Cuando el mayordomo avisa que la cena está servida, el huésped ofrece
su brazo a la señora de más consideración y abre la marcha hacia el
comedor, imitándole los demás caballeros, que le siguen en el orden
que les place, dando el brazo a sus respectivas parejas.
Para tomar un té o un sorbete las señoras no se quitan los guantes.
Para la cena suelen quitárselos, aunque algunas los conservan puestos.
La señora vuelve al salón acompañada por el mismo caballero que
la condujo al comedor, o bien en compañía de su pareja del baile
siguiente.