Un artista invitado a un concierto con súplica de que tome en él
parte activa, si no accede a esto, no debe aceptar la invitación; si
accede, ha de ponerse oportunamente de acuerdo con la dueña en la
designación de las piezas que se habrán de tocar o cantar.
La señora agradecerá más tarde este obsequio, sea invitándole a una
comida, sea ofreciéndole un pequeño regalo con mucha delicadeza, para
que se vea que no es paga, sino atención.
A los artistas pagados se les recibe con la misma amabilidad que a
los invitados.
El que acompaña al piano a una señora o caballero que canta, ha de
tocar con sencillez, sin tratar de que brille su talento.
Un caballero no debe colocarse junto al piano para volver las hojas
cuando una señora canta, a menos que sea artista o haya sido rogado
por la cantante.
Si algún invitado llega tarde, no entrará en el salón mientras se
ejecute una pieza, pues ofende a la concurrencia todo lo que turba
la armonía del concierto, así como el hablar, tatarear, llevar el
compás, etc.
[Ilustración]
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