La señora de la casa tiene el privilegio de escoger y dirigir el
juego de prendas y las charadas, así como el deber de suministrar los
objetos adecuados.
Cada contertulio ha de asentir benévolo a las decisiones de los
demás, sin mostrar empeño en que prevalezca su deseo, a menos que sea
el mismo de la dueña de la casa.
En las charadas hay que cuidar de que los cuadros representados no
lastimen los sentimientos de nadie.
En los juegos de prendas un caballero ha de evitar el ser imprudente
en las penitencias que imponga a las señoras, en especial a las
jóvenes.
El caballero sentenciado a hacer una confidencia a una señora, no se
permitirá decir en secreto lo que se abstendría de repetir en alta
voz.