Mi cuñado el Excmo. Sr. D. José Delavat, siendo Ministro de España en el
Japón, tuvo la buena idea de enviarme de allí, por el correo, un lindo y
curioso presente. Consiste en doce tomitos, impresos en un papel tan
raro, que más parece tela que papel, y con multitud de preciosas
pinturas intercaladas en el texto. Lo pintado es mucho más que lo
escrito, y está pintado con grande originalidad y gracia.
Si lo escrito estuviese en japonés, yo me quedaría con la gana de
entenderlo, porque no sé palabra de la lengua o lenguas que se hablan o
escriben en el Japón. Sólo sé que los japoneses tienen muchos libros, y
que algunos de ellos, novelas sobre todo, están ya traducidos en varias
lenguas europeas, y particularmente en inglés, francés y alemán. Por
dicha, los doce tomitos o cuadernitos que poseo, aunque impresos y
pintados en Tokio, están en lengua inglesa, y son cuentos para niños, a
fin de que los niños del Japón aprendan el inglés. Parece que estos
cuentos, enteramente populares, están tomados palabra por palabra de
boca de las niñeras japonesas; y debe de ser así porque la candidez de
la narración lo deja ver a las claras.
Me han agradado tanto estos cuentos que no sé resistirme a la tentación
de poner un par de ellos en castellano. Elijo los dos que me parecen más
interesantes: uno porque se diferencia mucho de casi todos los cuentos
vulgares europeos; y otro por lo mucho que se asemeja a ciertas leyendas
cristianas; como la de San Amaro, la de otro santo, referida por el
Padre Arbiol en sus _Desengaños místicos_, y la que ha puesto en verso
el poeta americano Longfellow en su _Golden Legend_. Sin más
introducción allá van los cuentos.