_Doña Brianda_, _D. Ramón_, la hueste y los encubiertos.
_D. Ramón_.
Ya estás en salvo en mi casa.
Valientemente reñías
cuando acudí con mi hueste
y rechacé a la morisma,
haciendo tremendo estrago
en sus apretadas filas.
_D. Tristán_.
(Sin descubrirse.)
Mucha gratitud te debo.
Sin ti perdiera la vida.
_D. Ramón_.
Descúbrete y di quién eres.
_D. Tristán_.
A estar oculto me obliga
la prudencia, mas a solas
te descubriré en seguida
quién soy y de dónde vengo.
Despide a tu comitiva.
_D. Ramón_.
¡Despejad!
(Vanse todos los guerreros y solo quedan los dos de los capuces y doña
Brianda.)
_D. Tristán_.
Aún queda alguien.
_D. Ramón_.
Esta es mi hermana querida.
_D. Tristán_.
Pues aunque sea tu hermana
haz que se vaya.
_D. Ramón_.
Hermanita
lárgate.
_Doña Brianda_.
Me largaré.
(Ap.) ¡qué sospecha, suerte impía!
¡Qué fatal presentimiento
en mi corazón se agita!
La voz del encapuchado,
la de D. Tristán imita.
¿Será D. Tristán acaso?
Yo me quedaré escondida
atisbando y escuchando
para descubrir la intriga. (Vase.)