Nancy y Godfrey se volvieron a su casa en silencio, bajo la luz de las
estrellas. Cuando entraron al salón artesonado de encina, Godfrey se
dejó caer en su sillón, mientras que Nancy, después de haberse quitado
su sombrero y su chal, fue a colocarse a su lado junto a la estufa
porque no quería separarse de él ni aun algunos minutos. Sin embargo,
temía proferir alguna palabra que pudiera rozar los sentimientos de su
esposo. Por último, Godfrey volvió la cabeza hacia Nancy y sus ojos se
encontraron y quedaron fijos sin que el uno ni la otra hicieran ningún
movimiento. Aquella mirada tranquila y recíproca del marido y de la
esposa que tienen confianza mutua, era como el primer momento de reposo
o de seguridad después de una gran fatiga o de un gran peligro. No debía
ser turbado ni por palabra ni por ademanes que impidieran sentir los
primeros goces del apaciguamiento.
Pero muy luego Godfrey le tendió la mano, y al entregarle Nancy la suya,
atrajo a su mujer hacia sí, y dijo:
--¡Todo ha concluido!
Siempre de pie al lado de él, Nancy se inclinó para darle un beso; luego
le dijo:
--Sí, temo que nos veamos obligados a renunciar a la esperanza de
tenerla por hija. No sería razonable que quisiéramos hacerla venir a
nuestra casa contra su voluntad. No podemos cambiar su educación ni el
resultado de ella.
--No--respondió Godfrey con un acento claro y decisivo que contrastaba
con su palabra generalmente negligente y floja--. Hay deudas que no es
posible pagar como las deudas de dinero, dando una compensación por los
años transcurridos. Mientras que yo difería continuamente, los árboles
han crecido... Ahora es demasiado tarde. Marner tenía razón en lo que
decía respecto del hombre que aleja de su puerta una bendición; esa
bendición le toca a otra persona. Antes, Nancy, quise pasar por no tener
hijos. Hoy pasaré contra mi voluntad por no tenerlos.
Nancy no habló en seguida, pero un momento después preguntó;
--¿No dirás entonces que Eppie es vuestra hija?
--No; ¿qué bien resultaría de eso para nadie?... al contrario, sería un
mal. Haré por ella todo lo que pueda en la condición que ha escogido.
Pero es necesario que sepa con quién tiene la intención de casarse.
--Si no hay utilidad en decir eso--repuso Nancy, que ahora se creía
autorizada, para aliviarse, a dar paso a un sentimiento que había
tratado de sofocar hasta entonces--, os agradeceré que le evitéis a papá
y a Priscila el pesar de saber las cosas del pasado, salvo lo
concerniente a Dunsey, porque esto no se puede evitar...
--Lo diré en mi testamento... creo que lo diré en mi testamento. No me
agradaría que se descubriera nada después de mi muerte; como ese asunto
relativo a Dunsey--dijo Godfrey con aire meditabundo--. Pero sólo vería
surgir dificultades si hablara ahora. Es necesario que haga lo posible
para que Eppie sea feliz a su manera. Se me ocurre una idea--agregó,
después de detenerse un instante--. Aarón Winthrop es su novio, es a él
a quien quiso referirse. Recuerdo que vi a ese joven volviendo de la
iglesia con ella y con Marner.
--Pues bien; es muy sobrio y laborioso--dijo Nancy, tratando de encarar
las cosas del modo más favorable que era posible.
Godfrey volvió a caer en sus reflexiones. En seguida miró a Nancy con
tristeza y dijo:
--Es una joven muy graciosa y bonita, ¿no es verdad, Nancy?
--Sí, amigo mío, tiene vuestros cabellos y vuestros ojos; me sorprendió
que eso no me hubiera llamado la atención antes.
--Me parece que me tomó aversión al saber que era su padre; noté que
cambiaba de actitud al oír mi declaración.
--Le fue imposible soportar la idea de no considerar a Marner como su
padre--dijo Nancy, que no deseaba confirmar la dolorosa impresión de su
marido.
--Ella se imagina que yo procedí con su madre así como con ella misma.
Me cree peor de lo que soy. Pero no hay medio de impedir que así lo
crea; jamás podrá saberlo todo. Es una parte de mi castigo, Nancy, que
mi hija sienta aversión por mí. No hubiera tenido nunca estos disgustos
si hubiera sido sincero para con vos; si no hubiera sido un insensato.
Yo no tenía derecho a esperar sino males de semejante casamiento, sobre
todo evitando el cumplir mis deberes de padre.
Nancy permanecía silenciosa; su espíritu lleno de rectitud no le
permitía que tratara de embotar la punta aguda de lo que consideraba
como un justo remordimiento; un acento de cariño templaba el tono que
había tomado para acusarse a sí mismo.
--Y os obtuve, a pesar de todo, Nancy. Sin embargo, he murmurado, he
estado descontento porque me faltaba otro bien, como si lo mereciera.
--Jamás faltasteis a vuestro deber para conmigo, Godfrey--dijo Nancy con
una sinceridad tranquila--. Mi sola pena desaparecerá si os resignáis a
la suerte que os ha tocado.
--Pues bien, quizás sea tiempo aún de que me reforme bajo ese respecto;
bien que sea demasiado tarde para hacer ciertas cosas, a pesar de lo que
dice el porvenir.