Dicha y _D. Tristán_ que trae entre los brazos medio desmayada a
_Zulema_.
_D. Tristán_.
¡Qué espanto! ¡Qué maravilla!
Apenas bebe Zulema
el chocolate, se quema
cual si comiese morcilla
de la que echan a los perros
para darles cruda muerte.
¡Qué bien castiga la suerte
mis enamorados yerros!
_Zulema_.
¡Ay, D. Tristán! Yo reviento,
¿qué chocolate endiablado
es el que ahora he tomado?
¡Fuego en mis entrañas siento!
_Doña Brianda_.
¿Qué es esto, señor, qué pasa?
_D. Tristán_.
¡Que Zulema se me muere!
_Doña Brianda_.
Pues me alegro. Ella me hiere
y mi corazón traspasa
de los celos con la punta.
¡Infiel Tristán, asesino,
de ti me venga el destino
al dejártela difunta!
_Zulema_.
¡Yo me muero!
(Hace una horrible mueca, se desprende de entre los brazos de don
Tristán y cae muerta en el suelo.)
_Doña Brianda_.