[390] _Cómo deben ser aduchos los olios para consagrar la crisma._
Asentándose el obispo en su siella como dicho habemos, deben venir
doce clérigos de misa revestidos asi como quando la dicen, et han de
traer el bálsamo con grant honra et el olio para facer la crisma, et
otrosi el de los catecúminos et el de los neófitos, que es tanto en
griego como los que se tornan de nuevo á la fe; et deben venir con
ello fasta el obispo. Et ha de ser ordenada la procesion en que lo han
de llevar desta guisa. Primeramiente dos acólitos que han uno de los
quatro grados de que adelante vos fablaremos, et estos han de traer
aquellas ampollas que son destos olios que deximos, cobiertas de paño
de sirgo blanco, de guisa que paresca dellas la meitad á la parte do
está el olio. Et estos paños con que las han de cobrir deben ser tan
grandes, que tengan desde el brazo siniestro tras las espaldas fasta
el diestro, et han de ir asi: primeramiente ante destos acólitos que
deximos, deben ir otros dos con sendos ciriales en que tengan candelas
encendidas, et otros dos clérigos [391] con sendas cruces, et en medio
aquel que troxiere el olio para la crisma [392], et despues dellos dos
clérigos con sendos encensarios encensando, et entrellos aquel que trae
el olio para los catecúminos, et en pos dellos un clérigo de evangelio
con su libro en la mano, et han de ir dos á dos aquellos doce clérigos
misacantanos que deximos, para ser testigos et obradores deste fecho,
et tras ellos dos clérigos de misa vestidos de [393] sobrepellicias,
cantando estos viesos en loor de aquel oficio, en que ruegan á Dios
que él, que es redemidor de los pecadores, et juez de los muertos et
esperanza de los que han de morir, que oya aquel cantar, et quel reciba
por buen don de paz, ca á él traen homildosamente el fruto del árbol
que da lumbre para consagrar, et que él quiera que sea consagrado por
mano del obispo que está revestido ante el altar esperándolo [394],
porque la señal de la cruz que se ha de facer con él quebrante el
poderío del diablo, et renueve el linage del home por aquella uncion
de crisma, et que sea medecina santa et mucho honrada en obra, et
que con alegría sea sagrada la fruente en que ha de echar aquella
crisma, porque fagan foir al diablo et desfaga las sus obras: et que
aquel que recibió carne de la virgen santa María et nació della, et
nos redimió, dé carrera de vida et cierre la muerte á los que fueren
untados con aquella crisma santa, asi que sea á nos fiesta honrada para
siempre aquel dia en que se face el santo sacramento della. Et esto
que dicho habemos deben decir cantando por viesos, que es tanto como
coplas. Et acabado el vieso deben responder los otros segunt deximos
en el comienzo de los viesos, rogando á Dios que él, que es redemidor
de los pecadores, et juez de los muertos et esperanza de los que han
de morir, que oya aquel cantar, et que lo resciba por buen don et
de paz. Et entre tanto deben estar ante el altar ordenadamiente el
ostiario, et el [395] leedor, [396] et el exôrcista, et el acólito et
el subdiácono, de que vos mostrarémos adelante el oficio que tiene cada
uno destos en la eglesia, et por qué han asi nombre. Et estos han de
recebir las ampollas de aquellos que las traen, et darlas uno á otro
segunt el grado en que estan, comenzando primeramiente el ostiario
fasta que lleguen al obispo, et halas él de poner sobre el altar. Et
estonce deben ordenar en manera de procesion á diestro et á siniestro
del obispo los que traen los ciriales en que estan las candelas, et las
cruces, et los encensarios et los libros de los evangelios. Et otrosi
los doce prestes que deximos deben estar al diestro et á siniestro
en cabo de la procesion mas cerca del obispo. Et todo esto ordenado
debe el obispo facer sermon al pueblo que convenga á aquella fiesta,
ó si él non podiese, otro por él á quien lo él mandase: et acabado el
sermon hase el obispo de tornar al altar, et bendecir primeramiente el
bálsamo, si ya otra vez non fue bendicho.
_LEY XLIII._
Por qué razon non deben facer duelo por los muertos.
_Gentiles fueron homes que hobieron creencias de muchas guisas,
et muchos hobo dellos que creien que quando el home finaba que
todo murie tambien alma como cuerpo, et por esta desesperacion
en que caien cuidando que ningunt home non resucitarie nin se
salvarie, por ende despreciaban las almas, et non se querian
arrepentir nin facer penitencia de sus pecados, mas facian
grandes duelos et desaguisados por los muertos, asi que algunos
habie que non querian comer nin beber fasta que murien, et otros
que se mataban con sus manos, et otros que tanto se ponien el
duelo á corazon que perdien el seso, et los que menos desto
facien mesábanse los cabellos, et taiábanlos, et desfacian sus
caras rascándolas; et en esta ceguedad los facie caer el diablo
aduciéndolos á desesperacion. Mas nuestro señor Dios queriendo
sacar á los homes deste yerro, defendiólo en la vieia ley que
dió á Moysen, en que mostró que habie paraiso para los que
ficiesen bien, et infierno para dar pena á los malos, et que
resucitarian todos el dia del juicio; et por ende vedó que estos
duelos non los ficiesen en la manera que las otras gentes usaban
de lo facer, nin desfeasen la figura tan apuesta del home que
él ficiera. Et despues desto quando vino nuestro señor Iesu
Cristo, que tolló deste mundo los yerros et las ceguedades en
que los homes vivien, defendió otrosi en la ley nueva que non
ficiesen duelo por los muertos, et esto fue quando resucitó al
fijo de la viuda, et dixo que non llorasen por él. Et otrosi
quando resucitó la fija del príncipe de la sinagoga mandó que
echasen de la casa do yacie muerta todos los que facien duelo
por ella, et non la quiso ante resucitar; et por esto se da á
entender que non le place de los duelos, ca non se aprovechan
dende las almas de los muertos, mas de los bienes que facen por
ellos. Et despues los santos padres que ordenaron muchos bienes
en santa eglesia establecieron otrosi que non ficiesen duelo por
ellos, et vedáronlo muy afincadamente, porque venia ende grant
daño sin pro. Et por eso dixo el apóstol sant Pablo que non se
entristeciesen por los que finaban, como facien las otras gentes
que non habien creencia nin esperanza de resucitar; ca los que
mueren non se pierden segunt la fe católica, mas son tales como
los que pasan de un lugar á otro, ca los que facen bien van
á paraiso, et todos los otros van á pena de purgatorio ó de
infierno._