Pero son ociosas las miradas hacia atrás, y casi impíos estos votos

regresivos, si en las comarcas antes felices de la vieja Europa la

pobreza creciente impone su ley de bronce, y en la misma patria del

arte se han secado las poéticas fuentes del pasado al cierzo realista

del presente. Bien hacen las tribus proletarias en desdeñar la gleba

empobrecida, si es cierto que la exuberante Cibeles americana brinde

á las bocas ávidas un seno henchido y desbordante de savia nutricia

... Pero ¡ay! ¡ilusión más triste que la vieja realidad! También la

estrechez y la miseria han asomado hoy en los territorios casi vírgenes

ayer. Las minas y fábricas conocen las huelgas dolorosas, ya motivadas

por la escasez del salario, ya por el exceso de producción. Estos

Estados Unidos, que ostentaban orgullosos su desarrollo material, han

crecido en efecto con velocidad portentosa, pero también han madurado

con asombrosa rapidez; en el mundo nuevo, lo propio que en el viejo,

los problemas solemnes é ineludibles comienzan á surgir; las mismas

exigencias se formulan aquí, sin que las atenúen, como allá, las

tradiciones de la raza y el amor de la patria venerable. La madrastra

se ha tornado para muchos tan estéril como la madre; y en Chicago y

Pittsburg, en Brooklyn y Filadelfia, como en Birmingham y Roubaix,

millares de trabajadores sin trabajo, bajo el viento y la nieve,

tienden al transeunte sus pobres manos ateridas que, no sabiendo ya

levantarse al cielo en ademán de súplica, se cierran hacia la tierra en

actitud de amenaza.

Boston.

La capital del Massachusetts y metrópoli de la Nueva Inglaterra cuenta

500.000 habitantes (900.000 con los suburbios); es, después de Nueva

York, el gran emporio comercial del Atlántico; en su inmenso puerto,

más de 10.000 buques cargan y descargan anualmente 4 millones de

toneladas, que representan un intercambio exterior de 150 millones

de dollars; posee 4000 fábricas industriales; después de Londres,

es el primer mercado de lanas del globo; tiene 60 bancos nacionales

en actividad, y, en las cercanías del Correo y la Municipalidad, el

tráfico de _Washington street_ no es inferior al de Broadway; por fin,

relativamente á su población, es la ciudad más rica de los Estados

Unidos, como es la más antigua y la primera en gloria histórica.

Ahora bien: Boston oculta, por así decirlo, el _business_ que Chicago

ostenta; se muestra más orgullosa de sus escuelas y librerías que de

sus talleres y depósitos. Como un millonario de tradición y gusto, ella

no lleva al visitante ante su caja de hierro, sino á su Biblioteca y

galería artística; y en los clubs, en los hoteles, en las reuniones

sociales—hasta en las salas de redacción de los diarios,—conoceréis

que os toman por un viajero «de distinción» si os dirigen al pronto

esta pregunta: _What do you think of our public schools?_[57]

El Massachusetts ocupa, en efecto, el primer puesto en los Estados

Unidos, no sólo en la educación primaria y superior, sino tambien en

la cultura general. Mejor dicho, la preocupación y el amor de las

disciplinas intelectuales forman su característica, como el comercio

en New York, la especulación en Chicago y la política en Washington.

Desde este punto de vista excepcional hay que mirar á Boston, aceptando

con docilidad y complacencia la actitud que ella misma elige, no sólo

porque es más noble y elevado este rasgo sobresaliente, sino porque

presenta el resumen más exacto de su fisonomía.

El aspecto de la vieja capital es marcadamente inglés, más aún que

el de Filadelfia. Desde la cúpula dorada de _State House_, que

domina la colina comunal en que se agrupara la primera población, se

contempla el vasto panorama de la calada bahía, con sus importantes

distritos suburbanos de Charlestown, East y South Boston, Roxbury,

Brookline, Cambridge, que son otras tantas ciudades. Se tiene al fin

bajo los ojos algo que no sea el eterno tablero rectangular salpicado

de enormes _buildings_ advenedizos: las calles oblicuas se retuercen

irregularmente, como las arterias de un organismo, obedeciendo á

una ley más profunda que la regla y el compás de un ingeniero; los

parques sinuosos—_the lungs_, como aquí se dice—parecen en efecto

«pulmones» vitales y no simples polígonos verdes. Del tumultuoso oleaje

petrificado, surgen islotes que son verdaderos monumentos, reliquias

históricas impregnadas de humanidad y tradición, y cuyo costo venal

no puede valorarse: templos, museos, academias, casas consistoriales,

hospicios, mercados, colegios seculares, que algo recuerdan ó remedan

con su estilo, y que me guardaré de enumerar ó describir.

Bien sé que no se trata sino de una «Atenas» puritana y colonial, y

que fuera excesivo pedir á los peregrinos del _Mayflower_ el fino

gusto de nuestra raza: no es de la opulenta Boston de quien se ha

dicho que le infligió la suerte el _dono infelice di bellezza_[58]; y

no me empeñaré en demostrar que la estatua del coronel Prescott ó el

obelisco de Bunker Hill sean de muy distinto orden estético que otros

adefesios americanos. Con todo, y no residiendo la fealdad de las cosas

_útiles_ sino en la presencia de elementos incoherentes ó inapropiados,

compréndese cómo los años y el desuso tengan una virtud armonizadora;

y por esto, sin duda, se desprende para mí no sé qué belleza moral

y pensativa de la abandonada _Old State House_ y del macizo _Faneuil

Hall_, regalo agradecido de un hugonote francés que, con su morada de

refugio, legó al Massachusetts la cuna de su futura libertad[59].

Reina armonía profunda entre el carácter material de la población y la

índole de sus habitantes. El mismo sello de bienestar tranquilo, de

lujo sólido, de honrada placidez y satisfacción interna, se deja ver

en las gentes, los edificios y las instituciones. El _Hub_ está en su

quicio, y los puntos de la circunferencia giran debidamente alrededor

del centro de gravedad. Poco se habla aquí de monstruosas fortunas

improvisadas por «reyes» de tal ó cual industria ó especulación, pero

sí de muchas posiciones holgadas, debidas al largo trabajo metódico,

al equilibrado presupuesto casero y, como en Europa, á la fácil

economía: las cajas de ahorros (_Saving banks_) tenían el año pasado

más de 90 millones de dollars en depósito. Pero, lo que vale más aún y

es más europeo: no se habla del _business_ fuera del escritorio. Los

comerciantes y banqueros tienen á tanta honra ser admitidos en _St.

Botolph Club_, donde dominan los abogados, _clergymen_ y literatos,

como en el aristocrático _Somerset_, que blasona de sangre azul (_blue

blood_), es decir, de una inmigración un poco anterior á las otras. Por

lo demás, muchos bostonianos pertenecen á uno y otro, y en la misma

noche he visitado, fuera de los nombrados, el democrático _Suffolk_

y el _Papyrus_ literario con las mismas personas. Á este propósito

consignaré un detalle significativo.

Llegaba á Boston provisto hasta el recargo de cartas de introducción

para diferentes funcionarios y particulares; esta _paper currency_ de

la recomendación circula tan abundante en la América del norte como

en la del sud; regularmente no tiene más efecto útil que mantener las

relaciones de cortesía entre mandante y mandatario, desempeñando el

portador (¡cuente V. con un amigo! _very glad!_) un papel análogo al

del cartero en día de Año nuevo. En general, una sola, bien elegida, es

suficiente, como basta una vela encendida para que se trasmitan lumbre

todos los del entierro. Una hora después de mi llegada é instalación

en la excelente _Adams House_ (¡plan europeo!), fuí á entregar

personalmente en la redacción del _Pilot_ la única carta que de Buenos

Aires traía para Boston, dejando dormir en mi maleta todas las demás,

dirigidas á personajes encumbrados. La persona destinataria[60] me

recibió con una cordialidad que todavía me conmueve, y me presentó

allí mismo al primer redactor, Mr. James J. Roche, que ha sido mi

agradable compañero y guía eficacísimo en la simpática población. No

he necesitado más para que se me abrieran de par en par las puertas

de los hogares, de los clubs, de los establecimientos públicos—y

formar parte, durante unas semanas, del Todo-Boston ilustrado y social.

No digo que en otras partes la incorporación sea más difícil—al

contrario—pero se trata de Boston, del _Hub_ civilizado de los Estados

Unidos, y he querido hacer una excepción para lo que es de suyo

excepcional.

Tampoco debe exagerarse la característica escolar de la antigua

metrópoli puritana, ó deducir de ello que se muestre poco amiga de

diversiones y elegancias ligeras. En ninguna ciudad americana es más

«activa» la vida de club para los hombres, de funciones sociales,

artísticas y caritativas para las señoras—fuera, por supuesto,

del paseo á las tiendas ó _shopping_ que, en todos los tiempos y

regiones, constituye el _bonheur des dames_. Es broma gastada en

toda la Unión, aquello de los inseparables _eye-glasses_ de las

muchachas bostonienses: es la pura verdad que ni por sus lentes ni

por su belleza y frescura se diferencian sensiblemente de las de San

Francisco ó Baltimore. Más distinguidas en general que las del Oeste,

menos estrepitosas que las de Nueva York, las reuniones mundanas de

Boston nada pierden en punto á brillo y alegría por acercarse más

á las europeas. Pero es cierto que aquí se respira en todas partes

una atmósfera moral de seriedad y anhelo educativo. Menudean las

conferencias científicas, literarias y pedagógicas, casi siempre

públicas y gratuítas. Son casi diarias las audiciones musicales de

las varias sociedades de profesores ó aficionados; y los programas

clásicos de la _Händel and Haydn Society_, los cuartetos de la _Harvard

musical Association_, sobre todo las ejecuciones de la _Boston Symphony

Orchestra_, revelan una cultura artística tan profunda como difundida.

Existen, sin duda, espectáculos teatrales para todos los gustos,—y no

revela el peor de todos el éxito inagotable de Jefferson en _Rip Van

Winkle_, ó el de Dailey en _A country Sport_, la celebrada farsa de

Columbia Theatre,—empero, para juzgar del espíritu dominante, debe

asistirse á una representación de Irving y Ellen Terry en el Globe

Theatre, y comprobar la atención respetuosa, el silencio admirativo

de la cuajada muchedumbre ante el _Merchant_ de Shakespeare ó el

_Becket_ de Tennyson; Irving, envejecido y tísico, sólo ha conservado

la dicción admirable; pero Ellen Terry, aunque también bastante pasada

y marchita, guarda siempre su extraña gracia de leyenda sajona, su

encanto fantástico de mujer-niña shakespeariana. Sobre todo, es tan

perfecta é inteligente la restauración decorativa de la obra maestra,

que la función teatral se convierte en una solemnidad literaria y

artística. Como en Bayreuth, la sala está á obscuras durante la

representación; la mejor sociedad ocupa los balcones y la platea, en

traje de calle: visiblemente, se ha venido á escuchar, no á exhibirse;

y tan distante está este público de una «Gran Ópera» mundana, como el

actor y literato inglés del ridículo _cabotinage_ de un Coquelin.

Los clubs que he frecuentado revelan carácter análogo, hasta en sus

mismos instantes de relativo _unconstraint_, después de media noche;

aun entonces están más concurridas las salas de lectura y conversación

que las de poker, y si se _indulge_ un poco en el _brandy and

soda_, es casi siempre con un fin recomendable y para estimular una

discusión intelectual. Casi todos ellos tienen excelentes restaurants,

sin exceptuar el _New-England Woman’s Club_; el de _Somerset_ lo

tiene especial para señoras, á más de un lujoso _supper-room_. Por

supuesto que en las comidas periódicas de otras asociaciones, como

las del sábado del _Papyrus Club_, reina franca alegría, si bien no

me ha parecido que degenerase el humor en el _horse-play_ de otras

francachelas profesionales, entre las cuales ocupan el primer rango—es

decir, el piso bajo—las del _Clover Club_ de Filadelfia[61]. La

recepción del _St. Botolph_, á que asistí, fué al contrario un modelo

de cordial urbanidad; se sentaban á la mesa lujosa, al lado del

gobernador R., abogados, jueces, banqueros, periodistas, artistas,

en fraternal igualdad, y agregaré de paso—como rasgo del espíritu

bostoniense—que, á pesar de estar presentes varios extranjeros «de

distinción», tocóle al más humilde la derecha del presidente, sólo

porque le presentara el periodista y ex presidente del club Mr. J.

Jeffrey Roche, á título de _literary man_[62]. Antes de llegar á los

postres, el presidente me advirtió caritativamente en voz baja que

me iba á «llamar» (_to call_), y así tuve tiempo de «improvisar»

mentalmente las cuatro frases en mal inglés con que correspondí á su

brindis amable. Después de los saludos á los huéspedes y sus respuestas

agradecidas, se inició de un borde al otro de la mesa un fuego graneado

de chuscadas en prosa y verso, para nosotros incomprensibles, pues

estribaban casi siempre en los nombres y apodos de los comensales; y á

poco circuló de mano en mano la monumental _loving-cup_ de plata, en

que cada _good fellow_, después de un gran saludo á la concurrencia,

absorbía de pie su trago de champagne. Terminada la sobremesa, y

en vista de que eran apenas las doce de la noche, se nos llevó en

procesión al _Suffolk_, que pasa por ser el club menos «convencional»

de Boston. Y, bajo la nieve espesa que caía en silencio, la larga

comitiva, formada en parejas mancomunadas contra el hielo resbaladizo,

se desenvolvía, negra sobre blanco, por las aceras de la ciudad

pedagógica y puritana.

Antes de resumir las impresiones diversas que han producido en mí las

escuelas y facultades del Massachusetts, no dejaré de mencionar sus

numerosas bibliotecas públicas y especiales que, junto á las Sociedades

científicas y literarias, á los Conservatorios de música y Museos de

bellas artes ó historia natural, completan el organismo educativo, y

constituyen en conjunto lo que con legítimo orgullo se denomina el

cerebro y el espíritu de la ciudad—_the brain and the mind of the

city_.

Cuando la visité, no estaba la Biblioteca pública instalada aún en su

palacio en construcción de Dartmouth street, con sus regios salones y

sus bóvedas ennoblecidas por las «Musas» de Puvis de Chavannes; pero

ya, en su antiguo y relativamente estrecho local, frente al _Common_,

era sin duda, no sólo la mejor de los Estados Unidos, sino una de

las instituciones más bellas é imponentes del mundo civilizado. No

constituyen, como en la Biblioteca del Congreso, la ancha base de

su riqueza cuantitativa, unos trescientos mil volúmenes oficiales é

informes administrativos, sino que figuran en su masa enciclopédica,

además de las producciones fundamentales de la ciencia, la historia y

la literatura de todos los países, verdaderos tesoros bibliográficos,

dignos algunos de emular los de la _Bibliothèque Nationale_ ó del

_British Museum_. Casi todos los escritores del Massachusetts han

legado una parte ó el todo de su librería á la pública: Everett, su

primer presidente, 1000 volúmenes; Bowditch, 2500; Ticknor, 7500,

con su inapreciable colección española; otros han multiplicado las

donaciones en dinero, ó adquirido valiosas librerías para regalarlas:

así los 12,000 volúmenes del fondo Barton, que comprende todas las

ediciones de Shakespeare y algunas rarísimas de la antigua literatura

francesa. Con todo, lo realmente admirable en el establecimiento, es el

servicio interno, así de la casa central como de sus nueve sucursales.

Entre sus 150 empleados hay más de 100 mujeres, jóvenes casi todas y

admitidas por concurso; en los salones de lectura estudian en silencio

centenares de personas, de todas las edades y condiciones; pero el

servicio mayor de la Biblioteca consiste en los préstamos á domicilio,

que pasan de 1.300.000 obras anuales, de las cuales sólo se pierden ó

reemplazan por deterioro, según me afirma el _Chief Librarian_, unos

800 volúmenes (exactamente 1 por 16.000). No hay catálogo completo

encuadernado; pero sí grupos de tarjetas ó fichas, ordenados en

el doble orden alfabético y por materias, y que cada lector puede

consultar libremente en los casilleros que rodean las mesas: economía

en el servicio y comodidad en la investigación.

Además de la Biblioteca pública, hay otras muy importantes: la del

Ateneo (160.000 volúmenes), la de la Sociedad histórica (33.000

volúmenes y 82.000 folletos); la de _State House_ (65.000); la de

Derecho (20.000); la importantísima de Harvard, en Cambridge (450.000)

y veinte más, anexas á instituciones diversas, representando una

masa bibliográfica igual á la de París, en proporción del número

de habitantes, pero muy superior por los servicios prestados y

la circulación. Después de estudiar el mecanismo y marcha de las

instituciones anexas á la educación propiamente dicha, el viajero

menos profesional adivina ya que el sistema escolar de la región ha de

responder á todas las espectativas y merecer su reputación universal.

Compréndese, por otra parte, que no me sea posible describirlo

prolijamente en estos apuntes ligeros, y debo limitarme á formular el

juicio somero que numerosas visitas me han sugerido, debiendo agradecer

la amable cooperación que todos los funcionarios me han prestado,

algunos con sus explicaciones orales, otros con el envío de varias

colecciones de textos clásicos.

XIX

EL MASSACHUSETTS

II

BOSTON Y CAMBRIDGE

En materia de asistencia escolar efectiva, el Massachusetts, con sus

7859 escuelas y su 450.000 alumnos para una población de 2.239.000

habitantes, ha alcanzado el resultado ideal y absoluto: la cifra de

20 escolares por 100 habitantes debe de representar la proporción

demográfica, siendo muy probable que _ningún ciudadano_ futuro

resulte analfabeto. Dos datos demuestran que dicho resultado ha sido

alcanzado en la región entera: 1º el hecho de ser sensiblemente

igual la escolaridad de todos los condados; 2º el hecho de que el

acrecentamiento escolar sea, de algunos años atrás, exactamente igual

al de la población. Mirada por esta faz anterior, pues, la obra parece

concluída y perfecta: falta saber si la substancia es digna del molde,

y si la calidad de la educación distribuída corresponde á su cantidad.

Respecto de la educación primaria en todos sus grados, mi respuesta

es categóricamente afirmativa; no sucede lo mismo para la secundaria

(_Latin_ y _High Schools_, primer año de _Harvard College_); y,

en lo que atañe á la educación superior (_Harvard University_) es

decididamente negativa. Desgraciadamente, no podré poner á la vista del

lector los datos comparativos y las cien observaciones diarias que han

concurrido á establecer este último juicio; pero confío en que bastarán

algunas reflexiones nacidas del aspecto y de la esencia de las cosas,

para prestar á mis conclusiones algún viso de probabilidad. En cuanto

á la educación primaria, podré ser muy breve: desde luego, porque

nunca el elogiado niega la competencia del elogio, y también porque

la evidente superioridad de este sistema escolar es la consecuencia

necesaria de premisas conocidas.

Existen actualmente (1893) en Boston 585 escuelas públicas

generales[63], que pueden agruparse como sigue para nuestro concepto

latino: 1º instrucción secundaria (primeros años): una escuela normal,

10 escuelas superiores y de latín; instrucción primaria: 55 escuelas

de gramática, 476 de primeras letras y 43 Kindergartens. Hay un

personal docente total de 1364 maestros, que se descompone así: 163

hombres; 1201 mujeres[64]. Ahora bien, fuera de la dirección de algunas

escuelas de gramática, no existe un solo maestro en la instrucción

primaria: está exclusivamente confiada á la mujer. Es la primera

explicación de su excelencia. La educación infantil es, en efecto,

obra de paciencia solícita y de disciplina casi maquinal, en que la

mujer americana (sobre todo la bostoniense) tiene que sobresalir,

mayormente cuando su tarea está regularmente distribuída y encajada,

por así decirlo, en programas, textos y preceptos pedagógicos de

una claridad y eficacia insuperables. Repito que algunas _Primary

Schools_ de Boston me han dado la idea de la perfección. Los locales

son generalmente agradables y cómodos, sin el relumbrón advenedizo ni

las proporciones inadecuadas de otras partes; los educandos, varones y

mujeres, evolucionan, material y moralmente, con una precisión metódica

y, si vale la expresión, una «autodocilidad» que causan admiración.

El material escolar, desde el mueblaje hasta el texto de lectura

(tengo en vista, sobre todo, la bonita _Franklin serie_ de lectura,

en cinco tomos graduados)[65] es el último eslabón provisional de una

cadena de mejoramientos incesantes, estimulados por el interés y la

competencia. Las maestras—regularmente, las exportadas no dan idea

cabal del género—poseen todas las cualidades profesionales: revelan

una convicción profunda en el cumplimiento del deber y un ardor de

propaganda patriótica que es producto del medio ambiente. Ni tampoco

debe evocarse una imagen de _teacher_ rígida y casi asexuada, que

fuera un programa en acción. Desde luego, casi todas las maestras

primarias son jóvenes, como los tenientes en el ejército; muchas de

ellas elegantes y bonitas; todas correctas, dignas (_dignified_),

criadas las más pobres en esta atmósfera de independencia y altivez,

en que entra como elemento principal este triple concepto: 1º que

los Estados Unidos son la primera nación del mundo; 2º que Boston es

el _Hub_ de los Estados Unidos; 3º que la función educativa es la más

noble y honrosa que exista en la República. Dadas todas esas premisas,

como decía, la consecuencia era fácil de prever; y causa una suerte de

respeto el asistir á las lecciones y ejercicios infantiles, que sin

duda realizan el ideal tangible de un pueblo enérgico, activo, mental

y moralmente homogéneo, cuyas facultades todas deben converger, desde

la primera edad, á la lucha por la vida y á la fortuna,—siendo así

que dichas facultades prácticas se robustecen con la poda metódica

de la gracia espontánea, de la imaginación creadora y otras ramas

«superfluas» de la planta frutal.

Desgraciadamente, el éxito obliga—es decir, encadena. Perseguidos

además por la obsesión de superar á la Europa, imitándola,—lo que

implica contradicción en los términos,—los Estados Unidos han creído

que resolvían el problema con incluir humanidades y ciencias en sus

planes de estudios y organizar la instrucción secundaria y superior

sobre el modelo de la primaria. Tengo el convencimiento de que, á

este respecto, su fracaso es poco menos que absoluto, y claro está

que si esta conclusión resulta del experimento efectuado en Boston y

Cambridge, será aplicable _a fortiori_ al resto del país.

La Universidad de Harvard.

Como su homónima inglesa, Cambridge es una villa universitaria;

pero dicho se está que, á pesar de la acumulación y dimensiones de

los edificios: halls, salones de estudios, bibliotecas, museos y

laboratorios del famoso Colegio de Harvard, dista mucho el conjunto

de recordar la nobleza y serena majestad del _alma mater_ británica.

Es propiamente un arrabal de Boston, separado de la capital por el río

Charles, que el tramway eléctrico atraviesa en el _West Boston Bridge_;

y, aunque el crudo invierno entristece el camino, es una excursión

instructiva y agradable que repetiré casi diariamente. El primer

día, el amable presidente de la Universidad, Mr. Charles W. Eliot,

me acompañaba á todas partes con una complacencia inagotable, á que

daban mayor realce aún la ruda temperatura y la nieve congelada en las

aceras. Consignaré de paso un lijero incidente que activó la confianza

de nuestras relaciones; uno de mis cien resbalones sobre el hielo fué

menos feliz que otros, y como mi solícito acompañante me tomase del

brazo para restablecer el equilibrio instable, nos quedamos los dos

sentados en el sitio: «Es lo que llamamos en Francia (díjele riendo)

_rompre la glace_». Se rió también y supongo que había entendido.

Del Plata al Niagara · 第 29 / 35 段