(NOVELA CORTA)
I
El Sr. D. Emilio Cotarelo es un erudito de notable ingenio y de muy buen
gusto, a quien debemos estar agradecidos y dar grandes alabanzas los
aficionados a la amena literatura y a todas las artes de la palabra. Sus
libros nos maravillan por la diligencia y el tino con que el autor ha
sabido recoger noticias. Sus libros enseñan mucho y deleitan más.
Natural es que sean leídos, comprados y celebrados.
Los ha compuesto ya el Sr. Cotarelo sobre don Enrique de Villena, sobre
el conde de Villamediana y sobre el gran poeta Tirso. Pero lo que ahora
me mueve a hablar de este escritor es la serie de estudios que está
publicando sobre actores y actrices del siglo pasado. Ya han salido a
luz la vida de la divina María Ladvenant, y más recientemente la vida de
_La Tirana_. Ambas obras tienen mayor interés que las novelas, y más
que novelas parecen intrincadas selvas de aventuras, lances y casos
raros. Al leerlos, no podemos menos de exclamar casi con envidia.
¡Vamos, vamos, no dejaban de divertirse nuestros morigerados abuelos!
Y lo que es para mí el mayor mérito que tienen los libros de que voy
hablando, es ser muy _sugestivos_. El autor no cuenta ni afirma nada sin
probar su exacta verdad con documentos fehacientes. Quedan, pues, por
contar o apenas indicados entre renglones, mil sucesos importantes y
ocultos, los cuales explican o pueden explicar otros cuyas causas no
vislumbramos, porque el Sr. Cotarelo, como historiador severísimo y
veraz, tiene que dejarnos a media miel, sin decir como cierto lo que no
está evidentemente demostrado, aunque se presuma y haya acerca de ello
rastros e indicios. Siguiéndolos, voy a permitirme yo poner aquí algo
muy importante de la vida de _La Caramba_, que el Sr. Cotarelo, por
virtud de su severidad histórica, no ha podido menos de dejarse en el
tintero, tal vez a pesar suyo.