De como el Cura y don Quixote se despidieron de aquellos caballeros, y
de lo que á él le sucedió con Sancho Pança despues de ellos idos.
Una hora antes que amaneciese llegaron á la puerta de don Quixote el
Cura y los alcaldes á llamar, que venian á despertar al señor don
Alvaro; á cuyas vozes don Quixote llamó á Sancho Pança para que les
fuese á abrir, el cual despertó con harto dolor de su coraçon. Entrados
que fueron al aposento de don Alvaro, el Cura se asentó junto á su
cama, y le començó á preguntar como le habia ido con su huesped; á
lo cual respondió contandole brevemente lo que con él y con Sancho
Pança le habia pasado aquella noche; y dixo que si no fuera el plaço
de las justas tan corto, se quedara alli cuatro ó seis dias á gustar
de la buena conversacion de su huesped; pero propuso de estarse alli
más despacio á la vuelta. El Cura le contó todo lo que don Quixote
era, y lo que con él le habia acontecido el año pasado, de lo cual
quedó muy maravillado; y mudando platica, fingieron hablaban de otro,
porque vieron entrar á don Quixote, con cuyos buenos dias y apacible
vision se levantó don Alvaro, y mandó aprestar los caballos y demas
recado para irse. Entre tanto los alcaldes y el Cura volvieron á dar
de almorzar á sus huespedes, quedando concertados que todos volverian
á casa de don Quixote, para partirse desde alli juntos. Idos ellos, y
vestido don Alvaro, dixo aparte á don Quixote: Señor mio, v. m. me la
ha de hazer de que unas armas grabadas de Milan, que traigo aqui en un
baul grande, se me guarden con cuidado en su casa hasta la vuelta;
que me parece que en Çaragoça no serán menester, pues no faltarán en
ella amigos que me provean de otras que sean menos sutiles, pues estas
lo son tanto, que solo pueden servir para la vista, y es notable el
embaraço que me causa el llevarlas. Hízolas sacar luego alli todas en
diziendo esto, y eran peto, espaldar, gola, braçaletes, escarcelas
y morrion; y don Quixote, cuando las vió, se le alegró la paxarilla
infinitamente, y propuso luego en su entendimiento lo que habia de
hazer dellas, y asi le dixo: Por cierto, mi señor don Alvaro, que esto
es lo menos en que yo pienso servir á v. m., pues espero en Dios vendrá
tiempo en que v. m. se holgará más de verme á su lado, que no en el
Argamesilla. Y prosiguió preguntandole, mientras se volvian á poner en
el baul las armas, qué divisa pensaba sacar en las justas, qué libreas,
qué letras ó qué motes: á todo lo cual, por complazerle, le respondió
don Alvaro, no entendiendo que le pasaba por la imaginacion el ir á
Çaragoça ni hazer lo que hizo, y adelante se dirá. En esto entró Sancho
muy colorado, sudandole la cara y diziendo: Bien puede, mi señor don
Tarfe, sentarse á la mesa; que ya está el almuerzo á punto. A lo cual
respondió don Alvaro: ¿Teneis buen apetito de almorzar, Sancho amigo?
Ese, dixo él, señor mio, gloria tibi, Domine, nunca me falta, y es de
manera, que (en salud sea mentado, y vaya el diablo para ruin) no me
acuerdo en todos los dias de mi vida haberme levantado harto de la
mesa, sino fue ahora un año, que, siendo mi tio Diego Alonso mayordomo
del Rosario, me hizo á mí repartidor del pan y queso de la caridad que
da la cofradia, y entonces alli hube de afloxar dos agujeros al cinto.
Dios os conserve, dixo don Alvaro, esa disposicion; que solo della
y de vuestra buena condicion os tengo envidia. Almorzó don Alvaro,
y luego llegaron los tres caballeros con su gente y con el Cura;
porque ya amanecia; y viendolos don Alvaro, se puso al momento las
espuelas y subió á caballo; tras lo cual sacó don Quixote del establo á
Rocinante ensillado y enfrenado para acompañarles, y dixo, teniendole
por el freno, á don Alvaro: Ve aqui v. m., señor don Alvaro, uno de
los mejores caballos que á duras penas se podrian hallar en todo el
mundo. No hay Bucefalo, Alfana, Seyano, Babieca ni Pegaso que se le
iguale. Por cierto, dixo don Alvaro, mirandole y sonriendose, que ello
puede ser como v. m. dize; pero no lo muestra en el talle, porque es
demasiado de alto y sobrado de largo, fuera de estar muy delgado; pero
debe ser la causa del estar tan flaco el ser de su naturaleça algo
astrologo ó filosofo, ó la larga experiencia que tendrá de las cosas
del mundo; que no deben haber pasado pocas por él, segun los muchos
años que descubre tener encubiertos baxo la silla; pero, como quiera
que sea, él es digno de alabança, por lo que muestra ser discreto y
pacifico. En esto salieron todos á caballo, y el Cura y don Quixote les
acompañaron casi un cuarto de legua del lugar. Iba el Cura tratando
con don Alvaro de las cosas de don Quixote; el cual se maravillaba en
extremo de su extraña locura. Despidieronse, forçados de los ruegos de
los caballeros, y vueltos al Argamesilla, el Cura se fue á su casa,
y llegando á la suya don Quixote, lo primero que hizo en apeandose,
fue enviar luego á llamar con su ama á Sancho Pança, con orden de que
le dixese traxese consigo, cuando viniese, aquello que le habia dicho
le traeria, que era Florisbian de Candaria, libro no menos necio que
impertinente. Vino luego volando Sancho; y cerrando el aposento por
adentro, y quedando en él solos, sacó el libro debaxo de las haldas
del sayo, y diosele; el cual le tomó en las manos con mucha alegria,
diziendo: Ves aqui, Sancho, uno de los mejores y más verdaderos libros
del mundo, donde hay caballeros de tan grande fama y valor, que ¡mal
año para el Cid ó Bernardo del Carpio que les lleguen al çapato! Al
punto le puso sobre un escritorio, y volvió de nuevo á repetir á Sancho
muy por extenso todo lo que la noche pasada le habia dicho, y no habia
podido entender por estar tan dormido, concluyendo la platica con
dezir queria partir para Çaragoça á las justas, y que pensaba olvidar
á la ingrata infanta Dulcinea del Toboso, y buscar otra dama que mejor
correspondiese á sus servicios; y que de alli pensaba despues ir á
la corte del rey de España para darse á conocer por sus fazañas. Y
trabaré amistad, añadia el buen don Quixote, con los grandes, duques,
marqueses y condes que al servicio de su real persona asisten; do veré
si alguna de aquellas fermosas damas que están con la Reina, enamorada
de mi tallaço, en competencia de otras, muestra algunas señales de
verdadero amor, ya con apariencias exteriores de la persona y vestido,
ya con papeles ó recados enviados al cuarto que sin duda el Rey me
dará en su real palacio, para que desta manera, siendo invidiado de
muchos caballeros de los del tuson, procuren todos por varios caminos
descomponerme con el Rey; á los cuales, en sabiendolo, desafio y reto,
matando la mayor parte dellos: con que vista mi gran valentia por el
Rey nuestro señor, es fuerça que su magestad Catolica me alabe por uno
de los mejores caballeros de Europa. Todo esto dezia él con tanto
brio, levantando las cejas, con voz sonora, y puesta la mano sobre la
guarnicion de la espada, que no se habia aun quitado desde que habia
salido á acompañar á don Alvaro, que parecia que ya pasaba por él todo
lo que iba diziendo. Quiero pues, Sancho mio, proseguia luego, que veas
ahora unas armas que el sabio Alquife, mi grande amigo, esta noche me
ha traido, estando yo traçando la dicha ida de Çaragoça, porque quiere
que con ellas entre en las aplaçadas justas, y lleve el mejor precio
que dieren los juezes, con inaudita fama y gloria de mi nombre y de los
andantes caballeros antepasados, á quien imito y aun excedo. Y abriendo
una arca grande, á donde las habia metido, las sacó. Cuando Sancho
vió las armas nuevas y tan buenas, llenas de trofeos y grabaduras
milanesas, acicaladas y limpias, pensó sin duda que eran de plata, y
dixo pasmado: Por vida del fundador de la torre de Babilonia, que si
ellas fueran mias, que las habia de hazer todas de reales de á ocho,
destos que corren ahora, más redondos que hostias; porque solamente la
plata, fuera de las imagines que tienen, vale al menorete, á quererlas
echar en la calle, mas de noventa mil millones. ¡Oh hi de puta,
traidoras, y cómo reluzen! Y tomando el morrion en las manos, dixo:
Pues el sombrero de plata ¡es bobo! Por las barbas de Pilatos, que si
tuviera cuatro dedos más de falda, se le podria poner el mesmo Rey, y
aun juro que el dia de la procesion del Rosario se le habemos de poner
en la cabeça al señor Cura, pues saldrá con él y con la capa de brocado
por esas calles hecho un relox. Mas digame, señor, estas armas ¿quién
las hizo? ¿Hizolas ese sabio Esquife, ó nacieronse asi del vientre
de su madre? ¡Oh gran necio! dixo don Quixote: estas se hizieron y
forjaron junto al rio Leteo, media legua de la barca de Acaronte, por
las manos de Vulcano, herrero del infierno. ¡Oh, pestilencia en el
herrero! dixo Sancho: ¡el diablo podrá ir á su fragua á sacar la punta
de la reja del arado! Yo apostaré que, como no me conoce, me echase
una grande escudilla de aquella pez y trementina que tiene ardiendo,
sobre estas virginales barbas, tal, que fuera harto peor de quitar
y aun de sanar que la basura que me echó en ellas Aldonza Lorenço
los otros dias. Tomó en esto las armas don Quixote, diziendo: Quiero
amigo Sancho, que veas como me estan: ayudamelas á poner. Y diziendo
y haziendo, se puso la gola, peto y espaldar, y dixo Sancho: Par diez
que aquestas planchas parecen un capote, y si no fueran tan pesadas,
eran lindisimas para segar, y más con estos guantes:--lo cual dixo
tomando las manoplas en la mano. Armose don Quixote de todas pieças,
y luego habló con voz entonada á Sancho desta manera: ¿Que te parece,
Sancho? ¿Estanme bien? ¿No te admiras de mi gallardia y brava postura?
Esto dezia paseandose por el aposento, haziendo piernas y continentes,
pisando de carcaño, y levantando más la voz y haziendola más gruesa,
grave y reposada; tras lo cual le vino luego subitamente un accidente
tal en la fantasia, que, metiendo con mucha presteza mano á la espada,
se fue acercando con notable colera á Sancho, diziendo: Espera, dragon
maldito, sierpe de Libia, basilisco infernal: verás por expiriencia el
valor de don Quixote, segundo san Jorge en fortaleça; verás, digo, si
de un golpe solo puedo partir, no solamente á tí, sino á los diez más
fieros gigantes que la nacion gigantea jamas produjo. Sancho, que le
vió venir para sí tan desaforado, començó á correr por el aposento; y
metiendose detras de la cama, andaba al derredor della huyendo de la
furia de su amo, el cual dezia, dando muchas cuchilladas á tuertas y
derechas por el aposento, cortando muchas vezes las cortinas, mantas
y almohadas de la cama: Espera, jayan soberbio; que ya ha llegado la
hora en que quiere la Magestad divina que pagues las malas obras que
has hecho en el mundo. Andaba en esto tras del pobre Sancho al derredor
de la cama, diziendole mil palabras injuriosas, y juntamente con cada
una arrojandole una estocada ó cuchillada larga; que si la cama no
fuera tan ancha como era, lo pasara el pobre de Sancho harto mal; el
cual le dixo: Señor don Quixote, por todas cuantas llagas tuvieron
Job, el señor san Lazaro, el señor san Francisco, y lo que más es,
nuestro Señor Jesucristo, y por aquellas benditas saetas que sus padres
tiraron al señor san Sebastian, que tenga compasion, piedad, lastima
y misericordia de mi anima pecadora. Embraveciase más con todo esto
don Quixote, diziendo: ¡Oh soberbio! ¿Agora piensas con tus blandas
palabras y ruegos aplacar la justa ira que contigo tengo? Vuelve,
vuelve las princesas y caballeros que contra ley y razon en este tu
castillo tienes; vuelve los grandes tesoros que tienes usurpados, las
donzellas que tienes encantadas, y la maga encantadora, causadora de
todos estos males. Señor, ¡pecador de mí! dezia Sancho Pança, que yo
no soy princesa ni caballero, ni esa señora maga que dize, sino el
negro de Sancho Pança, su vecino y antiguo escudero, marido de la
buena Mari-Gutierrez, que ya v. m. tiene media viuda. ¡Desventurada
de la madre que me parió, y de quien me metió aqui! Sacame aqui
luego, añadia con más colera don Quixote, sana y salva y sin lision
ni detrimento alguno la emperatriz que digo; que despues quedará tu
vil y superba persona á mi merced, dandoteme primero por vencido. Si
haré con todos los diablos, dixo Sancho: abrame la puerta, y meta la
espada en la vaina primero; que yo le traeré luego, no solamente todas
las princesas que hay en el mundo, sino al mesmo Anas y Caifas, cada
y cuando su merced los quiera. Envainó don Quixote con mucha pausa
y gravedad, quedando molido y sudado de dar cuchilladas en la pobre
cama, cuyas mantas y almohadas dexó hechas una criba y lo mesmo hiziera
del pobre Sancho si pudiera alcançarle; el cual salió de detras de la
cama descolorido, ronco y lleno de lagrimas de miedo, y hincandose de
rodillas delante de don Quixote, le dixo: Yo me doy por vencido, señor
caballero andante: su merced mande perdonarme; que yo seré bueno todo
lo restante de mi vida. Don Quixote le respondió con un verso latino
que él sabia y repetia muchas vezes, diziendo: _Parcere prostratis
docuit nobis ira leonis_; y tras él le dixo: Soberbio jayan, aunque
tu arrogancia no merecia clemencia alguna, á imitacion de aquellos
caballeros y principes antiguos, á quien imito y pienso imitar, te
perdono, con presupuesto que del todo dexes las malas obras pasadas,
y seas de aqui adelante amparo de pobres y menesterosos, desfaziendo
los tuertos y agravios que en el mundo con tanta sinrazon se hazen.
Yo lo juro y prometo, dixo Sancho, de her todo eso que me dize; pero
digame, en lo de hashazer esos tuertos, ¿ha de entrar tambien el
licenciado Pedro Garcia, beneficiado del Toboso, que es tuerto de un
ojo? Porque no me quisiera meter en cosas de nuestra santa madre la
Iglesia. Levantó entonzes don Quixote á Sancho, diziendo: ¿Que te
parece, amigo Sancho? Quien haze esto en un aposento cerrado con un
hombre solo como tú, mejor lo hiziera en una campaña con un exercito
de hombres, por bravos que fuesen. Lo que me parece, dixo Sancho, que
si[12] estas experiencias quiere her muchas vezes conmigo, que me
echaré con la carga. Don Quixote le respondió: ¿No ves, Sancho, que
era fingido, no más de por darte á entender mi grande esfuerço en el
combatir, destreza en el derribar y maña en el acometer? ¡Mal haya el
puto de mi linage! replicó Sancho: pues ¿por que me arrojaba aquellas
descomunales cuchilladas, que si no fuera porque cuando tiró una me
encomendé al glorioso san Anton, me llevara medias narizes, pues el
aire de la espada me pasó zorriando por las orejas? Esos ensayamientos
quisiera que v. m. hubiera hecho cuando aquellos pastores de marras,
de aquellos dos exercitos de ovejas, le tiraron con las hondas aquellas
lagrimas de Moisen, con que le derribaron la mitad de las muelas, y
no conmigo; pero por ser la primera vez, pase, y mire lo que haze de
aqui adelante; y perdone, que me voy á comer. Eso no, Sancho, dixo don
Quixote: desarmame, y quedate á comer conmigo, para que despues de
comer tratemos de nuestra partida. Acetó facilmente el convite Sancho,
y despues de comer le mandó que de casa de un çapatero le truxese dos
ó tres badanas grandes para hazer una fina adarga, la cual él hizo
con ciertos papelones y engrudo, tan grande como una rueda de hilar
cañamo. Vendió tambien dos tierras y una harto buena viña, y lo hizo
todo dineros para la jornada que pensaba hazer. Hizo tambien un buen
lançón con un hierro ancho como la mano y compró un jumento á Sancho
Pança, en el cual llevara una maleta pequeña con algunas camisas suyas
y de Sancho, y el dinero, que seria más de trecientos ducados: de
suerte que Sancho con su jumento, y don Quixote con Rocinante, segun
dize la nueva y fiel historia, hizieron su tercera y más famosa salida
del Argamesilla por el fin de agosto del año que Dios sabe, sin que el
Cura ni el Barbero ni otra persona alguna los echase menos hasta el dia
siguiente de su salida.
[12] Falta el _si_ en la primera edición.