En que se da fin al cuento de los Felizes Amantes.
No habia bien subido á dar el aviso el criado á sus amos, cuando se
arrepintió don Gregorio dello; porque, como venia con intencion de
saber de solo de la vida dellos, y sin darseles á conocer irse luego
á meter religioso en la mesma religion en que lo era la Priora, para
hazer alli una condigna penitencia con que en parte satisfaciese sus
graves culpas, pareciole que todo se lo impidiria lo que habia empezado
á intentar. Con la melancolia que esto le causó, y deseando obviar los
inconvenientes que de ver á sus padres se le podian seguir, volvió las
espaldas para retirarse de la puerta; pero apenas lo habia començado
á hazer, cuando ya el criado estuvo en ella á buscarle, y los padres
salieron á la ventana á llamarle. No se pudo excusar de entrar el
turbado peregrino en su casa; y haziendolo, y subido arriba en una
cuadra, le rogaron los venerables viejos se sentase en una silla, y
poniendosele cada uno á su lado, le hizieron mil preguntas del don
Gregorio que habia dicho al criado habia conocido y tratado en Napoles,
haziendole tras cada una un millon de ofrecimientos. Dezianle con no
pocas lagrimas: ¡Ay, hermano mio, y que dieramos por haber visto como
vos ese unico y amantisimo hijo nuestro, absoluto señor de nuestra
hacienda y total causa del llanto con que pasamos la vida! ¿Está bueno?
¿Tiene que comer? ¿Sirve ó es soldado? ¿Hase casado ó que vida tiene
quien tan sin piedad es verdugo de las nuestras? Estaba don Gregorio
cuando oia estas razones más muerto que vivo de ternura y sentimiento;
pero, disimulando cuanto pudo les dixo: Lo que dél ¡oh ilustres
señores! os puedo dezir, es que, segun me comunicó, ha padecido
infinitos trabajos desde que salió de vuestra casa y obediencia; pero
¿cuando los dexó de dar al cielo al hijo que, saliendo de la que
debe á sus padres, ofende su valor, lastima sus canas, menoscabando
su propria salud, fuerças y reputacion? Digolo porque en todo sé que
ha padecido don Gregorio mucho, y creo que volviera de buena gana á
vuestros ojos si lo permitiera la vergüença que se lo impide. ¿De que
la ha de tener Gregorio, replicó la madre, pues en su vida ha hecho
baxeza ni hay en la ciudad quien se pueda quexar dél? No significaban
sus razones (añadió el peregrino) cuando me hablaba, eso; antes siempre
colegí dellas se habia ausentado por alguna aficion que tenia á no sé
que religiosa, á quien él llamaba doña Luisa; y temí algunas vezes no
hubiese escalado por ella el convento ó sacadola dél, segun andaba de
receloso de cuantos le podian conocer. La mejor seña que nos podiais
dar, dixo el padre, de que el que habeis conocido es nuestro hijo, es
dezirnos nombraba él á doña Luisa; porque es una religiosa gravisima
deste lugar, y priora ha años de tal convento; á quien él visitaba á
menudo; pero habeisle hecho agravio á ella y á su valor en pensar cosa
de su persona que desdiga della y de la virtud singular que profesa.
Cuando don Gregorio oyó el abono que sus padres daban de la Priora,
en confirmacion de lo que toda la ciudad habia dado della, y reparó
por otra parte en la ternura y sentimiento con que hablaban dél, se
demudó de suerte, que, dandole un parasismo mortal, quedó como muerto
reclinado á la silla. Acudieron de improviso los padres á darle algo
confortativo, pensando era desmayo de hambre el que le habia tomado; y
quitandole el sombrero que tenia calado, y desabrochandole con piedad
cristiana; reparando en el rostro la madre, que hazia este ofizio y
le enxugaba el sudor dél, le conoció, y levantó los gritos al cielo,
diziendo: ¡Ay, hijo de mis ojos, y que disfraz es el con que que has
querido entrar en esta tu propria casa! El padre, que oyendo los gritos
de la madre, percibió llamaba de hijo al peregrino, se llegó, tan
desmayado como él lo estaba, á mirarle, y conociendole, ayudó tambien
á las endechas de la madre, diziendo: ¿Que peregrina invencion ha sido
esta, Gregorio mio, de querer disimulartenos, dandotenos á conocer tan
por rodeos? ¿Pensarias hazer con tus padres, sin duda, lo que con los
suyos hizo san Alexo? Mas no creo tal, pues tan lexos está de parecerse
á aquel santo quien tan sin ocasion ni violencia de casamientos ha
usado tan peregrino rigor. Alborotose luego la casa, corriendo las
nuevas de la vuelta de don Gregorio por el barrio, y antes que él
volviese del desmayo en sí, estaba rodeado de criados y vecinos; y
corrido, cuando volvió á cobrar sus sentidos, de ver la publicidad
de su vuelta, abraçó á sus padres, postrandoseles luego á sus pies y
pidiendoles le dexasen reposar á solas, despidiendo los circunstantes,
pues bastaba hubiesen sido testigos de su corrimiento y del perdon que
les pedia por los enojos causados. Fueronse cuantos esto le oyeron,
contentos de ver lo quedaban los padres, los cuales luego dieron
tambien orden en que se acostase y reposase. Hizolo, y preguntando á
su madre en la cama cuanto habia que no se habia visto con la Priora,
supo della que tres dias, y como, hablandole en la conversacion dél,
y representandole el sentimiento con que vivian todos en su casa por
su ausencia y no saber si era muerto ni vivo, habia en ella vertido
no pocas lagrimas y despedido del pecho algunos lastimosos suspiros,
indicio claro del sincero amor que le tenia, y de lo que sentia su
perdicion. Más le crecia el asombro á don Gregorio cuando estas cosas
oia; porque, como no sabia el milagro, y estaba cierto por otra parte
de su maldad y de lo que con la Priora le habia acontecido, pareciale
todo sueño, y que era ilusion del demonio el pensar verse en casa de
sus padres y vuelto tan á su salvo en su patria; y asi á ratos con la
vehemencia desta imaginacion se suspendia de suerte que no acertaba á
responder. Con todo, rogó á su madre, despues de haber reposado algunos
dias, le hiziese merced de llegar al convento y verse con la Priora,
dandole aviso de su vuelta y de como habia sido con habito penitente
de peregrino, despues de haber estado en Roma á pedir absolucion
á Su Santidad de las moçedades que habia cometido en los años que
habia faltado de su casa, en cuyo conocimiento habia venido por sus
oraciones, á lo que creia, y por haber oido un sermon de las alabanças
del santisimo rosario y de las misericordias que por su devocion hazia
la Virgen benditisima en grandisimos pecadores. Rogola juntamente
instase con ella le diese licencia en todo caso para ir á besarle las
manos y darle cuenta de los sucesos de su persona, sola aquella vez,
pues en hazello ó dexarlo de hazer estaba su consuelo y quietud. Fue
la madre luego á hazer la visita, encargadisima de sacar la licencia
que deseaba su hijo, cuyo alivio procuraban ella y todos los demas
deudos, por ver cuanto necesitaba dello la melancolia con que le veian.
Habló, en llegando al convento, á la Priora; y cuando la hubo dado
las referidas nuevas y recado, vió en las lagrimas que de contento
derramó tras él (que á eso atribuia la madre de don Gregorio las que
doña Luisa derramaba de confusion y vergüença), el gozo que mostraba de
su vuelta y mudanza; y alegre de ver que ya por su instancia permitia
le hablase (enterada primero della de cuan otro venia de la fuente de
indulgencias y perdones que da Dios á los pecadores por manos de su
supremo vicario, cosas todas que se las aseguraba ser asi el enviarle
á dezir el mismo don Gregorio venia de Roma; lo cual y el entender
juntamente que habia alcançado tan grande misericordia por el mismo
medio que ella, del santisimo rosario, fueron bastantes causas para
obligarla á concederle sin escrupulo la licencia que le pedia para
llegar á hablarla el dia siguiente; porque siempre el coraçon le dixo
habia de ser tan feliz el fin desta segunda visita, cuanto le habia
sido nocivo el de la primera), volviose la madre con esta respuesta
contentisima á su casa, y con razon, pues en ella llevaba, aunque
sin entenderlo asi, la medicina que más convenia al consuelo de su
hijo y á su salvacion; el cual, deseandola con las veras que lo
suele hazer aquel á quien Dios abre los ojos del alma, pasó la noche
toda en oracion, suplicando á su divina Magestad, por la puridad de
su santisima Madre, cuyo rosario nunca se le cayó de las manos, se
sirviese de darle en la esperada visita el espiritu, para cosas de
edificacion de su alma, que convenia tuviese quien en aquel puesto en
que se habia de ver, tan desatinado habia andado. La misma oracion hizo
en su coro la santa Priora, y preparandose, venida la mañana, ambos
con recebir los divinos sacramentos de la confesion y Eucaristia, se
pusieron, llegando el plaço, en el locutorio, do se habian de ver con
iguales deseos de saber el uno el suceso del otro. No tiene, señores,
mi ruda lengua palabras con que explicar bastantemente la turbacion de
las con que se saludaron al primer encuentro los dos felizes amantes;
porque, en viendose el uno al otro (si es que las lagrimas les dexaron
mirarse), se turbó él y encalmó ella de suerte que por muy gran rato no
supieron ni de sí ni de adonde estaban. Las galas con que don Gregorio
entró á verla, con un vestido de paño liso, sin gorbion alguno, el
sombrero puesto en los ojos, sin espada ni más compañia que bonisimos
deseos y unas planchas grandes de hoja de lata, hechas rallo, en pecho
y espaldas, y una cruz entre la ropilla y jubon, con rosario y horas
en la faltriquera; sacando la Priora el adorno que queda dicho se
puso la primera noche que llegó al convento, y con que en ella dió
principio á su rigurosa penitencia. Puestos pues de la suerte dicha,
cuando la suspension y llanto les dió lugar, empezó él á dezirle: Por
la cruz en que remedió mi eterno Dios pecadores tales cual yo soy, y
por las lagrimas, afrentas y angustias con que en ella espiró, y por
las que al pie de tan salutifero arbol sintió su purisima Madre, que
por serlo tanto, pudo ser solo su hechura de su omnipotencia, os pido
me digais ¡oh religiosa señora! si sois vos la priora doña Luisa que
cuatro años ha con vuestra vista me cegastes, perdistes y enamorastes
de suerte que, loco, desatinado y sin temor de Dios, me resolvi en
sacaros de aqui y llevaros á Lisboa y á Badajoz, cometiendo las ofensas
y sacrilegios contra el cielo, que solo un merecido infierno puedo; y
si acaso sois la que pienso, dezidme tambien como yendoos conmigo os
quedastes acá, y quedandoos acá os fuistes conmigo; que cierto estoy
(¡y ojalá no lo estuviera tanto!) que os vi, hablé, amé y solicité y
saqué del convento, sin temor de hazer á vuestro estado y profesion
la ofensa que se siguió por postre de tan infernales principios;
porque veo me aseguran cuantos de vos pregunto por otra parte (cosa
que vuelvo loco), que jamas habeis faltado de esta casa; antes dizen
que siempre la habeis regido con notables exemplos y mil virtuosas
medras. Yo soy don Gregorio el malo, el sacrilego, el aleve, el
traidor, y finalmente el peor de los hombres y el igual á Lucifer en
los pensamientos, pues los puse en quien era esposa de mi mismo Dios,
cielo suyo y niñas de sus ojos. A la Virgen bendita del Rosario debo
el conocimiento de mis culpas, pues dexandoos (si sois la que pienso,
y no fantasma) en Badajoz, y dando cabo en la corte, descuidado de mi
bien, mereci un dia oir acaso un sermon de uno de los apostoles que
la predicacion de su santo rosario tiene Maria en el mundo; en que
pintando las misericordias que por tal devocion haze su clemencia,
pintó mi ceguera y dibuxó mi perversa vida, dando juntamente remedio á
todos mis males; que todo lo hizo predicando un milagro y la eficacia
de la dicha devocion. Senti tras sus palabras la de la divina gracia,
pues supe confesarme luego y dexar la corte del rey de España, y buscar
la de quien es vicario de aquel por quien los reyes reinan y en cuyo
servicio consiste solo el verdadero reinar; alcanzé absolucion de
aquella santa silla; y volviendo peregrino á saber, disfraçado, de mis
padres, y á saber la nota y escandalo que de vuestra persona y de la
mia habia en esta ciudad, he hallado en ella que en boca de todos sois
vos la santa, la recogida y exemplar, sin haberseos notado falta ni
ausencia; siendo yo solo el que os he pintado y saben los cielos y vos
(si sois la que pienso) y mi misma conciencia, que es el más riguroso
fiscal y quien me trae á sombras de tejado de temor de la divina
justicia, de quien solo pienso escapar recogido en el templo de la
divina misericordia, mediante la intercesion de quien es madre dellas.
Acabó en esto la lengua de don Gregorio las razones, y començaron de
nuevo sus ojos á confesar sus yerros y á mostrar el sentimiento que
tenia dellos. Consoladisima quedó la Priora cuando hubo oido del autor
de sus desventuras el conocimiento que tenia dellas, y más cuando supo
que le habia venido tan grande bien por las manos clementisimas de
quien habia vuelto por su honra y suplido su falta en el gobierno los
años que, dexada de Dios, habia seguido desenfrenadamente sus apetitos
y las sendas de su condenacion. Y consolandole y dandole cuenta de sus
sucesos y de lo que debia á Maria benditisima, y como pensaba pagarle
en parte tan grande deuda con una verdadera y perpetua penitencia de
sus culpas y un privarse de verle jamas á él, le rogó fuese el que
debia, mirase por su alma y huyese del mundo cuanto le fuese posible
y de vanas conversaciones y platicas; que le daba palabra ella de
hazer lo mismo, como tambien se la daba de callar el suceso mientras
viviese; pero no muerta, pues antes de morir le pensaba dexar escrito
en manos de su confesor, con orden de que le divulgase el mesmo dia
para gloria de Dios y recomendacion de la celestial aurora de tal
misericordia. Ofreciole don Gregorio hazer las mismas diligencias, y
de no quedar en el mundo, sino entrarse en un retirado convento de su
propia orden, do pagase su sensualidad el debido escote de los excesos
pasados, á fuerça de ayunos y disciplinas; y tras celebrar él con mil
alabanças de la Virgen y un millon de asombros y admiraciones la merced
milagrosa y favor inaudito que su infinita clemencia habia usado por la
devocion del santo rosario con la Priora y con él mesmo, se despidió
del convento para nunca más llegar á él, y della para jamas verla; y
lo proprio hizo ella, pidiendose ambos con lagrimas perdon reciproco,
y las oraciones el uno del otro. Continuó siempre, como queda dicho,
la Priora sus mortificaciones, consoladisima de la conversion de don
Gregorio, dando por ella iguales gracias á la Virgen que por la suya
propria, á quien le encomendó toda su vida. Volviose de alli él á su
casa, do estuvo algunos dias asentando cosas; y comunicada al cabo
dellos á sus padres su devocion, y representandoles las obligaciones
que tenia de consolarse con haberle visto vuelto vivo, les pidió su
bendicion y licencia para ser religioso, pues lo debia á Dios y á
su Madre, rogandoles ahincadamente se la diesen, y tuviesen á bien
tomase tan divino estado; tras lo cual tambien les rogó dexasen sus
bienes despues de sus dias á pobres, que son los verdaderos depositos
y en quien mejor se guardan, pues en su poder jamas se menoscaban las
haciendas. Alcançaronlo todo dellos sus lagrimas y raro espiritu; con
que se fue contentisimo á ser religioso en la misma ciudad, profesando
en la religion que tomó, con notables demostraciones de virtud; y
llegando por ellas á ser perlado de su convento, quiso Dios acabase sus
dias, ordenando juntamente el cielo fuese el de su muerte en el mesmo
en que fue la de la Priora y á la misma hora; y haziendo cada uno antes
de espirar una devotisima platica á su comunidad, murieron con notables
señales de su salvacion, recebidos todos los divinos sacramentos.
Hallaronse en poder de los confesores de ambos, luego que espiraron,
las relaciones de los amores, sucesos, conversiones, milagros, y de
los favores que la Virgen les habia hecho; y publicandose el caso y
verificandose, acudió toda la ciudad á ver sus santos cuerpos, que
estaban hermosisimos en los feretros. Hizoseles sumptuosisimo entierro,
invidiando todos la buena suerte de los padres de fray Gregorio, los
cuales tuvieron honradisima y consoladora vejez con su feliz fin.
Llegado el de su vida dellos, repartieron su hacienda en los conventos
de la Priora y de su hijo, con exemplo de todos, muriendo cargados de
años y de buenas obras. De los de la santa Priora no digo nada, porque
asi ellos como la otra hermana que tenia religiosa murieron mucho antes
que ella.