un sutil veneno, compuesto de la
espuma que arroja por la boca el Cancerbero, de la ponzoña de la Hidra,
y de quanto podia inspirar el olvido, el delito, la rabia, el llanto
y el deseo del homicidio; y habiendo mezclado este veneno con sangre
reciente, lo hizo cocer en una caldera de cobre, agregando tambien una
porcion de cicuta. Valiéndose la Furia de la ocasion que la ofrecia
el espanto de estos dos esposos, vierte aquella fatal confeccion en
sus pechos, que inmediatamente penetra hasta sus entrañas. Da muchas
vueltas con el hacha que llevaba, consiguiendo encenderla con esta
agitacion; y ufana de su triunfo, como de haber obedecido á la Diosa,
se desciñe la serpiente, y regresa al obscuro reyno de Pluton.
Enloquecido de improviso Atamante, corre furioso por medio del palacio
gritando: „¡ah! compañeros, tended las redes en estos bosques, que he
visto una leona con dos cachorros hijos suyos.” Al decir esto persigue
á su esposa furioso como un loco, teniéndola por fiera; arrebata de su
seno á su tierno hijo Gearco, que le tendia los brazos muy risueño, y
volteándole muchas veces á manera de onda, hace pedazos sus tiernos
miembros arrojándolos contra un peñasco. Entonces la dolorida madre,
ya instigada del mismo dolor, ó del veneno esparcido en sus entrañas,
huye con el cabello desgreñado, fuera de sí, y con espantosos aullidos,
y llevándote en sus brazos, tierno Melicerto, va diciendo á voces:
¡Evohe, Baco! Pero Juno, riéndose al oir tal nombre: „Sí, dice, que te
ampare ese Dios que tu criaste.”[50]
Sobresale á orilla del mar un escollo, que socavado en su parte
inferior por las olas, las da sosegada acogida en su concavidad: forma
en su parte superior varias puntas, y se extiende sobre las aguas á
largo trecho. Ino, animada de su mismo furor, sube sin temor á la roca,
y desde ella se precipita al mar con su hijo, á cuyo golpe se cubrió el
agua de blanca espuma. Compadecida Venus de la desgracia no merecida
de su nieta, habló á Neptuno, su tio, en estos términos: „Dios de los
mares, á quien tocó el imperio que mas se parece al celestial, mucho es
lo que te pido; pero compadécete de una familia que tanto me interesa,
y ves fluctuar en medio de las olas del mar: colócala pues en el número
de tus deidades; tambien yo he sido favorecida del mar, pues engendrada
en otro tiempo en sus profundidades, fui espuma, y de esta tengo en el
idioma griego el mismo nombre.”[51] Accedió Neptuno á sus ruegos; y
despojando á Ino y Melicerto de quanto tenian de mortales, les adornó
de una magestad digna de veneracion, dándoles nuevo nombre y nueva
forma, por lo que se llamaron desde entonces, Ino su madre, Leucotea; y
Melicerto su hijo, Palemon.
Siguieron con toda la presteza que pudieron las matronas Tebanas las
huellas de Ino; y viendo que estas las conducian hasta la extremidad
del peñasco, no dudaron de su desastrada muerte: rasgaron sus
vestiduras, arrancaron sus cabellos, é hirieron sus pechos llorando
amargamente las desgracias de la familia de Cadmo; y como culpasen la
injusticia y crueldad de Juno en haber castigado tan cruelmente á la
adúltera,[52] no quiso esta Diosa sufrir semejantes ultrajes: „Vosotras
mismas, dixo, vais á ser el mas horroroso exemplo de mi crueldad.”
Siguióse el efecto á la amenaza; porque diciendo la mas compasiva de
las Sidonias, seguiré á mi Reyna hasta en las aguas mismas, quedó
inmoble asida al peñasco, al ir á arrojarse desde él, sin poder
moverse. Otra, que intentaba lastimar su pecho impelida de su dolor,
siente convertirse en piedra sus brazos. La tercera, que extendia sus
manos hácia el mar, experimentó la misma suerte; y á la última, que
iba á mesarse los cabellos con las manos, se le quedaron entre ellos
petrificados los dedos. Cada qual quedó en aquella actitud en que
se hallaba al tiempo de su transformacion. Las demas Tebanas fueron
convertidas en aves, que desde este tiempo van volando en el mismo
sitio, tocando el agua con la extremidad de sus alas.
FÁBULA VI.
_CADMO Y HERMIONE CONVERTIDOS EN SERPIENTES._
Cadmo ignoraba que su hija y tierno nieto[53] hubiesen sido recibidos
en el número de los Dioses marinos; y penetrado del dolor que le
causaban los infortunios de su familia, y prodigios que habia visto,
abandona la ciudad que construyó, como si ella y no su adversa fortuna
fuera la causa de tantas desgracias; y despues de andar vagando largo
tiempo, llegó á la Iliria[54] con su esposa, que jamas se separaba
de su lado. Agoviados ambos, así de sus desgracias como del peso de
los años, hablaban un dia de las calamidades de su familia, y de los
trabajos que habian experimentado, quando dixo Cadmo:
[Ilustración: (54) Cadmo y Hermione se retiran á la Iliria, y son
transformados en serpientes.]
„¿Estaria por ventura consagrado á algun Dios el dragon que al entrar
yo en Grecia maté con una flecha,[55] y cuyos dientes, como semilla
nueva, esparcí en la tierra? porque si lo estaba, y los Dioses en
venganza me castigan de este modo, yo les ruego que me conviertan en
serpiente.” Apenas acabó esta súplica quando se extiende su vientre,
siente crecer duras escamas en la piel, cubrirse de verdinegras
manchas; al fin cae de pechos en la tierra, y juntándose sus piernas,
forman una larga cola. Tiende los brazos, que solo conservaba; y
llorando aun como hombre: „Llégate esposa la mas desdichada, dixo;
llégate, compadécete de mí; y mientras exîste algo de mi antigua forma,
tócame, y recibe la mano que aun queda ilesa, antes que acabe de
convertirme en dragon.” Queria proseguir; pero hendiéndosele la lengua
en dos partes,[56] no pudo articular otra palabra por mas esfuerzos
que hacia, ni explicarse de otro modo que con silbidos, que era la
voz que únicamente le dexó la naturaleza. „Querido Cadmo, exclama
Hermione hiriéndose el pecho con las manos, dexa esa figura monstruosa.
¿Qué es esto, esposo mio? ¿Qué se han hecho tus pies, tus hombros y
tus brazos? ¿Qué tu color y tu rostro? ¿Y qué todo tu cuerpo? ¿Por
qué, ó Dioses celestiales, no me convertis á mí tambien en culebra?”
Mientras Hermione hablaba así, Cadmo lamia el rostro de su esposa; y
conociendo aun el amado seno, la abrazaba, y como antes, queria llegar
á su cuello. Sus compañeros, que estaban presentes, se asombraron de
ver á los dos súbitamente convertidos en serpientes: estas, despues de
halagarlos, se fueron arrastrando por tierra, una junto á otra con los
cuellos levantados, hasta entrar en un cercano bosque; pero ni huyen
de los hombres, ni les pican, acordándose con placer de lo que antes
fueron.
[Ilustración: (55) Perséo presenta la cabeza de Medusa á Atlante, que
al verla queda transformado en montaña.]
FÁBULA VII.
_ATLANTE TRANSFORMADO EN MONTAÑA._
Consolábales en esta transformacion la memoria de su nieto Baco, tan
reverenciado en la India, que acababa de sojuzgar, como en la Grecia
toda, donde le edificaban templos. Solo quedaba de los despreciadores
de Baco, Acrisio, hijo de Abante, que prohibia en su reyno la adoracion
de aquel, con las armas en la mano, negando que fuese Baco hijo de
Júpiter, y que este, transformado en lluvia de oro,[57] hubiese en
Dánae procreado á Perséo. Pero se arrepintió bien pronto (¡tan grande
es la fuerza de la verdad!) así de haber profanado á Baco, como de no
reconocer á su nieto; pues el uno[58] estaba ya en el número de los
inmortales, y al otro[59] vió volar ligeramente, llevando en señal
del triunfo la cabeza poblada de víboras que habia cortado á Medusa.
Al pasar así por las arenas de la Libia, cayeron algunas gotas de
sangre de la cabeza de aquel monstruo, y de cada una animó la tierra
una serpiente, y esta es la causa por que abunda tanto de ellas aquel
pais.[60]
Perséo, agitado por los contrarios vientos, es elevado á vagar sobre
la atmósfera por toda ella á manera de una lluviosa nube: corrió todo
el mundo, viendo debaxo de sí innumerables tierras, de que le separaba
un largo espacio:[61] tres veces se acercó á las frias Osas, otras
tres vió los brazos del Cancer,[62] ya al oriente y ya al ocaso, hasta
que viendo declinar el dia, temeroso de la cercana noche, paró en el
Reyno de Atlante[63] á descansar brevemente, hasta que el lucero de la
mañana viniese á anunciar la vuelta de la aurora. Este Atlante, hijo de
Japeto, excedia en estatura á todos los hombres, y ocupaba un imperio
en los últimos términos de la tierra,[64] y aquella extremidad del
mar,[65] donde los caballos del sol, al terminar su carrera, descansan
de la fatiga del dia. Mil rebaños de ganado mayor y menor pacian
tranquilamente en aquellos prados, sin que ninguno de sus habitantes
poseyese allí un palmo de tierra. En sus frondosas arboledas las
hojas y frutos de oro adornaban los dorados ramos: „Príncipe, le dixo
Perséo, si te es de algun aprecio una ilustre prosapia, sabe que yo
desciendo de Júpiter: si te prendas de las grandes hazañas, yo sé que
te admirarán las mias. Solo te pido que me hospedes, y dexes descansar
aquí esta noche.” Acuérdase Atlante de que le dió en otro tiempo en el
Parnaso el oráculo de Temis esta respuesta. „Dia vendrá, Atlante, en
que tus árboles serán despojados de su dorado fruto, y esta hazaña está
reservada á un hijo del mismo Jove.” Temeroso desde entonces, habia
hecho cercar de paredes y rocas fuertes sus jardines,[66] y puesto un
espantoso dragon en su custodia, y á ningun extrangero recibia en los
confines de su posesion. „Aléjate, le dice, no sea que te veas burlado
de la gloria de tus mentidas hazañas, y el Júpiter de quien blasonas
ser hijo no pueda venir en tu socorro.” Añadió la fuerza á la amenaza,
y procuró echar de allí á Perséo, quien unas veces le respondia con
dulzura, y otras con entereza. Pero inferior en fuerzas (porque ¿quién
igualó en ellas á Atlante?) „Pues tan en poco tienes mis hazañas, le
dice, recibe la merecida recompensa.” Y volviendo el rostro al lado
izquierdo, le presentó la cabeza asquerosa de Medusa. Á su vista fue
convertido en montaña, siendo su barba y cabellos las selvas que la
coronan, formando la cumbre sus brazos y hombros, su cabeza la punta,
y sus huesos los peñascos: creciendo tan considerablemente su cuerpo
(¡así lo quisísteis ó Dioses!), que se hizo capaz de sostener el cielo
y las estrellas.[67]
Habia encerrado Eolo[68] los vientos en la eterna cárcel, y el lucero
de la mañana resplandeciendo en el cielo dispertaba á los hombres á
sus respectivos trabajos; á este tiempo Perséo volviendo á acomodarse
á sus pies los talares, y ciñéndose el corvo alfange, empieza á
cortar rápidamente los vientos; y dexando debaxo de sí, y al rededor
innumerables pueblos, fixó la vista en la Etiopia, donde reynaba Cefeo.
FÁBULA VIII.
_PERSÉO LIBERTA Á ANDRÓMEDA._
Iba á la sazon á perecer allí la inocente Andrómeda[69] por decreto
del injusto oráculo de Amon para expiar la culpa de su madre. Vióla
Perséo con sus brazos amarrados á un peñasco; y á no ser porque sus
cabellos se movian á impulso de un débil soplo del viento, y por las
lágrimas que corrian de sus ojos, la hubiera tenido por una estatua de
mármol. Aficiónase á ella sin echarlo de ver: se pasma, y arrastrado
del encanto de su hermosura, casi se olvidaba de batir sus alas para
sostenerse. „Tú, que no mereces, la dice, esas duras cadenas, sino las
que pone el amor á dos amantes, ruégote que me digas tu nombre, tu
patria, y por qué estas aprisionada á esa roca.”
[Ilustración: (56) Perséo liberta á Andrómeda.]